Loiola XXI

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La cumbre de Bonn sobre el cambio climático.

Bonn: Una veintena de países anuncian una alianza contra el carbón

La región de América Latina y el Caribe arroja a la atmósfera 371 millones de toneladas métricas de dióxido de carbono por el consumo de madera y carbón. Foto de archivo: Banco Mudial/Lundrim Aliu

17 de noviembre, 2017 — La Cumbre del Clima de Bonn (COP23) ha reunido durante las últimos dos semanas a cerca de 25.000 personas de unos 200 países. El objetivo era analizar la letra pequeña del Acuerdo de París. De la cumbre, salen algunos compromisos concretos.  Canadá y Reino Unido lanzaron este jueves una alianza para pedir a los países que establezcan un calendario de cierre de sus centrales de carbón, el combustible fósil que más contribuye al cambio climático.

A alianza se suman también Angola, Austria, Bélgica, Costa Rica, Dinamarca, Fiyi, Finlandia, Francia, Italia, Luxemburgo, Islas Marshall, México, Holanda, Nueva Zelanda, Portugal, y Suiza. Y el objetivo es llegar a la próxima cumbre del clima de Katowice (Polonia) con al menos 50 países en la plataforma.

El objetivo es llegar a la próxima cumbre del clima de Katowice (Polonia) con al menos 50 países en la plataforma.

El carbón genera el 40 % de la electricidad en el mundo, pero que es “una de las mayores fuentes de contaminación, y de problemas para la salud de las personas”, dijo al hacer el anuncio la ministra de Medio Ambiente y Cambio Climático de Canadá, Catherine McKenna.

La creación de alianzas de países es para clave para Jose Luis Samaniego, Director de la División de Desarrollo Sostenible de la Comisión Económica para América y el Caribe (CEPAL). “El gran reto es lograr trabajar con los mejores ejemplos regionales y hacer grandes grupos de países que favorezcan el cambio”, explica en una entrevista con Noticias ONU.

Samaniego cree que en América Latina se lograrían más avances si se abordara el cambio climático como región y no país a país.

“Por ejemplo comparar metodologías es mejor hacerlo a nivel regional y permite que los países aprendan más rápido. Alcanzar un estándar de contabilidad o medición también es un esfuerzo que funciona mejor regionalmente que yendo país por país, porque acabas no teniendo datos comparables”, explica.

Considera que el mayor reto de la región es generar una mentalidad coherente en torno a los nuevos requerimientos del desarrollo.

“Y ahí tenemos el problema no sólo del cambio climático, sino de la Agenda 2030 y no todos los objetivos son compatibles entre sí, en el sentido de que una tasa de crecimiento alta puede favorecer las emisiones y una tasa que no sea suficientemente alta no te resuelve los problemas del empleo”, remarca. “Tienes que lograr el punto donde ambas políticas se encuentran. Tienes que lograr que la política climática se convierta en una política de desarrollo, que mejore en todos los campos: empleo, crecimiento, genere diversificación productiva y proteja tus divisas”.

¿Cómo se logra esto? “Con una combinación de, por ejemplo, mayor absorción de energías renovables, mayor penetración de vehículos de transporte eléctricos a escala masiva, pero junto con una política industrial que te permita fabricar regionalmente los componentes de esos nuevos sectores industriales. Ahí estarías combinando, protección de divisas, protección de empleo y un motor nuevo para el desarrollo con protección del clima”.

Samaniego insiste en que las alianzas hacen ver a los países reticentes que no es imposible reproducir políticas comparables.

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Qué mundo queremos dejar a las próximas generaciones? El Papa

Papa: impulsar conciencia, responsabilidad y colaboración mundial ante la grave degradación ambiental

 

 

El Papa Francisco recibió cordialmente a los Líderes del Foro de las Islas del Pacífico, y bendijo a cada una de estas naciones, destacando que «con su presencia manifiestan las diferentes realidades existentes en una Región como la del Océano Pacífico, tan rica de bellezas culturales y naturales»:

«Región que, sin embargo, suscita también vivas preocupaciones para todos nosotros y en particular para las poblaciones que las habitan, bastante vulnerables ante los fenómenos extremos ambientales y climáticos cada vez más frecuentes e intensos. Pero pienso también en los impactos del grave problema de la elevación de los niveles de los mares, así como en el doloroso  y continuo declive que está padeciendo la barrera de coral, ecosistema marino de gran importancia»

En este contexto, el Papa recordó la alarmante pregunta que hace casi tres décadas plantearon los Obispos de Filipinas:

«¿Quién ha convertido el maravilloso mundo marino en cementerios subacuáticos despojados de vida y de color?» Son numerosas las causas que han llevado a esta degradación ambiental y lamentablemente muchas de ellas se deben imputar a una conducta humana imprudente, enlazada con formas de explotación de los recursos naturales y humanos cuyo impacto llega hasta el fondo de los océanos. (cfr Laudato si’ 41)

Cuando hablamos asimismo de la elevación del nivel del mar, que ‘afecta principalmente a las poblaciones costeras empobrecidas que no tienen a dónde trasladarse’ (cfr Laudato si’ 48) pensamos en el problema del calentamiento global que está siendo ampliamente debatido en numerosos foros internacionales».

El Santo Padre se refirió a la Conferencia que se celebra en estos días en Bonn, mirando también al futuro, con sus mejores deseos para que esos trabajos sean capaces de tener presente siempre aquella ‘Tierra sin confines, en la que la atmósfera es extremadamente fina y lábil’ como la describió uno de los astronautas de la Estación Espacial Internacional, con los cuales conversó recientemente:

«Ustedes vienen de Países que, con respecto a Roma, se encuentran en las antípodas, pero esta visión de una ‘Tierra sin confines’ anula las distancias geográficas, recordando la necesidad de una toma de conciencia mundial, de una colaboración y de una solidaridad internacionales, de una estrategia compartida, que no permitan quedarse indiferentes ante problemas graves como la degradación de un ambiente natural y de la salud de los océanos, enlazada con la degradación humana y social que la humanidad está viviendo hoy».

Por otra parte, señaló el Papa Francisco «no solo las distancias geográficas y territoriales, sino también las temporales se anulan con la conciencia de que en el mundo, todo está íntimamente conectado»:

«Han pasado casi treinta años de aquel llamamiento de los Obispos filipinos y no se puede decir que ha mejorado la situación de los océanos y del ecosistema marino, ante los numerosos problemas que  implican por ejemplo la gestión de las reservas ictícolas, las actividades en la superficie o en los fondos, la situación de las comunidades costeras y de las familias de los pescadores, la  contaminación por la acumulación de material plástico y microplástico.

¿Qué tipo de mundo queremos dejar a quienes nos sucedan, a los niños que están creciendo? Esta pregunta no afecta sólo al ambiente de manera aislada… Cuando nos interrogamos por el mundo que queremos dejar, entendemos sobre todo su orientación general, su sentido, sus valores»