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El Papa a un congreso de empresarios católicos.

V

El Papa Francisco pide nunca perder de vista el valor moral y económico del trabajo

Mensaje a los que participaron en el 26o Congreso Mundial de la Uniapac en Lisboa

El Papa con un grupo de trabajadores en Génova (foto de archivo)

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Pubblicato il 28/11/2018
Ultima modifica il 28/11/2018 alle ore 16:57
REDACCIÓN
ROMA

Construir una «sociedad más humana y fraterna», que pueda «hacer que los bienes de este mundo sean más accesibles para todos», y nunca perder de vista «el valor moral y económico del trabajo». Es lo que pidió el Papa a las empresas en su mensaje enviado a los que participaron en el 26o Congreso Mundial de la Uniapac (Unión Internacional de las Asociaciones de Dirigentes Católicos). El evento, en el que participó la Santa Sede mediante la representación de monseñor Bruno-Marie Duffé (secretario del Dicasterio para el Servicio al Desarrollo Humano Integral), concluyó hoy en Lisboa.

 

«En la vida profesional —subrayó el Pontífice— se encuentran a menudo situaciones de tensión en las que es necesario tomar importantes decisiones prácticas de inversión y de gestión. Aquí puede ser útil recordar tres principios guía presentes en el Evangelio y en la enseñanza social de la iglesia. El primero es la centralidad de cada una de las personas, con sus capacidades, sus aspiraciones, sus problemas y sus dificultades». «Cuando una empresa se convierte en una “familia” —afirmó Bergoglio—, en la que la administración se preocupa por que las condiciones de trabajo siempre estén al servicio de la comunidad, los trabajadores se convierten, a su vez en fuente de enriquecimiento. Se ven animados para poner sus talentos y sus capacidades al servicio del bien común, sabiendo que su dignidad y sus circunstancias son respetadas y no solamente explotadas».

 

«En el ejercicio del discernimiento económico —indica el mensaje papal—, los objetivos que hay que fijar siempre deberían estar guiados por la regla del bien común. Este principio fundamental del pensamiento social cristiano ilumina y, como una brújula, orienta la responsabilidad social de las empresas, su investigación y tecnología, y sus servicios de control de calidad, hacia la construcción de una sociedad más humana y fraterna que pueda “hacer que los bienes de este mundo sean más accesibles para todos”». Según el Papa, el principio del bien común «indica la vía para un crecimiento equitativo, en el que las decisiones, los programas, los mecanismos y los procesos estén orientados específicamente a una mejor distribución de la renta, a la creación de fuentes de ocupación y a una promoción integral de los pobres que vaya más allá de una simple mentalidad asistencial».

 

Para concluir, Francisco afrontó el tercero de los puntos: «nunca debemos perder de vista el valor moral y económico del trabajo, que es nuestro medio para cooperar con Dios en una “creación permanente”, que acelera la venida del Reino de Dios, promoviendo la justicia y la caridad social, y respetando las dos dimensiones individual y social, de la persona humana». La «noble vocación» de los dirigentes de empresas, sentenció el Papa, será evidente «en la medida en la que cada actividad humana se convierta en testimonio de esperanza para el futuro y estímulo para una mayor responsabilidad social y preocupación a través del uso sabio de los talentos y de las capacidades de cada uno».

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