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Monjas de clausura. Qué dice el documento papal? Comentario

El Vaticano a las monjas de clausura: sobriedad y discreción al usar redes sociales

En la instrucción “Cor Orans” de la Congregación para la Vida Consagrada se introduce la afiliación o supresión de monasterios con menos de cinco monjas. Se refuerza el papel de las ecónomas federales

Monjas de clausura

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Pubblicato il 15/05/2018
Ultima modifica il 15/05/2018 alle ore 19:28
IACOPO SCARAMUZZI – SALVATORE CERNUZIO
CIUDAD DEL VATICANO

Los medios de comunicación masivos y las redes sociales pueden ser utilizados también por las monjas de clausura, pero con «sobriedad y discreción». Lo precisa la Instrucción de la Congregación para la Vida Consagrada “Cor Orans”, dedicada a los monasterios de vida contemplativa, «corazón orante» de la Iglesia que, a pesar de la emergencia por la disminución de vocaciones, cuenta actualmente con 37.970 monjas de clausura en todo el mundo.

 

Con el documento publicado hoy, que aplica concretamente la Constitución apostólica “Vultum Dei Quaerere” del Papa Francisco (de julio de 2016), el Dicasterio de la Santa Sede deroga algunos cánones del Código de Derecho Canónico, para establecer, entre otras cosas, que cuando un monasterio tiene menos de cinco monjas pierde su autonomía jurídica en vista de una afiliación o de su supresión, y para no incentivar «el reclutamiento de candidatas de otros países con el único objetivo de salvaguardar la sobrevivencia del monasterio». El documento equilibra la relación entre cada una de las casas religiosas y las Federaciones de los monasterios, reforzando, en el respeto de la autonomía de los monasterios, estas «estructuras de comunión» también en relación con las visitas canónicas y la revisión de las cuentas de cada monasterio.

 

En cuatro capítulos (dedicados a los temas del monasterio autónomo, de la federación de los monasterios, de la clausura, de la formación inicial y permanente), el documento ofrece indicaciones prácticas para las contemplativas, empezando por dos pequeñas acciones cotidianas como el uso de los medios de comunicación y de las redes sociales. Todas las monjas de clausura pueden acceder a ellos, pero solamente «con sobriedad y discreción», explica la Instrucción, porque existe el peligro de «vaciar el silencio contemplativo cuando se llena la clausura de ruidos, de noticias y de palabras». La «sobriedad y discreción» exigidas no tienen que ver solamente con los «contenidos», sino también con la «cantidad de las informaciones» y con el «tipo de comunicación», para que «estén al servicio de la formación a la vida contemplativa y de las comunicaciones necesarias», y no sean «ocasión de disipación o de evasión de la vida fraternal». Por lo tanto, «el uso de los medios de comunicación, por razones de información, de formación o de trabajo, puede ser consentido en el monasterio, con prudente discernimiento, para utilidad común», subraya la Congregación. La «separación del mundo», más en general, «debe ser material y eficaz, no solo simbólica o espiritual».

 

Una «novedad absoluta» de la Instrucción, subrayó durante la conferencia de prensa para la presentación del documento el secretario de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, monseñor José Rodríguez Carballo, es el artículo 45: «Cuando en un monasterio autónomo las profesas de votos solemnes llegan al número de cinco, la comunidad de dicho monasterio pierde el derecho a la elección de la propia superiora. En tal caso, la presidenta federal debe informar a la Santa Sede en vista del nombramiento de la Comisión “ad hoc”». Esta es, prosiguió el franciscano, una disposición «que seguramente tiene que ver con un consistente número de monasterios, a los cuales, pues, se pedirá que se cobre consciencia de la propia realidad, en un diálogo con la Santa Sede y con las figuras de referencia previstas por la comisión».

 

La instrucción precisa que la autonomía jurídica de un monasterio debe «presuponer una real autonomía de vida, es decir la capacidad de ocuparse de la vida del monasterio en todas sus dimensiones (vocacional, formativa, de gobierno, relacional, litúrgica, económica…)». De hecho, aclaró Carballo, «el Dicasterio ha debido constatar en varias ocasiones, con tristeza, la existencia de monasterios que ya no eran capaces de llevar adelante una vida digna, sin que hubiera una legislación que indicara cuándo y cómo intervenir al respecto: haber colmado esta laguna legislativa es seguramente uno de los puntos más importantes y más esperados de la Instrucción». Lo que desea la Congregación vaticana es que «los monasterios sean realidades vivas y significativas, evitando prolongar experiencias que no tienen, razonablemente, posibilidad de futuro». La autonomía, pues, permanece, pero «a ciertas condiciones, siguiendo el principio general de que a la autonomía “sui iuris” corresponda la autonomía real de un monasterio: si no existe esta autonomía, no puede existir la autonomía jurídica, y entonces se procederá a la afiliación, o en algunos casos, desgraciadamente, incluso a la supresión».

 

El documento vaticano también precisa particularmente las normas de la afiliación, «verdadera novedad desde el punto de vista legislativo», explicó el religioso español: «Novedad preciosa, porque permitirá que muchos monasterios en dificultades sean apoyados y sostenidos por otras comunidades más florecientes, si se abren en espíritu de fe y de comunión a esta posibilidad de ayuda fraternal, que podrá, por una parte, abrir procesos de revitalización y, por otra, preparar un terreno adecuado a la transferencia y a la acogida de las monjas en caso de clausura, para que puedan seguir viviendo dignamente su consagración».

 

Solamente cuando se verificare la «ineficacia de la afiliación» la Santa Sede procedería al «paso, seguramente grave», de la supresión. Puesto que el documento deroga algunos cánones, se necesitaba que el Pontífice, en calidad de legislador, aprobara las modificaciones, cosa que hizo el pasado 25 de marzo. Las novedades introducidas por la “Cor Orans”, precisó monseñor Carballo, «responden en gran medida a lo que las mismas monjas han pedido».

 

La Instrucción deroga, además, el derecho canónico también en relación con las Federaciones de monasterios, figura introducida por Pío XII. La intención del Papa Pacelli con las constitución apostólica “Sponsa Christi Ecclesia”, de 1950, explicó el padre Sebastiano Paciolla, subsecretario de la Congregación vaticana, «era mantener los monasterios como realidades autónomas, pero existía el peligro del aislamiento entre los diferentes monasterios, a veces incluso entre los que se encontraban cerca geográficamente. Las Federaciones nacieron para superar este aislamiento. Siendo una estructura de comunión, debía respetar la autonomía de los monasterios y toda la normativa en materia era tan fuerte en el respeto de la autonomía de los monasterios que la estructura de comunión tenía un reducidísimo alcance para ser aplicada y al final cada monasterio seguía siendo un mundo en sí mismo».

 

La “Vultum Dei Quaerere” del Papa Francisco «no ha modificado el estatus de los monasterios ni la realidad de la Federación, sino que ha equilibrado mejor las relaciones dentro de estas dos realidades respetando» la autonomía jurídica, «pero precisando los criterios de una autonomía que debe ser real, y no una etiqueta». El texto vaticano de hoy refuerza, particularmente, la figura de la presidenta federal (sin darle “súper poderes”, precisó Paciolla) y le encmienda el papel de «co-visitadora» en ocasión de las regulares visitas canónicas, refuerza el papel del Consejo federal y también el de la ecónoma federal, que «tiene la responsabilidad de ejecutar lo que establece el Consejo federal y colabora con la presidenta de la Federación, en el contexto de la visita regular», para verificar las cuentas «de cada uno de los monasterios», identificando los puntos positivos y los puntos críticos, «datos que deben aparecer en la relación final de la visita».

 

Entre las normas generales, también se aclaran los términos de la relación entre el monasterio y el obispo diocesano, que, entre otras cosas, puede tomar decisiones «oportunas cuando constate que existen abusos y después de que los llamados hechos a la Superiora mayor no hayan tenido ningún efecto». El obispo interviene también «en la erección del monasterio dando el consenso por escrito antes de que se pida el beneplácito de la Sede Apostólica», así como en el caso de su «supresión». También tiene la «facultad por justa causa de entrar a la clausura y permitir, con el consenso de la Superiora mayor que otras personas entren».

 

El último capítulo del documento vaticano se ocupa de la formación. Uno de los temas que afronta es el dela constitución de «comunidades monásticas internacionales y multiculturales», que «manifiesta la universalidad de un carisma»: acoger vocaciones provenientes de otros países, precisa la Congregación vaticana, «debe ser objeto de adecuado discernimiento». Uno de los criterios de la acogida es la «perspectiva de difundir en un futuro la vida monástica en Iglesias particulares en las que esta forma de la secuela de Cristo no esté presente». Sin embargo, precisa el texto, se debe «evitar por completo el reclutamiento de candidatas de otros países con el único objetivo de salvaguardar la sobrevivencia del monasterio».

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