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Fue Benedicto XVI quien desbloqueó el proceso de canonización de Romero.

“Fue Benedicto XVI a desbloquear la canonización de Romero”

Revelaciones inéditas de Vincenzo Paglia, postulador de la causa del “obispo de los pobres”. Al descubierto la historia detrás de la decisión de reactivar el camino a los altares de Óscar Romero, tomada en diciembre de 2012 por Joseph Ratzinger

Vincenzo Paglia, postulador de la causa de Romero

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Pubblicato il 15/03/2018
ANDRÉS BELTRAMO ÁLVAREZ
CIUDAD DEL VATICANO

Óscar Romero será santo. Lo aprobó el Papa Francisco. Pero su camino al honor de los altares fue tortuoso y resistido. El arzobispo de El Salvador, asesinado el 24 de marzo de 1981 por los “escuadrones de la muerte” del ejército de su país, se convirtió en un ícono mundial de la defensa de los derechos humanos. Pero la instrumentalización de su figura siempre fue un problema para la Santa Sede, que llegó incluso a bloquear indefinidamente su causa de beatificación.

 

Por primera vez y en entrevista con el Vatican Insider, el postulador de su causa y presidente de la Academia para la Vida del Vaticano, Vincenzo Paglia, revela los motivos que llevaron al bloqueo, primero, y al desbloqueo, después. En 2013, cuando Francisco dio vía libre al avance del proceso, se pensaba que a él se debía la apertura. En realidad, el desbloqueo lo ordenó Benedicto XVI. Esto le permitió a su sucesor beatificarlo en mayo de 2015. Y, menos de tres años después, anunciar su inminente reconocimiento como santo de la Iglesia católica.

 

¿Pensaba que llegaría tan rápido la canonización de Óscar Romero?

Inicialmente no. Con la elección de Francisco pensé que el camino iba a ser más rápido. Fue muy duro, lleno de obstáculos y oposiciones. El mismo Papa, recibiendo a los obispos salvadoreños, llegó a hablar del martirio de Romero después de su muerte. Ahora, con la conclusión de la causa de canonización será propuesto como santo para toda la Iglesia. En todas las ciudades donde he ido, en todos estos años, la espera de esta canonización era extraordinaria.

 

¿Qué aspectos destaca más en la figura del “obispo de los pobres”?

Monseñor Romero es el mártir del Concilio Vaticano II, atestiguó con su sangre lo que el Concilio pide a todos los cristianos de hoy: dar la vida, ser mártires. A algunos hasta derramar su sangre, y lo vemos incluso hoy, a los otros, todos, dar la vida en el propio servicio cotidiano. Romero es el santo del ecumenismo, la Iglesia anglicana en el año 2000 lo puso entre los 10 testigos del siglo XX y también de la sociedad civil porque las Naciones Unidas declararon al 24 de marzo, día de su asesinato, el día de los derechos de la libertad religiosa. Es de los santos de la nueva globalización, que une una perspectiva altamente evangélica y profundamente humana. Lo vuelve de una actualidad increíble.

 

En 2007, en su viaje a Aparecida en Brasil, Benedicto XVI había hablado muy bien de Romero. Luego, en 2013, usted anunció que su causa de beatificación había sido “desbloqueada”. ¿Qué ocurrió en este tiempo?

El Papa Benedicto estaba convencido que Romero era digno de ser beatificado y canonizado. Yo mismo había hablado con él varias veces cuando todavía era prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Por eso, en aquel viaje, él espontáneamente dijo lo que pensaba. La reacción a aquella respuesta fue durísima aquí en Roma. Algunos cardenales hicieron una especie de irrupción violenta al punto de sugerir al Papa dilatar el proceso, detenerlo. Del 2007 hasta el 2012 yo mismo no alcanza a comprender el por qué, considerando que todas las razones que habían motivado el bloqueo en la Doctrina de la Fe habían sido superadas. No existía una explicación.

 

¿Cómo se llegó al desbloqueo?

Recuerdo el episodio. Era el 20 de diciembre del 2012, el Papa Benedicto me había nombrado presidente del Pontificio Consejo para la Familia, un dicasterio que había sido presidido anteriormente por el cardenal Alfonso López Trujillo, uno de los más feroces opositores (a la canonización de Romero). Al término de una audiencia, le manifesté al Papa que consideraba moralmente intensa. Le dije que corríamos el riesgo de pasar a la historia por una injusticia, que era exactamente esta: la causa de beatificación estaba bloqueada por la Doctrina de la Fe, aunque las razones por las cuales había sido detenida habían terminado. Yo no pedía otra cosa, sino que la causa continuase su recorrido ordinario como era previsto en el Código de Derecho Canónico y en las reglas de la Congregación para las Causas de los Santos.

 

Y entonces… ¿qué pasó?

El Papa Benedicto dijo inmediatamente: “Estoy de acuerdo con usted, hay que desbloquearla. Baje inmediatamente, vaya a ver al prefecto de la Congregación y dígale que el Papa pide que sea desbloqueada y después lo escribiré yo mismo”. Faltaba un mes y medio a su renuncia al papado. El gesto me conmovió porque, debo reconocerlo, el desbloqueo se debe a él.

 

Todos pensaban que había sido el Papa Francisco el responsable…

Lo repito, fue el Papa Benedicto. Lo considero uno de sus tantos regalos a la Iglesia.

 

Muchas resistencias surgieron del hecho que Romero quedó en medio de una disputa política en América Latina y había preocupación porque su persona fuese usada por la izquierda hostil a la Iglesia. ¿Fue sólo un problema ideológico?

Estoy convencido que los opositores del proceso de beatificación estaban como bloqueados y guiados por esta instrumentalización de parte de una cierta izquierda. Romero no era un exponente de la Teología de la Liberación más extrema, él lo dijo abiertamente una vez: “Yo soy de la teología de la liberación de Pablo VI, el desarrollo integral del hombre”. De la otra parte existió un silencio en la Iglesia salvadoreña, como si lo hubiesen abandonado, dejado ir.

 

¿Cómo se logró aclarar la posición del obispo?

Fue necesario profundizar el estudio de los documentos, de los textos, comprender las diversas problemáticas sociales, políticas y también espirituales en torno a la figura de Romero, así como en el país, a inicios de los años 80. Todo eso ayudó a aclarar el rol del obispo, sustrayéndola de la instrumentalización de la izquierda e invitando a la Iglesia a hacer de él un testigo de la fe cristiana. En esto fue muy importante san Juan Pablo II. Tras una inicial incomprensión entre ellos, el Papa cambió completamente parecer y pidió afirmar que Romero es de la Iglesia, él mismo me lo solicitó varias veces.

 

¿Aún quedan resabios de esas resistencias?

Me quedé tristemente sorprendido al saber que, en algunas diócesis de El Salvador e incluso a la vigilia de su beatificación, no estaba permitido pronunciar su nombre. Tan grande fue el silencio, culpable según mi punto de vista, de una parte del episcopado salvadoreño. Pero ahora Romero se coloca como una figura que une al país y a América Latina toda. Un obispo que pide a toda la Iglesia latinoamericana volver a la esencia de la predicación evangélica: comunicar el amor con todos, particularmente con los pobres, también combatiendo esos falsos profetas que hoy se ven en algunos grandes líderes de la política, las realidades dramáticas de la violencia de las maras o el engaño de las sectas que siguen presentando una religiosidad de la prosperidad.

 

¿Cuál es el milagro que abrió a la canonización?

Una mujer salvadoreña que en los últimos tiempos de su embarazo iba empeorando en su salud hasta el punto de casi perder el niño y a morir ella misma. Los médicos lograron salvar el bebé con un parto cesáreo, pero se resignaron a la muerte de esta madre. El 24 de mayo de 2015 su marido, cuando Romero fue beatificado y la esposa estaba bastante mal, abriendo una Biblia encontró la imagen del beato y le vino la inspiración de rezarle. Luego, algunos amigos suyos también rezaron. En poquísimos días la señora no sólo no murió, sino que se curó completamente.

 

¿Ya se tiene la fecha de canonización? ¿Será patrono de algún aspecto particular?

El Papa decidirá durante un Consistorio, en el mes de mayo probablemente, la fecha de canonización. Será providencial, si esto ocurre, que la canonización de monseñor Romero se haga junto a Pablo VI, un gran regalo. En cuanto al patronazgo, no existen solicitudes particulares. Con la canonización Romero se convierte en un santo para toda la Iglesia. América Latina ha dado un Papa y ahora ofrecerá este santo a todos, algo que sólo puede rendir honor a este gran pueblo.

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Próxima canonización de Mons. Romero. Previsiones.

Mons. Romero ya cerca a ser formalmente Santo

El pasado 7 de marzo, el papa Francisco autorizó las futuras canonizaciones de los beatos Pablo VI y Mons Romero. La casualidad divina quiso que en el mismo momento fueran aprobadas ambas causas, la suya y la del beato Papa Pablo VI, a quien desde siempre admiró

Patricia Ynestroza – Ciudad del Vaticano

En febrero, el cardenal Gregorio Rosa Chávez decía que el proceso del milagro presentado por la Iglesia salvadoreña en la Congregación para las Causas de los Santos, en el Vaticano, no ha tenido problemas.

El cardenal, ha estado preparando a la población para que ese momento de gracia no sea considerado una anécdota, sino como algo que marque un antes y un después para el país, para el mundo y para la Iglesia.  “Es algo que el pueblo necesita y que va a permitir que tantas cosas que parecen imposibles, se hagan posibles, dijo en esa fecha el purpurado,  la Congregación para las Causas de los Santos ‘produce’ bienaventurados y santos, como la Madre Teresael padre Pío de Pietrelcina, Juan Pablo II, el arzobispo Óscar Romero, por su extraordinario testimonio evangélico, las naves emblemáticas de la Iglesia y de la sociedad están en nuestro tiempo”.

Al referirse al lugar de la canonización, el cardenal reitera el deseo de la Iglesia católica del país de que se haga en El Salvador, pero también matiza que Romero es un santo del mundo y será el papa Francisco quien tendrá la última palabra, “pero las dos opciones tienen muchísimos seguidores”.

El embajador de El Salvador ante la Santa Sede, Manuel Roberto López, expresó la alegría del pueblo salvadoreño apenas se supo la noticia.

Entrevista Embajador El Salvador ante la Santa Sede

Al hablar con el Postulador diocesano Mons. Rafael Urrutia, nos dijo que el milagro que confirmaría la canonización, ya se estaba elaborando desde la ceremonia de beatificación. Cecilia, embarazada de su hijo Luis Carlos, asistió a  esta ceremonia y pidió al neo Beato que pudiera concluir su embarazo con el nacimiento de su hijo.

Entrevista al Postulador diocesano Mons Urrutia

En Roma, desde siempre en marzo y luego en mayo (mes en que fue declarado Beato mons. Romero) la Embajada prepara una serie de eventos para recordar la memoria y carisma del Beato. En esta oportunidad, el 21 de marzo se presentará en el teatro Palladium en Piazza Bartolomeo Romano, zona Garbatella, una obra musical llamada “Romero el musical: Oscar y Marinella, el viaje de la madurez”.

Romero el Musical

“Óscar Arnulfo Romero, arzobispo de San Salvador, asesinado en el altar por su amor al evangelio y a los pobres dijo que ‘la única violencia que el evangelio admite es la que se hace a uno mismo […]’. Es el testimonio continuo de los mártires, cuya sangre es, por lo tanto, una semilla de unidad”.


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Dos nuevos santos, Pablo VI y Romero. Comentario de Vat. Insider

Pablo VI y Romero serán santos juntos

Francisco aprobó los decretos sobre los milagros atribuidos a la intercesión de los dos beatos. Es posible una proclamación común en octubre. Pero, para Romero, sigue existiendo la hipótesis de la JMJ de Panamá

Pablo VI y Romero

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Pubblicato il 07/03/2018
Ultima modifica il 07/03/2018 alle ore 20:03
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

 

Este martes 6 de marzo de 2018, el Papa Francisco autorizó la promulgación de los decretos que reconocen los milagros respectivamente atribuidos a la intercesión del beato Pablo Vi y del beato Óscar Arnulfo Romero, el arzobispo de El Salvador asesinado mientras celebraba la misa. Para el Papa que guió el carro del Concilio y para el pastor mártir que se ha convertido en símbolo de la defensa de los últimos se han abierto las puertas de la canonización. Lo refirió Stefania Falasca en el periódico “Avvenire”. Y se refuerza la hipótesis de una proclamación durante la misma ceremonia en el mes de octubre, al final del Sínodo de los obispos dedicado a los jóvenes.

 

El pasado 6 de febrero, la reunión de los cardenales y obispos del dicasterio expresó unánimemente su parecer favorable, reconociendo el milagro que se debe a la intercesión del Papa de Brescia, es decir el cabal desarrollo de un embarazo de alto riesgo del que nació una niña completamente saludable. El mismo día, los cardenales y obispos aprobaron también el milagro atribuido a Romero, la curación de una mujer que estaba en peligro de muerte debido al parto.

 

Durante las primeras semanas de mayo será el consistorio durante el cual el Papa Francisco anunciará a los cardenales la fecha precisa de la canonización. Es probable que se elija un domingo de octubre, y que la ceremonia se lleve a cabo durante el Sínodo de los obispos (instituido precisamente por Pablo VI como ente para ayudar y asesorar al pontífice), dedicado en esta ocasión a los jóvenes.

 

Pero la canonización de Romero también podría llevarse a cabo en América Latina. Y la celebraría el Pontífice en enero de 2019 en Panamá, durante la Jornada Mundial de la Juventud. Este sería el deseo de los obispos salvadoreños, debido a la importancia del arzobispo mártir en América Latina. El obispo auxiliar de San Salvador, el cardenal Gregorio Rosa Chávez dijo hace un año que la proclamación en Panamá «nos daría el tiempo para trabajar a fondo y obtener eso que yo llamo “el milagro de la paz”».

 

Más allá de las decisiones sobre la fecha y la proclamación conjunta en la misma ceremonia (o dislocada con la proclamación de Romero en su tierra), es evidente la sintonía entre los dos nuevos santos. Pablo VI fue un Papa muy atento ante América Latina. Montini participó en 1968 en la Conferencia general del Episcopado Latinoamericano de Medellín, que decretó la opción preferencial por los pobres, volviendo a llamar la atención sobre páginas importantes de la doctrina social de la Iglesia. No se puede olvidar la importante encíclica “montiniana” «Populorum progressio».

 

Romero, por su parte, actuaba siguendo el magisterio de Pablo VI y la exhortación apostólica «Evangelii nuntiandi», documento todavía actual y fuente de inspiración para el mismo Papa Francisco. El arzobispo mártir conservaba en el corazón el recuerdo del último encuentro con Montini: «Pablo VI me estrechó la mano derecha y la sostuvo largo entre sus manos, y yo también estreché con mis dos manos la mano del Papa». «Comprendo su difícil tarea –le dijo el Papa Montini–, es un trabajo que puede ser incomprendido y requiere mucha paciencia y fortaleza, pero siga adelante con coraje, con paciencia, con fuerza y con esperanza». El Pontífice se refería a las dificultades y a las incomprensiones que vivió Romero en El Salvador, en donde su cercanía evangélica hacia los pobres y su defensa de los últimos era vista como “marxista”.

 

Aunque se lleven a cabo juntas en Roma durante el Sínodo de los obispos de octubre, o por separado (Sínodo y JMJ), las figuras de los dos nuevos santos serán nuevos modelos para la Iglesia, especialmente dedicados a los jóvenes.

 


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Procesos de canonización: nuevos santos próximamente Paulo VI y Mons. Romero.

Paolo VI Giovanni Battista Montini mons.  Óscar Arnolfo Romero Galdámez decretos Papa santosPaolo VI y Mons. Óscar Arnolfo Romero Galdámez serán santos este año 

Pablo VI y Mons. Romero serán santos. El Papa autoriza los decretos

El Santo Padre Francisco ha autorizado a la Congregación para las Causas de los Santos la promulgación de los Decretos concernientes la intercesión de Pablo VI y Mons. Romero. Autorizados también otros decretos

Pablo VI y Óscar Arnulfo Romero serán pronto santos: el Santo Padre Francisco ha recibido ayer en audiencia al Cardenal Angelo Amato, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos y ha autorizado a la Congregación a promulgar los Decretos concernientes los milagros atribuidos a la intercesión del Beato Pablo VI y del Beato Óscar Arnulfo Romero.

Pablo VI

Giovanni Battista Montini, nació en Concesio (Italia) el 26 de septiembre 1897 y falleció en Castel Gandolfo el 6 de agosto 1978.

Óscar Arnulfo Romero

El Santo Padre ha autorizado también el milagro atribuido al Arzobispo de San Salvador, Beato Óscar Arnulfo Romero Galdámez, fallecido mártir por odio a la fe en San Salvador el 24 de marzo de 1980.

Dos sacerdotes italianos

Serán también Santos los Beatos: Francesco Spinelli, Sacerdote diocesano, Fundador del Instituto de las Hermanas Adoratrices del Santísimo Sacramento; nacido en Milán (Italia) el 14 abril 1853 y fallecido en  Rivolta d’Adda el 6 febrero de 1913; Vincenzo Romano, Sacerdote diocesano; nacido en Torre del Greco (Italia) el 3 junio de 1751 y fallecido allí mismo el 20 de diciembre de 1831.

Una santa alemana

El Papa ha autorizado también el milagro atribuido a la intercesión de la Beata María Catalina Kasper, Fundadora del Instituto de las Siervas Pobres de Jesucristo; nacida el 26 mayo de 1820 en Dernbach (Alemania) y allí fallecida el 2 de febrero de 1898.

Una Beata para Paraguay

Sudamérica contará además una nueva Beata: será la Venerable Sierva de Dios María Felicia de Jesús Sacramentado (María Felicia Guggiari Echeverría), Hermana profesa de la Orden de los Carmelitas Descalzos; nacida en Villarica (Paraguay) el 12 de enero de 1925 y fallecida en Asunción el 28 de abril de 1959.

Otros decretos

Los demás decretos autorizados por el Papa Francisco el 6 de marzo, conciernen:

– el martirio de la Sierva de Dios Anna Kolesárová, Laica; nacida en Vysoká nad Uhom (Eslovaquia) el 14 de julio de 1928 y allí asesinada por odio a la Fe el 22 de noviembre de 1944;

– las virtudes heroicas del Siervo de Dios Bernardo Łubieński, Sacerdote profeso de la Congregación del Santísimo Redentor; nacido en Guzów (Polonia) el 9 diciembre de 1846 y fallecido en Varsavia (Polonia) el 10 de setiembre de 1933;

– las virtudes heroicas del Siervo de Dios Cecilio Maria Cortinovis (Antonio Pietro), Religioso profeso de la Orden de los Frailes Menores Capuchinos; nacido en Nespello (Italia) el 7 de noviembre de 1885 y fallecido en Bergamo (Italia) el 10 de abril de 1984;

– las virtudes heroicas de la Sierva de Dios Giustina Schiapparoli, Fundadora de la Congregación de las Hermanas Benedictinas de la Divina Providencia de  Voghera; nacida en Castel San Giovanni (Italia) el 19 de julio de 1819 y fallecida en Voghera (Italia) el 30 de  noviembre de 1877;

– las virtudes heroicas de la Sierva de Dios María Schiapparoli, Fundadora de la Congregación de las Hermanas Benedictinas de la Divina Providencia de  Voghera; nacida en Castel San Giovanni (Italia) el 19 abril de 1815 y fallecida en Vespolate (Italia) el 2 mayo de 1882;

– las virtudes heroicas de la Sierva de Dios María Antonella Bordoni, Laica, de la Tercer Orden de Santo Domingo, Fundadora de la Fraternidad Laica de las Pequeñas Hijas de la Madre de Dios, ahora Pequeñas Hijas de  la Madre de Dios; nacida el 13 octubre de 1916 en Arezzo (Italia) y fallecida en Castel Gandolfo (Italia) el 16 de enero de 1978;


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Tiburcio Arnaiz, proximo Beato jesuita. Biografía

El P. Tiburcio Arnaiz, jesuita puede ser beatificado este año.

Quién era el P. Arnaiz

El padre Tiburcio Arnaiz, jesuita y apóstol del Corazón de Cristo

Tiburcio Arnaiz Muñoz nació en Valladolid el 11 de agosto de 1865, en el seno de una humilde familia de tejedores. Dos días después, sus cristianos padres, Ezequiel y Romualda, lo llevaron a bautizar a la iglesia parroquial de San Andrés, imponiéndole el nombre del santo del día.

Con sólo cinco años quedó huérfano de padre, y su madre hubo de ingeniárselas para educar y sacar adelante a los dos hijos: Gregoria y Tiburcio.

SEMINARISTA Y SACERDOTE

Era un joven vivo, alegre y de buen corazón, cuando entró en el seminario con trece años. Sacó los estudios con bastante aprovechamiento y brillantez porque “tenía talento”, pero advierte un compañero suyo que “era un calavera de estudiante, en el buen sentido de la palabra; no cogía un libro de texto en casa, si acaso lo que pescaba en los claustros del Seminario antes de la clase”.

Para ayudar algo a la precaria economía de su casa ejerció las funciones de sacristán, en el convento de Dominicas de S. Felipe de la Penitencia en el mismo Valladolid. A veces llegaba tarde y las religiosas tenían que avisar a la recadera del convento; la pobre mujer abría, pero después regañaba severamente al seminarista. Tiburcio no protestaba ni contestaba; callado, escuchaba la reprimenda y reconocía su falta, dejando admiradas a las religiosas que comenzaron a vislumbrar su virtud.

Al acercarse la fecha de su Ordenación Sacerdotal, lo notaban serio y encerrado en sí, llegando a preocupar a su madre y hermana. Un día se sinceró con una de las monjas diciéndole: “Piensan en casa que no tengo vocación. Pero lo que me sucede es que cuanto más Ejercicios hago, más temor tengo, porque veo más la dignidad sacerdotal y mi indignidad. Pero cada vez me siento con más vocación”.

Fue ordenado sacerdote el 20 de abril de 1890. Se le confió primero, durante tres años, la parroquia de Villanueva de Duero, en Valladolid, y después, durante nueve, la de Poyales del Hoyo, en Ávila. Las atendió siempre con amorosa solicitud. Cuando hubo de dejar Poyales para entrar en la Compañía de Jesús decía conmovido: “Amo tanto a mi pueblo que no le cambiaría por una mitra; sólo la voz de Dios tiene poder para arrancarme de mi parroquia”.

En estos años había obtenido la licenciatura y el doctorado en Teología, en la ciudad primada de Toledo.

CONVERSIÓN

Como párroco iba pasando los días y los años, trabajando en la viña de Señor y al abrigo de su familia. Sin embargo, Dios lo iba espoleando a mayor entrega, pues en cierta ocasión confesó: “Yo vivía muy a gusto y me daba muy buena vida, pero temía condenarme”. Su pensamiento volaba a la vida religiosa pero veía un obstáculo insuperable en su anciana madre, a quien amaba y veneraba, y él era el único amparo de su vejez. Hasta que un buen día, dispuso Dios llevársela al cielo; la separación le causó tanta pena que su corazón quedó destrozado: “Fue tanto lo que sufrí, que me dije: ya no se me vuelve a morir a mí nadie, porque voy a morir yo a todo lo que no sea Dios”.

Su hermana Gregoria, una noche después de leer el “Año Cristiano”, exclamó derramando lágrimas: “¡Ay Tiburcio, cuántas cosas hicieron los santos por Dios y nosotros qué poco hacemos! ¿Vamos a pasarnos la vida sin hacer nada por Él?, deberíamos irnos cada uno a un convento y allí servir a Dios con perfección lo que nos queda de vida”… Así quedó libre el camino para seguir, cada cual, su particular vocación: ella entró en las Dominicas de S. Felipe, y D. Tiburcio, después de cerciorarse que quedaba “contenta”, con un: “Pues entonces, ¡hasta el cielo!”, la despidió y marchó gozoso a pedir su admisión en la Compañía de Jesús.

ENTRA EN LA COMPAÑÍA DE JESÚS

Corría el año 1902 cuando entró en el noviciado de la Compañía en Granada; Tiburcio tenía 37 años. Desde un principio se dispuso a la práctica de toda virtud. Dos propósitos hizo en este tiempo y los cumplió con exactitud: “No pedir nunca nada y contentarme con lo que me den”, “Nunca me negaré a ningún trabajo, bajo ningún pretexto”. La idea del tiempo perdido y de la edad avanzada, lo espoleaban a buscar ansiosamente la perfección.

Hizo sus primeros votos el 3 de abril, de 1904. Durante este tiempo asimiló admirablemente la espiritualidad ignaciana y comenzó a dirigir tandas de Ejercicios Espirituales; además, se inició en el difícil ministerio de las Misiones Populares.

Antes de marchar a Loyola en 1911, donde hizo lo que se llama la “Tercera Probación” (experiencia con la cual la Compañía de Jesús culminaba la formación de sus miembros), fue destinado a Murcia. Pasó en esta ciudad dos años, entregado a las almas y dirigiéndolas con admirable acierto. “Este Padre es un santo y hace santos”, decían cuantos lo trataban. Allí descubrió la necesidad de acoger a las jóvenes de los campos y pueblecitos inmediatos que venían a servir y que estaban expuestas a mil peligros. Para ellas buscó una casa donde tuvieran, además de albergue y amparo, quien las enseñase a conocer y amar a Dios.

Pasada su estancia de formación en Loyola, y tras unos breves ministerios durante la cuaresma en Canarias y Cádiz, marchó a Málaga donde tuvo lugar su incorporación definitiva a la Compañía de Jesús, pronunciando sus últimos votos el 15 de agosto de 1912.

MINISTERIOS

Su incansable apostolado como misionero popular, director de Ejercicios Espirituales, confesor y director de almas, aunque se extendió por varios puntos de España, se multiplicó en Andalucía: Cádiz, Córdoba, Sevilla, Granada…, y principalmente por toda la diócesis de Málaga, donde tuvo su residencia habitual y desplegó un celo incansable.

Al terminar las misiones volvía el P. Arnaiz a su casa de Málaga y a veces ni subía a la habitación, dejaba el maletín en la portería y “volaba” a visitar enfermos, así, literalmente, porque ocasión hubo en que quisieron seguirlo y no pudieron.

Acudía a las salas de los hospitales pero también a las casas particulares. En estos encuentros personales la caridad del Padre se desbordaba. Una vez una buena señora que pedía limosna en las puertas de las iglesias, al llegar a casa sorprendió al Padre atendiendo a su madre que estaba enferma y repetía admirada: “Es un santo, es un santo. ¡Si le hubieran visto ustedes preparando una yema a mi madre, y con la gracia y agrado con que lo hacía!”.

Su creatividad a la hora de paliar la ignorancia o el sufrimiento humano no conocía límites. En la calle Cañaveral, de la misma ciudad, impulsó la construcción de una casa de acogida para señoras con pocos recursos, con más de treinta viviendas unipersonales. Promovió la apertura de la Librería Católica de Málaga y atendió con sumo interés algunas escuelitas y talleres de gente humilde. También las cárceles eran objeto de sus desvelos; allí, a su paso, “tocaba” el Señor con su predicación y caridad muchos corazones destrozados, algunos de los cuales, al salir, buscaban al Padre para seguir sus consejos y su guía espiritual.

Su influencia benéfica se multiplicaba gracias a un plantel de incondicionales colaboradores que tenía ocupados en los diversos apostolados que se le ocurrían, unos en la ciudad y otros incluso preparándole misiones en los pueblos.

En sus visitas por los barrios marginales, se hizo idea cabal del espíritu hostil a la religión que en ellos reinaba (una vez le llegaron a tirar una rata), y fiel al Evangelio y lleno de compasión por tanta ignorancia, que veía ser la causa de tal animadversión, se dispuso a remediarla.

Los famosos “corralones” eran casas de vecinos donde cada familia únicamente disponía, para su intimidad, de una habitación o dos, alrededor de un gran patio. El Padre alquilaba, o pedía, una de estas estancias y mandaba a algunas de sus dirigidas para tener allí una escuela improvisada; enseñaban a leer y escribir a aquellas gentes, nociones de cultura general, y lo más elemental de nuestra fe: que hay Dios y que nos ama hasta el extremo de dar la vida por nosotros, que tenemos alma, la vida eterna… El Padre se presentaba al cabo de un mes o dos y les predicaba a todos como una Misión; se los ganaba pronto y se hacía sentir la influencia de su santidad, por lo que casi todos se ponían en gracia. Después, solía dejar a alguna mujer piadosa al frente de esta singular escuelita llamada “miga”, para que siguiese enseñando a los niños y sostuviese el fruto logrado. Durante su vida se trabajó así en unos veinte corralones, y el cambio obrado en ellos redundó en beneficio de la vida social de Málaga.

Esta misma forma de evangelización, desarrollada por señoritas que se instalaran temporalmente en los pueblos y cortijadas, fue la Obra más propiamente original del P. Arnaiz y que continúa hasta nuestros días: LA OBRA DE LAS DOCTRINAS RURALES.

MUERTE Y ENTIERRO

A principios de julio de 1926 estaba el P. Arnaiz en Algodonales, predicando una Misión, cuando se encontró extraordinariamente mal dispuesto. El médico diagnosticó bronquitis y pleuritis. Él murmuró expresivo: “Me entrego”.

Fue trasladado a Málaga, y cuando se supo que el P. Arnaiz había llegado en esas condiciones, la ciudad se movilizó, incluso hubo que poner, en sitio visible, el parte médico de cada día.

El 10 de julio le administraron los últimos Sacramentos quedando desde entonces alegre y ansioso por irse al cielo; no podía hablar de otra cosa. “¡Qué hermosísimo es el Corazón de Jesús!… ya le veré pronto… ¡y me hartaré! ¡Qué bueno es! ¡Cuánto nos quiere!… Y la Virgen, ¡vaya si es amable y me quiere!”.

A las 10 de la noche del 18 de julio de 1926, entregaba su alma a Dios.

El duelo por su pérdida fue general. Lo lloraron los humildes y también los de condición económica elevada. Se obtuvo licencia de Roma y del Ministerio de Gobernación para que pudiese ser enterrado en la iglesia del Corazón de Jesús.

Su cadáver fue expuesto a la veneración pública durante tres días. Y todavía, antes de ser inhumado en el crucero derecho del templo, fue llevado por las calles de la ciudad, por donde durante años, había dirigido él la procesión del Corazón de Jesús. Cerró el comercio y el cortejo fúnebre fue presidido por las autoridades religiosas, civiles y militares. Había muerto en olor de santidad.

El santo Obispo de Málaga que lo conocía bien, y presidió la oración fúnebre, definió con gran acierto su personalidad, diciendo del P. Arnaiz que era “un persuadido, un enamorado, un loco de Jesús”.

El P. Arnaiz desde el cielo continúa su labor apostólica y sigue haciendo el bien entre sus devotos, y son muchos los favores y hechos milagrosos que se atribuyen a su intercesión, y numerosas las personas que, diariamente, visitan su sepultura confiándole sus sufrimientos y anhelos.

Aprobación de un  milagro. (Nota del diario La Opinión)

El milagro tuvo lugar en junio de 1994 cuando el malagueño Manuel Antonio Lucena García, de 41 años,sufrió un infarto de miocardio que le mantuvo sin oxigenación alrededor de 10 minutos. Las pruebas radiológicas revelaban importantes daños cerebrales que debían haberse traducido en secuelas físicas o psíquicas.

Por mediación de la hermana del afectado, toda la familia encomendó la total recuperación de Manuel Antonio a la intercesión del Padre Arnaiz. Ante la perplejidad del equipo de cardiología del Hospital Regional Carlos Haya de Málaga, Manuel Antonio Lucena abandona la UCI sin ninguna secuela.

La consulta médica en la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos tenía lugar el pasado 15 de diciembre de 2016 en la que se obtuvo el voto favorable de esta comisiónEl próximo paso en el itinerario de la Causa de Beatificación y Canonización del Padre Arnaiz será establecer la fecha de beatificación que tendrá lugar en la ciudad de Málaga, presumiblemente, en el año 2018.

 
 


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Pablo VI será canonizado en 2018.

Pablo VI llevó a término el Concilio Vaticano II.Pablo VI llevó a término el Concilio Vaticano II. 

El Papa anuncia que Pablo VI será proclamado Santo en 2018

El Santo Padre lo anunció durante su encuentro con los párrocos de Roma aunque aún no se ha establecido la fecha de este gran acontecimiento de la Iglesia Universal

Ciudad del Vaticano

Durante su discurso en el encuentro con los párrocos de Roma que tuvo lugar el jueves 15 de febrero en la Basílica de san Juan de Letrán, el Papa anunció que el Beato Pablo VI será canonizado en 2018. Una gran noticia que no se ha conocido hasta hoy, fecha en la que la Oficina de Prensa de la Santa Sede la ha hecho público.

“Hay dos obispos de Roma (recientes) ya santos (Juan XXIII y Juan Pablo II). Pablo VI será santo este año. Uno está con la causa de beatificación en curso, Juan Pablo I; su causa está abierta”, dijo Francisco y añadió bromenado:  “Y Benedicto y yo, estamos en lista de espera: recen por nosotros”.

Pablo VI será canonizado en 2018

Pablo VI: apóstol incansable de Cristo

Pablo VI, cuyo nombre era Giovanni Battista Montini, ejerció su pontificado entre los años 1963 y 1978 y es recordado por ser el Pontífice que llevó a término el Concilio Vaticano II que había comenzado su predecesor Juan XXIII.

En 1967 creó cardenal a Karol Wojtyla y diez años más tarde a Joseph Ratzinger. Ambos serían luego sus sucesores Juan Pablo II y Benedicto XVI.

El Papa Francisco proclamó beato a Pablo VI en octubre de 2014, definiéndolo en su homilía como “un gran Papa, apóstol incansable, valiente en su humilde y profético testimonios de amor a Cristo y a su Iglesia”.

Se trata de un gran acontecimiento para la Iglesia Universal, para el cual aún no se ha establecido una fecha oficial.


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Próxima canonización de Pablo VI Papa Montini?

Pablo VI será santo; los cardenales aprueban el milagro

La Congregación vaticana aprobó hoy el último paso: el reconocimiento de la curación de un feto. Faltan solamente la decisión final de Francisco y el anuncio de la fecha de la canonización: probablemente en octubre

Pablo VI

Pubblicato il 06/02/2018
Ultima modifica il 06/02/2018 alle ore 19:21
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

Dentro de poco Pablo VI será santo. La reunión de los obispos y cardenales de la Congregación de los Santos aprobó unánimemente el reconocimiento de un milagro atribuido a la intercesión de Giovanni Battista Montini. Solamente faltan la aprobación de Francisco y el anuncio de la fecha para la canonización del Pontífice de Brescia que falleció en Castel Gandolfo hace cuarenta años (en el mes de agosto).

 

El milagro que servirá para la aureola de Pablo VI tiene que ver con la curación de una niña que no había nacido, se encontraba en el quinto mes de desarrollo. Un caso que fue estudiado por la postulación de la causa en 2014. La madre, de la provincia de Verona, Italia, tenía un embarazo difícil y corría el riesgo de abortar por una patología que habría podido comprometer la vida del feto y de la madre. Pocos días después, la beatificación del Papa Montini, el 19 de octubre de 2014, la mujer fue a rezarle al nuevo beato al Santuario de las Gracias. La niña nació sin problemas de salud, y así continúa.

 

El presunto milagro fue estudiado por la Congregación para las Causas de los Santos. La imposibilidad para explicar la curación fue atestada el año pasado por la Consulta médica del dicasterio y después fue analizada y aprobada por los teólogos. El último paso era el que se ha dado hoy durante la reunión cardenalicia. Ahora el cardenal Prefecto, Angelo Amato, llevará el voto de los obispos y cardenales al Papa Francisco. La decisión final, evidentemente, será suya. Bergoglio anunciará en un Consistorio la fecha de la canonización, que será celebrada en Roma probablemente en octubre, durante el Sínodo de los jóvenes.

 

En diciembre del año pasado, la revista diocesana de Brescia incluso lanzó la hipótesis de una posible fecha: «En este punto la certeza es casi más que una esperanza. El mes de octubre podría ser el adecuado. Del 3 al 28 de octubre se celebrará en Roma la XV Asamblea ordinaria del Sínodo de los obispos sobre los jóvenes y llegarán al Vaticano religiosos de todo el mundo. ¿Qué mejor ocasión para canonizar, después de a san Juan Pablo II, ante una porción tan consistente del colegio episcopal, al otro Pontífice del Concilio Ecuménico Vaticano II? Sería probable en uno de los primeros tres domingos de octubre, aunque la fecha más confiable podría ser la del 21» de ese mes.

 

El Papa Montini, que nació en 1897 y falleció en 1978, fue el Pontífice que llevó a término el Concilio Ecuménico Vaticano II y logró a cerrarlo prácticamente con la unanimidad de los consensos sobre los documentos votados. Inauguró también la época de los viajes apostólicos en el mundo, vivió los años de la crisis post-conciliar. Al beatificarlo, Francisco, que a menudo cita el magisterio montiniano, dijo: «En este día de la beatificación del Papa Pablo VI, me vuelven a la memoria sus palabras, con las que instituyó el Sínodo de los obispos: “Escrutando atentamente los signos de los tiempos, tratemos de adaptar las vías y los métodos a las crecidas necesidades de nuestros días y a las condiciones mutadas de la sociedad”».

 

Bergoglio agradeció a Pablo VI por su «humilde y profético testimonio de amor a Cristo y a su Iglesia» y recordó que «el gran timonel del Concilio, después de la clausura del encuentro conciliar, escribió: “Tal vez el Señor me ha llamado y me tiene en este servicio no tanto porque yo tenga alguna actitud, o para que yo gobierne o salve a la Iglesia de sus presentes dificultades, sino para que yo sufra algo por la Iglesia, y que quede claro que Él, y no otros, la guía y la salva”. En esta humildad, concluyó Francisco en esa ocasión, «resplandece la grandeza del beato Pablo VI que, mientras se perfilaba una sociedad secularizada y hostil, supo conducir con sabiduría clarividente (y a veces en soledad) el timón de la barca de Pedro sin perder nunca la alegría y la confianza en el Señor».