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Perú: la última misa del Papa. Comentario-resumen

“Aquí está el antídoto contra la globalización de la indiferencia”

La última misa del Papa en Perú antes de volver a Roma: nuestras ciudades están llenas de “sobrantes urbanos” descartados. “Jesús sigue caminando por nuestras calles para volver a encender la esperanza que nos libra de conexiones vacías”
AFP

El Papa en la misa en la base aérea de las La Palmas de Lima

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Pubblicato il 21/01/2018
Ultima modifica il 21/01/2018 alle ore 23:19
ANDREA TORNIELLI
ENVIADO A LIMA

Hay un antídoto contra la “globalización de la indiferencia” que vivimos en nuestras ciudades, siempre llenas de “sobrantes urbanos”, de hombres, mujeres y también muchos niños descartados. Es Jesús que, “suscitando la ternura y el amor de misericordia, suscitando la compasión”, abre los ojos a quien lo encuentra como los abrió a los primeros discípulos para que “aprendan a mirar la realidad a la manera divina”. Este es el mensaje que Francisco deja al millón de feligreses presentes en la misa en la base aérea de las La Palmas de Lima. Es el último acto de su visita antes de embarcarse en el vuelo que lo llevará de vuelta a Roma, donde está previsto que aterrice pasadas las dos de la tarde del lunes 22 de junio de 2018.

 

El Papa celebra la misa bajo una estructura en forma de gran tienda; con él concelebran el cardenal Sean O’Malley, arzobispo de Boston – quien ayer expresó posiciones críticas sobre las declaraciones de Francisco sobre el caso del obispo chileno Juan Barros – y otros 60 obispos del Perú. El acceso a la zona fue abierto desde la media noche, la gente espera al Papa desde la noche anterior, a pesar del clima bastante húmedo con 23 grados de temperatura. Según las autoridades hay un millón y 300 mil personas.

 

En la homilía Francisco recuerda que Dios “quiere estar siempre con nosotros”, en Lima “o en donde estés viviendo, en la vida cotidiana del trabajo rutinario, en la educación esperanzadora de los hijos, entre tus anhelos y desvelos; en la intimidad del hogar y en el ruido ensordecedor de nuestras calles. Es allí, en medio de los caminos polvorientos de la historia, donde el Señor viene a tu encuentro”.

 

Pero en las ciudades en las que vivimos, “las situaciones de dolor e injusticia que a diario se repiten, nos pueden generar la tentación de huir, de escondernos, de zafar”. Mirando la realidad que nos rodea, continúa Bergoglio, razones no nos faltan. Son muchísimos los “no ciudadanos”, “los ciudadanos a medias” o los “sobrantes urbanos” que “están al borde de nuestros caminos, que van a vivir a las márgenes de nuestras ciudades sin condiciones necesarias para llevar una vida digna”. Y “duele constatar que muchas veces entre estos «sobrantes humanos» se encuentran rostros de tantos niños y adolescentes. Se encuentra el rostro del futuro”.

 

Viendo todo esto, podemos buscar “un espacio de huida y desconfianza. Un espacio para la indiferencia, que nos transforma en anónimos y sordos ante los demás, nos convierte en seres impersonales de corazón cauterizado y, con esta actitud, lastimamos el alma del pueblo”. Pero Francisco, citando al predecesor Benedicto XVI, recuerda que “la grandeza de la humanidad está determinada esencialmente por su relación con el sufrimiento y con el que sufre. Una sociedad que no logra aceptar a los que sufren y no es capaz de contribuir mediante la compasión a que el sufrimiento sea compartido y sobrellevado también interiormente, es una sociedad cruel e inhumana”.

 

Jesús, explica el Papa, como reacción a la injusticia de San Juan Bautista, “entra en la ciudad, entra en Galilea y comienza desde ese pequeño pueblo a sembrar lo que sería el inicio de la mayor esperanza: El Reino de Dios está cerca, Dios está entre nosotros. Ha llegado hasta nosotros para comprometerse nuevamente como un renovado antídoto contra la globalización de la indiferencia. Porque ante ese Amor, no se puede permanecer indiferentes”.

 

El Nazareno “invitó a sus discípulos a vivir hoy lo que tiene sabor a eternidad: el amor a Dios y al prójimo; y lo hace de la única manera que lo puede hacer, a la manera divina: suscitando la ternura y el amor de misericordia, suscitando la compasión y abriendo sus ojos para que aprendan a mirar la realidad a la manera divina. Los invita a generar nuevos lazos, nuevas alianzas portadoras de eternidad”.

 

Jesús, afirma el Pontífice, “camina la ciudad con sus discípulos y comienza a ver, a escuchar, a prestar atención a aquellos que habían sucumbido bajo el manto de la indiferencia, lapidados por el grave pecado de la corrupción. Comienza a develar muchas situaciones que asfixiaban la esperanza de su pueblo suscitando una nueva esperanza”. Enseña a los discípulos a “mirar lo que hasta ahora pasaban por alto, les señala nuevas urgencias”.

 

Jesús, concluye Francisco, “sigue caminando por nuestras calles, sigue al igual que ayer golpeando puertas, golpeando corazones para volver a encender la esperanza y los anhelos: que la degradación sea superada por la fraternidad, la injusticia vencida por la solidaridad y la violencia callada con las armas de la paz”. Despierta “la esperanza que nos libra de conexiones vacías y de análisis impersonales e invita a involucrarnos como fermento allí donde estemos, donde nos toque vivir, en ese rinconcito de todos los días”. Es un Dios que “no se cansa ni se cansará de caminar para llegar a sus hijos” y te invita a “caminar con Él la ciudad, tu ciudad”.

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Opinión de un obispo sobre la comunión a los divorciados reesposados.

Negri: “¿Comunión a los divorciados? Valorar cada caso particular”

El arzobispo emérito de Ferrara no cierra las puertas a la posibilidad contemplada en el capítulo VIII de Amoris laetitia: “No puede ser dada automáticamente”

El arzobispo emérito de Ferrara, Luigi Negri

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Pubblicato il 14/01/2018
Ultima modifica il 14/01/2018 alle ore 13:14
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

El arzobispo emérito de Ferrara, Luigi Negri, uno de los firmantes del documento redactado por tres obispos kazajos sobre Amoris laetitia, no cierra las puertas a la posibilidad de llegar a los sacramentos para los divorciados que viven una segunda unión, a condición de que éstos no sean concedidos “automáticamente, sin una valoración del caso particular”.

 

La afirmación, significativa si se observa el debate de estos últimos meses entorno a la interpretación del capítulo VIII de Amoris laetitia, forma parte de una reciente entrevista con el obispo publicada por el periódico italiano Libero. El tema central de la conversación de Negri con el vicedirector del periódico es la relación con el islam, las raíces cristianas, el papel del Papa Francisco. Pero el periodista, hacia el final de la entrevista, hace al arzobispo emérito de Ferrara esta pregunta: “¿Usted está en contra de la comunión a los divorciados?”. Es obvio que se refiere a los divorciados que viven una segunda unión, dado que para los divorciados que no han iniciado una nueva relación el problema de los sacramentos no existe.

 

Aquí están las palabras textuales de Negri: “No se puede dar automáticamente, sin una valoración de cada caso en particular. Estoy en contra de la confusión, por eso agradecería una aclaración papal. El cristianismo no debe ser integrismo en un sentido o en el otro. El Papa Ratzinger nos exhortaba a crear laicos vivos, activos emprendedores”. Por tanto el arzobispo considera que existen casos en los que la comunión puede ser dada (y es evidente que no se refiere a los divorciados vueltos a casar que viven absteniéndose de las relaciones conyugales, porque esta posibilidad, introducida por Juan Pablo II, existe desde hace 37 años): no pronuncia un “no” absoluto, e invita a no ser integristas en un sentido o en el otro, es decir, no sólo en el sentido de aperturista sino también en aquel que niega cualquier posibilidad. Significa sin embargo que no puede haber automatismos y que es necesario valorar cada caso particular: palabras que suponen un viaje penitencial y un discernimiento acompañado por el sacerdote.

 

Antes de recoger estas afirmaciones y de extraer las consecuencias, la tarde del sábado 13 de enero de 2018 Vatican Insider contactó telefónicamente con el arzobispo Negri para verificar si se encontrase plenamente de acuerdo con las palabras recogidas en la entrevista y su interpretación. Respondió afirmativamente.

 

Por otra parte ya en mayo de 2016, presentando la exhortación post-sinodal Amoris laetitia en el centro cultural Rosetum de Milán, Negri había precisado que el sentido de las notas del documento, es decir, lo que quieren decir, “es lo que está escrito”. Luego añadió: “Existen realidades en las cuales la responsabilidad sufre reducciones”. En el acompañar a las personas existen casos en los cuales se pueden “asumir comportamientos de mayor comprensión y de mayor acogida”. El arzobispo de Ferrara (entonces no era emérito) añadió: “Cuidado con decir que no hay responsabilidad porque si no hubiera responsabilidad en el mal, Dios no sería misericordia”, porque no habría nada que perdonar. “Sobre la segunda nota: extraer de esto como consecuencia el hecho que se puede o se debe dar la eucaristía a todos aquellos que la piden, es indebido”.

 

“Está bien –reconoció Negri– recordar a los pastores el hecho de que la atención pastoral tiene una serie de herramientas que pueden ayudar al camino de la fe. Esto el Papa no lo dice, lo digo yo: la eucaristía no es un derecho pero puede ser una ayuda que en ciertas situaciones también podría darse, con ciertas condiciones atenuantes, discrecionales y confidenciales, pero para ayudar a la fe, no como algo que se obtiene sobre la base de un derecho”.

 

Por tanto ningún automatismo, ninguna casuística, ninguna ética de la situación, ninguna cesión al subjetivismo. Sino el reconocimiento de que al acompañar la realidad de las situaciones individuales, de las historias individuales, de los dramas individuales experimentados por las personas, puede haber espacio para acceder a los sacramentos. Eso es, por otra parte, lo que leemos en Amoris laetitia. En este sentido –abriendo, por ejemplo, la posibilidad de casos en los que se cree que el primer matrimonio no fue válido incluso si no se pudo demostrar en una posición canónica– se expresó a finales de 2017 también el cardenal Gerhard Ludwig Müller, ex Prefecto del Congregación para la doctrina de la fe. El cardenal también escribió un largo ensayo introductorio para apoyar la interpretación de Amoris laetitia propuesta por el filósofo Rocco Buttiglione.

 

Reconocer esta visión abierta por monseñor Negri no significa, por supuesto, olvidar las críticas que dirige a ciertas interpretaciones del documento papal o la solicitud de una aclaración autorizada al respecto.


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El Papa. Primera audiencia general del año. Comentario de Vat.Insider

El Papa: “Confesemos nuestros pecados, no los de los demás”

Durante la primera audiencia general del año Francisco comienza de nuevo el ciclo de catequesis sobre la misa del acto penitencial: “El presuntuoso es incapaz de recibir perdón”
REUTERS

El Papa Francisco durante la audiencia general en el Aula Paolo VI

Pubblicato il 03/01/2018
Ultima modifica il 03/01/2018 alle ore 13:31
IACOPO SCARAMUZZI
CIUDAD DEL VATICANO

“Recuerdo una anécdota que contaba un viejo misionero de una mujer que fue a confesarse y comenzó a decir los errores del marido, después pasó a contar los errores de la suegra, y después los de los vecino… a un cierto punto el confesor le preguntó: “Señora, dígame, ¿ha terminado? Bien, ha terminado con los pecados de los demás, ahora empiece a decir los suyos…”. Con la primera audiencia del año Francisco ha iniciado de nuevo un ciclo de catequesis sobre la misa profundizando en el acto penitencial, es decir, la confesión “ante Dios y los hermanos” de los propios pecados –no los de los demás– para poder recibir el perdón de Dios, cosa que el presuntuoso, “sacio como está de su presunta justicia”, no puede obtener.

 

En su “sobriedad”, ha dicho el Papa, el acto penitencial “favorece la actitud con la que disponerse a celebrar dignamente los santos misterios, reconociendo ante Dios y los hermanos nuestros pecados. La invitación del sacerdote está dirigida a toda la comunidad en oración, porque todos somos pecadores. ¿Qué puede donar al Señor quien tiene ya el corazón lleno de sí mismo, del propio éxito? Nada, porque quien es presuntuoso es incapaz de recibir perdón, sacio como está de su propia justicia”. Al contrario, “quien es consciente de las propias miserias y baja los ojos con humildad, siente posarse sobre él la mirada misericordiosa de Dios. Sabemos por experiencia que solo quien sabe reconocer los errores y pedir perdón recibe la comprensión y el perdón de los demás”.

 

“Escuchar en silencio la voz de la conciencia”, ha insistido Jorge Mario Bergoglio, “permite reconocer que nuestros pensamientos son distantes de los pensamientos divinos, que nuestras palabras y nuestras acciones son a menudo mundanas” y están guiadas por decisiones contrarias al Evangelio”. Por tanto, al inicio de la misa, “cada uno confiesa a Dios y a los hermanos que ‘he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión’”, ha continuado el Papa, “sí, también de omisión, es decir, de haber dejado de hacer el bien que habría podido hacer. A menudo nos sentimos buenos porque –decimos– ‘no hemos hecho mal a nadie’. En realidad, no basta con no hacer mal al prójimo, sino elegir hacer el bien aprovechando las oportunidades para dar buen testimonio de que somos discípulos de Jesús”.

 

“Y bien –ha dicho Francisco– subrayar que confesamos tanto a Dios como a los hermanos que somos pecadores: esto nos ayuda a comprender la dimensión del pecado que, mientras nos separa de Dios, nos divide también de nuestros hermanos, y viceversa: el pecado corta, corta la relación con Dios y con los hermanos, la relación con la familia y la sociedad, el pecado separa, divide”.

 

Las palabras del acto penitencial, ha continuado el Pontífice, “están acompañadas del gesto de dar unos golpes en el pecho, reconociendo que he pecado por mi culpa, y no por la de los otros. Sucede a menudo que, por miedo o vergüenza, apuntamos con el dedo para acusar a los demás. Cuesta admitir que somos culpables, pero nos hace bien confesarlo con sinceridad. Confesar los propios pecados…”.

 

El Papa ha concluido la catequesis recordando algunos “luminosos ejemplos de figuras ‘penitentes’ que”, en la Biblia, “volviendo en sí tras haber cometido el pecado, encontraron la valentía para quitarse la máscara y abrirse a la gracia que renueva el corazón. Pensemos en el rey David y en las palabras atribuidas a él en el Salmo: ‘Piedad de mi, o Dios, en tu amor; en tu gran misericordia cancela mi iniquidad’. Pensemos en el hijo pródigo que vuelve al padre; ‘O Dios, ten piedad de mi, pecador’. Pensemos también en San Pedro, en Zacarías, en la mujer samaritana. Medirse con la fragilidad del barro con el que somos moldeados es una experiencia que nos fortalece, porque a la vez que nos ocupamos de nuestra debilidad, abre nuestro corazón para invocar la misericordia divina que transforma y convierte. Y esto es lo que hacemos en el acto penitencial al inicio de la misa”.

 

Durante la conclusión de la audiencia el Papa ha dirigido “un deseo de esperanza y de paz para el nuevo año” a los peregrinos italianos presentes en la primera audiencia del año. Especialmente festivos, con aplausos y canciones, los fieles de la Comunidade Católica Palavra Viva, que el Papa ha saludado notando que “¡no se puede tener dudas de que la “palavra” está viva ahí!”.


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Catequesis del Papa sobre la eucaristía.

Papa: Redescubrir la belleza de la celebración eucarística

 

 

(RV).- En su catequesis de la Audiencia General del segundo miércoles de noviembre el Papa Francisco propuso un nuevo ciclo de reflexiones centradas en el “corazón” de la Iglesia, es decir en la Eucaristía. Y explicó que es fundamental para los cristianos conocer el valor de la Santa Misa, a fin de vivir cada vez más plenamente nuestra relación con Dios.

Hablando en italiano, el Santo Padre afirmó que no podemos olvidar al gran número de cristianos que, a lo largo de dos mil años de historia, han resistido hasta la muerte para defender la Eucaristía; a la vez que tantos hoy, arriesgan su vida al participar en la Misa dominical.

Después de remontarse al lejano año 304 – durante las persecuciones del emperador Diocleciano –  para recordar la respuesta de un grupo de cristianos – arrestados por haber sido sorprendidos mientras celebraban la Misa – quienes habían declarado: “Sin el domingo no podemos vivir”; el Papa Bergoglio explicó que esto significa que “si no podemos celebrar la Eucaristía, no podemos vivir”, o que “nuestra vida cristiana moriría”.

Se puede renunciar a la vida terrenal por la Eucaristía.

Francisco también destacó que Jesús dijo a sus discípulos: “Si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán la vida. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene la vida eterna y yo lo resucitaré en el último día”. De manera que aquellos fieles de los primeros siglos del cristianismo a los que se les dio muerte a causa de su fe han dejado el testimonio – dijo el Obispo de Roma – de que se puede renunciar a la vida terrenal por la Eucaristía, porque ella nos da la vida eterna, haciéndonos partícipes de la victoria de Cristo sobre la muerte. Y este testimonio  – añadió el Papa – “nos interpela a todos pidiéndonos una respuesta acerca del significado que tiene, para cada uno de nosotros, el hecho de participar en el Sacrificio de la Misa y acercarnos a la Mesa del Señor.

De ahí las preguntas que formuló el Pontífice: “¿Estamos buscando aquella fuente de la que brota el agua viva para la vida eterna; que hace de nuestra vida un sacrificio espiritual de alabanza y de agradecimiento y hace de nosotros un solo cuerpo en Cristo?

Éste – respondió el Santo Padre – es el sentido más profundo de la Santa Eucaristía, que significa “agradecimiento”. Sí, agradecimiento a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo que nos implica y nos transforma en su comunión de amor.

Francisco afirmó asimismo que en sus próximas catequesis dará respuesta a algunas preguntas importantes sobre la Eucaristía y la Misa, para redescubrir, o incluso descubrir, cómo a través de este misterio de la fe resplandece el amor de Dios.

La formación litúrgica de los fieles es indispensable para la verdadera renovación.

Tras aludir al Concilio Ecuménico Vaticano II que estuvo animado por el deseo de conducir a los cristianos a comprender la grandeza de la fe y la belleza del encuentro con Cristo; el Papa Francisco concluyó afirmando que los Padres conciliares subrayaron que la formación litúrgica de los fieles es indispensable para la verdadera renovación.

“Y es precisamente también ésta – dijo textualmente el Papa Francisco –  la finalidad del ciclo de catequesis que hoy comenzamos: crecer en el conocimiento del gran don que Dios nos ha dado en la Eucaristía”. A la vez que formuló el deseo de que la Santísima Virgen María nos acompañe en este nuevo camino.

(María Fernanda Bernasconi – RV).


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Garantizar la autenticidad del pan y del vino para la eucaristía.

La Congregación de Culto Divino pide vigilar la calidad del pan y del vino para la Eucaristía

Domingo 9 Jul 2017 | 11:30 am

Ciudad del Vaticano (AICA):   

La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, envió una Carta circular a los Obispos exhortando “vigilar la calidad del pan y del vino destinados a la Eucaristía y, por tanto, a aquellos que los preparan”. La carta firmada por su prefecto, el cardenal Robert Sarah y el arzobispo secretario Arthur Roche, precisa que fue escrita por encargo del papa Francisco.

El documento advierte que, tanto en las hostias como en los vinos que se venden, ultimamente, no están garantizados los ingredientes necesarios que los hacen pan y vino. Señalan abusos graves como introducir azúcar o miel, o con otros cereales. La carta advierte, además, que quienes preparen las hostias tienen que ser personas expertas en esto.

Señalando que “hasta ahora, por lo general, algunas comunidades religiosas se ocupaban de preparar el pan y el vino para la celebración de la Eucaristía, hoy se venden también en los supermercados, en otros negocios y a través de internet”, el Dicasterio, sugiere que “para no dejar dudas acerca de la validez de la materia eucarística, sugiere a los obispos dar indicaciones al respecto, por ejemplo, garantizando la materia eucarística mediante certificados apropiados”.

Tras recordar ante todo que “el pan que se emplea en el santo Sacrificio de la Eucaristía debe ser ázimo, de sólo trigo y hecho recientemente, para que no haya ningún peligro de que se corrompa”, se señala claramente que “es un abuso grave introducir, en la fabricación del pan para la Eucaristía, otras sustancias como frutas, azúcar o miel. Es claro que las hostias deben ser preparadas por personas que no sólo se distingan por su honestidad, sino que además sean expertas en la elaboración y dispongan de los instrumentos adecuados”.

La Carta recuerda también que “el vino que se utiliza en la celebración del santo Sacrificio eucarístico debe ser natural, del fruto de la vid, puro y sin corromper, sin mezcla de sustancias extrañas. Está totalmente prohibido utilizar un vino del que se tiene duda en cuanto a su carácter genuino o a su procedencia, pues la Iglesia exige certeza sobre las condiciones necesarias para la validez de los sacramentos. No se debe admitir bajo ningún pretexto otras bebidas de cualquier género, que no constituyen una materia válida”.

La Carta fue fechada el 15 de junio de 2017, Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo.

Carta circular a los Obispos sobre el pan y el vino para la Eucaristía

1. La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, por encargo del Santo Padre Francisco, se dirige a los Obispos diocesanos (y a quienes se les equiparan en el derecho) para recordar que les compete, sobre todo, a ellos proveer dignamente lo necesario para la celebración de la Cena del Señor (cf. Lc 22,8.13).
Compete al Obispo, primer dispensador de los misterios de Dios, moderador, promotor y custodio de la vida litúrgica en la Iglesia a él confiada (cf. CIC can. 835 §1), vigilar la calidad del pan y del vino destinados a la Eucaristía y, por tanto, a aquellos que los preparan. Con el fin de ayudar, se recuerdan las disposiciones vigentes y se sugieren algunas indicaciones prácticas.

2. Mientras que hasta ahora, por lo general, algunas comunidades religiosas se ocupaban de preparar el pan y el vino para la celebración de la Eucaristía, hoy se venden también en los supermercados, en otros negocios y a través de internet. Este Dicasterio, para no dejar dudas acerca de la validez de la materia eucarística, sugiere a los Ordinarios dar indicaciones al respecto, por ejemplo, garantizando la materia eucarística mediante certificados apropiados.
Es el Ordinario el que debe recordar a los presbíteros, en particular a los párrocos y a los rectores de las iglesias, su responsabilidad para comprobar quién es la persona encargada de proveer el pan y el vino para la celebración, así como la idoneidad de la materia. Además, corresponde al Ordinario informar y recordar a los productores del vino y del pan para la Eucaristía el respeto absoluto de las normas.

3. Las normas acerca de la materia eucarística, indicadas en el can. 924 del CIC y en los números 319 – 323 de la Institutio generalis Missalis Romani, han sido ya explicadas en la Instrucción Redemptionis Sacramentum de esta Congregación (25 de marzo de 2004):
a) “El pan que se emplea en el santo Sacrificio de la Eucaristía debe ser ázimo, de sólo trigo y hecho recientemente, para que no haya ningún peligro de que se corrompa.
Por consiguiente, no puede constituir la materia válida, para la realización del Sacrificio y del Sacramento eucarístico, el pan elaborado con otras sustancias, aunque sean cereales, ni aquel que lleva mezcla de una sustancia diversa del trigo, en tal cantidad que, según la valoración común, no se puede llamar pan de trigo.
Es un abuso grave introducir, en la fabricación del pan para la Eucaristía, otras sustancias como frutas, azúcar o miel. Es claro que las hostias deben ser preparadas por personas que no sólo se distingan por su honestidad, sino que además sean expertas en la elaboración y dispongan de los instrumentos adecuados” (n. 48).
b) “El vino que se utiliza en la celebración del santo Sacrificio eucarístico debe ser natural, del fruto de la vid, puro y sin corromper, sin mezcla de sustancias extrañas. […] Téngase diligente cuidado de que el vino destinado a la Eucaristía se conserve en perfecto estado y no se avinagre. Está totalmente prohibido utilizar un vino del que se tiene duda en cuanto a su carácter genuino o a su procedencia, pues la Iglesia exige certeza sobre las condiciones necesarias para la validez de los sacramentos.
No se debe admitir bajo ningún pretexto otras bebidas de cualquier género, que no constituyen una materia válida” (n. 50).

4. La Congregación para la Doctrina de la Fe, en la Carta circular a los Presidentes de las Conferencias Episcopales acerca del uso del pan con poca cantidad de gluten y del mosto como materia eucarística (24 de julio de 2003, Prot. N. 89/78 – 17498), ha indicado las normas respecto a las personas que, por diversos y graves motivos, no pueden tomar pan preparado normalmente o vino normalmente fermentado:

  • a)“Las hostias sin nada de gluten son materia inválida para la Eucaristía. Son materia válida las hostias con la mínima cantidad de gluten necesaria para obtener la panificación sin añadir sustancias extrañas ni recurrir a procedimientos que desnaturalicen el pan” (A. 1-2).
  • b)“Es materia válida para la Eucaristía el mosto, esto es, el zumo de uva fresco o conservado, cuya fermentación haya sido suspendida por medio de procedimientos que no alteren su naturaleza (por ejemplo el congelamiento)” (A. 3).
  • c)“Es competencia del Ordinario conceder a los fieles y a los sacerdotes la licencia para usar pan con una mínima cantidad de gluten o mosto como materia para la Eucaristía. La licencia puede ser concedida habitualmente, mientras dure la situación que la ha motivado” (C. 1).

5. Además, dicha Congregación ha decidido que la eucarística preparada con organismos genéticamente modificados puede ser considerada materia válida (cf. Carta al Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos acerca de la materia eucarística preparada con organismos genéticamente modificados, 9 de diciembre de 2013, Prot. N. 89/78 – 44897).

6. Los que preparan el pan y producen el vino para la celebración deben ser conscientes que su obra está orientada al Sacrificio Eucarístico y esto pide su honestidad, responsabilidad y competencia.

7. Para que se cumplan estas normas generales, los Ordinarios, si lo estiman oportuno, pueden ponerse de acuerdo como Conferencia Episcopal, dando indicaciones concretas. Vista la complejidad de situaciones y circunstancias, así como la falta de respeto en el ámbito sagrado, se advierte la necesidad práctica que, por encargo de la Autoridad competente, haya quien garantice efectivamente la genuinidad de la materia eucarística por parte de los fabricantes como de su conveniente distribución y venta.

Se sugiere, por ejemplo, que una Conferencia Episcopal pueda encargar a una o más Congregaciones religiosas u otra Entidad capaz de verificar las garantías necesarias sobre la producción, conservación y venta del pan y del vino para la Eucaristía en un determinado país y en los países en los que se exportan. Se recomienda también que el pan y el vino destinados a la Eucaristía sean convenientemente tratados en los lugares de venta. En la sede de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, a 15 de junio de 2017, solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo.+