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Hostilidad actual al Papa Francisco, por Víctor Codina S.J.

LOS OPOSITORES A LA IGLESIA DE FRANCISCO

Víctor Codina. No es la primera vez ni es extraño que en la Iglesia haya grupos discrepantes y opositores, desde Pablo que se enfrentó a Cefas-Pedro en Antioquía (Gal 2,14) hasta nuestros días.

Los hubo desde los primeros concilios hasta los dos últimos. En el concilio Vaticano I (1870) un grupo de obispos y de teólogos estaban en contra de la definición de la infalibilidad pontificia. Algunos no aceptaron el concilio y se separaron de Roma, dando lugar a los llamados Vétero-católicos. Otros, sin abandonar la Iglesia, no quisieron participar ni asistir a la última votación conciliar sobre la infalibilidad y alguno de ellos estaba tan enojado que lanzó todos los documentos conciliares al río Tíber.

En tiempos de Pío XII, cuando en 1950 el papa publicó la encíclica Humani generis contra la llamada Nouvelle théologie, fueron destituidos de sus cátedras algunos teólogos jesuitas de Fourvière-Lyon como Henri de Lubac y Jean Daniélou y algunos teólogos dominicos de Le Saulchoir-París, como Yves Congar y Dominique Chénu. Luego todos ellos fueron nombrados peritos teológicos por Juan XXIII en el Vaticano II.

En el Vaticano II surgió una fuerte oposición liderada por el obispo francés Marcel Lefèbvre que rechazó el concilio el Vaticano II por considerarlo neomodernista y neoprotestante y acabó siendo excomulgado por Juan Pablo II en 1988, cuando comenzó a ordenar obispos al margen de Roma para su Fraternidad de San Pío X.

Pablo VI, luego de su encíclica Humanae vitae de1968 sobre el control de natalidad, fue respetuosamente contestado por numerosas conferencias episcopales que, sin negar los valores del contenido de la encíclica, pedían una mayor complementación y matización.

Durante los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI más de 100 teólogos fueron cuestionados, amonestados, obligados a guardar silencio, algunos destituidos de sus cátedras y uno incluso excomulgado.

Valga este preámbulo histórico para no sorprendernos de que también hoy, ante la nueva imagen de Iglesia que propone Francisco, hayan surgido voces discordantes y críticas fuertemente opositoras a su pontificado.

A través del vaivén de la historia deducimos que el tipo y orientación de la oposición siempre depende del momento histórico que se vive: son voces progresistas y proféticas en momentos de la clásica cristiandad o neocristiandad y voces reaccionarias, fundamentalistas y conservadoras en momentos de una reforma eclesial que desea volver a las fuentes evangélicas y al estilo de Jesús.

Las críticas a Francisco

Actualmente hay un fuerte grupo opositor a la Iglesia de Francisco: laicos, teólogos, obispos y cardenales que desearían su dimisión o su pronta desaparición y esperan un nuevo cónclave para cambiar el rumbo de la Iglesia actual.

No queremos hacer aquí una investigación socio-histórica ni menos aún un show mediático, tipo western, entre buenos y malos, por esto preferimos no citar los nombres y apellidos de los opositores que hoy están “despellejando vivo” a Francisco, sino más bien detectar cuáles son las líneas teológicas de fondo que subyacen a esta oposición sistemática a Francisco, saber cuál es el tema de la polémica.

Las críticas a Francisco tienen dos dimensiones, una teológica y otra más bien socio-política, aunque, como veremos luego, muchas veces ambas líneas confluyen.

1. Crítica teológica

La crítica teológica parte de la convicción de que Francisco no es teólogo, sino que viene del Sur, del fin del mundo y que esta falta de profesionalidad teológica explica sus imprecisiones e incluso sus errores doctrinales.

Se contrasta esta falta de profesionalidad teológica de Francisco con la competencia académica de Juan Pablo II y, naturalmente, de Josef Ratzinger-Benedicto XVI.

Esta falta de teología de Francisco explicaría sus peligrosas afirmaciones sobre la misericordia de Dios en El rosto de la misericordia (MV), su tendencia filo-comunista hacia los pobres y movimientos populares y la piedad popular como lugar teológico en La alegría del evangelio (EG 197-201); su falta de teología moral al abrir la puerta a los sacramentos de la penitencia y eucaristía, en algunos casos y previo discernimiento personal y eclesial, a las parejas de matrimonios católicos separados vueltos a casar, según aparece en una nota del capítulo octavo de La alegría del amor (AL 305,nota 351); su poca competencia científica y ecológica se manifiesta en su encíclica sobre el cuidado de la casa común (Laudato si´); y escandaliza su excesivo énfasis en la misericordia divina (Misericordiae vultus), que abarata la gracia y la cruz de Jesús.

Ante esta acusación quisiera recordar una afirmación clásica de Tomás de Aquino que distingue entre la cátedra magisterial, propia de los teólogos profesores de las universidades y la cátedra pastoral que corresponde a los obispos y pastores de la Iglesia[1]. Newman retoma esta tradición afirmando que aunque a veces puede haber tensión entre ambas cátedras, finalmente hay convergencia entre ellas.

Esta distinción se aplica a Francisco que, aunque como jesuita Padre Jorge Mario Bergoglio había estudiado y enseñado teología pastoral en San Miguel de Buenos Aires, ahora sus pronunciamientos pertenecen a la cátedra pastoral del obispo de Roma. No pretende sentar cátedra de teólogo sino de pastor. Como se ha dicho con un cierto humor, hay que  pasar del Bergoglio de la historia al Francisco de la fe.

Lo que en el fondo molesta a sus detractores es que su teología parta de la realidad, de la realidad de la injusticia, pobreza y destrucción de la naturaleza y de la realidad del clericalismo eclesial.

No molesta que abrace a niños y enfermos pero sí molesta que visite Lampedusa y campos de refugiados y migrantes como Lesbos, molesta que diga que no hay que construir muros contra los refugiados sino puentes de diálogo y hospitalidad; molesta que, siguiendo a Juan XXII, diga que la Iglesia ha de ser pobre y de los pobres, que los pastores han de oler a oveja, que ha de ser una Iglesia en salida que vaya a los márgenes y que los pobres son un lugar teológico.

Molesta que diga que el clericalismo es la lepra de la Iglesia y que enumere las 14 tentaciones de la curia vaticana que van del sentirse imprescindibles y necesarios hasta las ansias de riquezas, la doble vida y el “Alzheimer espiritual”. Y molesta que añada que estas son también tentaciones de las diócesis, parroquias y comunidades religiosas. Molesta que diga que la Iglesia ha de ser una pirámide invertida, con los laicos arriba, y abajo el papa y los obispos y molesta que diga que la Iglesia es poliédrica y, sobre todo, sinodal, hacemos todos el mismo camino juntos, nos hemos de escuchar y dialogar, molesta que en Episcopalis communio hable de Iglesia sinodal y de la necesidad de escucharnos mutuamente.

Molesta a grupos conservadores el que Francisco haya agradecido sus aportes teológicos a Gustavo GutiérrezLeonardo BoffJon SobrinoJosé María Castillo y haya anulado las suspensiones “a divinis” a Miguel d´Escoto y Ernesto Cardenal; disgusta a algunos que Hans Küng, destituido de su cátedra por Pablo VI por el tema de la infalibilidad papal, haya escrito a Francisco sobre la necesidad de repensar la infalibilidad y Francisco le haya contestado llamándolo “querido compañero” (lieber Mitbruder), que tendría en cuenta sus observaciones y estaba dispuesto a dialogar sobre la infalibididad. Y molesta a muchos que Francisco haya canonizado a Romero, el obispo salvadoreño mártir, tildado por muchos de comunista y tonto útil de la izquierda y cuya causa había estado bloqueada durante años.

Molesta que diga que él no es quién para juzgar a los homosexuales,que afirme que la Iglesia es femenina y que si no se escucha a las mujeres, la Iglesia quedará empobrecida y parcializada.

Su invocación a la misericordia, una misericordia que está en el centro de la revelación bíblica, no le impide hablar de tolerancia cero frente a los abusos de miembros significativos de la Iglesia con menores y mujeres, delito monstruoso, del que hay que pedir perdón a Dios y a las víctimas, reconocer el silencio cómplice y culpable de la jerarquía, buscar reparación, proteger a los jóvenes y niños, evitar que se vuelva repetir. Y no le tiembla la mano al destituir de sus cargos al culpable, sea cardenal, nuncio, obispo o presbítero.

Evidentemente no es que no sea teólogo sino que su teología es pastoral, Francisco pasa del dogma al kerigma, de los principios teóricos al discernimiento pastoral y a la espiritualidad. Su teología no es colonial, sino del Sur y esto molesta al Norte.

2. Crítica socio-política

Frente a los que acusan a Francisco de tercermundista y comunista, hay que afirmar que sus mensajes están en perfecta continuidad con la tradición profética, bíblica y de la doctrina social de la Iglesia. Lo que duele es su clarividencia profética: no a una economía de la exclusión y la inequidad, no a una economía que mata, no a una economía sin rostro humano, no a un sistema social y económico injusto que cristaliza en estructuras sociales injustas, no a una globalización de la indiferencia, no a la idolatría del dinero, no a un dinero que gobierna en lugar de servir, no a una inequidad que engendra violencia, que nadie se escude en Dios para justificar la violencia, no a la insensibilidad social que nos anestesia ante el sufrimiento ajeno, no al armamentismo y a la industria de la guerra, no a la trata de personas, no a cualquier forma de muerte provocada (EG 52-75).

Francisco no hace más que actualizar el mandamiento de no matar y defiende el valor de la vida humana, desde el comienzo hasta el final y nos repite hoy la pregunta de Yahvé a Caín: “¿Dónde está tu hermano?”

También molesta la crítica al paradigma antropocéntrico y tecnocrático que destruye la naturaleza, contamina el medio  ambiente, ataca a la biodiversidad y excluye a pobres e indígenas de una vida humana digna (LS 20-52). Molesta a las multinacionales que critique a las empresas madereras, petroleras, hidroeléctricas y mineras que destruyen el medio ambiente, perjudican a los indígenas de aquel territorio y amenazan el futuro de nuestra casa común. Molesta la crítica a los dirigentes políticos incapaces de tomar resoluciones valientes (LS 53-59).

Y ya comienza a molestar el anuncio del próximo sínodo de octubre del 2019 sobre la Amazonía que es un ejemplo concreto de la necesidad de proteger el medio ambiente y salvar a los grupos indígenas amazónicos de un genocidio.

Algunos altos dignatarios eclesiales europeos han dicho que el Instrumentum laboris o Documento preparatorio del Sínodo es herético, panteísta y que niega la necesidad de la salvación en Cristo.

Otros comentaristas se han centrado únicamente en la sugerencia de ordenar a hombres casados indígenas para poder celebrar la eucaristía en lugares remotos de la Amazonía, pero han silenciado totalmente la denuncia profética que este Documento preparatorio del Sínodo hace contra la destrucción extractivista que se comete en la Amazonía, causa de la pobreza y la exclusión de los pueblos indígenas, seguramente nunca tan amenazados como ahora.

A modo de conclusión

Indudablemente hay una convergencia entre la crítica teológica y la crítica social a Francisco, los grupos reaccionarios eclesiales se alinean con los grupos poderosos económicos y políticos sobre todo del Norte. Incluso podemos preguntarnos si esta reciente explosión de abusos sexuales que afecta directamente a la figura de Francisco, que es a la vez pastor reformista eclesial y líder mundial, haya sido una pura casualidad y simple coincidencia.

En el fondo la oposición a Francisco es una oposición al concilio Vaticano II y a la reforma evangélica de la Iglesia que Juan XIII quiso promover. Francisco se sitúa en la línea de todos los profetas que quisieron reformar la Iglesia, junto a Francisco de Asís, Ignacio de Loyola, Catalina de Siena y Teresa de Jesús, Angelo Roncalli, Helder Cámara, Dorothy Stang, Pedro Arrupe, Ignacio Ellacuría y el nonagenario obispo Casaldáliga.

Le quedan a Francisco todavía muchas asignaturas pendientes para una reforma evangélica de la Iglesia. No sabemos cuál ni cómo será futura su trayectoria, ni lo que acontecerá en el próximo cónclave.

Pasan los papas, pero el Señor Jesús sigue presente y anima a la Iglesia hasta el fin de los siglos, el mismo Jesús que fue tenido por comedor y bebedor, amigo de pecadores y prostitutas, endemoniado, loco, sedicioso y blasfemo. Y creemos que el Espíritu del Señor que descendió sobre la Iglesia primitiva en Pentecostés, no la abandona jamás y no permitirá que el pecado a la larga triunfe sobre la santidad.

Y mientras tanto, como Francisco siempre pide, desde de su primera aparición en el balcón de San Pedro del Vaticano como obispo de Roma hasta nuestros días, oremos al Señor por él, para que no desfallezca su esperanza y confirme la fe de sus hermanos. Y si no podemos rezar o no somos creyentes, deseémosle, al menos, una buena onda.


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Ante el conflicto de Cataluña: una reflexión de Xavier Melloni Ribas

Un espacio todavía por descubrir

UN ESPACIO TODAVÍA POR DESCUBRIR

Xavier Melloni Ribas. Ante los acontecimientos de los últimos meses en Cataluña, las valoraciones e interpretaciones que hemos hecho han sido partir del propio posicionamiento. De entrada no puede ser de otra manera, porque no vemos la realidad tal como es, sino tal como somos. No existe una realidad objetiva y una percepción subjetiva, sino que en el mismo momento de percibir la realidad ya estamos configurándola y co-creándola desde nuestras categorías. Partir de este presupuesto es indispensable para no caer en juicios morales sobre las opiniones de los demás, porque la opinión está precedida por la percepción, a la vez que la percepción está condicionada por la opinión, porque todo acto cognitivo es afectivo y perceptivo vez. Ahora bien, si queremos ir más allá de la situación cada vez más polarizada, tensa y enquistada en la que nos encontramos, tenemos que encontrar un lugar que nos trascienda y nos haga crecer a todos. Este sitio no está detrás, como si nada hubiera pasado, sino dentro de cada uno y ante nosotros, en un espacio todavía por descubrir y crear. Un espacio que sólo aparecerá y únicamente se logrará cuando seamos capaces de un mutuo reconocimiento, lo que también pasa por la capacidad de reconocer los propios excesos o errores.

Es tanta la vehemencia de nuestros posicionamientos que no tenemos ni dejamos espacio para el otro. Estamos ante una cuestión importante y delicada que corresponde a la tercera y cuarta necesidad según la escala de Abraham Maslow: el sentido de pertenencia y la necesidad de reconocimiento, temas que giran en torno a la identidad. Dejar espacio al otro no significa confundirse con él ni someterse a su punto de vista, sino que implica considerarlo seria y tenazmente como parte de la realidad de la que ambos (tres, cuatro, cientos, millares, millones de ciudadanos) formamos parte.

Todos formamos parte de todo y formamos parte de un Todo. Debemos llegar a aceptar que el punto de vista del otro es tan necesario y válido como el propio y acogerlo, tal como esperamos que el otro también lo haga respecto a nosotros. Para que esto sea posible, el primer paso es evitar el juicio, no caer en la descalificación. Sólo puedo mantener con nobleza el propio posicionamiento si considero que la posición del otro también es noble y que vela, tal como yo lo hago, por su sentido de pertenencia así como por su necesidad de reconocimiento. Cada vez que pienso o digo que el otro es un estúpido o miente, estamos anulándolo y cometemos violencia mental o verbal -aunque no nos oiga- contra él. Tenemos que llegar a hacer el voto de confianza de que el otro tiene unas razones a partir de las cuales percibe-interpreta los acontecimientos de una forma diversa e incluso opuesta a la mía, pero que por eso no miente, tal como espero que tampoco me considere un idiota o un mentiroso porque percibo-interpreto las cosas de una manera opuesta a la suya.

Si somos capaces de mantenernos en esta apertura y en este respeto, se seguirán muchas cosas, ya que aparecerá un espacio afectivo y cognitivo donde el otro también esté. Esta nobleza y generosidad para con el otro, este voto de confianza firme y sostenido es puesto a prueba cuando el otro no está dándome espacio a mí, cuando no siento que me está reconociendo. Entonces es fácil claudicar y responder con la misma descalificación y juicio que recibo.

Los principios de la no violencia son muy exigentes y sus frutos suelen ser a largo plazo. Pocas veces son inmediatos. Pero esta es la prueba por la que debe pasar una confrontación si quiere ser noble. Si la confrontación es noble, ennoblecerá a los que participen y harán que se convierta en un diálogo fértil. Si es vil, la confrontación los envilecerá. Es difícil, muy difícil, mantenerse en la no descalificación del otro cuando su opinión, actitud o actuación son opuestas a las propias. Pero es aquí donde se manifiesta en qué medida hemos integrado en nuestra vida los valores del Evangelio, que son los mismos de la no-violencia. Dice Jesús en el sermón de la montaña: «Os han enseñado que se mandó a vuestro padres: “No matarás”, y quien mata, será reo ante el tribunal; pues yo os digo: todo aquel que insulte, será condenado por el tribunal, y el que le llame renegado, también será condenado al fuego del quemador» (Mt 5,21-22).

Lo que quiere decir Jesús es que cuando insultamos alguien, lo estamos matando. Lo matamos porque no lo reconocemos, porque lo eliminamos condenándolo a las categorías que  hemos creado sobre él. El otro no se puede reconocer en la imagen que me he hecho de él. Entonces tampoco puedo pretender que él me reconozca. Se ha creado un abismo entre los dos. Ambos estamos condenados por el otro. Este es el fuego en el que nos consumimos. ¿Cuál es la salida de este infierno?

«Os han enseñado: “Ojo por ojo y diente por diente”; pues yo os digo: No os enfrentéis contra el que os agrede. Al contrario, si uno te abofetea en una mejilla, muéstrale también la otra; si quiere ponerte pleito para quitarte la túnica, déjale también la capa; si te fuerza a caminar una milla, acompáñale dos» (Mt 5,38-41).

El listón es muy alto, como altas son las llamas del fuego que nos devora y como altos son los muros que debemos trascender para encontrar el lugar en el que todavía no nos hallamos.

Esto no es ingenuidad ni “buenismo”, sino que son las condiciones de posibilidad para una nueva forma de existir y de co-existir que puede nacer en cada momento si nos aplicamos. El reto es convertir cada acto, cada palabra y cada pensamiento en un ejercicio espiritual. Entiendo por “espiritual” el espacio abierto y disponible que hay entre mí y el otro, más allá y más acá de nuestras reacciones comprensibles, pero viscerales y totalmente insuficientes. La vida política y ciudadana están urgentemente necesitadas de este exigente ejercicio de contención y de trascendimento de nuestros posicionamientos todavía demasiado primarios y emotivos. Las emociones son intensas, pero efímeras. Lo que perduran son los actos y aún estamos a tiempo de reorientarlos hacia la creación de un espacio común.

El espacio se ensancha cuando miramos, hablamos y actuamos desde una perspectiva más amplia que incluye el otro. En cambio, cuando absolutizamos nuestro punto de vista, constreñimos nuestro espacio interior y también el común y nos rasgamos unos a otros porque no hay lugar para todos. No podemos esperar a abrir este espacio hasta que el otro esté dispuesto a hacerlo. Este ámbito comienza a aparecer cuando uno da el primer paso y actúa con valentía y generosidad, dando un voto de confianza al otro, tantas veces como sea necesario. «-¿Hasta siete veces? -No, hasta setenta veces siete» (Mt 18,21-22).

Cada una de esas veces me aproxima al otro, el cual, al sentirse reconocido, tarde o temprano también me reconocerá y podremos descubrir un espacio que sea fecundo para todos. ¿No es ésta la oportunidad que tenemos para crecer todos juntos en mayor capacidad de alteridad?