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Revelación de unas confidencias del Papa a los jesuitas en Chile.

Francisco: no leo los sitios de internet que me acusan de herejía

En la conversación con los jesuitas de Chile, el papa también se refirió a la pederastia: «Es la desolación más grande que está pasando la Iglesia»; «hay que escuchar lo que siente un abusado o una abusada. Los viernes, a veces se sabe y a veces no se sabe, me encuentro habitualmente con algunos de ellos»

Francisco en San Pedro

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Pubblicato il 15/02/2018
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

 

«Por salud mental yo no leo los sitios de internet de esta así llamada “resistencia”. Sé quiénes son, conozco los grupos, pero no los leo, simplemente por salud mental […] Cuando percibo resistencias, trato de dialogar, cuando el diálogo es posible, pero algunas resistencias vienen de personas que creen poseer la vera doctrina y te acusan de hereje. Cuando en estas personas, por lo que dicen o escriben, no encuentro bondad espiritual, yo simplemente rezo por ellos». Son algunas de las palabras que pronunció el Papa Francisco en el encuentro a puerta cerrada con los jesuitas de Chile, del pasado 16 de enero en la ciudad de Santiago. La conversación fue transcrita por el padre Antonio Spadaro y saldrá publicada en el próximo número de la revista “La Civiltà Cattolica”. Algunos fragmentos en italiano fueron dados a conocer por el periódico italiano “Il Corriere della Sera” este 15 de febrero de 2018, y la transcripción en español fue publicado íntegramente por el sitio de “La Civiltà Cattolica” iberoamericano.

 

Cuando le preguntaron sobre las alegrías y disgustos del Pontificado, el Papa respondió: «Ha sido un tiempo tranquilo este del pontificado. Desde el momento en que en el Cónclave me di cuenta de lo que se venía —una cosa de golpe, sorpresiva para mí—, sentí mucha paz. Y esa paz no me dejó hasta el día de hoy. Es un don del Señor que le agradezco. Y de verdad espero que no me lo saque. Es una paz que siento como regalo puro, un regalo puro. Las cosas que no me quitan la paz, pero sí me dan pena, son los chismes. A mí los chismes me duelen, me ponen triste. Sucede a menudo en los mundos cerrados. Cuando esto se da en un contexto de sacerdotes o religiosos me viene preguntar a las personas: ¿pero cómo es posible? Vos que dejaste todo, decidiste no tener al lado a una mujer, no te casaste, no tuviste hijos, ¿querés terminar como un solterón chismoso? ¡Qué vida triste, Dios mío!».

 

Sobre las “resistencias” que ha encontrado hasta ahora en su camino, Bergoglio se refirió a la actitud con la que las afronta: «Frente a la dificultad nunca digo que es una «resistencia». Eso sería faltar al deber de discernir. Es fácil decir «es resistencia» y no darse cuenta de que en esa disputa puede haber aunque sea un poquito así de verdad. Y yo me hago ayudar con eso. A menudo pregunto a una persona: «¿qué piensa de esto?». Esto me ayuda también a relativizar muchas cosas que, a primera vista parecen resistencia, pero que en realidad son una reacción que nace de un malentendido». En cambio, continuó, «cuando me doy cuenta de que hay verdadera resistencia, la sufro. Algunos me dicen que es normal que haya resistencias cuando alguno quiere hacer cambios. El famoso «siempre se hizo así» reina en todas partes: “Si siempre se hizo así, ¿para qué vamos a cambiar? Si las cosas son así, si siempre se hizo así ¿para qué hacerlas de manera diversa?”. Esta es una tentación grande que todos hemos vivido. Por ejemplo, todos las vivimos en el posconcilio. Las resistencias después del Concilio Vaticano II, que todavía están presentes, y llevan a relativizar el Concilio, aguar el Concilio. Y me duele más todavía cuando alguno se enrola en una campaña de resistencia. Lamentablemente veo esto también. Vos me preguntaste por las resistencias, y no puedo negar que están. Las veo y las conozco”. Después están las resistencias doctrinales, que ustedes las conocen mejor que yo. Por salud mental yo no leo los sitios de internet de esta así llamada “resistencia”. Sé quiénes son, conozco los grupos, pero no los leo, simplemente por salud mental».

 

Sobre “Amoris laetitia”, la exhortación apostólica dedicada al matrimonio y a la familia, el papa dijo: « Creo que una de las cosas que la Iglesia más necesita hoy, y esto está muy claro en las perspectivas y en los objetivos pastorales de Amoris Laetitia, es el discernimiento. Nosotros estamos acostumbrados al “se puede o no se puede”. La moral usada en Amoris laetitia es la más clásica moral tomista, la del santo Tomás, no del tomismo decadente como ese con el que algunos han estudiado. También yo recibí en mi formación esta manera de pensar “se puede o no se puede, hasta aquí se puede, hasta aquí no se puede”. No sé si vos te acordás de aquel jesuita colombiano que nos vino a dar moral al Colegio Máximo, cuando tocó hablar del sexto mandamiento: uno se atrevió a hacer la pregunta: “¿los novios pueden besarse?”. ¡Si podían besarse! ¿Comprenden? Y él dijo: “Sí, sí, si. ¡No hay problema! Basta que pongan un pañuelo en el medio”. Esta es una forma mentis de hacer teología en general. Una forma mentis basada en el límite. Y seguimos arrastrando las consecuencias».

 

Francisco también respondió a una pregunta sobre la disminución de las vocaciones jesuitas: «Considerando esta disminución de jóvenes y de fuerzas se podría entrar en desolación institucional. No, eso no se lo pueden permitir […] Yo me pregunto si Javier, ante el fracaso de mirar China y no poder entrar, estaba desolado. No, yo imagino que Javier se dirige al Señor diciendo: “Vos no lo querés, entonces chau, está bien así”. Optó por seguir el camino que se le proponía, ¡y en aquel caso era la muerte!… ¡pero está bien! La desolación: no debemos dejar que entre en juego. Al contrario, debemos buscar a los jesuitas consolados. No sé, no quiero dar un consejo, pero… busquen siempre la consolación. Búsquenla siempre. Como piedra de toque del estado espiritual de ustedes. Como Javier en las puertas de China, miren siempre adelante… ¡Dios sabe!».

 

Después le pidieron a Francisco algunas palabras sobre los escándalos sexuales, los abusos de menores, un tema muy delicado en la actualidad en Chile: «Es la desolación más grande que está pasando la Iglesia. Y esto nos lleva a pasar vergüenza, pero hay que recordar que la vergüenza es también una gracia muy ignaciana, algo que San Ignacio nos hace pedir en los tres coloquios de la primera semana. Así que tomémoslo como gracia y avergonzémonos profundamente. Debemos amar una Iglesia con llagas. Muchas llagas… Te cuento un hecho. El 24 de marzo en Argentina es la memoria del golpe de estado militar, de la dictadura, de los desaparecidos… Y todos los 24 de marzo la Plaza de Mayo se llena recordando eso. En uno de estos 24 de marzo salí del Arzobispado y fui a confesar a las monjas carmelitas. Cuando volvía tomé el subterráneo y bajé no en Plaza de Mayo sino seis cuadras antes. Estaba llena la plaza… y caminé esas cuadras para entrar por el costado. Cuando iba a cruzar la calle, estaba un matrimonio con un nene de dos años y medio o tres años, más o menos. El chico corre por delante y el papá le dice: “Vení, vení, vení… Cuidado con los pedófilos!”. ¡La vergüenza que pasé! No se dieron cuenta de que yo era el arzobispo, era un cura y… ¡qué vergüenza! […] Es horrible. Hay que escuchar lo que siente un abusado o una abusada. Los viernes, a veces se sabe y a veces no se sabe, me encuentro habitualmente con algunos de ellos. En Chile tuve un encuentro. Como su proceso es tan duro, quedan destrozados. Quedan destrozados. Para la Iglesia es una gran humillación. Muestra no solamente nuestra fragilidad, sino también —digámoslo claramente— nuestro nivel de hipocresía. Sobre los casos de corrupción en el sentido del abuso más de tipo institucional, es singular el hecho de que haya varias congregaciones, relativamente nuevas, cuyos fundadores cayeron en estos abusos. Son públicos los casos […] El abuso en estas congregaciones es siempre el fruto de una mentalidad ligada al poder que debe ser sanada en sus raíces malignas. Y agrego que son tres niveles de abuso que van juntos: abuso de autoridad —con lo que significa mezclar los fueros interno y externo—, abuso sexual y enredos económicos. Siempre está la plata de por medio: el diablo entra por el bolsillo».

 

Con respecto a las perspectivas para el futuro de la Iglesia, Francisco concluyó: «Tomen el Concilio Vaticano II. Relean la Lumen Gentium. Ayer con los obispos chilenos —o anteayer, ya no sé qué día es hoy— los exhortaba a la desclericalización […] No hay que olvidar que la evangelización la hace la Iglesia como pueblo de Dios […] A nosotros, el Señor nos está pidiendo que seamos Iglesia afuera, Iglesia en salida. Iglesia afuera. Iglesia hospital de campo… ¡Ah, las heridas del pueblo de Dios! A veces el pueblo de Dios está herido por una catequesis rígida, moralista, del “se puede o no se puede”, o por una falta de testimonio. ¡Una Iglesia pobre y para los pobres! Los pobres no son una fórmula teórica del partido comunista. Los pobres son el centro del Evangelio. ¡Son el centro del Evangelio![…] Pero debo decir también que para mí el hecho de que nazcan resistencias es un buen signo. Es el signo de que se va por buen camino, de que ese es el camino. Si no fuera así, el demonio no se molestaría en hacer resistencia».

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