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Quién era el Cardenal Tettamanzi

Adiós a Tettamanzi, “pequeño” cardenal de gran corazón

Falleció el arzobispo emérito de Milán, que fue “ghostwriter” del Papa Wojtyla, secretario de la CEI y “papable” italiano. Su última oración fue por la unidad de la Iglesia

El cardenal Dionigi Tettamanzi

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Pubblicato il 05/08/2017
Ultima modifica il 05/08/2017 alle ore 13:01
ANDREA TORNIELLI
MILÁN

Falleció Dionigi Tettamanzi a la edad de 83 años, arzobispo emérito de Milán, diócesis que guió de 2002 a 2011. El cardenal murió debido a la agudización de una enfermedad que sufría desde hace ya algunos años. Nació en Renate, en Brianza, en 1934, y entró al seminario a la edad de 11 años. Don Pasquale Zanzi, que fue durante 45 años párroco de Renate, fue el primer sacerdote que intuyó la vocación de Dionigi, y a menudo le decía: «Eres pequeño de estatura, pero tienes una buena cabecita inteligente». Fue ordenado sacerdote por el arzobispo Giovanni Battista Montini en 1957. Completó sus estudios en Roma, en el Pontificio Seminario Lombardo, y se inscribió a la Universidad Gregoriana, en donde se doctoró en Teología con una tesis sobre “El deber del apostolado de los laicos”. Durante más de 20 años enseñó Moral fundamental en el Seminario mayor de Venegono. Entre los temas de los que se ocupó en su vasta producción destacan cuestiones de moral fundamental y moral especial, con una predilección por el ámbito del matrimonio, de la familia, de la sexualidad y de la bioética. Fueron los años en los que se convirtió en uno de los colaboradores más estimados del Papa Wojtyla, que lo consultaba a menudo para redactar sus documentos y encíclicas.

 

En 1989 fue nombrado arzobispo de Ancona-Ósimo, pero su episcopado en esta diócesis duró poco, pues en abril de 1991 asumió la Secretaría general de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI), primero de los actos significativos de la Presidencia de Camillo Ruini. Pero su presencia en la CEI tampoco duró mucho, pues en 1995 Juan Pablo II lo nombró arzobispo metropolitano de Génova, sucesor del cardenal Canestri. Fue creado cardenal durante el Consistorio de 1998.

 

Después del largo episcopado milanés de Carlo Maria Martini, se estaba buscando un sucesor que conociera desde dentro la compleja realidad de la diócesis ambrosiana. La decisión de Wojtyla de nombrarlo arzobispo de Milán, cuando el Prefecto de la Congregación de los Obispos era el cardenal Giovanni Battista Re, fue completamente inédita: una fractura con la tradición no escrita según la cual, por lo menos durante el último siglo, un arzobispo metropolitano ya creado cardenal no pasaba de una sede a otra.

 

El 29 de septiembre de 2002, Tettamanzi entró a Milán y recibió el báculo de manos de Martini. En la larga homilía que pronunció, dijo: «Los hombres y mujeres de nuestro tiempo, incluso inconscientemente, nos piden que les “hablemos” de Cristo, es más que se lo “mostremos”. Ellos tienen derecho a nuestro valiente y alegre testimonio de fe, como también tiene derecho a él toda la sociedad: aunque se ha vuelto indiferente, pagana y hostil a Dios y a Jesucristo, nuestra sociedad, efectivamente, no puede arrancar y cancelar ese anhelo religioso que el Dios Creador y Padre ha impreso en el corazón de cada hombre». Fue fundamental entre la gente ambrosiana el estilo de Tettamanzi, que al final de cada celebración se quedaba largo rato a disposición de los fieles, de quien quisiera acercarse a él para estrecharle la mano o hacerle una petición. Disponible con todos, siempre cordial, pero para nada ingenuo.

 

En 2005, después de la muerte de Juan Pablo II, el nombre de Tettamanzi circulaba entre los observadores como uno de los “papables”. Pero desde la primera de las votaciones en la Sixtina, para el rápido Cónclave que en 24 horas llevó a la elección de Joseph Ratzinger, se dieron cuenta de que los verdaderos “papables” eran otros.

La Milán que Tettamanzi dejó en 2011, cuando le sucedió Angelo Scola, hasta entonces Patriarca de Venecia (segunda ruptura de la tradición), era muy diferente de la que había encontrado a su llegada. «El futuro está en la caridad», profetizó el ya arzobispo emérito con respecto a las transformaciones sociales y a la crisis económica: en Milán «he visto el progresivo empobrecimiento económico de las familias, pero al mismo tiempo el incremento de la práctica de la solidadridad; la cada vez mayor desconfianza hacia la política y un mayor deseo de “decir la propia opinión” sobre la ciudad; empeoran algunas perspectivas de estabilidad para el trabajo de los jóvenes, pero, también, crecen oportunidades formativas y culturales; el aumento del número de los inmigrantes y la mayor incapacidad de hacerlos sentir protagonistas de la sociedad; el aumento de la riqueza para pocos, el endeudamiento creciente para muchos. Y se me olvidaba otra cosa que no ha cambiado: los años de la llamada “Tangentopoli” (escándalos de corrupción, ndr.) parecen no haber enseñado nada, puesto que, desgraciadamente, la cuestión moral sigue teniendo gran actualidad».

 

Con Tettamanzi como arzobispo, la diócesis ambrosiana instituyó el Fondo Familia y Trabajo, para ayudar a los que viven en dificultades debido a la crisis. Un modelo que después sería replicado en otras diócesis italianas. Como emérito, el cardenal Tettamanzi se retiró a Triuggio, a una residencia de la arquidiócesis de Milán, en donde fue asistido hasta su muerte. No quería estorbar a su sucesor, por lo que no concedía entrevistas ni se convirtió (como sucede a veces con los eméritos, más o menos inconscientemente) en el referente del “frente” contra el obispo en funciones. En cambio, continuó a dedicarse a las actividades pastorales, celebrando confirmaciones en las parroquias y ayudando a su sucesor. En marzo de 2013 participó en el Cónclave que eligió a Jorge Mario Bergoglio, a quien todavía pudo recibir en “su Milán” cuatro años después, el 25 de marzo de este año. Aunque ya estaba gravemente enfermo, logró estar presente en la Catedral y pudo recibir el abrazo de Francisco.

 

Antes de dejar la diócesis de Milán, trazando un resumen de su episcopado, dijo: «Hoy más que nunca necesitamos una Iglesia arraigada en Cristo, que lo ponga a Él y no a la organización o al éxito mundano en el centro». Y durante su enfermedad, incluso cuando no estaba del todo presente debido a las medicinas que tomaba, seguía pidiendo «la oración y el trabajo por la unidad de la Iglesia». Esa era su principal preocupación, que surgía directamente desde el inconsciente. La misma preocupación que marcó toda su vida de fiel siervo del Evangelio y de los Papas.

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Ha muerto el Cardenal Tettamanzi, arzobispo emérito de Milán.

Adiós a Tettamanzi, “pequeño” cardenal de gran corazón

Falleció el arzobispo emérito de Milán, que fue “ghostwriter” del Papa Wojtyla, secretario de la CEI y “papable” italiano. Su última oración fue por la unidad de la Iglesia

El cardenal Dionigi Tettamanzi

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Pubblicato il 05/08/2017
Ultima modifica il 05/08/2017 alle ore 13:01
ANDREA TORNIELLI
MILÁN

Falleció Dionigi Tettamanzi a la edad de 83 años, arzobispo emérito de Milán, diócesis que guió de 2002 a 2011. El cardenal murió debido a la agudización de una enfermedad que sufría desde hace ya algunos años. Nació en Renate, en Brianza, en 1934, y entró al seminario a la edad de 11 años. Don Pasquale Zanzi, que fue durante 45 años párroco de Renate, fue el primer sacerdote que intuyó la vocación de Dionigi, y a menudo le decía: «Eres pequeño de estatura, pero tienes una buena cabecita inteligente». Fue ordenado sacerdote por el arzobispo Giovanni Battista Montini en 1957. Completó sus estudios en Roma, en el Pontificio Seminario Lombardo, y se inscribió a la Universidad Gregoriana, en donde se doctoró en Teología con una tesis sobre “El deber del apostolado de los laicos”. Durante más de 20 años enseñó Moral fundamental en el Seminario mayor de Venegono. Entre los temas de los que se ocupó en su vasta producción destacan cuestiones de moral fundamental y moral especial, con una predilección por el ámbito del matrimonio, de la familia, de la sexualidad y de la bioética. Fueron los años en los que se convirtió en uno de los colaboradores más estimados del Papa Wojtyla, que lo consultaba a menudo para redactar sus documentos y encíclicas.

 

En 1989 fue nombrado arzobispo de Ancona-Ósimo, pero su episcopado en esta diócesis duró poco, pues en abril de 1991 asumió la Secretaría general de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI), primero de los actos significativos de la Presidencia de Camillo Ruini. Pero su presencia en la CEI tampoco duró mucho, pues en 1995 Juan Pablo II lo nombró arzobispo metropolitano de Génova, sucesor del cardenal Canestri. Fue creado cardenal durante el Consistorio de 1998.

 

Después del largo episcopado milanés de Carlo Maria Martini, se estaba buscando un sucesor que conociera desde dentro la compleja realidad de la diócesis ambrosiana. La decisión de Wojtyla de nombrarlo arzobispo de Milán, cuando el Prefecto de la Congregación de los Obispos era el cardenal Giovanni Battista Re, fue completamente inédita: una fractura con la tradición no escrita según la cual, por lo menos durante el último siglo, un arzobispo metropolitano ya creado cardenal no pasaba de una sede a otra.

 

El 29 de septiembre de 2002, Tettamanzi entró a Milán y recibió el báculo de manos de Martini. En la larga homilía que pronunció, dijo: «Los hombres y mujeres de nuestro tiempo, incluso inconscientemente, nos piden que les “hablemos” de Cristo, es más que se lo “mostremos”. Ellos tienen derecho a nuestro valiente y alegre testimonio de fe, como también tiene derecho a él toda la sociedad: aunque se ha vuelto indiferente, pagana y hostil a Dios y a Jesucristo, nuestra sociedad, efectivamente, no puede arrancar y cancelar ese anhelo religioso que el Dios Creador y Padre ha impreso en el corazón de cada hombre». Fue fundamental entre la gente ambrosiana el estilo de Tettamanzi, que al final de cada celebración se quedaba largo rato a disposición de los fieles, de quien quisiera acercarse a él para estrecharle la mano o hacerle una petición. Disponible con todos, siempre cordial, pero para nada ingenuo.

 

En 2005, después de la muerte de Juan Pablo II, el nombre de Tettamanzi circulaba entre los observadores como uno de los “papables”. Pero desde la primera de las votaciones en la Sixtina, para el rápido Cónclave que en 24 horas llevó a la elección de Joseph Ratzinger, se dieron cuenta de que los verdaderos “papables” eran otros.

La Milán que Tettamanzi dejó en 2011, cuando le sucedió Angelo Scola, hasta entonces Patriarca de Venecia (segunda ruptura de la tradición), era muy diferente de la que había encontrado a su llegada. «El futuro está en la caridad», profetizó el ya arzobispo emérito con respecto a las transformaciones sociales y a la crisis económica: en Milán «he visto el progresivo empobrecimiento económico de las familias, pero al mismo tiempo el incremento de la práctica de la solidadridad; la cada vez mayor desconfianza hacia la política y un mayor deseo de “decir la propia opinión” sobre la ciudad; empeoran algunas perspectivas de estabilidad para el trabajo de los jóvenes, pero, también, crecen oportunidades formativas y culturales; el aumento del número de los inmigrantes y la mayor incapacidad de hacerlos sentir protagonistas de la sociedad; el aumento de la riqueza para pocos, el endeudamiento creciente para muchos. Y se me olvidaba otra cosa que no ha cambiado: los años de la llamada “Tangentopoli” (escándalos de corrupción, ndr.) parecen no haber enseñado nada, puesto que, desgraciadamente, la cuestión moral sigue teniendo gran actualidad».

 

Con Tettamanzi como arzobispo, la diócesis ambrosiana instituyó el Fondo Familia y Trabajo, para ayudar a los que viven en dificultades debido a la crisis. Un modelo que después sería replicado en otras diócesis italianas. Como emérito, el cardenal Tettamanzi se retiró a Triuggio, a una residencia de la arquidiócesis de Milán, en donde fue asistido hasta su muerte. No quería estorbar a su sucesor, por lo que no concedía entrevistas ni se convirtió (como sucede a veces con los eméritos, más o menos inconscientemente) en el referente del “frente” contra el obispo en funciones. En cambio, continuó a dedicarse a las actividades pastorales, celebrando confirmaciones en las parroquias y ayudando a su sucesor. En marzo de 2013 participó en el Cónclave que eligió a Jorge Mario Bergoglio, a quien todavía pudo recibir en “su Milán” cuatro años después, el 25 de marzo de este año. Aunque ya estaba gravemente enfermo, logró estar presente en la Catedral y pudo recibir el abrazo de Francisco.

 

Antes de dejar la diócesis de Milán, trazando un resumen de su episcopado, dijo: «Hoy más que nunca necesitamos una Iglesia arraigada en Cristo, que lo ponga a Él y no a la organización o al éxito mundano en el centro». Y durante su enfermedad, incluso cuando no estaba del todo presente debido a las medicinas que tomaba, seguía pidiendo «la oración y el trabajo por la unidad de la Iglesia». Esa era su principal preocupación, que surgía directamente desde el inconsciente. La misma preocupación que marcó toda su vida de fiel siervo del Evangelio y de los Papas.


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Quién es el Cardenal Etxegaray por Alexandre de la Cerda

« Izarra kopetan », l’anniversaire du cardinal basque

Le cardinal devant sa maison avec le père Siniakov et l’auteur de l’article © DR

A l’occasion des 70 ans de sacerdoce du Cardinal Roger Etchegaray célébrés cette année, le thème du traditionnel forum de réflexion estival organisé par l’abbé François-Xavier Esponde concernait « La Bible Mémoire des Cultures et des Religions » et a réuni une foule de proches et amis mercredi 2 août dernier en l’église Saint-Laurent de Cambo (voyez nos articles en rubrique « Actualité »).
Le cardinal est né le 25 septembre 1922 à Espelette où il est revenu, pendant des années, passer le mois d’août avant de retrouver son appartement à Rome. Car, son village natal d’Espelette lui a toujours tenu à cœur, bien qu’actuellement il jouisse, en compagnie de sa chère sœur, du calme – mérité – d’une maison de repos à Cambo où lui avaient rendu visite le Cardinal Parolin, Secrétaire d’Etat du Vatican, et l’évêque de Bayonne, Mgr Aillet.
Je me souviens qu’il y a deux ans, encore, beaucoup d’Ezpeletar avaient profité, comme à l’accoutumée, du traditionnel séjour estival du cardinal Etchegaray dans sa maison « Choko maitea » pour lui rendre visite ou le voir présider le Forum annuel à l’église Saint-Etienne d’Espelette et le retrouver lors du pot convivial qui a suivi au restaurant d’Euskadi, chez ses amis Darraïdou.
Aussi, lorsque j’avais échangé quelques mots avec lui, la veille, au téléphone, c’est en priorité à ses compatriotes ezpeletar et basques qu’il avait voulu adresser ses saluts les plus chaleureux à travers ma chronique dans la presse locale : « Izarra kopetan, selon la formule paternelle, au nom de cette étoile d’espérance qui a guidé les Mages, qui indiquait le chemin, en signe de fraternité et d’amitié » (sa sœur Maïté m’avait indiqué que leur père Jean-Baptiste les embrassait, enfants, chaque soir sur le front en utilisant cette image de l’étoile, izarra, en guise de baiser).

Pourtant, ce jour-là, le cardinal ne suivait-il pas encore à la télévision – avec une attention soutenue – les échanges de discours entre le président américain et le pape François qu’il recevait alors à la Maison Blanche : « un sentiment de fraternité se dégageait de cette rencontre avec le pape, ambassadeur de la tendresse humaine – nous sommes tous humains et Dieu le Père nous aime – et de la Foi qui doit s’affirmer », me commentait au téléphone celui qui s’affirmait « un vieux cardinal bien enraciné, tel le bon piment »… Pensait-il, notre cardinal « euskaldun, fededun ta biperdun » à ce « moment critique de l’histoire de notre civilisation » à propos du mariage et de la famille qu’il importait de « soutenir », tel qu’affirmé par le souverain pontife devant le président des États-Unis ? Ou encore à « la joie que le chrétien expérimentait dans la mission » telle qu’exprimée dans l’homélie du Pape pour la canonisation de Saint Junipero Serra : « Allez vers ceux qui vivent avec le poids de la douleur, de l’échec, du sentiment d’une vie tronquée et annoncez la folie d’un Père qui cherche à les oindre avec l’huile de l’espérance, du salut. Allez annoncer que l’erreur, les illusions trompeuses, les faux pas n’ont pas le dernier mot dans la vie d’une personne. Allez avec l’huile qui calme les blessures et restaure le cœur ».

L’aumônier de la planète
Ces missions « avec l’huile qui calme les blessures et restaure le cœur » me reportaient quelques années en arrière, lorsque j’assistais à Bilbao à l’attribution au cardinal Etchegaray du prix annuel de la Fondation Sabino Arana qui honorait en lui « toute une vie consacrée à l’action en faveur du dialogue et de la tolérance. Comme messager de la paix, homme de mission et constant serviteur de la justice dans le monde entier, le jury avait distingué chez le Cardinal Etchegaray le talent de favoriser des accords et l’habileté pour limer les différences qui divisent les peuples ».

Alors âgé de 86 ans, le vice doyen du Sacré-Collège (il était le « numéro quatre » du Vatican, après le Pape, le Secrétaire d’Etat et le doyen des cardinaux) s’était rendu au Palais Euskalduna pour recevoir son prix, en présence des lauréats des éditions précédentes.
J’avais entendu le cardinal se réjouir que ce prix « ne se limitait pas au Pays Basque puisqu’il avait été également décerné aux associations des victimes du terrorisme, en particulier un père qui a perdu son fils de dix-huit ans lors de l’attentat new-yorkais en 2001, et qu’il se soit déroulé dans une excellente ambiance humaine et de fraternité ».
A peine revenu à Rome de son « escapade » à Bilbao, notre cardinal était déjà en partance pour le Burkina Faso et le Niger où, 25 ans auparavant, il avait établi la Fondation Jean-Paul II pour le Sahel qui lutte contre la désertification et ses causes et vient au secours des victimes de la sécheresse. Des centaines de projets financés grâce à des fonds attribués directement par le Pape, à travers le Conseil pontifical « Cor Unum » dont le cardinal reste président émérite après l’avoir dirigé de 1984 à 1995.

Un prélat basque à Rome
Malgré son emploi du temps très chargé, le cardinal m’avait reçu, avec Anne, il y a quelques années, dans son appartement de l’édifice San Callisto, cette enclave de l’Etat du Vatican sur les hauteurs du populaire quartier du Trastevere parcouru de petites ruelles bruyantes et encore peuplées, paraît-il, de « vrais » Romains… Depuis la galerie couverte qui borde l’étage, la vue est magnifique sur la colline du Vatican couronnée de la coupole de Saint-Pierre conçue par Michel-Ange.
Dès l’entrée, une chistera et un makila évoquent le pays natal du maître des lieux.
Grande silhouette et visage aux yeux bleus qu’éclaire à l’occasion un large sourire juvénile, dans son costume « clergyman » noir, à peine courbée par le poids des ans et son col du fémur brisé l’année précédente au cours d’une « bousculade » à Saint-Pierre, je me souviens de son accueil : « je passe mon temps à recevoir, des religieux, de simples fidèles, également des chefs de gouvernement. Depuis que j’ai été appelé au Vatican par Jean-Paul II, j’ai beaucoup bourlingué et des hommes d’Etat de passage à Rome viennent me voir, mais ça peut être une femme de ménage, et j’apprends toujours beaucoup »
Une photo avec Fidel Castro rappelle que Roger Etchegaray avait préparé les voyages des papes à Cuba : « J’ai passé des soirées, jusqu’à deux heures du matin, avec Castro. C’est un être complexe, il a été baptisé et n’a jamais expulsé le nonce (ambassadeur du Saint-Siège, ndlr.), dans le fond il est croyant, mais il vieillit mal et sa visite au Vatican fut son chant du cygne ». Premier évêque catholique entré dans la Chine de Mao il y a trente ans, « tous les pays m’intéressent, mais la Russie où je suis allé plus de vingt fois reste mon centre d’intérêt ».
Ami très proche du patriarche de Russie qu’il avait, en tant que responsable de la Conférence épiscopale d’Europe, rencontré dès 1969 à l’Escurial près de Madrid, le cardinal Etchegaray a représenté le pape Benoît XVI aux obsèques d’Alexis II puis au sacre de son successeur Cyrille qu’il connaît également très bien. Il avait même reçu chez lui, à Espelette, le père Alexandre Siniakov, alors responsable des relations publiques et œcuméniques de l’église orthodoxe russe en France qui avait assisté à l’ordination de Mgr Aillet. Dans sa pourpre cardinalice dont la tonalité s’apparentait à l’éclat vif des solanacées de son village natal, coiffé d’une mitre arborant sur ses deux rubans arrière le lauburu (croix) basque, le cardinal s’était alors enthousiasmé : « C’est un évêque qui est vraiment pasteur. J’ai senti, dès son premier contact, qu’il a conquis les cœurs, le peuple de mon diocèse. Le diocèse est entre de bonnes mains ».
Son Pays Basque natal ? « Jusqu’à 80 ans, mes tours du monde ne me laissaient que huit jours par an à Espelette… Je suis toujours allé dans les pays pauvres : quand on a une vie pour les autres, on ne calcule pas » ! Et de réaffirmer « qu’il était urgent de travailler à donner aux populations l’espoir qu’ici aussi on peut vivre sans s’exiler ». Un message et une ligne de conduite particulièrement d’actualité !

Alexandre de La Cerda


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El Cardenal Etxegaray: 70 años de sacerdocio.

 

Con la autorización de Alexandre de la Cerda, publicamos este artículo escrito por Francisco Javier Esponde sobre el Cardenal Etxegaray

1 -Abbé Roger Etchegaray – Acteur majeur du Concile Vatican II
Une des raisons qui nous réunit aujourd’hui est la célébration du 70ème anniversaire de l’ordination sacerdotale du Cardinal.
C’est bien le prêtre du diocèse de Bayonne que nous fêtons.
Comme cette réflexion va porter sur la place de la BIBLE dans la culture universelle, dans la vie de l’Eglise et dans l’engagement des chrétiens dans la vie politique pour la justice et la paix, ce n’est que justice de rappeler que nous fêtons aussi un des derniers témoins et acteurs français du Concile Vatican II.
Bon nombre de ces Acteurs Majeurs du Concile ont rendu hommage, comme le père Yves Congar ici cité, au rôle et à l’activité débordante de celui qui était à l’époque l’abbé Etchegaray, assumant la liaison avec les autres épiscopats, nouant des contacts rapprochant des hommes campés parfois sur des positions antagonistes, contribuant à faciliter des échanges avec les observateurs des autres confessions, dans l’esprit de fraternité œcuménique dont il ne s’est jamais départi.
Nous ne pouvons mieux lui dire notre affection et notre admiration qu’en méditant cette place de la BIBLE dans la vie d‘aujourd’hui.
Celle-ci est en effet un des fruits les plus merveilleux de l’adoption laborieuse par le Concile du document « Dei Verbum » sur la révélation divine.
Cela a pris trois ans de la Constitution Dogmatique. Une phrase magnifique du préambule en exprime l’intention.

2 –  La révélation divine dans sa Parole.
« Dei Verbum, ou la Parole de Dieu propose la doctrine authentique sur la révélation divine et sa transmission afin que en entendant l’annonce du salut, le monde entier y croie, qu’en croyant, il espère, qu’en espérant, il aime » !

Et dans ce long texte quels sont les mots essentiels ?
« L’Eglise a toujours vénéré les divines Ecritures comme elle le fait pour le Cœur même du Seigneur, elle qui ne cesse pas surtout dans la sainte liturgie de prendre le Pain de vie sur la table de la Parole de Dieu et sur celle du Corps du Christ pour l’offrir aux fidèles ».
Au fil des âges, l’Eglise avait un peu oublié que le Pain de vie se trouve sur la table de la Parole de Dieu comme sur celle du Corps du Christ.
C’est la magnifique contribution du Concile que d’avoir mis en valeur, ensemble, chacune de ces tables et, ce faisant, d’avoir en quelque sorte rendu au peuple chrétien la BIBLE et ses deux Testaments, la plaçant au cœur de leur vie et de leurs célébrations.
Nous avons retrouvé ce Trésor. Notre question aujourd’hui est simple : qu’en faisons-nous ?
Le travail d’expert au Concile de l’abbé Roger Etchegaray, reconnu comme l’un des rédacteurs de ce document de référence, La Parole de Dieu s’imposait aujourd’hui en ce jour anniversaire des 70 ans de sacerdoce de notre Cardinal bien aimé !
Cambo ce mercredi 2 août 2017

François-Xavier Esponde


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Quién era el Cardenal Meisner

   ” Adiós al cardenal Joachim Meisner; Colonia pierde a su “gran pastor”
El arzobispo emérito de la diócesis alemana durante alrededor de 20 años, falleció ayer a la edad de 83 años mientras se encontraba de vacaciones. Era uno de los cuatro purpurados que firmaron las “dudas” sobre “Amoris laetitia”

Adiós al cardenal Joachim Meisner

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Pubblicato il 05/07/2017
Ultima modifica il 05/07/2017 alle ore 14:38
SALVATORE CERNUZIO
CIUDAD DEL VATICANO

«Se quedó dormido serenamente», indicó la Curia de Colonia al comunicar la noticia de la muerte del arzobispo emérito Joachim Meisner, que tenía 83 años. Sucedió ayer, mientras se encontraba de vacaciones en la localidad de Bad Fussing, en Baviera.

 

El nombre del purpurado llegó a las noticias durante los últimos meses puesto que se trataba de uno de los cuatro cardenales que enviaron al Papa una carta con cinco “dubia” sobre algunos pasajes considerados ambiguos de la exhortación apostólica “Amoris laetitia”. En particular, el ex arzobispo de Colonia, junto con el otro alemán Walter Brandmüller, el estadounidense Raymond Leo Burke y el italiano Carlo Caffarra, criticaba el punto contenido en el octavo capítulo sobre el acceso a los sacramentos para los divorciados que se han vuelto a casar, manzana de la discordia del último Sínodo sobre la familia. Hace poco, los cuatro prelados enviaron una carta al Pontífice en la que pedían ser recibidos en una audiencia para discutir sobre sus dudas.

 

Meisner siempre estuvo lejos de los reflectores, si se compara con sus colegas, a pesar de que el rasgo distintivo de su carácter fuera la franqueza. Siempre prefería decir la verdad sin tapujos, ante los Papas o ante líderes políticos, fieles u obispos alemanes. «Ustedes no me quieren y yo no quería venir, por lo menos partimos de una base común», dijo durante la conferencia de prensa con la que se presentó como nuevo arzobispo de Colonia. Un nombramiento que Juan Pablo II quería con ímpetu, pues fue él mismo quien lo sacó de la Alemania del Este, de una Berlín todavía dividida.

 

El cardenal adquirió esta valentía desde su infancia, en Wrocław, capital de la Baja Slesia (hoy territorio polaco que en aquella época pertenecía a Alemania con el nombre Breslau), en donde nació el 25 de diciembre de 1933. Una época oscura de la historia, durante la cual el joven Joachim tuvo que afrontar la guerra, la pérdida de su patria, las imposiciones de la dictadura nazi. Su refugio fue la fe en Dios que defendió hasta el cansancio en contra del ateísmo impuesto por la República Democrática Alemana, yendo a menudo contra corriente y poniéndose en contra de los sistemas de poder. Maduró con el tiempo la idea de que el cristianismo no era «una institución», sino una «expedición», como dijo muchos años más tarde, y el el Evangelio mismo exhortaba a no encerrarse en una vida sedentaria, «de salón», sino a salir.

 

En este difícil clima, y a pesar de los obstáculos, Meisner recorrió la vía del sacerdocio: entró al seminario de Erfurt, en donde se licenció en Teología. Su ordenación sacerdotal fue el 22 de diciembre de 2962. En Erfurt también tuvo una actividad fructífera e intensa: fue vicario cooperador en las parroquias de San Gil en Heiligenstadt y de Santa Cruz en la misma Erfurt. Al mismo tiempo se dedicaba a la asistencia espiritual de la Caritas local y a otras actividades pastorales. Hasta que Pablo VI, el 17 de marzo de 1975, lo eligió como titular de Vina, con diputación como auxiliar del administrados apostólico de Erfurt-Meiningen, monseñor Hugo Aufderbeck. La ordenación episcopal le fue conferida el 17 de mayo de ese mismo año.

 

Después de la muerte del cardenal de Berlín, Alfred Bengsch, Juan Pablo II lo designó para que guiara esta importante, estensa y particular diócesis el 22 de abril de 1980. Incluía tanto la parte Este como la parte Oeste de la ciudad, además de los campos de los alrededores con cientos de pequeñas parroquias y comunidades esparcidas; en total había alrededor de un millón doscientos mil católicos, y alrededor de 8 millones de protestantes. Desde septiembre de 1982 hasta 1989, Meisner también fue presidente de la Conferencia Episcopal de Alemania.

 

El mismo Wojtyla decidió, el 20 de diciembre de 1988, promoverlo a arzobispo de Köln, Colonia, la segunda diócesis más antigua del país, y lo creó cardenal durante el Consistorio del 2 de febrero de 1983, con el título de Santa Pudenciana. La decisión del Pontífice polaco no fue nada fácil y se vio involucrado en un tira y afloja con el capítulo diocesano que había sido dispensado de la regla, por lo que el nuevo obispo debía obtener la mayoría absoluta de los votos de todos sus integrantes. Consiguió la llamada “Declaración de Colonia” con la que varios teólogos del área de lengua alemana, incluso moderados, dejaron por escrito si resentimiento tras la decisión de Roma.

 

Sin embargo, con el tiempo las aguas se calmaron y Meisner se afeccionó a esa diócesis a la que decidió mudarse ocupando un pequeño departamento del centro después de la renuncia que presentó a Papa Francisco en 2014 porque había alcanzado el límite de edad. Su sucesor es el cardenal Rainer Maria Woleki, quien fue su secretario y obispo auxiliar, además de su pupilo.

 

En alrededor de 20 años, Meisner guió Colonia con firmeza, luchando incluso con personalidades de la talla como el entonces presidente de los obispos Karl Lehmann o Angela Merkel, cuando propuso abrogar la “C” de cristiana del acrónimo del partido CDU (Unión Cristiano-Democrática). Muchos lo criticaban por ser un “fundamentalista”; pero son muchos más los que lo recuerdan con afecto como un «gran pastor».

 

Tan es así que el redactor en jefe de la revista semanal católica “Die Tagespost” (única en Alemania) escribió cuando presentó su renuncia: «Cuando Meisner se retire, se formará una laguna insalvable. Su salida del escenario cambiará radicalmente el episcopado alemán».


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Ser Cardenales: palabras del Papa. Comentario

El Papa: “Jesús no os llama a ser príncipes sino a servir”

Francisco en el consistorio por los cinco nuevos cardenales: pararse de frente a la realidad, a los inocentes que sufren y mueren a causa de las guerras y el terrorismo, a los campos de prófugos que a veces se asemejan más a un infierno que a un purgatorio

Consistorio del Papa Francisco

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Pubblicato il 28/06/2017
Ultima modifica il 29/06/2017 alle ore 17:00
ANDREA TORNIELLI
CITTÀ DEL VATICANO

“Jesús no os ha llamado para que os convirtáis en «príncipes» en la Iglesia, sino para servir”. Francisco “crea” cinco nuevos cardenales y les recuerda el deber al que están llamados. Es la breve homilía que el Papa ha escrito para la entrega de la birreta roja –señal de fidelidad hasta la efusión de la sangre por la fe– a los cinco nuevos purpurados de este mini-consistorio, decidido para mantener siempre al completo el colegio de los electores del futuro Papa, es decir, los cardenales con menos de 80 años. Han recibido el birrete Jean Zerbo, arzobispo de Bamako (Mali); Juan José Omella Omella, arzobispo de Barcelona (España); Anders Arborelius, obispo de Estocolmo (Suecia); Louis-Marie Ling Mangkhanekhoun, vicario apostólico de Pakse (Laos), y Gregorio Rosa Chavez, el obispo auxiliar de San Salvador (El Salvador).

 

A explicar el criterio seguido para su elección, son las cinco biografías. Zerbo está considerado un protagonista de primer orden en la obra de reconciliación del país, con su estilo siempre abierto al diálogo y al encuentro, su nombramiento lanza un mensaje de concordia y de unidad al pueblo de Mali, que espera que llegue una paz hasta ahora no alcanzada completamente. Hace un mes, poco después del anuncio del nombramiento, el nombre de Zerbo apareció en un reportaje sobre ’Swissleaks’ publicado en Le Monde a propósito de una presunta cuenta millonaria en Suiza a disposición de la diócesis. Su presencia en Roma indica que la investigación interna ha esclarecido su posición: en aquella cuenta se concentraban fondos de varios entes, no había millones a disposición de la diócesis, cuya disponibilidad económica está muy por debajo de sus necesidades.

 

Omella es un párroco con experiencia de misionario en África en el mismo estilo de los padres blancos, comprometido con las organizaciones solidarias y también con fuerte experiencia de gobierno con muchos años al frente de importantes diócesis españolas. Arborelius, hombre de diálogo, es el primer obispo católico de origen sueco desde los tiempos de la reforma luterana y l primer cardenal de los países del norte de Europa. Ling Mangkhanekhoun, ordenado sacerdote en un campo de refugiado, cuando la guerrilla hacía correr la sangre en su país, Laos, estuvo prisionero mucho tiempo: Francisco lo encontró el pasado enero y quedó sobrecogido por su historia y su profunda fe, sin sentimientos de represalia o venganza como en cualquier experiencia de martirio verdadera. Rosa Chavez ha sido amigo y estrecho colaborador del obispo beato y mártir Oscar Arnulfo Romero: es la primera vez que un auxiliar todavía en el cargo es creado cardenal.

El discurso inicial de agradecimiento al Papa no lo ha hecho el primero de la lista de los nuevos purpurados Zerbo, sino el español Omella, que en nombre de todos ha dicho: “A diferencia de los sacerdotes mundanos, en la Iglesia no existen otros títulos que no sean los que señalan el camino de un servicio más diligente y comprometido con el anuncio del Evangelio y el rescate en el nombre del Señor de todos, especialmente de los más necesitados … No queremos ser una Iglesia autorreferencial. Queremos ser – añadió – una Iglesia peregrina en las calles del mundo en busca de todos”.

 

El Papa Bergoglio ha iniciado la homilía partiendo de las palabras del Evangelio que acababa de proclamar, que describen Jesús mientras camina delante de los discípulos y va hacia Jerusalén, es decir, hacia su Pasión y muerte. Pero entre el corazón de Jesús y sus discípulos “hay una distancia, que sólo el Espíritu Santo podrá colmar”. Estos están “distraídos por intereses que no son coherentes con la «dirección» de Jesús, con su voluntad, que es una con la voluntad del Padre. Así como –hemos escuchado– los dos hermanos Santiago y Juan piensan en lo hermoso que sería sentarse uno a la derecha y el otro a la izquierda del rey de Israel. No miran la realidad. Creen que ven pero no ven, que saben pero no saben, que entienden mejor que los otros pero no entienden…”.

 

La realidad en cambio, ha continuado el Pontífice, es otra muy distinta, “es la que Jesús tiene presente y la que guía sus pasos. La realidad es la cruz, es el pecado del mundo que él ha venido a tomar consigo y arrancar de la tierra de los hombres y de las mujeres. La realidad son los inocentes que sufren y mueren a causa de las guerras y el terrorismo; es la esclavitud que no cesa de pisar la dignidad también en la época de los derechos humanos; la realidad es la de los campos de prófugos que a veces se asemejan más a un infierno que a un purgatorio; la realidad es el descarte sistemático de todo lo que ya no sirve, incluidas las personas”.

 

Y esto, ha subrayado el Papa “es lo que Jesús ve mientras camina hacia Jerusalén. Durante su vida pública él ha manifestado la ternura del Padre, sanando a todos los que estaban bajo el poder del maligno. Ahora sabe que ha llegado el momento de ir a lo más profundo, de arrancar la raíz del mal y por esto camina decididamente hacia la cruz”.

 

Francisco ha recordado a los nuevos cardenales: “Jesús «camina delante de vosotros» y os pide de seguirlo con decisión en su camino. Os llama a mirar la realidad, a no distraeros por otros intereses, por otras perspectivas. Él no os ha llamado para que os convirtáis en «príncipes» en la Iglesia, para que os «sentéis a su derecha o a su izquierda». Os llama a servir como él y con él. A servir al Padre y a los hermanos. Os llama a afrontar con su misma actitud el pecado del mundo y sus consecuencias en la humanidad de hoy. Siguiéndolo, también vosotros camináis delante del pueblo santo de Dios, teniendo fija la mirada en la Cruz y en la Resurrección del Señor”.


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Colegio de Cardenales. Evolución y situación actual. Análisis

Francis stacks the College of Cardinals

  • Pope Francis installs new Cardinal Blase Cupich of Chicago into the College of Cardinals during a consistory in St. Peter’s Basilica at the Vatican Nov. 19, 2016. (CNS /Paul Haring)
 |  Faith and Justice
Pope Francis has done numerous revolutionary things during his first four years as pope, but it is hard to top the change he has made to the College of Cardinals. He has changed the system so that an incumbent pope can stack the college with bishops who support his views. This change will have an impact on the church for centuries to come.This is not the first time the College of Cardinals has been significantly changed by a pope, and it will probably not be the last. One of the most common changes made by popes has been increasing the number of cardinals.

The role of the College of Cardinals in the election of popes goes back to 1059 when the college was made up of senior deacons and priests in Rome plus the bishops of dioceses surrounding Rome.

In the twelfth century, there were positions for about 28 cardinal priests and 18 cardinal deacons in Rome, plus the 7 cardinal bishops for a total of 53. In 1586, Sixtus V set the maximum number of cardinals at 70 in imitation of the 70 chosen by Moses (Exodus 24:1) and by Jesus (Luke 10:1).

John XXIII ignored the 70-member limit, and the college grew to more than 80 cardinals.

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In the early 1970s, Paul VI reformed the College of Cardinals by increasing the number of electors to 120, not counting those over 80 years of age who are excluded as electors.

Excluding those over 80 years of age was considered so revolutionary at the time, that the conclave that elected John Paul I held a “confirmation” vote after he had received a two-thirds vote of those present in order to make sure that over two-thirds of all the cardinals voted for him, even counting those not present. They did not want anyone challenging the election.

John Paul II ignored the 120 limit and the number of cardinals reached 135 in 2001, although it was down to 115 by the time he died in 2005.

Besides increasing the number of cardinals and limiting the electors to those under 80, popes have also changed the population from which the cardinals are chosen.

At the beginning, the cardinal bishops were the bishops of the seven dioceses surrounding Rome. The cardinal priests and deacons were the most important priests and deacons in Rome, pastors of significant churches or directors of the church’s charities. As their curial work grew, their pastoral and social work was taken over by others.

Eventually the distinction among the three types of cardinals became more honorific than real, and Pope John XXIII made all the cardinals bishops.

In the eleventh century, Leo IX (1049-1054) began appointing prelates in distant lands as cardinals. Such cardinals were usually required to resign their sees and take up residence with the pope. During the Western Schism, it became common for these cardinals to reside with the pope without resigning their sees. Someone else would administer their diocese while the cardinal collected the revenue. The Council of Trent outlawed this abuse.

Beginning in the sixteenth century, as the College of Cardinals became larger, it became more common for cardinals to remain in residence in their dioceses.

Although cardinals were chosen from elsewhere in Europe, most cardinals were from Italy.

In the seventeenth and eighteenth centuries, approximately 80 percent of the cardinals named were Italian. Pius IX (1846-1878) and Leo XIII (1878-1903) began to broaden the makeup of the college by having only 58 percent of their appointees Italian. The next largest contingents were French (13 percent) and Spanish (8 percent).  In 1875, Pius IX appointed the first cardinal in the Western Hemisphere, John McCloskey of New York. From 1903 to 1939, 53 percent of the cardinals appointed continued to be Italian.

True internationalization of the College of Cardinals began under Pius XII, who was elected in 1939 by a college with 57 percent from Italy and 32 percent from the rest of Europe. The percentage of Italians appointed by Pius XII dropped to only 25 percent, with a third of his appointees from outside Europe. He appointed the first cardinals with sees in Africa, India, and China, although the African cardinal was Portuguese. When Pius XII died, only a third of the college was from Italy with another 31 percent from the rest of Europe. The major winner under Pius was Latin America, which went from 3 percent of the college to 16 percent.

Paul VI continued the internationalization begun by Pius XII, but it was easier for him to do this since he has raised the number of cardinal electors to 120. At Paul’s death, 50 percent of the college was European, including 24 percent Italian.  The European character of the college did not change significantly under John Paul (49%) and Benedict (52%), although the Italian numbers fell to 16.5 percent under John Paul but rose back to 24 percent under Benedict. John Paul cut back on Italian cardinals so that he could create more cardinals in Eastern Europe.

So, what has Francis been up to?

Francis has continued to increase the non-European character of the college of cardinals. In his recent batch of appointments, only two of the five new cardinals are European. Europeans now only hold 44 percent of the seats in the college. This is the lowest percentage for Europeans ever.

The percentage of Italians is now 20 percent, which is still more cardinal electors than they had at the death of St. John Paul II. This could significantly change next year when five of the seven cardinals turning 80 will be Italian. No Italians were appointed this year.

Surprisingly, the Latin American contingent has not increased significantly under Francis. It has increased only to 17.4 percent today from 16.2 percent at the conclave that elected him, but still down from 18 percent at the 2005 conclave. Unlike John Paul’s appointments from Eastern Europe, Francis has not been favoring Latin Americans.

Africa and Asia have been favored by Francis. They now have more cardinal electors than ever before. Their percentage of the college has gone up to 12.4 percent each under Francis, from 9.4 percent each at the conclave that elected him. Asia and Africa combined now for the first time have more cardinals than Italy.

But the real revolution in Pope Francis’ selections has been his bypassing traditional cardinalatial sees and simply picking any bishop he likes, even an auxiliary bishop. In the past, only archbishops of major metropolitan sees were selected as cardinals. Some sees had had cardinals so consistently over time that their archbishops were considered shoo-ins for the cardinalate. Francis has ignored this unwritten rule from his first appointments.

It is hard to exaggerate how revolutionary this is. It is certainly the most radical change in the College of Cardinals since the reforms of Paul VI.

Why does it matter? It matters because it gives the pope total freedom to pick whichever bishop he wants to be a cardinal. If he had followed tradition, many of his appointments would have been archbishops appointed by John Paul or Benedict. Most of these men would outlive him and help choose his successor.

Francis consciously chose to bypass them for other bishops, some from “insignificant” sees. He picks the man rather than the see. He looks for bishops who support his own pastoral style and vision for the church. This ensures that those he appoints will be more likely to support continuity at the next conclave, rather than reject the direction in which he is leading the church. It ensures that the conclave will be filled with shepherds who smell like their sheep.

With his latest appointments, Francis will have appointed 40 percent of the college of cardinals, just a little less than the 44 percent appointed by Benedict. The remaining 16 percent are hangovers from John Paul.

Progressive Catholics are undoubtedly cheering the pope on as he chooses new cardinals, while conservatives are gnashing their teeth. I must remind my progressive friends that every change has unintended consequences. If by chance, a conservative pope regained the papacy, he could do the same things Francis is doing now. Or just imagine if John Paul or Benedict had tried the same thing that Francis is doing now.

All of this reminds us that no electoral system is perfect. Over the centuries, the church has made changes in the process of electing popes, and for the last century it has probably been working better than previously. But there are no guarantees. It makes me long for the Coptic system where a young blindfolded boy picks the name of the pope out of a glass urn containing the three nominees.

[Jesuit Fr. Thomas Reese is a senior analyst for NCR and author of Inside the Vatican: The Politics and Organization of the Catholic Church, from which some of the material in this column is taken. His email address is treesesj@ncronline.org.]