Loiola XXI

Lugar de encuentro abierto a seguidor@s de S. Ignacio de Loyola esperando construir un mundo mejor

Un campo nómada

(©Ansa)

(©ANSA) UN CAMPO NÓMADA

De Europa, América y Asia al peregrinaje internacional de los gitanos, a 50 años de la primera e histórica visita de un Papa a un campo nómada, la de Pablo VI a Pomezia en 1965

GIORGIO BERNARDELLI
ROMA

 

En estas horas están llegando a Roma de toda Europa, pero también de algunos países americanos y asiáticos, los representantes de las comunidades gitanas que participan en un peregrinaje internacional promovido por el Pontificio Consejo para los migrantes e itinerantes. La ocasión de la iniciativa es la celebración de los cincuenta años de la visita de Pablo VI al campo nómada de Pomezia, el primer encuentro de un Pontífice con el mundo gitano, que fue el 26 de septiembre de 1965.Se espera que lleguen 5 mil gitanos a Roma para este evento,que culminará el lunes por la mañana, con la audiencia de Papa Francisco en el Aula Pablo VI. Pero mañana por la tarde habrá un momento muy significativo: el Vía Crucis de los gitanos en el Coliseo, en compañía del cardenal vicario de Roma Agostino Vallini. El Domingo por la mañana, en cambio, se celebrará la Misa presidida por el Presidente del Pontificio Consejo para los Migrantes, el cardenal Antonio Maria Vegliò, en el Santuario del Divino Amor.Fue verdaderamente una jornada sin precedentes la que se vivió hace cincuenta años en Pomezia con Pablo VI: en aquella ocasión también había grupos de nómadas de varias partes del mundo. Pablo VI llegó a Pomezia después de una violenta tormenta que obligó a trasladar parte del encuentro fuera del campamento, que estaba inundado de lodo. «Peregrinos perpetuos», los llamó Montini en su discurso, que fue un himno a la acogida. «Ustedes en la Iglesia no están al margen -dijo a loa gitanos-, sino, bajo ciertos aspectos, ustedes están en el centro, ustedes están en el corazón. Están en el corazón de la Iglesia, porque son pobres y necesitan asistencia, instrucción, ayuda; la Iglesia ama a los pobres, a los que sufren, a los pequeños, a los desheredados, a los abandonados».Sin embargo, ese día de hace cincuenta años Pablo VI no olvidó la historia compleja y dolorosa de la relación entre los gitanos y las ciudades en las que acampan. Recordó a las víctimas de la persecución racial, pero invitó a las comunidades nómadas a reconocer los pasos que se habían dado en la acogida. Montini indicó principalmente una vía posible para llegar a una verdadera fraternidad: «Como a ustedes les gusta encontrar reposo y hospitalidad gentil, en donde acampan -dijo Pablo VI-, así deberían tratar de dejar en cada etapa un buen y simpático recuerdo: que su camino esté diseminado de ejemplos de bondad, de honestidad, de respeto. Tal vez cualificándose mejor en algún trabajo artesanal podrían perfeccionar su estilo de vida para ventaja de ustedes y de los demás».Es la vía que, en estos cincuenta años y no sin dificultades y prejuicios, la Iglesia ha tratado de sacar adelante con su presencia pastoral entre los gitanos y otras poblaciones nómadas. Las estadísticas oficiales hablan de 36 millones de gitanos, desperdigados entre Europa, América y algunos padres de Asia. Solamente en India vivirán 18 millones, otro millón son los llamados «gitanos del mar» que se desplazan en barcas entre Bangladesh, Filipinas e Indonesia. Hay 24 países en los que existe una pastoral estructurada por parte de la Iglesia local para estas comunidades. Un acompañamiento que no es solo asistencial, sino también testimonio de la fe de los gitanos. Justamente el gesto del peregrinaje es uno de estos testimonios y uno de los que expresan de manera más explícita esta fe. Pero, en la nota que presenta la cita de estos días, el pontificio Consejo para los Migrantes no deja de recordar que están creciendo las vocaciones a la vida religiosa en estas comunidades. Por lo demás, la Iglesia cuenta, entre los beatos, con un gitano: Zeferino Giménez Malla, hijo de nómadas, proclamado por Papa Benedicto XVI «Mártir del Rosario». Y para otras dos figuras, también provenientes del mundo de las caravanas y que murieron durante la persecución religiosa de la Guerra Civil española, se está desarrollando el proceso hacia la beatificación: Emilia Fernández Rodriguez (que murió por las complicaciones del parto en una prisión) y Juan Ramón Gil Torres, asesinado por no haber querido renunciar a una procesión.

Anuncios