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La felicidad y los latinoamericanos.

Religión y calidez humana, claves de la felicidad latinoamericana

Revelaciones de un peculiar ranking sobre los índices de felicidad a nivel mundial, presentado por primera vez en la sede de la Academia para las Ciencias Sociales del Vaticano

Mariano Rojas

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Pubblicato il 16/03/2018
Ultima modifica il 16/03/2018 alle ore 18:31
ANDRÉS BELTRAMO ÁLVAREZ
CIUDAD DEL VATICANO

Los latinoamericanos viven bombardeados por las malas noticias. Asesinatos, violencia, muerte y corrupción. Un escenario deprimente. Pero en el último Reporte Mundial de Felicidad, los países de esa región no salieron mal posicionados. ¿Cómo es posible? La felicidad no depende sólo de avance tecnológico y riqueza económica, explica Mariano Rojas, uno de los redactores del informe presentado esta semana en el Vaticano. La espiritualidad y la calidez humana hacen la diferencia.

 

Investigador de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) y de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP), Rojas escribió el capítulo 6 de esa investigación, bajo el títullo “La felicidad en Latinoamérica tiene bases sociales”. Él mismo ilustró sus tesis durante la presentación del informe en la Casina Pío IV, sede de la Pontificia Academia para las Ciencias del Vaticano.

 

El reporte evaluó 156 países por sus niveles de felicidad y 117 por los niveles de felicidad de sus inmigrantes. Encabezaron la lista Finlandia, Noruega, Dinamarca, Islandia, Suiza Holanda, Canadá, Nueva Zelanda, Suecia y Australia. Los datos fueron recopilados entre 2015 y 2017 por la empresa Gallup International.

 

Costa Rica fue el país latinoamericano mejor posicionado, en lugar 13. Superó incluso a Estados Unidos, situado en el 18. Le sigue México, en el sitio 24 de la lista. Chile (25), Panamá (27), Brasil (28), Argentina (29), Guatemala (30) y Uruguay (31). Todas estas naciones se colocaron mejor que España, por ejemplo, ubicada en el lugar 36. Otros latinoamericanos son Colombia (37), El Salvador (40), Nicaragua (41) y Ecuador (48).

 

“No salen tan mal, salen mucho mejor de lo que se esperaría. Cuando hacemos el ranking desde la evaluación de vida, los latinoamericanos terminan entre los puestos 20 y 50, pero cuando añadimos el factor de disfrute afectivo, cuando preguntamos a las personas si tiene amor, cariño y afecto en sus vidas, los latinoamericanos se ubican en el top ten, por mucho”, explicó Mariano Rojas, en entrevista con el Vatican Insider.

 

“En general, lo que nos dice el informe es que existe algo muy valioso en la vida de los latinoamericanos y es ese énfasis en temas relacionales que otras sociedades han ido dejando de lado para enfocarse en la producción, a generar más bienes y servicios, a trabajar más horas y todo eso tiene un costo para las relaciones humanas”, añadió.

 

Reconoció que el alto nivel de felicidad en América Latina resulta difícil de comprender, considerando los crímenes, la violencia, la pobreza y la mala distribución del ingreso presentes en esa región. Pero advirtió que no sólo deben tomarse en cuenta esos aspectos a la hora de evaluar la calidad de vida de sus habitantes.

 

Indicó a “la calidez y la abundancia de relaciones humanas” como las claves de la felicidad latinoamericana. Esas relaciones no son instrumentales y las familias tiene mucho que ver con ello, siguió. “La familia es vista como un lugar en que se disfruta en grupo, se recibe el apoyo emocional de los demás, se da apoyo y se da reconocimiento, que son necesidades humanas muy básicas. Eso se obtiene en la familia, con los amigos, en la familia extendida, y eso abunda en América Latina”, insistió.

 

Más adelante, Rojas destacó que la Iglesia también afecta la ecuación porque, en los países latinoamericanos, las parroquias católicas son espacios de socialización donde la gente puede construir “relaciones genuinas”. “La felicidad la hemos encontrado en esas relaciones genuinas, abiertas, que se generan alrededor de los servicios y las prácticas religiosas. En México las fiestas patronales son actividades donde la religión sirve de base para el establecimiento de relaciones comunitarias”, abundó.

 

Advirtió que los latinoamericanos no deben sentirse acomplejados, sobre todo cuando están constantemente expuestos a las malas noticias, porque existen muchas cosas por las cuales pueden estar orgullosos: la historia, la identidad y los valores, aspectos de los cuales otras naciones pueden aprender.

 

Según el investigador, los países escandinavos que encabezan la investigación tienen deficiencia en relaciones humanas cálidas, pero cuentan con un sistema de seguridad social muy efectivo: universal e inclusivo. Quien crece en estos lugares, abundó, no lo hace en una familia sino “en una comunidad más grande alrededor de un Estado no corrupto, que cobra impuestos pero que ofrece los servicios a todos”. Se trata, reconoció, de un concepto de ciudadanía importante que en Latinoamérica hace falta construir.

 

“La nuestra es la cultura latinoamericana, no es la anglosajona o la escandinava; un latinoamericano necesita ese abrazo y ese calor humano, por eso difícilmente podría ser igualmente feliz en los países escandinavos. Tenemos esa riqueza y esa cultura relacional. Es importante nunca abandonarla incluso cuando buscamos oportunidades laborales y mejores condiciones. No se trata de seguir el camino escandinavo”, añadió.

 

Asimismo, alertó sobre el “gran peligro” de la constante comparación con los países escandinavos que suelen hacer los políticos latinoamericanos y lo atribuyó a un “bombardeo”, incluso en el ambiente académico, de modelos extranjerizantes. “No quiero decir que las cosas estén bien en nuestra región, hay mucho que mejorar, y hay problemas muy claros. El peligro es tratar de resolver esos problemas pretendiendo abandonar las riquezas que ahora tenemos”, valorizó.

 

Por otra parte, indicó a la corrupción como uno de los grandes obstáculos para la felicidad en Latinoamérica, porque “deprime a la persona y le quita la idea de ciudadanía”. Los Estados no proveen buenos servicios básicos, como el acceso a educación y salud de calidad, porque las instituciones políticas son muy débiles y en ellas hay mucha corrupción. La migración también influye, siguió, porque divide familias y rompe los lazos humanos necesarios para la cohesión social.

 

El estudio, realizado por la Red de las Naciones Unidas para las Soluciones de Desarrollo Sostenible y la Fundación Ernesto Illy será presentado el 20 de marzo en la sede de la Organización de las Naciones Unidas, con motivo del Día Mundial de la Felicidad. Sobre la utilidad del mismo, Mariano Rojas ponderó: “No es necesario convencer a las personas sobre la importancia de la felicidad, pero sí es urgente convencer a los gobiernos en lo fundamental de este aspecto a la hora de establecer políticas públicas”.

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