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Los lefebvrianos y el Concilio Vat. II. Un diálogo imposible.

La Santa Sede y la Fraternidad San Pío X vuelven a comenzar casi desde cero

En agosto de 2017 se creó el último borrador de la declaración que suscribir, aprobada por el Papa. Pero la nueva cúpula lefebvriana ha vuelto a poner en juego todo, porque los textos del Concilio contendrían «errores»

Un grupo de sacerdotes recién ordenados de la Fraternidad San Pío X

Pubblicato il 24/11/2018
Ultima modifica il 24/11/2018 alle ore 09:52
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

 

Todo está mal, hay que volver a hacer todo. Después de años de diálogo teológico, de duras discusiones, de encuentros reservados en los palacios vaticanos, la relación entre la Santa Sede y la Fraternidad Sn Pío X sigue en alta mar, y cualquier posible solución o acercamiento parece irse alejando. A pesar de la gran disponibilidad demostrada primero por Benedicto XVI (con la liberalización de la misa antigua y la cancelación de las excomuniones) y después por Francisco (asegurando la validez de las confesiones y de los matrimonios celebrados por los sacerdotes de la Fraternidad) parece que se vuelve al punto de partida, con un único convidado de piedra: el Concilio Ecuménico Vaticano II, que, según los seguidores de Marcel Lefebvre, contendría «errores».

 

«Todo empuja, pues, a la Fraternidad a retomar la discusión teológica», anunció la Fraternidad fundada por el arzobispo tradicionalista Lefebvre, y explicó que el nuevo superior, Davide Pagliarani fue recibido por el cardenal Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Luis Ladaria, y por el arzobispo Guido Pozzo, secretario de la comisión pontificia “Ecclesia Dei”. Una ocasión, insistieron los lefebvrianos, para dar cuenta de una «irreducible divergencia doctrinal». En el comunicado no se dijo, pero durante la conversación Pagliarani dijo a sus interlocutores que los textos mismos del Concilio contienen «errores», por lo que sería indispensable una aclaración, que en la óptica de la Fraternidad significa una corrección por parte de Roma de los presuntos «errores conciliares».

 

La historia poco conocida de los últimos años en las relaciones entre Roma y Menzingen está llena de contactos que tenían como objetivo llevar a una declaración doctrinal sobre lo que es esencial para un católico, misma que habría debido ser suscrita por la Fraternidad San Pío XI, condición previa para la plena comunión y para la definición de un estatuto jurídico para el grupo lefebvriano, que se habría convertido en una prelatura dependiente directamente de la Santa Sede. La confrontación teológica entre la Congregación para la Doctrina de la Fe y la Fraternidad ya se ha dado y, mediante las diferentes etapas y discusiones, produjo el borrador de una declaración aprobada primero por la Feria IV del dicastero y después por el Papa Francisco.

 

Los lefebvrianos propusieron correcciones y añadiduras, que fueron aceptadas, y la Feria IV, la reunión de los miembros del ex Santo Oficio, dejó claro en el texto el tema de la adhesión al Concilio, utilizando una expresión de San Juan Pablo II, que el mismo Marcel Lefebvre había suscrito. Es la famosa frase que utilizó el Papa Wojtyla al comenzar su Pontificado, cuando afirmó que el Vaticano II debe ser interpretado a la luz de la tradición. A los lefebvrianos, pues, se les pidió que aceptaran un texto que dice: «Aceptamos el Concilio Ecuménico Vaticano II a la luz de la tradición y del magisterio constante de la Iglesia».

 

La declaración aprobada por Francisco fue presentada una primera vez al entonces superior de la Fraternidad San Pío X, el obispo Bernard Fellay, en agosto de 2017, por el prefecto Ladaria. Y fue presentada nuevamente al mismo Fellay en el último encuentro que se llevó a cabo en Roma en 2018. En esa ocasión, el superior lefebvriano no criticó la formulación, pero explicó que antes de su consenso debía esperar el resultado del capítulo general de la Fraternidad. La actitud dialogante de Fellay resultó derrotada en el capítulo, en el que prevaleció una línea más intransigente. Como demuestra la petición de Pagliarani a las autoridades de la Congregación para la Doctrina de la Fe de volver a abrir las discusiones teológicas.

 

La Santa Sede, para resolver la situación de la Fraternidad, nunca ha pretendido que no hubiera críticas, discusiones, peticiones, aclaraciones incluso sobre la interpretación de los textos conciliares. Pero una cosa es discutir sobre la hermenéutica de los textos (que en su momento fueron votados por el padre conciliar Marcel Lefebvre) y otra es afirmar que los textos promulgados por Pablo VI (a los cuales se sumaron casi unánimemente todos los obispos del mundo) contienen «errores» que «Roma debe cambiar».

 

La reacción vaticana a la petición del nuevo responsable lefebvriano fue de apertura y de diálogo. El cardenal Ladaria dijo que ahora debe ser la Fraternidad la que presente una propuesta para estos nuevos diálogos y que debe indicar cuáles cuestiones son las que pretende volver a discutir. Pero es evidente que la Santa Sede nunca podrá aceptar que se consideren erróneos los textos del último Concilio, por lo que insistir en esta postura impedirá cualquier paso para resolver la situación.

 

El fundador de la Fraternidad, Marcel Lefebvre, además de haber votado los textos conciliares, habló en público a favor de los documentos del Vaticano II en 1965 y en 1966. Cambió de opinión radicalmente en 1969, con la crisis y las críticas dentro de la Iglesia que caracterizaron el periodo post-conciliar.