Loiola XXI

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La esperanza cristiana. Catequesis del Papa.

“El amor de Dios es la raíz de la esperanza cristiana”, el Papa en la catequesis

2017-02-15 Radio Vaticana

(RV).- “¡La esperanza no defrauda! No está fundada sobre aquello que nosotros podemos hacer o ser, y mucho menos en lo que nosotros podemos creer. Su fundamento, es decir, el fundamento de la esperanza cristiana, es el amor que Dios mismo nutre por cada uno de nosotros”, con estas palabras el Papa Francisco explicó en la Audiencia General del tercer miércoles de febrero, el significado del amor de Dios como raíz de la esperanza cristiana.

Continuando su ciclo de catequesis sobre “la esperanza”, el Obispo de Roma meditó sobre la importancia de esta virtud en el Nuevo Testamento, esta vez lo hizo tomando el capítulo 5 de la Carta de San Pablo a los Romanos. El Pontífice señaló que, “en este pasaje, el Apóstol Pablo nos sorprende, en cuanto nos exhorta dos veces a vanagloriarnos”. En el primer caso, señaló el Papa, estamos invitados a vanagloriarnos de la abundancia de la gracia de la cual somos impregnados en Jesucristo, por medio de la fe. Pablo también, agregó el Sucesor de Pedro, nos exhorta a vanagloriarnos en las tribulaciones. “Esto no es fácil de entender – afirmo el Papa Francisco – ya que esto nos parece más difícil de comprender. En cambio, constituye el presupuesto más auténtico, más verdadero. De hecho, la paz que nos ofrece y nos garantiza el Señor no se debe de entender como la ausencia de preocupaciones, de desilusiones, de faltas, de motivos de sufrimiento”. Sino que la paz que surge de la fe es un don: es la gracia de experimentar que Dios nos ama y que siempre está a nuestro lado, no nos deja solos ni siquiera un instante de nuestra vida.

Texto completo y audio de la catequesis del Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Desde pequeños nos enseñan que no es bueno vanagloriarse. En mi tierra, a quienes presumen los llaman “pavos”. Y es justo, porque presumir de aquello que se es o de aquello que se tiene, además de ser soberbia, expresa también una falta de respeto en relación a los demás, especialmente con aquellos que son menos afortunados que nosotros. En este pasaje de la Carta a los Romanos, en cambio, el Apóstol Pablo nos sorprende, en cuanto nos exhorta dos veces a vanagloriarnos. Entonces, ¿de qué cosa es justo vanagloriarse? Porque si él nos exhorta a jactarnos, de algo es justo vanagloriarse. ¿Y cómo es posible hacer esto, sin ofender a los demás, sin excluir a alguien?

En el primer caso, estamos invitados a vanagloriarnos de la abundancia de la gracia de la cual somos impregnados en Jesucristo, por medio de la fe. ¡Pablo quiere hacernos entender que, si aprendemos a leer cada cosa a la luz del Espíritu Santo, nos damos cuenta que todo es gracia! ¡Todo es don! De hecho, si ponemos atención, al actuar – en la historia, como en nuestra vida – no sólo somos nosotros, sino es sobre todo Dios. Es Él el protagonista absoluto, que crea cada cosa como un don de amor, que teje la trama de su designio de salvación y que lo lleva a cumplimiento por nosotros, mediante su Hijo Jesús. A nosotros se nos pide reconocer todo esto, acogerlo con gratitud y convertirlo en motivo de alabanza, de bendición y de gran alegría. Si hacemos esto, estamos en paz con Dios y tenemos la experiencia de la libertad. Y esta paz se extiende luego a todos los ámbitos y a todas las relaciones de nuestra vida: estamos en paz con nosotros mismos, estamos en paz en la familia, en nuestra comunidad, en el trabajo y con las personas que encontramos cada día en nuestro camino.

Pablo también exhorta a vanagloriarnos en las tribulaciones. Esto no es fácil de entender. Esto nos parece más difícil y puede parecer que no tenga nada que ver con la condición de paz apenas descrita. En cambio, constituye el presupuesto más auténtico, más verdadero. De hecho, la paz que nos ofrece y nos garantiza el Señor no se debe de entender como la ausencia de preocupaciones, de desilusiones, de faltas, de motivos de sufrimiento. Si fuera así, en el caso en el cual lográramos estar en paz, ese momento terminaría rápido y caeríamos inevitablemente en la desesperación. La paz que surge de la fe es en cambio un don: es la gracia de experimentar que Dios nos ama y que siempre está a nuestro lado, no nos deja solos ni siquiera un instante de nuestra vida. Y esto, como afirma el Apóstol, genera la paciencia, porque sabemos que, también en los momentos más duros y difíciles, la misericordia y la bondad del Señor son más grandes de toda cosa y nada nos separará de sus manos y de la comunión con Él.

Entonces, es por eso qué la esperanza cristiana es sólida, es por eso qué no defrauda. Jamás, defrauda. ¡La esperanza no defrauda! No está fundada sobre aquello que nosotros podemos hacer o ser, y mucho menos en lo que nosotros podemos creer. Su fundamento, es decir, el fundamento de la esperanza cristiana, es lo que más fiel y seguro pueda existir, es decir, el amor que Dios mismo nutre por cada uno de nosotros. Es fácil decir: Dios nos ama. Todos lo decimos. Pero piensen un poco: cada uno de nosotros es capaz de decir, ¿estoy seguro que Dios me ama? No es tan fácil decirlo. Pero es verdad. Es un buen ejercicio, esto, decirlo a sí mismo: Dios me ama. Esta es la raíz de nuestra seguridad, la raíz de la esperanza. Y el Señor ha derramado abundantemente en nuestros corazones su Espíritu – que es el amor de Dios – como artífice, como garante, justamente para que pueda alimentar dentro de nosotros la fe y mantener viva esta esperanza. Y esta seguridad: Dios me ama. “Pero, ¿en este momento difícil? Dios me ama. ¿Y a mí, que he hecho esta cosa fea y malvada? Dios me ama”. Esta seguridad no nos la quita nadie. Y debemos repetirlo como oración: Dios me ama. Estoy seguro que Dios me ama. Estoy seguro que Dios me ama.

Ahora comprendemos porque el Apóstol Pablo nos exhorta a vanagloriarnos siempre de todo esto. Yo me glorío del amor de Dios, porque me ama. La esperanza que nos ha sido donada no nos separa de los demás, ni mucho menos nos lleva a desacreditarlos o marginarlos. Se trata en cambio de un don extraordinario del cual estamos llamados a convertirnos en “canales”, con humildad y simplicidad, para todos. Y entonces nuestro presumir más grande será aquel de tener como Padre un Dios que no tiene preferencias, que no excluye a ninguno, sino que abre su casa a todos los seres humanos, comenzando por los últimos y alejados, para que como sus hijos aprendamos a consolarnos y a sostenernos los unos a los otros. Y no se olviden: la esperanza no defrauda.


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Importancia de la esperanza. Palabras del Papa

Homilía del Papa: la esperanza es fundamental en la vida del cristiano

(RV).- La esperanza cristiana es una virtud humilde y fuerte que nos sostiene y hace que no nos ahoguemos en las tantas dificultades de la vida. Lo recordó el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la Capilla de la Casa de Santa Marta. El Pontíficereafirmó que la esperanza en el Señor jamás decepciona y es fuente de alegría que da paz a nuestro corazón.

Jesús habla con los doctores de la ley y afirma que Abraham “exultó en la esperanza” de ver su día. El Santo Padre se inspiró en el pasaje del Evangelio del día para subrayar que la esperanza es fundamental en la vida del cristiano. Abraham – dijo Francisco – “tuvo sus tentaciones por el camino de la esperanza”, pero creyó y obedeció al Señor, y así se puso en camino hacia la tierra prometida.

La esperanza nos conduce hacia adelante con alegría

El Papa Bergoglio también destacó que hay como un “hilo de la esperanza” que une “toda la historia de la salvación” y es “fuente de alegría”:

“Hoy la Iglesia nos habla de la alegría de la esperanza. En la primera oración de la Misa hemos pedido a Dios la gracia de custodiar la esperanza de la Iglesia, para que no ‘fracase’. Y Pablo, hablando de nuestro padre Abraham, nos dice: ‘Crean contra toda esperanza’. Cuando no hay esperanza humana, está aquella virtud que te lleva adelante, humilde, sencilla, pero que te da una alegría, a veces una gran alegría, a veces sólo la paz, pero la seguridad de que aquella esperanza no decepciona. La esperanza no decepciona”.

Esta “alegría de Abraham”, esta esperanza – dijo también el Pontífice – “crece en la historia”. Y admitió que “a veces se esconde, no se ve”; mientras otras veces “se manifiesta abiertamente”. Francisco citó el ejemplo de Isabel embarazada que exulta de alegría cuando la visita su prima María. Es la “alegría de la presencia de Dios – dijo – que camina con su pueblo. Y cuando hay alegría, hay paz. Esta es la virtud de la esperanza: de la alegría a la paz”. Esta esperanza – prosiguió diciendo el Papa – “no decepciona jamás”, ni siquiera en los “momentos de la esclavitud”, cuando el pueblo de Dios estaba en tierra extranjera.

La esperanza nos sostiene y hace que no nos ahoguemos en las dificultades

Este “hilo de la esperanza” comienza con Abraham, “Dios que habla a Abraham”, y “termina” con Jesús. El Obispo de Roma se detuvo a considerar las características de esta esperanza. Y añadió que, si en efecto se puede decir que se tiene fe y caridad, es más difícil responder acerca de la esperanza:

“Tantas veces podemos decir esto fácilmente, pero cuando se nos pregunta: ‘¿Tú tienes esperanza? ¿Tú tienes la alegría de la esperanza?’ ‘Pero, padre, no entiendo, explíquemelo’. La esperanza, aquella virtud humilde, aquella virtud que corre bajo el agua de la vida, pero que nos sostiene para que no nos ahoguemos en las tantas dificultades, para no perder aquel deseo de encontrar a Dios, de encontrar aquel rostro maravilloso que todos veremos un día: la esperanza”.

La esperanza no decepciona: es silenciosa, humilde y fuerte

Hoy – dijo el Papa al concluir su homilía – “es un lindo día para pensar en esto: el mismo Dios, que llamó a Abraham y lo hizo salir de su tierra sin que supiera a dónde debía ir, es el mismo Dios que va a la cruz, para cumplir la promesa que había hecho”:

“Es el mismo Dios que en la plenitud de los tiempos hace que aquella promesa llegue a ser una realidad para todos nosotros. Y lo que une aquel primer momento a este último momento es el hilo de la esperanza; y lo que une mi vida cristiana a nuestra vida cristiana, de un momento al otro, para ir siempre hacia adelante – pecadores, pero adelante – es la esperanza; y lo que nos da paz en los feos momentos, en los momentos peores de la vida es la esperanza. La esperanza no decepciona, está siempre allí: silenciosa y humilde, pero fuerte”.

(María Fer