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La paz y el atentado de Mogadiscio (Somalia) en las palabras del Papa

El Papa condena el atentado en Somalia: que los violentos se conviertan

Durante la Audiencia habló sobre la muerte: «La civilización moderna tiende a cancelarla pero es una gracia». Y a la World Conference of Religions for Peace: que las religiones no sean neutras o ambiguas sobre la paz
AFP

El Papa durante la Audiencia general

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Pubblicato il 18/10/2017
Ultima modifica il 18/10/2017 alle ore 11:47
IACOPO SCARAMUZZI
CIUDAD DEL VATICANO

Llamado del Papa, al final de la Audiencia, por la paz en Somalia después de la masacre de Mogadisco: «Este acto terrorista merece la más firme deploración, porque también se ensaña con una población ya muy dañada». «Imploro la conversión de los violentos –continuó– y animo a todos los que, con enormes dificultades, trabajan por la paz en esa tierra martirizada». A pocos días del día de los difuntos, el Pontífice dedicó la catequesis al tema de la muerte, subrayando que la civilización moderna tienda a cancelarla, mientras en otras civilizaciones «obligaba al ser humano a vivir por algo absoluto», y para un cristiano es una «gracia» marcada por el encuentro final con Jesús.

 

A la World Conference of Religions for Peace, con la que se encontró antes de dirigirse a la Plaza San Pedro, el Papa dijo que las religiones «no pueden tener una actitud neutral y, mucho menos, ambigua en relación con la paz», porque quien comete violencias en nombre de la religión «ofende gravemente a Dios, que es paz y fuente de la paz».

 

«Deseo expresar mi dolor por la masacre que sucedió hace algunos días en Mogadisco, Somalia, que provocó más de trescientos muertos, entre los que había algunos niños», dijo Jorge Mario Bergoglio al final de la Audiencia. El atentado del sábado 14 de octubre, el más sangriento de la historia del país, provocó más de 300 víctimas y más de 400 heridos. «Este acto terrorista merece la más firme deploración, porque también se ensaña con una población ya muy dañada. Rezo por los difuntos y por los heridos, por sus familiares y por todo el pueblo de Somalia. Imploro la conversión de los violentos y animo a todos los que, con enormes dificultades, trabajan por la paz en esa tierra martirizada».

 

Mañana, jueves 19 de octubre, en San Juan de Letrán el Vicario general de la diócesis de Roma, el arzobispo Angelo De Donatis, presidirá a las 20.30 una vigilia misionera diocesana durante la que, entre otras cosas, monseñor Giorgio Bertin, obispo de Gibuti y administrador apostólico de Mogadisco, ofrecerá su proprio testimonio.

 

Antes de llegar a la Plaza San Pedro para la Audiencia, el Papa recibió en la pequeña sala al lado del Aula Pablo VI a los delegados de la World Conference of Religions for Peace: «La paz –les dijo– es una tarea urgente también en el mundo de hoy, en el que tantas poblaciones son laceradas por las guerras y la violencia. La paz es, al mismo tiempo, don divino y conquista humana. Por ello los creyentes de cualquier religión están llamados a invocarla y a inteceder por ella; y todos los hombres de buena voluntad, especialmente cuantos cubren puestos de responsabilidad, están llamados a obrar por ella, con el corazón, con la mente y con las manos, sí, porque la paz se construye artesanalmente. En este trabajo, la paz y la justicia se construyen juntas. En la construcción de la paz, las religiones, con sus recursos espirituales y morales, tienen un papel particular e insustituible. No pueden tener una actitud neutra y, mucho menos, ambigua en relación con la paz. Quien comete violencia o la justifica en nombre de la religión ofende gravemente a Dios, que es paz y fuente de la paz, y ha dejado en el ser humano un reflejo de la propia sabiduría, potencia y belleza». Francisco subrayó, además, que «entre las religiones se requiere un esfuerzo común de colaboración también en la promoción de la ecología integral».

 

El Pontífice dedicó la catequesis de la Audiencia general al tema «Beatos los muertos que mueren en el Señor». La muerte, dijo, es «una realidad que nuestra civilización moderna tiende a cancelar cada vez más. Así, cuando la muerte llega, para quien está cerca o para nosotros mismos, no nos encontramos preparados, privados incluso de un “alfabeto” adecuado para esbozar palabras de sentido en relación a su misterio, que de todos modos permanece. Y sin embargo los primeros signos de civilización humana han transitado justamente a través de este enigma. Podríamos decir que el hombre ha nacido con el culto a los muertos. Otras civilizaciones, antes de la nuestra, han tenido la valentía de mirarla en la cara. Era un acontecimiento narrado por los viejos a las nuevas generaciones, como una realidad ineludible que obligaba al hombre a vivir para algo de absoluto».

 

«Contar los propios días», continuó el Papa, «como el corazón se hace sabio. Palabras que nos conducen a un sano realismo, expulsando el delirio de omnipotencia. ¿Qué cosa somos nosotros? Somos “casi nada”, dice otro salmo; nuestros días transcurren velozmente: si viviéramos incluso cien años, al final nos parecerá que todo haya sido un soplo. Tantas veces yo he escuchado a los ancianos decir: “La vida se me ha pasado como un soplo”. Así la muerte pone al desnudo nuestra vida. Nos hace descubrir que nuestros actos de orgullo, de ira y de odio eran vanidad: pura vanidad. Nos damos cuenta con tristeza de no haber amado lo suficiente y de no haber buscado lo que era esencial. Y, por el contrario, vemos lo que verdaderamente bueno hemos sembrado: los afectos por los cuales nos hemos sacrificado, y que ahora nos sujetan la mano».

 

Para un cristiano, «Jesús ha iluminado el misterio de nuestra muerte. Con su comportamiento, nos autoriza a sentirnos dolidos cuando una persona querida se va. Él se conmovió “profundamente” ante la tumba de su amigo Lázaro, y “lloró”. En esta actitud, sentimos a Jesús muy cerca, nuestro hermano», continuó Francisco. Y después recordó otro pasaje evangélico, cuando Jesús despierta de la muerte a la hija de Jairo, para hacer notar que «no existe una figura más conmovedora de aquella de un padre o de una madre con un hijo enfermo».

 

Jesús, prosiguió Bergoglio, «nos tomará de la mano, como tomó de la mano a la hija de Jairo, y repetirá todavía una vez: “Talitá kum”, “¡Niña, levántate!”. Lo dirá a nosotros, a cada uno de nosotros: “¡Levántate, resurge!”. Yo los invito, ahora, tal vez a cerrar los ojos y a pensar en aquel momento: de la nuestra muerte. Cada uno de nosotros piense a su propia muerte, y se imagine ese momento que llegará, cuando Jesús nos tomará de la mano y nos dirá: “Ven, ven conmigo, levántate”. Ahí terminará la esperanza y será la realidad, la realidad de la vida. Piensen bien: Jesús mismo vendrá a cada uno de nosotros y nos tomará de la mano, con su ternura, su humildad, su amor. Y cada uno repita en su corazón la palabra de Jesús: “¡Levántate, ven. Levántate, ven. Levántate, resurge!”. Esta -concluyó el Papa -es nuestra esperanza ante la muerte. Para quién cree, es una puerta que se abre completamente; para quién duda es un resquicio de luz que filtra de una puerta que no se ha cerrado del todo. Pero para todos nosotros será una gracia, cuando esta luz, del encuentro con Jesús, nos iluminará».

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Protesta del Papa ante la masacre de Siria.

Siria; el Papa: horror por la masacre de Idlib

Durante la audiencia recordó el atentado de San Petersburgo: «Los mafiosos responden al mal con el mal, porque no tienen esperanza»
AFP

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Pubblicato il 05/04/2017
Ultima modifica il 05/04/2017 alle ore 12:45
IACOPO SCARAMUZZI
CIUDAD DEL VATICANO

«Asistimos horrorizados a los últimos eventos en Siria. Expreso mi firme repulsa por la inaceptable masacre perpetrada ayer en la provincia de Idlib», exhortando a «cuantos tienen responsabilidades políticas, a nivel local e internacional, para que cese esta tragedia y se lleve alivio a esa querida población, desde hace demasiado tiempo extenuada por la guerra». Papa Francisco pronunció estas duras palabras al final de la Audiencia general en la Plaza San Pedro, recordando particularmente el «grave atentado de los días pasados en el metro de San Petersburgo, que ha causado víctimas y desolación en la población». Durante la catequesis, Francisco subrayó que «los mafiosos creen que el mal se puede vencer con el mal», porque «no tienen esperanza».

 

«Asistimos horrorizados a los últimos eventos en Siria. Expreso mi firme repulsa por la inaceptable masacre perpetrada ayer en la provincia de Idlib, donde han sido matadas decenas de personas inermes, entre ellas tantos niños», dijo el Papa. «Rezo por las víctimas y sus familiares –continuó– y dirijo un llamamiento a la conciencia de cuantos tienen responsabilidades políticas, a nivel local e internacional, para que cese esta tragedia y se lleve alivio a esa querida población, desde hace demasiado tiempo extenuada por la guerra. Aliento asimismo los esfuerzos de quienes, aun en la inseguridad y dificultad, se esfuerzan por hacer llegar ayuda a los habitantes de esa región».

 

Prosiguiendo con el ciclo de catequesis sobre la experiencia cristiana, Jorge Mario Bergoglio dedicó la de hoy al concepto de «dar razones de la esperanza que habita en nuestros corazones», que aparece en la Primera Lectura del Apóstol Pedro, un texto que «hunde sus raíces directamente en la Pascua». «Nuestra esperanza no es un concepto –insistió Papa Bergoglio–, no es un sentimiento, no es un teléfono celular, no es un montón de riquezas: ¡no! Nuestra esperanza es una Persona, es el Señor Jesús que lo reconocemos vivo y presente en nosotros y en nuestros hermanos, porque Cristo ha resucitado. Los pueblos eslavos se saludan, en vez de decir “buenos días”, “buenas tardes”, en los días de Pascua se saludan con esto “¡Cristo ha resucitado!”, “¡Christos voskrese!”, lo dicen entre ellos; y son felices al decirlo. Y este es el “buenos días” y las “buenas tardes” que nos dan: “¡Cristo ha resucitado!”». Y la «esperanza que habita en nosotros, por tanto, no puede permanecer escondida dentro de nosotros, en nuestro corazón: sino, sería una esperanza débil, que no tiene la valentía de salir fuera y hacerse ver; sino nuestra esperanza, como se ve en el Salmo 33 citado por Pedro, debe necesariamente difundirse fuera, tomando la forma exquisita e inconfundible de la dulzura, del respeto, de la benevolencia hacia el prójimo, llegando incluso a perdonar a quien nos hace el mal. Una persona que no tiene esperanza no logra perdonar, no logra dar la consolación del perdón y tener la consolación de perdonar. Sí, porque así ha hecho Jesús, y así continúa haciendo por medio de quienes le hacen espacio en sus corazones y en sus vidas, con la conciencia de que el mal no se vence con el mal, sino con la humildad, la misericordia y la mansedumbre».

 

Por el contrario, «los mafiosos piensan que el mal se puede vencer con el mal, y así realizan la venganza y hacen muchas cosas que todos nosotros sabemos. Pero no conocen que cosa es la humildad, la misericordia y la mansedumbre. ¿Y por qué? Porque los mafiosos no tienen esperanza. ¡Eh! Piensen en esto. Es por esto que San Pedro afirma que “es preferible sufrir haciendo el bien, si esta es la voluntad de Dios, que haciendo el mal”: no quiere decir que es bueno sufrir, sino que, cuando sufrimos por el bien, estamos en comunión con el Señor, quien ha aceptado sufrir y ser crucificado por nuestra salvación».

 

En este sentido, concluyó, «cada vez que nosotros tomamos parte a favor de los últimos y de los marginados o que no respondemos al mal con el mal, sino perdonando, sin venganza, perdonando y bendiciendo, cada vez que hacemos esto nosotros resplandecemos como signos vivos y luminosos de esperanza, convirtiéndonos así en instrumentos de consolación y de paz, según el corazón de Dios. Así, adelante con la dulzura, la mansedumbre, siendo amables y haciendo el bien incluso a aquellos que no nos quieren, o nos hacen del mal. ¡Adelante!».


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Según Papa Francisco el mundo vive una guerra a pedazos

El mundo está en guerra, pero no de religiones, “porque todas las religiones quieren la paz”, el Papa rumbo a la JMJ

2016-07-27 Radio Vaticana

(RV).- Durante el vuelo que lo llevó a Cracovia el Papa Francisco se refirió a los recientes hechos de violencia afirmando que “el mundo está en guerra porque ha perdido la paz”. “Hablo en serio de guerra, una guerra de intereses, por dinero, por los recursos naturales, por el dominio de los pueblos. Pero no es una guerra de religiones, porque todas las religiones quieren la paz”, reflexionó el Santo Padre ante los periodistas del séquito papal. Sobre el actual momento de violencia el Obispo de Roma reveló que la primera palabra que le viene a la cabeza es “inseguridad, pero que la verdadera palabra es guerra”. “Desde hace tiempo decimos que el mundo vive una guerra a pedazos. Recordamos a este santo sacerdote que ha muerto en el momento en el que recogía las oraciones para la Iglesia. Él es uno, pero cuántos cristianos, cuántos inocentes, cuántos niños… Pensemos, por ejemplo en Nigeria, meditó el Pontífice, quien se refirió a la actual situación mundial como una guerra “no orgánica”, es decir no declarada, pero “sí, organizada”. “Dicen que la juventud es esperanza, esperemos que los jóvenes nos digan algo y nos den algo de esperanza en este momento”, deseó Francisco antes de aterrizar en la capital polaca.