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Importante documento de la Comisión Teológica int. sobre una fuerte sinodalidad

La Comisión Teológica Internacional: ya es hora de la plena sinodalidad

Se publica un documento que es el resultado de cuatro años de reflexiones: es necesario un «nuevo impulso» después del Concilio. La Iglesia debe valorar mejor la aportación de los laicos y, «en particular, de las mujeres»

La Comisión Teológica Internacional: ya es hora de la plena sinodalidad

Pubblicato il 04/05/2018
IACOPO SCARAMUZZI
CIUDAD DEL VATICANO

Es necesario dar un «nuevo impulso» a la sinodalidad. Lo sostiene la Comisión Teológica Internacional, organismo que depende de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que publicó, como resultado de cuatro años de reflexiones, un documento en el que se subraya que poner en marcha la sinodalidad (una «dimensión constitutiva de la Iglesia» resaltada particularmente por el Concilio Vaticano II y propugnada con decisión por el Papa Francisco) exige que se superen «algunos paradigmas aún a menudo presentes en la cultura eclesiástica», como por ejemplo «la poca valoración de la aportación específica y cualificada, en sus ámbitos de competencia, de los fieles laicos y, entre ellos, de las mujeres». La práctica del diálogo, además, es relevante en el camino ecuménico y para un mundo que vive una «situación de crisis estructural de los procedimientos de la participación democrática y de desconfianza en sus principios y valores que le dieron inspiración, con el peligro de tendencias autoritarias y tecnocráticas».

 

El documento “La sinodalidad en la vida y en la misión de la Iglesia”, aprobado el 2 de marzo y publicado el 3 de mayo en el sitio de la Comisión, después del parecer favorable del Papa para su publicación, es el resultado del trabajo que ha llevado a cabo una de las tres subcomisiones, presidida por monseñor Mario Ángel Flores Ramos, entre 2014 y 2017. Este texto fue aprobado por unanimidad en la plenaria y por el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el arzobispo Francisco Ladaria.

 

Poner en marcha una Iglesia sinodal «es presupuesto indispensable para un nuevo impulso misionero que involucre a todo el Pueblo de Dios», afirma la Comisión Teológica en el largo texto de 121 párrafos que pretende «ofrecer algunas líneas útiles para la profundización teológica del significado de este compromiso, además de algunas orientaciones pastorales sobre las implicaciones que derivan de ella para la misión de la Iglesia».

 

Sínodo, precisa el documento, «es palabra antigua y veneranda en la Tradición de la Iglesia», y se despliega desde el principio de su historia «como garantía y encarnación de la fidelidad creativa de la Iglesia a su origen apostólico y a su vocación católica». Pero «pese a que el término y el concepto de sinodalidad no se encuentren explícitamente en la enseñanza del Concilio Vaticano II, se puede afirmar que la instancia de la sinodalidad es el alma de la obra de renovación por él promovida».  A más de cincuenta años de distancia, muchos, indica el documento, «siguen siendo los pasos que hay que dar en la dirección indicada por el Concilio. Es más, hoy en día el impulso para llevar a cabo una pertinente figura sinodal de la Iglesia, aunque sea ampliamente compartida y haya experimentado positivas formas de ejecución, parece necesitar principios teológicos claros y orientaciones pastorales incisivas». Es este «el umbral de novedad que el Papa Francisco invita a atravesar», en «fidelidad creativa a la Tradición» y con una «renovada sinodalidad».

 

Después de haber delineado los principios de una «teología de la sinodalidad», la Comisión propone «resumir, a grandes líneas, lo que prevé actualmente el orden canónico para evidenciar su significado y las potencialidades y darle un nuevo impulso, discerniendo al mismo tiempo las perspectivas teológicas de su pertinente desarrollo», tanto en relación con los procesos como con las estructuras sinodales a nivel local, regional y universal.

 

«La conversión pastoral para poner actuar la sinodalidad», subraya el documento, «exige que algunos paradigmas aún a menudo presentes en la cultura eclesiástica sean superados, porque expresan una comprensión de la Iglesia no renovada por la eclesiología de comunión. Entre ellos: la concentración de la responsabilidad de la misión en el ministerio de los Pastores; el aprecio insuficiente de la vida consagrada y de los dones carismáticos; la poca valoración de la aportación específica y cualificada, en sus ámbitos de competencia, de los fieles laicos y, entre ellos, de las mujeres». Es necesario, se afirma en el texto, «intensificar la mutua colaboración de todos en el testimonio evangelizador a partir de los dones y de los roles de cada uno, sin clericalizar a los laicos y sin laicizar a los clérigos, evitando, como sea, la tentación de un “excesivo clericalismo que mantiene a los fieles laicos al margen de las decisiones”».

 

La Comisión Teológica Internacional también se refiere a algunos particulares cuando, por ejemplo, indica que es «necesario revisar la normativa canónica que en la actualidad solamente sugiere la constitución del Consejo pastoral parroquial, para hacerla obligatoria, como hizo el último Sínodo de la Diócesis de Roma»; o, en relación con las diócesis, cuando subraya que «es esencial que, en su conjunto, los sinodales ofrezcan una imagen significativa y equilibrada de la Iglesia particular, reflejando la diversidad de vocaciones, de ministerios, de carismas, de competencias, de extracción social y de proveniencia geográfica». Indica, en relación con la invitación del Papa Francisco a estudiar la atribución doctrinal de las Conferencias Episcopales nacionales, que «hay que prestar atención a las experiencias maduradas en las últimas décadas, además de las tradiciones, la teología y el derecho de las Iglesias orientales». También se lee en el documento que «un procedimiento más preciso para la preparación de las Asambleas del Sínodo de los Obispos puede permitir que las Conferencias Episcopales contribuyan con mayor eficacia en los procesos sinodales que involucren a todo el Pueblo de Dios, mediante la consultación de los fieles laicos y de expertos en la fase de preparación».

 

El documento de la Comisión vaticana subraya también la importancia de la sinodalidad hacia afuera de la Iglesia católica, es decir en las relaciones con las demás confesiones cristianas y con toda la sociedad. «También el perfilarse de un nuevo clima en las relaciones ecuménicas con las demás Iglesias y Comunidades eclesiales y de un más atento discernimiento de las instancias propuestas por la conciencia moderna en orden a la participación de todos los ciudadanos en la gestión de la “res” pública, impulsan a una renovada y más profunda experiencia y presentación del misterio de la Iglesia en su intrínseca dimensión sinodal», afirma el texto. En cuanto al primer argumento, poner en marcha la vida sinodal y profundizar su significado teológico «constituyen un desafío y una oportunidad de enorme importancia para proseguir por el camino ecuménico».

 

En relación con el segundo tema, «la práctica del diálogo y la búsqueda de soluciones compartidas y eficaces en las que se comprometa en la construcción de la paz y de la justicia son una absoluta prioridad en una situación de crisis estructural de los procedimientos de la participación democrática y de desconfianza en los principios y valores que la inspiraron, con el riesgo de tendencias autoritarias y tecnocráticas. En este contexto, es compromiso prioritario y criterio de cada acción social del Pueblo de Dios el imperativo de escuchar el grito de los pobres y el grito de la tierra, afirmando con urgencia, en la determinación de las decisiones y de los proyectos de la sociedad, el puesto y el papel privilegiado de los pobres, la destinación universal de los bienes, el primado de la solidaridad, el cuidado de la casa común».

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