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Comunión eucarística a un cónyuge no católico? Consulta alemana a Roma.

Intercomunión; 7 obispos alemanes escriben a la Santa Sede

Después de la propuesta de la Conferencia Episcopal de Alemania, pidieron que el ex Santo Oficio se exprese sobre la admisión a la Eucaristía del cónyuge no católico

El cardenal Rainer Maria Woelki

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Pubblicato il 05/04/2018
Ultima modifica il 05/04/2018 alle ore 12:11
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

¿Es posible que una o un protestante participe en la Eucaristía del cónyuge católico? En el mes de febrero la Conferencia Episcopal alemana aprobó con la mayoría cualificada de dos terceras partes de los votos el borrador para un documento a favor, que prevé esta posibilidad en ciertos casos. El pasado 22 de marzo, 7 obispos de Alemania, entre los que está el cardenal de Colonia Rainer Maria Woleki, escribieron a la Congregación para la Doctrina de la Fe y al Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos pidiendo que la Santa Sede exprese un pronunciamiento y criterios generales que sean válidos para toda la Iglesia y no solamente para una de sus regiones.

 

La noticia de la carta fue revelada por el periódico alemán “Kölner Stadt-Anzeiger”. Firmaron la carta, además de Woelki, Ludwig Schick, arzobispo de Bamberg; Konrad Zdarsa, obispo de Augusta; Gregor Maria Hanke, obispo de Eichstätt; Stefan Oster, obispo de Passau; Rudolf Voderholzer, obispo de Regensburg e Wolfgang Ipolt, obispo de Görlitz.

 

En la carta de tres páginas, enviada al arzobispo Luis Ladaria Ferrer, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, y al cardenal Kurt Koch, Presidente del Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos, se plantea una cuestión fundamental: ¿una decisión tan importante como la admisión a la comunión de los fieles no católicos puede ser tomada por una única Conferencia Episcopal o es necesaria una «decisión de la Iglesia universal», y, por lo tanto del Papa, que sea válida en todas partes. Una nota publicada por el arzobispo de Colonia después de la publicación de la carta subraya que en la óptica de los firmatarios del documento la materia en cuestión es de tal importancia para la fe y para la unidad de la Iglesia que se deberían evitar diferencias nacionales, separadas, para llegar, en cambio, a una solución global, unificada y útil, «mediante el diálogo ecuménico».

 

El presidente de la Conferencia Episcopal, el cardenal Rinhard Marx, arzobispo de Mónaco y Frisinga, no estaba enterado de la iniciativa de los siete obispos alemanes. En uan respuesta del 4 de abril, Marx se dijo sorprendido por esta decisión y recordó que el subsidio pastoral que se había discutido en febrero en la asamblea de los obispos de Alemania solamente era un borrador y no un texto definitivo.

 

En el comunicado final de las sesiones de trabajo de la Conferencia Episcopal, que concluyeron el pasado 22 de febrero, se lee: «Los obispos votaron una “ayuda para orientarse” que permitirá a las parejas evangélicas recibir este sacramento, con determinadas condiciones. Un presupuesto es que las parejas evangélicas, “después de un maduro examen en una conversación con el párroco o con otra persona encargada por el pastor de almas, hayan llegado en conciencia a aceptar la fe de la Iglesia Católica, poniendo fin de esta manera a una “grave situación espiritual, y que quieran satisfacer el deseo ardiente de recibir la Eucaristía”». Esta premisa establecida en el borrador del documento aprobado por los obispos alemanes es que el cónyuge cristiano pero no católico acepte «la fe de la Iglesia católica» sobre la Eucaristía y reciba la autorización, tras una entrevista con el párroco, para acceder a la comunión durante la misa con el esposo o con la esposa católicos.

 

En 2015, durante una visita a la comunidad luterana alemana de Roma, el Papa Francisco afirmó, respondiendo a una pregunta, que, a pesar de que no haya un permiso general para que los protestantes reciban la Eucaristía, la decisión corresponde a la conciencia personal del individuo, por lo que parecía que se abría la posibilidad teniendo en cuenta cada caso particularmente.

 

En la exhortación apostólica “Amoris laetitia” se afronta la cuestión en el párrafo 247: «Acerca de la participación eucarística, se recuerda que “la decisión de permitir o no al contrayente no católico la comunión eucarística debe ser tomada de acuerdo con las normas vigentes en la materia, tanto para los cristianos de Oriente como para los otros cristianos, y teniendo en cuenta esta situación especial, es decir, que reciben el sacramento del matrimonio dos cristianos bautizados. Aunque los cónyuges de un matrimonio mixto tienen en común los sacramentos del bautismo y el matrimonio, compartir la Eucaristía sólo puede ser excepcional y, en todo caso, deben observarse las disposiciones establecidas”».

 

Francisco cita en este pasaje el Directorio para la aplicación de los principios y normas sobre el ecumenismo, de 1993, en el que se subraya la complejidad del problema y en el que se describen las competencias de los obispos y de las Conferencias Episcopales.

 

Al final de las sesiones de trabajo de la Conferencia Episcopal alemana, el cardenal Marx minimizó el alcance innovador del subsidio pastoral, recordando que, de hecho, se trata de una ampliación de lo que ya contiene la legislación de la Iglesia: en algunos casos, los cónyuges protestantes pueden recibir la comunión, siempre y cuando la pareja evangélica «acepte la fe eucarística católica», y esto debe suceder solamente después de un diálogo con el párroco católico.

 

En su decisión, recuerda el sitio especializado “Il Sismografo”, los obispos alemanes que están a favor de la apertura se refieren al canon 844, párrafo 4, del Código de Derecho Canónico, que dice: «Si hay peligro de muerte o, a juicio del Obispo diocesano o de la Conferencia Episcopal, urge otra necesidad grave, los ministros católicos pueden administrar lícitamente esos mismos sacramentos también a los demás cristianos que no están en comunión plena con la Iglesia católica, cuando éstos no puedan acudir a un ministro de su propia comunidad y lo pidan espontáneamente, con tal de que profesen la fe católica respecto a esos sacramentos y estén bien dispuestos».

 

Pero los obispos utilizaron una traducción alternativa del texto latino del Código, resaltó el cardenal Marx), refiriéndose a lo que Juan Pablo II escribió en su encíclica “Ecclesia de Eucharistia” (de 2003), en la que se habla, en lugar de “grave necesidad”, de una «seria necesidad espiritual». Este es el texto del Papa Wojtyla (n. 45): «Si en ningún caso es legítima la concelebración si falta la plena comunión, no ocurre lo mismo con respecto a la administración de la Eucaristía, en circunstancias especiales, a personas pertenecientes a Iglesias o a Comunidades eclesiales que no están en plena comunión con la Iglesia católica. En efecto, en este caso el objetivo es satisfacer una grave necesidad espiritual para la salvación eterna de los fieles, singularmente considerados, pero no realizar una intercomunión, que no es posible mientras no se hayan restablecido del todo los vínculos visibles de la comunión eclesial».

 

Los obispos alemanes que están a favor de la apertura afirman que esta «grave necesidad espiritual» podría encontrarse en los matrimonios mixtos entre parejas cristianas y un solo miembro católico.

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Licitud de la comunión en la mano y la opinión del Card. Sarah

¿La comunión en la mano?; el Papa recuerda que es posible

Francisco insiste en que las Conferencias Episcopales son las que deben autorizar las maneras para recibir la Eucaristía. El cardenal Sarah había criticado la costumbre difundida en la actualidad denunciando un ataque diabólico

Comulgando en París

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Pubblicato il 22/03/2018
Ultima modifica il 22/03/2018 alle ore 15:13
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

 

Son pocas líneas, pero muy significativas. Al proseguir con su catequesis sobre la misa, durante la Audiencia general del miércoles 21 de marzo de 2018, el Papa Francisco recordó las diferentes maneras en las que se puede recibir la Eucaristía, entre las que está la costumbre de recibir la hostia consagrada en las manos. Un recordatorio que llega después de las severas palabras con las que el cardenal Robert Sarah, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino, criticó hace algunas semanas esta práctica.

 

Esto es lo que dijo Francisco: «La Iglesia desea vivamente que también los fieles reciban el Cuerpo del Señor con hostias consagradas en la misma Misa; y el signo del banquete eucarístico se expresa con mayor plenitud si la santa comunión se hace bajo las dos especies, aún a sabiendas de que la doctrina católica enseña que bajo una sola especie se recibe a Cristo todo entero (cfr. “Introducción general del Misal Romano”, 85; 281-282)».

 

«Según la praxis eclesial –continuó Bergoglio–, el fiel se acerca normalmente a la Eucaristía en forma procesional, como hemos dicho, y se comulga de pie y con devoción, o de rodillas, como establece la Conferencia Episcopal, recibiendo el sacramento en la boca o, en donde se permite, en la mano, como prefiera (cfr. IGMR, 160-161). Después de la comunión, para custodiar en el corazón el don recibido nos ayuda el silencio, la oración silenciosa».

 

En pocas líneas, el Pontífice recuerda, pues, que la comunión recibida por el fiel en las manos no representa, en los hechos, un abuso, sino una de las modalidades previstas en la Introducción General del Misal Romano. Esto es lo que prescriben precisamente los párrafos 160 y 161 de tal documento: «Después el sacerdote toma la patena o el copón y se acerca a quienes van a comulgar, los cuales de ordinario, se acercan procesionalmente. No está permitido a los fieles tomar por sí mismos el pan consagrado ni el cáliz sagrado, ni mucho menos pasarlo de mano en mano entre ellos. Los fieles comulgan estando de rodillas o de pie, según lo haya determinado la Conferencia de Obispos. Cuando comulgan estando de pie, se recomienda que antes de recibir el Sacramento, hagan la debida reverencia, la cual debe ser determinada por las mismas normas».

 

«Si la Comunión se recibe sólo bajo la especie de pan –continúa el documento–, el sacerdote, teniendo la Hostia un poco elevada, la muestra a cada uno, diciendo: El Cuerpo de Cristo. El que comulga responde: Amén, y recibe el Sacramento, en la boca, o donde haya sido concedido, en la mano, según su deseo. Quien comulga, inmediatamente recibe la sagrada Hostia, la consume íntegramente».

 

Ese «donde haya sido concedido» significa donde la Conferencia Episcopal haya permitido la comunión en la mano, concediendo también este uso. Por lo que no puede ser considerado un abuso, al estar contemplado en la Introducción del Misal y al haber sido autorizado explícitamente por los obispos locales.

 

El cardenal Robert Sarah, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos (nombrado por el Papa Francisco), en su prefacio al libro de Federico Bortoli “La distribución de la Comunión en la mano. Perfiles históricos, jurídicos y pastorales”, recientemente denunció un ataque diabólico múltiple contra la Eucaristía, afirmando precisamente que la costumbre de recibir la comunión en la mano sería una puerta abierta para estos ataques y recordando que la partícula se recibe con la lengua y de rodillas.

 

«¿Por qué nos obstinamos –se pregunta Sarah en el texto– en comulgar de pie y en la mano? ¿Por qué esta actitud de falta de sumisión a los signos de Dios?». Y después advirtió: «Que ningún sacerdote ose pretender imponer la propia autoridad sobre esta cuestión rechazando o maltratando a los que desean recibir la Comunión de rodillas y en la lengua: vayamos como los niños y recibamos humildemente de rodillas y en la lengua el Cuerpo de Cristo».

 

Sarah sostiene que recibir la Eucaristía en la mano se ha convertido en una práctica porque, «debido a una reforma litúrgica que habría debido ser homogénea con los ritos anteriores, una concesión particular se ha convertido en una ganzúa para forzar y vaciar la caja fuerte de los tesoros litúrgicos de la Iglesia».


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La cuestión de los estipendios.

El Papa Francisco a los sacerdotes: “No cobren la misa”

El Pontífice: es posible aceptar ofrendas, pero los sacramentos son siempre gratis

El Papa Francisco a los sacerdotes: “No cobren la misa”

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Pubblicato il 08/03/2018
Ultima modifica il 08/03/2018 alle ore 15:37
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

«La misa no se paga. Si quieres dejar una ofrenda, déjala, pero no se paga». El Papa Francisco, en el aula de las audiencias en el Vaticano, levanta la mirada del discurso preparado que estaba leyendo y se dirige espontáneamente a los fieles. El argumento de su catequesis es la oración eucarística, centro de la misa, que acompaña la consagración del pan y el del vino. Es la ocasión oportuna para recordar que no puede existir un “tarifario” para los sacramentos y que tampoco la misa para recordar a los difuntos queridos se debe pagar.

 

«Nadie ni nada ha sido olvidado en la oración eucarística, sino que cada cosa es re-conducida a Dios, como recuerda la doxología que la concluye. Nadie ha sido olvidado y si tengo a alguna persona, parientes, amigos que estén en necesidades o hayan pasado de un mundo a otro, puedo nombrarlos en ese momento, en silencio… “Ah, padre, ¿cuánto debo pagar para que pongan mi nombre ahí”. ¡Nada! La misa –insistió Francisco– no se paga, la misa es el sacrificio de Cristo que es gratuito; si quieres dejar una limosna, déjala, pero no se paga, es importante entender esto».

 

En otras ocasiones el Pontífice argentino se había referido a los “tarifarios” de las celebraciones de los sacramentos, como bautismos y matrimonios, o exequias. Ayer se insistió en su oposición a esta realidad y especificó particularmente el caso de las misas en sufragio de los difuntos, que son celebradas cotidianamente por los sacerdotes rezando por las almas de los muertos.

 

El Código de Derecho Canónico contempla, en el número 945, las ofrendas de los fieles: «Según el uso aprobado de la Iglesia, todo sacerdote que celebra o concelebra la Misa puede recibir una ofrenda, para que la aplique por una determinada intención». Pero inmediatamente añade: «Se recomienda encarecidamente a los sacerdotes que celebren la Misa por las intenciones de los fieles, sobre todo de los necesitados, aunque no reciban ninguna ofrenda».

Por lo tanto, resulta evidente que no se trata ni de una “tarifa” ni de un “pago”, sino de una ofrenda, que, como tal, es libre y, sobre todo, no puede ser exigida a las personas que se encuentren en dificultades económicas para darla, tal y como en 2014 aclaró el entonces presidente de la Conferencia Episcopal de Italia, Angelo Bagnasco: «Los sacramentos no se pagan de ninguna manera. Las ofrendas que los fieles pretenden dar libremente son una manera para contribuir a las necesidades materiales de la Iglesia».

 

Es cierto que existen algunas indicaciones, pero estas provienen de cada una de las diócesis o de cada una de las Conferencias Episcopales regionales, como la piamontesa, que desde el lejano diciembre de 2001, estableció una ofrenda de 10 euros para la misa de sufragio, subrayando que no era lícito pedir más dinero. Una indicación semejante (y también en la cifra) fue propuesta hace tres años por la Conferencia Episcopal de Umbria. También los obispos de la región eclesiástica de Lombardía establecieron que la ofrenda que se recomienda es de 10 euros, y especificaron que se recibirá, como sea, lo que los fieles sean capaces de dar.

 

En cambio las ofertas existen y son diversificadas en los santuarios. En uno de los más visitados, en cambio, hay diferentes tipos de ofrendas. En el Santuario del Santo de Padua, dedicado a San Antonio, para el recuerdo de los difuntos existe la posibilidad de la “misa perpetua”, por la cual se recomienda pagar 20 euros (el difunto, junto con muchos otros, es recordado una vez al año en las intenciones del sacerdote celebrante), mientras que la oferta prevista para la misa llamada “gregoriana” equivale a unos 400 euros: en este caso, los parientes de los difuntos eligen a un sacerdote que durante un mes entero celebra cotidianamente una misa en recuerdo de su difunto, y lo nombra durante el rito.

 

Otra cosa son las celebraciones de los sacramentos. En la gran parte del caso, los “tarifarios” no existen o ya han dejado de existir; el sacerdote acepta un sobre con dinero al final del rito, sin haberse puesto de acuerdo de ninguna manera sobre la suma. Y también están los casos de personas que solamente pueden ofrecer poco o nada, aunque también sucede que algunas personas no dejan ninguna ofrenda a pesar de tener la posibilidad e hacerlo.


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Perú: la última misa del Papa. Comentario-resumen

“Aquí está el antídoto contra la globalización de la indiferencia”

La última misa del Papa en Perú antes de volver a Roma: nuestras ciudades están llenas de “sobrantes urbanos” descartados. “Jesús sigue caminando por nuestras calles para volver a encender la esperanza que nos libra de conexiones vacías”
AFP

El Papa en la misa en la base aérea de las La Palmas de Lima

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Pubblicato il 21/01/2018
Ultima modifica il 21/01/2018 alle ore 23:19
ANDREA TORNIELLI
ENVIADO A LIMA

Hay un antídoto contra la “globalización de la indiferencia” que vivimos en nuestras ciudades, siempre llenas de “sobrantes urbanos”, de hombres, mujeres y también muchos niños descartados. Es Jesús que, “suscitando la ternura y el amor de misericordia, suscitando la compasión”, abre los ojos a quien lo encuentra como los abrió a los primeros discípulos para que “aprendan a mirar la realidad a la manera divina”. Este es el mensaje que Francisco deja al millón de feligreses presentes en la misa en la base aérea de las La Palmas de Lima. Es el último acto de su visita antes de embarcarse en el vuelo que lo llevará de vuelta a Roma, donde está previsto que aterrice pasadas las dos de la tarde del lunes 22 de junio de 2018.

 

El Papa celebra la misa bajo una estructura en forma de gran tienda; con él concelebran el cardenal Sean O’Malley, arzobispo de Boston – quien ayer expresó posiciones críticas sobre las declaraciones de Francisco sobre el caso del obispo chileno Juan Barros – y otros 60 obispos del Perú. El acceso a la zona fue abierto desde la media noche, la gente espera al Papa desde la noche anterior, a pesar del clima bastante húmedo con 23 grados de temperatura. Según las autoridades hay un millón y 300 mil personas.

 

En la homilía Francisco recuerda que Dios “quiere estar siempre con nosotros”, en Lima “o en donde estés viviendo, en la vida cotidiana del trabajo rutinario, en la educación esperanzadora de los hijos, entre tus anhelos y desvelos; en la intimidad del hogar y en el ruido ensordecedor de nuestras calles. Es allí, en medio de los caminos polvorientos de la historia, donde el Señor viene a tu encuentro”.

 

Pero en las ciudades en las que vivimos, “las situaciones de dolor e injusticia que a diario se repiten, nos pueden generar la tentación de huir, de escondernos, de zafar”. Mirando la realidad que nos rodea, continúa Bergoglio, razones no nos faltan. Son muchísimos los “no ciudadanos”, “los ciudadanos a medias” o los “sobrantes urbanos” que “están al borde de nuestros caminos, que van a vivir a las márgenes de nuestras ciudades sin condiciones necesarias para llevar una vida digna”. Y “duele constatar que muchas veces entre estos «sobrantes humanos» se encuentran rostros de tantos niños y adolescentes. Se encuentra el rostro del futuro”.

 

Viendo todo esto, podemos buscar “un espacio de huida y desconfianza. Un espacio para la indiferencia, que nos transforma en anónimos y sordos ante los demás, nos convierte en seres impersonales de corazón cauterizado y, con esta actitud, lastimamos el alma del pueblo”. Pero Francisco, citando al predecesor Benedicto XVI, recuerda que “la grandeza de la humanidad está determinada esencialmente por su relación con el sufrimiento y con el que sufre. Una sociedad que no logra aceptar a los que sufren y no es capaz de contribuir mediante la compasión a que el sufrimiento sea compartido y sobrellevado también interiormente, es una sociedad cruel e inhumana”.

 

Jesús, explica el Papa, como reacción a la injusticia de San Juan Bautista, “entra en la ciudad, entra en Galilea y comienza desde ese pequeño pueblo a sembrar lo que sería el inicio de la mayor esperanza: El Reino de Dios está cerca, Dios está entre nosotros. Ha llegado hasta nosotros para comprometerse nuevamente como un renovado antídoto contra la globalización de la indiferencia. Porque ante ese Amor, no se puede permanecer indiferentes”.

 

El Nazareno “invitó a sus discípulos a vivir hoy lo que tiene sabor a eternidad: el amor a Dios y al prójimo; y lo hace de la única manera que lo puede hacer, a la manera divina: suscitando la ternura y el amor de misericordia, suscitando la compasión y abriendo sus ojos para que aprendan a mirar la realidad a la manera divina. Los invita a generar nuevos lazos, nuevas alianzas portadoras de eternidad”.

 

Jesús, afirma el Pontífice, “camina la ciudad con sus discípulos y comienza a ver, a escuchar, a prestar atención a aquellos que habían sucumbido bajo el manto de la indiferencia, lapidados por el grave pecado de la corrupción. Comienza a develar muchas situaciones que asfixiaban la esperanza de su pueblo suscitando una nueva esperanza”. Enseña a los discípulos a “mirar lo que hasta ahora pasaban por alto, les señala nuevas urgencias”.

 

Jesús, concluye Francisco, “sigue caminando por nuestras calles, sigue al igual que ayer golpeando puertas, golpeando corazones para volver a encender la esperanza y los anhelos: que la degradación sea superada por la fraternidad, la injusticia vencida por la solidaridad y la violencia callada con las armas de la paz”. Despierta “la esperanza que nos libra de conexiones vacías y de análisis impersonales e invita a involucrarnos como fermento allí donde estemos, donde nos toque vivir, en ese rinconcito de todos los días”. Es un Dios que “no se cansa ni se cansará de caminar para llegar a sus hijos” y te invita a “caminar con Él la ciudad, tu ciudad”.


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Opinión de un obispo sobre la comunión a los divorciados reesposados.

Negri: “¿Comunión a los divorciados? Valorar cada caso particular”

El arzobispo emérito de Ferrara no cierra las puertas a la posibilidad contemplada en el capítulo VIII de Amoris laetitia: “No puede ser dada automáticamente”

El arzobispo emérito de Ferrara, Luigi Negri

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Pubblicato il 14/01/2018
Ultima modifica il 14/01/2018 alle ore 13:14
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

El arzobispo emérito de Ferrara, Luigi Negri, uno de los firmantes del documento redactado por tres obispos kazajos sobre Amoris laetitia, no cierra las puertas a la posibilidad de llegar a los sacramentos para los divorciados que viven una segunda unión, a condición de que éstos no sean concedidos “automáticamente, sin una valoración del caso particular”.

 

La afirmación, significativa si se observa el debate de estos últimos meses entorno a la interpretación del capítulo VIII de Amoris laetitia, forma parte de una reciente entrevista con el obispo publicada por el periódico italiano Libero. El tema central de la conversación de Negri con el vicedirector del periódico es la relación con el islam, las raíces cristianas, el papel del Papa Francisco. Pero el periodista, hacia el final de la entrevista, hace al arzobispo emérito de Ferrara esta pregunta: “¿Usted está en contra de la comunión a los divorciados?”. Es obvio que se refiere a los divorciados que viven una segunda unión, dado que para los divorciados que no han iniciado una nueva relación el problema de los sacramentos no existe.

 

Aquí están las palabras textuales de Negri: “No se puede dar automáticamente, sin una valoración de cada caso en particular. Estoy en contra de la confusión, por eso agradecería una aclaración papal. El cristianismo no debe ser integrismo en un sentido o en el otro. El Papa Ratzinger nos exhortaba a crear laicos vivos, activos emprendedores”. Por tanto el arzobispo considera que existen casos en los que la comunión puede ser dada (y es evidente que no se refiere a los divorciados vueltos a casar que viven absteniéndose de las relaciones conyugales, porque esta posibilidad, introducida por Juan Pablo II, existe desde hace 37 años): no pronuncia un “no” absoluto, e invita a no ser integristas en un sentido o en el otro, es decir, no sólo en el sentido de aperturista sino también en aquel que niega cualquier posibilidad. Significa sin embargo que no puede haber automatismos y que es necesario valorar cada caso particular: palabras que suponen un viaje penitencial y un discernimiento acompañado por el sacerdote.

 

Antes de recoger estas afirmaciones y de extraer las consecuencias, la tarde del sábado 13 de enero de 2018 Vatican Insider contactó telefónicamente con el arzobispo Negri para verificar si se encontrase plenamente de acuerdo con las palabras recogidas en la entrevista y su interpretación. Respondió afirmativamente.

 

Por otra parte ya en mayo de 2016, presentando la exhortación post-sinodal Amoris laetitia en el centro cultural Rosetum de Milán, Negri había precisado que el sentido de las notas del documento, es decir, lo que quieren decir, “es lo que está escrito”. Luego añadió: “Existen realidades en las cuales la responsabilidad sufre reducciones”. En el acompañar a las personas existen casos en los cuales se pueden “asumir comportamientos de mayor comprensión y de mayor acogida”. El arzobispo de Ferrara (entonces no era emérito) añadió: “Cuidado con decir que no hay responsabilidad porque si no hubiera responsabilidad en el mal, Dios no sería misericordia”, porque no habría nada que perdonar. “Sobre la segunda nota: extraer de esto como consecuencia el hecho que se puede o se debe dar la eucaristía a todos aquellos que la piden, es indebido”.

 

“Está bien –reconoció Negri– recordar a los pastores el hecho de que la atención pastoral tiene una serie de herramientas que pueden ayudar al camino de la fe. Esto el Papa no lo dice, lo digo yo: la eucaristía no es un derecho pero puede ser una ayuda que en ciertas situaciones también podría darse, con ciertas condiciones atenuantes, discrecionales y confidenciales, pero para ayudar a la fe, no como algo que se obtiene sobre la base de un derecho”.

 

Por tanto ningún automatismo, ninguna casuística, ninguna ética de la situación, ninguna cesión al subjetivismo. Sino el reconocimiento de que al acompañar la realidad de las situaciones individuales, de las historias individuales, de los dramas individuales experimentados por las personas, puede haber espacio para acceder a los sacramentos. Eso es, por otra parte, lo que leemos en Amoris laetitia. En este sentido –abriendo, por ejemplo, la posibilidad de casos en los que se cree que el primer matrimonio no fue válido incluso si no se pudo demostrar en una posición canónica– se expresó a finales de 2017 también el cardenal Gerhard Ludwig Müller, ex Prefecto del Congregación para la doctrina de la fe. El cardenal también escribió un largo ensayo introductorio para apoyar la interpretación de Amoris laetitia propuesta por el filósofo Rocco Buttiglione.

 

Reconocer esta visión abierta por monseñor Negri no significa, por supuesto, olvidar las críticas que dirige a ciertas interpretaciones del documento papal o la solicitud de una aclaración autorizada al respecto.


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El Papa. Primera audiencia general del año. Comentario de Vat.Insider

El Papa: “Confesemos nuestros pecados, no los de los demás”

Durante la primera audiencia general del año Francisco comienza de nuevo el ciclo de catequesis sobre la misa del acto penitencial: “El presuntuoso es incapaz de recibir perdón”
REUTERS

El Papa Francisco durante la audiencia general en el Aula Paolo VI

Pubblicato il 03/01/2018
Ultima modifica il 03/01/2018 alle ore 13:31
IACOPO SCARAMUZZI
CIUDAD DEL VATICANO

“Recuerdo una anécdota que contaba un viejo misionero de una mujer que fue a confesarse y comenzó a decir los errores del marido, después pasó a contar los errores de la suegra, y después los de los vecino… a un cierto punto el confesor le preguntó: “Señora, dígame, ¿ha terminado? Bien, ha terminado con los pecados de los demás, ahora empiece a decir los suyos…”. Con la primera audiencia del año Francisco ha iniciado de nuevo un ciclo de catequesis sobre la misa profundizando en el acto penitencial, es decir, la confesión “ante Dios y los hermanos” de los propios pecados –no los de los demás– para poder recibir el perdón de Dios, cosa que el presuntuoso, “sacio como está de su presunta justicia”, no puede obtener.

 

En su “sobriedad”, ha dicho el Papa, el acto penitencial “favorece la actitud con la que disponerse a celebrar dignamente los santos misterios, reconociendo ante Dios y los hermanos nuestros pecados. La invitación del sacerdote está dirigida a toda la comunidad en oración, porque todos somos pecadores. ¿Qué puede donar al Señor quien tiene ya el corazón lleno de sí mismo, del propio éxito? Nada, porque quien es presuntuoso es incapaz de recibir perdón, sacio como está de su propia justicia”. Al contrario, “quien es consciente de las propias miserias y baja los ojos con humildad, siente posarse sobre él la mirada misericordiosa de Dios. Sabemos por experiencia que solo quien sabe reconocer los errores y pedir perdón recibe la comprensión y el perdón de los demás”.

 

“Escuchar en silencio la voz de la conciencia”, ha insistido Jorge Mario Bergoglio, “permite reconocer que nuestros pensamientos son distantes de los pensamientos divinos, que nuestras palabras y nuestras acciones son a menudo mundanas” y están guiadas por decisiones contrarias al Evangelio”. Por tanto, al inicio de la misa, “cada uno confiesa a Dios y a los hermanos que ‘he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión’”, ha continuado el Papa, “sí, también de omisión, es decir, de haber dejado de hacer el bien que habría podido hacer. A menudo nos sentimos buenos porque –decimos– ‘no hemos hecho mal a nadie’. En realidad, no basta con no hacer mal al prójimo, sino elegir hacer el bien aprovechando las oportunidades para dar buen testimonio de que somos discípulos de Jesús”.

 

“Y bien –ha dicho Francisco– subrayar que confesamos tanto a Dios como a los hermanos que somos pecadores: esto nos ayuda a comprender la dimensión del pecado que, mientras nos separa de Dios, nos divide también de nuestros hermanos, y viceversa: el pecado corta, corta la relación con Dios y con los hermanos, la relación con la familia y la sociedad, el pecado separa, divide”.

 

Las palabras del acto penitencial, ha continuado el Pontífice, “están acompañadas del gesto de dar unos golpes en el pecho, reconociendo que he pecado por mi culpa, y no por la de los otros. Sucede a menudo que, por miedo o vergüenza, apuntamos con el dedo para acusar a los demás. Cuesta admitir que somos culpables, pero nos hace bien confesarlo con sinceridad. Confesar los propios pecados…”.

 

El Papa ha concluido la catequesis recordando algunos “luminosos ejemplos de figuras ‘penitentes’ que”, en la Biblia, “volviendo en sí tras haber cometido el pecado, encontraron la valentía para quitarse la máscara y abrirse a la gracia que renueva el corazón. Pensemos en el rey David y en las palabras atribuidas a él en el Salmo: ‘Piedad de mi, o Dios, en tu amor; en tu gran misericordia cancela mi iniquidad’. Pensemos en el hijo pródigo que vuelve al padre; ‘O Dios, ten piedad de mi, pecador’. Pensemos también en San Pedro, en Zacarías, en la mujer samaritana. Medirse con la fragilidad del barro con el que somos moldeados es una experiencia que nos fortalece, porque a la vez que nos ocupamos de nuestra debilidad, abre nuestro corazón para invocar la misericordia divina que transforma y convierte. Y esto es lo que hacemos en el acto penitencial al inicio de la misa”.

 

Durante la conclusión de la audiencia el Papa ha dirigido “un deseo de esperanza y de paz para el nuevo año” a los peregrinos italianos presentes en la primera audiencia del año. Especialmente festivos, con aplausos y canciones, los fieles de la Comunidade Católica Palavra Viva, que el Papa ha saludado notando que “¡no se puede tener dudas de que la “palavra” está viva ahí!”.


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Catequesis del Papa sobre la eucaristía.

Papa: Redescubrir la belleza de la celebración eucarística

 

 

(RV).- En su catequesis de la Audiencia General del segundo miércoles de noviembre el Papa Francisco propuso un nuevo ciclo de reflexiones centradas en el “corazón” de la Iglesia, es decir en la Eucaristía. Y explicó que es fundamental para los cristianos conocer el valor de la Santa Misa, a fin de vivir cada vez más plenamente nuestra relación con Dios.

Hablando en italiano, el Santo Padre afirmó que no podemos olvidar al gran número de cristianos que, a lo largo de dos mil años de historia, han resistido hasta la muerte para defender la Eucaristía; a la vez que tantos hoy, arriesgan su vida al participar en la Misa dominical.

Después de remontarse al lejano año 304 – durante las persecuciones del emperador Diocleciano –  para recordar la respuesta de un grupo de cristianos – arrestados por haber sido sorprendidos mientras celebraban la Misa – quienes habían declarado: “Sin el domingo no podemos vivir”; el Papa Bergoglio explicó que esto significa que “si no podemos celebrar la Eucaristía, no podemos vivir”, o que “nuestra vida cristiana moriría”.

Se puede renunciar a la vida terrenal por la Eucaristía.

Francisco también destacó que Jesús dijo a sus discípulos: “Si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán la vida. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene la vida eterna y yo lo resucitaré en el último día”. De manera que aquellos fieles de los primeros siglos del cristianismo a los que se les dio muerte a causa de su fe han dejado el testimonio – dijo el Obispo de Roma – de que se puede renunciar a la vida terrenal por la Eucaristía, porque ella nos da la vida eterna, haciéndonos partícipes de la victoria de Cristo sobre la muerte. Y este testimonio  – añadió el Papa – “nos interpela a todos pidiéndonos una respuesta acerca del significado que tiene, para cada uno de nosotros, el hecho de participar en el Sacrificio de la Misa y acercarnos a la Mesa del Señor.

De ahí las preguntas que formuló el Pontífice: “¿Estamos buscando aquella fuente de la que brota el agua viva para la vida eterna; que hace de nuestra vida un sacrificio espiritual de alabanza y de agradecimiento y hace de nosotros un solo cuerpo en Cristo?

Éste – respondió el Santo Padre – es el sentido más profundo de la Santa Eucaristía, que significa “agradecimiento”. Sí, agradecimiento a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo que nos implica y nos transforma en su comunión de amor.

Francisco afirmó asimismo que en sus próximas catequesis dará respuesta a algunas preguntas importantes sobre la Eucaristía y la Misa, para redescubrir, o incluso descubrir, cómo a través de este misterio de la fe resplandece el amor de Dios.

La formación litúrgica de los fieles es indispensable para la verdadera renovación.

Tras aludir al Concilio Ecuménico Vaticano II que estuvo animado por el deseo de conducir a los cristianos a comprender la grandeza de la fe y la belleza del encuentro con Cristo; el Papa Francisco concluyó afirmando que los Padres conciliares subrayaron que la formación litúrgica de los fieles es indispensable para la verdadera renovación.

“Y es precisamente también ésta – dijo textualmente el Papa Francisco –  la finalidad del ciclo de catequesis que hoy comenzamos: crecer en el conocimiento del gran don que Dios nos ha dado en la Eucaristía”. A la vez que formuló el deseo de que la Santísima Virgen María nos acompañe en este nuevo camino.

(María Fernanda Bernasconi – RV).