Loiola XXI

Lugar de encuentro abierto a seguidor@s de S. Ignacio de Loyola esperando construir un mundo mejor


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Procesos de canonización. Juan Pablo I y otros candidatos.

  Promulgación de decretos de la Congregación para las Causas de los Santos

Ayer,  8 de noviembre de 2017, el Santo Padre Francisco recibió en audiencia a Su Eminencia el cardenal Angelo Amato, S.D.B., prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos. Durante la audiencia, el Sumo Pontífice autorizó a la misma Congregación a promulgar los Decretos relativos a: – el martirio del Siervo de Dios János Brenner, sacerdote diocesano; nacido el 27 de diciembre de 1931 en Szombathely (Hungría) y asesinado en odio a la fe el 15 de diciembre de 1957 en Rabakethely (Hungría). – el martirio de la Sierva de Dios Leonella Sgorbati (en el  siglo: Rosa), religiosa profesa del  Instituto de las Misioneras de la Consolata; nacida el 9 de diciembre de 1940 en Rezzanello di Gazzola (Italia) y asesinada por  odio  a la fe el 17 de febrero de 2006 en Mogadiscio (Somalia). – las virtudes heroicas del beato Bernhard von  Baden, marqués de Baden; nacido entre finales de 1428 y principios de 1429 en el castillo de Hohenbaden (Alemania) y fallecido  el 15 de julio de 1458 en Moncalieri (Italia). – las virtudes heroicas del Siervo de Dios Juan Pablo  I (Albino Luciani), Sumo Pontífice; nacido el 17 de octubre de 1912 en Forno di Canale, hoy Canale d’Agordo (Italia) y fallecido  el 28 de septiembre de 1978 en el Palacio Apostólico en el Vaticano. – las virtudes heroicas del Siervo de Dios Gregorio Fioravanti (en el siglo Ludovico ), sacerdote profeso de la Orden de los Hermanos Menores, fundador de la congregación de las Franciscanas Misioneras del Sagrado Corazón; nacido en Grotte di Castro (Italia) el 24 de abril de 1822 y fallecido  en Gemona (Italia) el 23 de enero de 1894. – las virtudes heroicas del Siervo de Dios Tomás Morales Pérez, sacerdote de la Compañía de Jesús, fundador de los Institutos Seculares Cruzados y Cruzadas de Santa María ; nacido  en Macuto (Venezuela) el 30 de octubre de 1908 y fallecido  el 1 de octubre de 1994 en Alcalá de Henares (España). – las virtudes heroicas del Siervo de Dios Marcellino da Capradosso (en el siglo Giovanni Maoloni), laico profeso de la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos; nacido el 22 de septiembre de 1873 en Villa Sambuco di Castel di Lama (Italia) y fallecido  el 26 de febrero de 1909 en Fermo (Italia). – las virtudes heroicas de la Sierva de Dios Teresa Fardella, viuda de Blasi, fundadora del Instituto de las Hermanas Pobres, Hijas de María Santísima Coronada; nacida en Nueva York (Estados Unidos) el 24 de mayo de 1867 y fallecida  el 26 de agosto de 1957 en Trapani (Italia).

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Vaticano. Ceremonia de canonización. Homilía del Papa

El Papa en la misa de canonizaciones: «Dios nos invita a celebrar la fiesta del amor con Él»

 

 

“El Señor nos desea, nos busca y nos invita, y no se conforma con que cumplamos bien los deberes u observemos sus leyes, sino que quiere que tengamos con él una verdadera comunión de vida”, lo dijo el Papa Francisco en su homilía de la misa del domingo 15 de octubre, tras canonizar a un numeroso grupo de beatos en la Plaza de San Pedro, sintetizando así el mensaje central del Evangelio de San Mateo, en el que Jesús explica a qué se parece el Reino de los Cielos, mediante la parábola del Banquete de Bodas. Mt (22,1-14).

“En  esta paráblola, los invitados somos todos nosotros. Las bodas inauguran la comunión de toda la vida y ésto es lo que Dios desea realizar y celebrar con cada uno de nosotros”, explicó el Santo Padre recordando que precisamente en ésto consiste la vida cristiana: una historia de amor con Dios, donde el Señor toma la iniciativa gratuitamente y donde ninguno puede vanagloriarse de tener la invitación en exclusiva, ya que “ninguno es un privilegiado con respecto de los demás, sino que cada uno es un privilegiado ante Dios”.

Haciendo referencia a este amor gratuito, tierno y privilegiado, que nos propone Dios, donde nace y renace siempre la vida cristiana, el Pontífice señaló que el Señor del amor “espera una respuesta de amor”, pero al mismo tiempo “nos deja libres” para decidir qué responderle.

Y en ese sentido el Evangelio nos pone en guardia puesto que la invitación puede ser rechazada. “Muchos respondieron que no, a la invitación del banquete de bodas, porque estaban sometidos a sus propios intereses”, explicó el Obispo de Roma, indicando que actuando de esta manera, se “da la espalda al amor”, no por maldad, sino porque se prefiere lo propio: las seguridades, la autoafirmación, las comodidades. “Todo depende del yo, de lo que me parece, de lo que me sirve, de lo que quiero; y se acaba siendo personas rígidas, que reaccionan de mala manera por nada, como los invitados en el Evangelio, que fueron a insultar e incluso a asesinar (cf. v. 6) a quienes llevaban la invitación, sólo porque los incomodaban”.

“El Evangelio nos pregunta por tanto, de qué parte estamos: ¿de la parte del yo o de la parte de Dios? Porque Dios es lo contrario al egoísmo, a la autorreferencialidad”, expresó el Papa. “Él, tal y como nos dice el Evangelio, ante los continuos rechazos que recibe, ante la cerrazón hacia sus invitados, sigue adelante, no pospone la fiesta. No se resigna, sino que sigue invitando. “Frente a los «no», no da un portazo, sino que incluye aún a más personas. Dios, frente a las injusticias sufridas, responde con un amor más grande”. Porque así actúa el amor; porque sólo así se vence el mal”, expresó el Santo Padre haciendo hincapié en que cada día este Dios, que no pierde nunca la esperanza, nos invita a obrar como él, a vivir con un amor verdadero, a superar la resignación y los caprichos de nuestro yo susceptible y perezoso.

Finalmente, haciendo mención al aspecto del vestido de los invitados, Francisco sugirió que el “hábito espiritual” con el que nos presentamos a este banquete del Señor es fundamental: ya que se necesita vestir un hábito que nazca como fruto del amor vivido diariamente. “Tenemos necesidad de revestirnos cada día de su amor, de renovar cada día la elección de Dios”, añadió el Vicario de Cristo, poniendo como ejemplo a los santos recién canonizados. “Pidámos a estos santos, que por su intercesión, recibamos la gracia de elegir y llevar cada día este vestido, y de mantenerlo limpio. ¿Cómo hacerlo? Ante todo, acudiendo a recibir el perdón del Señor sin miedo: este es el paso decisivo para entrar en la sala del banquete de bodas y celebrar la fiesta del amor con él”, concluyó el Papa.

(SL-RV)

Audio y texto completo de la homilía del Santo Padre

La parábola que hemos escuchado nos habla del Reino de Dios como un banquete de bodas (cf. Mt 22,1-14). El protagonista es el hijo del rey, el esposo, en el que resulta fácil entrever a Jesús. En la parábola no se menciona nunca a la esposa, pero sí se habla de muchos invitados, queridos y esperados: son ellos los que llevan el vestido nupcial. Esos invitados somos nosotros, todos nosotros, porque el Señor desea «celebrar las bodas» con cada uno de nosotros. Las bodas inauguran la comunión de toda la vida: esto es lo que Dios desea realizar con cada uno de nosotros. Así pues, nuestra relación con Dios no puede ser sólo como la de los súbditos devotos con el rey, la de los siervos fieles con el amo, o la de los estudiantes diligentes con el maestro, sino, ante todo, como la relación de la esposa amada con el esposo. En otras palabras, el Señor nos desea, nos busca y nos invita, y no se conforma con que cumplamos bien los deberes u observemos sus leyes, sino que quiere que tengamos con él una verdadera comunión de vida, una relación basada en el diálogo, la confianza y el perdón.

La vida cristiana es una historia de amor con Dios

Esta es la vida cristiana, una historia de amor con Dios, donde el Señor toma la iniciativa gratuitamente y donde ninguno de nosotros puede vanagloriarse de tener la invitación en exclusiva; ninguno es un privilegiado con respecto de los demás, pero cada uno es un privilegiado ante Dios. De este amor gratuito, tierno y privilegiado nace y renace siempre la vida cristiana. Preguntémonos si, al menos una vez al día, manifestamos al Señor nuestro amor por él; si nos acordamos de decirle cada día, entre tantas palabras: «Te amo Señor. Tú eres mi vida». Porque, si se pierde el amor, la vida cristiana se vuelve estéril, se convierte en un cuerpo sin alma, una moral imposible, un conjunto de principios y leyes que hay que mantener sin saber porqué. En cambio, el Dios de la vida aguarda una respuesta de vida, el Señor del amor espera una respuesta de amor. En el libro del Apocalipsis, se dirige a una Iglesia con un reproche bien preciso: «Has abandonado tu amor primero» (2,4). Este es el peligro: una vida cristiana rutinaria, que se conforma con la «normalidad», sin vitalidad, sin entusiasmo, y con poca memoria. Reavivemos en cambio la memoria del amor primero: somos los amados, los invitados a las bodas, y nuestra vida es un don, porque cada día es una magnífica oportunidad para responder a la invitación.

Todos somos invitados “al banquete del Señor”

Pero el Evangelio nos pone en guardia: la invitación puede ser rechazada. Muchos invitados respondieron que no, porque estaban sometidos a sus propios intereses: «Pero ellos no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios», dice el texto (Mt 22,5). Una palabra se repite: sus; es la clave para comprender el motivo del rechazo. En realidad, los invitados no pensaban que las bodas fueran tristes o aburridas, sino que sencillamente «no hicieron caso»: estaban ocupados en sus propios intereses, preferían poseer algo en vez de implicarse, como exige el amor. Así es como se da la espalda al amor, no por maldad, sino porque se prefiere lo propio: las seguridades, la autoafirmación, las comodidades… Se prefiere apoltronarse en el sillón de las ganancias, de los placeres, de algún hobby que dé un poco de alegría, pero así se envejece rápido y mal, porque se envejece por dentro; cuando el corazón no se dilata, se cierra. Y cuando todo depende del yo ―de lo que me parece, de lo que me sirve, de lo que quiero― se acaba siendo personas rígidas y malas, se reacciona de mala manera por nada, como los invitados en el Evangelio, que fueron a insultar e incluso a asesinar (cf. v. 6) a quienes llevaban la invitación, sólo porque los incomodaban.

Dios nunca pierde la esperanza de que aceptemos su invitación

Entonces el Evangelio nos pregunta de qué parte estamos: ¿de la parte del yo o de la parte de Dios? Porque Dios es lo contrario al egoísmo, a la autorreferencialidad. Él –nos dice el Evangelio―, ante los continuos rechazos que recibe, ante la cerrazón hacia sus invitados, sigue adelante, no pospone la fiesta. No se resigna, sino que sigue invitando. Frente a los «no», no da un portazo, sino que incluye aún a más personas. Dios, frente a las injusticias sufridas, responde con un amor más grande. Nosotros, cuando nos sentimos heridos por agravios y rechazos, a menudo nutrimos disgusto y rencor. Dios, en cambio, mientras sufre por nuestros «no», sigue animando, sigue adelante disponiendo el bien, incluso para quien hace el mal. Porque así actúa el amor; porque sólo así se vence el mal. Hoy este Dios, que no pierde nunca la esperanza, nos invita a obrar como él, a vivir con un amor verdadero, a superar la resignación y los caprichos de nuestro yo susceptible y perezoso.

Vestir el “hábito del amor” para asistir al banquete

El Evangelio subraya un último aspecto: el vestido de los invitados, que es indispensable. En efecto, no basta con responder una vez a la invitación, decir «sí» y ya está, sino que se necesita vestir un hábito, se necesita el hábito de vivir el amor cada día. Porque no se puede decir «Señor, Señor» y no vivir y poner en práctica la voluntad de Dios (cf. Mt 7,21). Tenemos necesidad de revestirnos cada día de su amor, de renovar cada día la elección de Dios. Los santos hoy canonizados, y sobre todo los mártires, nos señalan este camino. Ellos no han dicho «sí» al amor con palabras y por un poco de tiempo, sino con la vida y hasta el final. Su vestido cotidiano ha sido el amor de Jesús, ese amor de locura con que nos ha amado hasta el extremo, que ha dado su perdón y sus vestiduras a quien lo estaba crucificando. También nosotros hemos recibido en el Bautismo una vestidura blanca, el vestido nupcial para Dios. Pidámosle, por intercesión de estos santos hermanos y hermanas nuestros, la gracia de elegir y llevar cada día este vestido, y de mantenerlo limpio. ¿Cómo hacerlo? Ante todo, acudiendo a recibir el perdón del Señor sin miedo: este es el paso decisivo para entrar en la sala del banquete de bodas y celebrar la fiesta del amor con él.


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Jesuita sacerdote beatificado en Irlanda.

Papa Francisco da gracias a Dios por beatificación de sacerdote jesuita en Irlanda

Por Miguel Pérez Pichel

Misa de beatificación del Beato John Sullivan / Foto: Conferencia Episcopal de Irlanda

Misa de beatificación del Beato John Sullivan / Foto: Conferencia Episcopal de Irlanda

VATICANO, 14 May. 17 / 06:46 am (ACI).- El Papa Francisco dio las gracias, durante el rezo del Regina Coeli en el Vaticano, por la beatificación el sábado 13 de mayo, día de la Virgen de Fátima, del sacerdote jesuita irlandés John Sullivan.

“Ayer, en Dublín, fue proclamado Beato el sacerdote jesuita John Sullivan. Vivió en Irlanda entre los siglos XIX y XX, dedicó la vida a la enseñanza y a la formación espiritual de los jóvenes, y era amado como un padre por los pobres y los enfermos. Demos gracias a Dios por su testimonio”.

El Beato Sullivan, converso del protestantismo, fue reconocido por su dedicada labor con los pobres y los afligidos.

La ceremonia de beatificación tuvo lugar en la iglesia de San Francisco Javier de Dublín, presidida por el Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, Cardenal Angelo Amato. Concelebró la Eucaristía el Arzobispo de Dublín y Primado de Irlanda, Cardenal Diarmuid Martin.

“Los testigos en los procesos diocesanos a menudo repetían que el P. Sullivan era ‘un pobre entre los pobres’, ‘la personificación del espíritu de pobreza’. Aunque provenía de una familia rica, una vez que se convirtió en religioso, se olvidó de las comodidades y se contentó con lo que era puramente necesario. Fiel al voto de pobreza, dio inmediatamente a los demás todo don que recibió”, dijo en su homilía el Cardenal Amato.

Durante la Misa fue desvelado un gran retrato del Beato John Sullivan, y una reliquia de sus cabellos fue llevada al altar.

Después de la ceremonia hubo tiempo para la oración y reflexión, durante la cual los cientos de personas hicieron fila para recibir una bendición de la cruz del nuevo beato.


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Fátima: homilía del Papa en la ceremonia de canonización.

 

MISA CON EL RITO DE CANONIZACIÓN
DE LOS BEATOS FRANCISCO MARTO Y JACINTA MARTO

HOMILÍA DEL SANTO PADRE

Atrio del Santuario de Fátima
Sábado 13 de mayo de 2017

“Vió en el cielo: una mujer vestida del sol», dice el vidente de Patmos en el Apocalipsis (12,1), señalando además que ella estaba a punto de dar a luz a un hijo. Después, en el Evangelio, hemos escuchado cómo Jesús le dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre» (Jn 19,27). Tenemos una Madre, una «Señora muy bella», comentaban entre ellos los videntes de Fátima mientras regresaban a casa, en aquel bendito 13 de mayo de hace cien años. Y, por la noche, Jacinta no pudo contenerse y reveló el secreto a su madre: «Hoy he visto a la Virgen». Habían visto a la Madre del cielo. En la estela de luz que seguían con sus ojos, se posaron los ojos de muchos, pero…estos no la vieron. La Virgen Madre no vino aquí para que nosotros la viéramos: para esto tendremos toda la eternidad, a condición de que vayamos al cielo, por supuesto.

Pero ella, previendo y advirtiéndonos sobre el peligro del infierno al que nos lleva una vida ―a menudo propuesta e impuesta― sin Dios y que profana a Dios en sus criaturas, vino a recordarnos la Luz de Dios que mora en nosotros y nos cubre, porque, como hemos escuchado en la primera lectura, «fue arrebatado su hijo junto a Dios» (Ap 12,5). Y, según las palabras de Lucía, los tres privilegiados se encontraban dentro de la Luz de Dios que la Virgen irradiaba. Ella los rodeaba con el manto de Luz que Dios le había dado. Según el creer y el sentir de muchos peregrinos —por no decir de todos—, Fátima es sobre todo este manto de Luz que nos cubre, tanto aquí como en cualquier otra parte de la tierra, cuando nos refugiamos bajo la protección de la Virgen Madre para pedirle, como enseña la Salve Regina, «muéstranos a Jesús».

Queridos Peregrinos, tenemos una Madre, tenemos una Madre! Aferrándonos a ella como hijos, vivamos de la esperanza que se apoya en Jesús, porque, como hemos escuchado en la segunda lectura, «los que reciben a raudales el don gratuito de la justificación reinarán en la vida gracias a uno solo, Jesucristo» (Rm 5,17). Cuando Jesús subió al cielo, llevó junto al Padre celeste a la humanidad ―nuestra humanidad― que había asumido en el seno de la Virgen Madre, y que nunca dejará. Como un ancla, fijemos nuestra esperanza en esa humanidad colocada en el cielo a la derecha del Padre (cf. Ef 2,6). Que esta esperanza sea el impulso de nuestra vida. Una esperanza que nos sostenga siempre, hasta el último suspiro.

Con esta esperanza, nos hemos reunido aquí para dar gracias por las innumerables bendiciones que el Cielo ha derramado en estos cien años, y que han transcurrido bajo el manto de Luz que la Virgen, desde este Portugal rico en esperanza, ha extendido hasta los cuatro ángulos de la tierra. Como un ejemplo para nosotros, tenemos ante los ojos a san Francisco Marto y a santa Jacinta, a quienes la Virgen María introdujo en el mar inmenso de la Luz de Dios, para que lo adoraran. De ahí recibían ellos la fuerza para superar las contrariedades y los sufrimientos. La presencia divina se fue haciendo cada vez más constante en sus vidas, como se manifiesta claramente en la insistente oración por los pecadores y en el deseo permanente de estar junto a «Jesús oculto» en el Sagrario.

En sus Memorias (III, n.6), sor Lucía da la palabra a Jacinta, que había recibido una visión: «¿No ves muchas carreteras, muchos caminos y campos llenos de gente que lloran de hambre por no tener nada para comer? ¿Y el Santo Padre en una iglesia, rezando delante del Inmaculado Corazón de María? ¿Y tanta gente rezando con él?». Gracias por haberme acompañado. No podía dejar de venir aquí para venerar a la Virgen Madre, y para confiarle a sus hijos e hijas. Bajo su manto, no se pierden; de sus brazos vendrá la esperanza y la paz que necesitan y que yo suplico para todos mis hermanos en el bautismo y en la humanidad, en particular para los enfermos y los discapacitados, los encarcelados y los desocupados, los pobres y los abandonados. Queridos hermanos: pidamos a Dios, con la esperanza de que nos escuchen los hombres, y dirijámonos a los hombres, con la certeza de que Dios nos ayuda.

En efecto, él nos ha creado como una esperanza para los demás, una esperanza real y realizable en el estado de vida de cada uno. Al «pedir» y «exigir» de cada uno de nosotros el cumplimiento de los compromisos del propio estado (Carta de sor Lucía, 28 de febrero de 1943), el cielo activa aquí una auténtica y precisa movilización general contra esa indiferencia que nos enfría el corazón y agrava nuestra miopía. No queremos ser una esperanza abortada. La vida sólo puede sobrevivir gracias a la generosidad de otra vida. «Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto» (Jn 12,24): lo ha dicho y lo ha hecho el Señor, que siempre nos precede. Cuando pasamos por alguna cruz, él ya ha pasado antes. De este modo, no subimos a la cruz para encontrar a Jesús, sino que ha sido él el que se ha humillado y ha bajado hasta la cruz para encontrarnos a nosotros y, en nosotros, vencer las tinieblas del mal y llevarnos a la luz.

Que, con la protección de María, seamos en el mundo centinelas que sepan contemplar el verdadero rostro de Jesús Salvador, que brilla en la Pascua, y descubramos de nuevo el rostro joven y hermoso de la Iglesia, que resplandece cuando es misionera, acogedora, libre, fiel, pobre de medios y rica de amor.


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El proceso de canonización dela Hermana Lucía de Fátima.

HERMANA LUCÍA MÁS PRÓXIMA DE LA BEATIFICACIÓN

13 de enero, 2017

Irmã Lúcia nos Valinhos

Hermana Lucía más próxima de la beatificación

Rector del Santuario de Fátima pide oración a los peregrinos

 

La fase diocesana del proceso de canonización de la Hermana Lucía (1907-2005), una de las tres videntes de Fátima, llegó a su fin, pasando ahora a ser competencia directa de la Santa Sede y del Papa.

El anuncio fue hecho en un comunnicado por la Diócesis de Coimbra, publicado en el periódico diocesano “Correo de Coimbra”, en cuyo territorio murió la religiosa y se dió la apertura del proceso, el 30 de abril de 2008, por decisión de su obispo de entonces, D. Albino Cleto.

La nota de la diócesis informa que la sesión de clausura de la Investigación Diocesana del Proceso de Beatificación y Canonización de la Sierva de Dios Lucía de Jesús se realizará el 13 de febrero, en el Carmelo de Santa Teresa de Coimbra.

“La referida Investigación Diocesana reúne todos los escritos de la Hermana Lucía, los testimonios de los (60) testigos oídos acerca de la fama de santidad y de las virtudes heroicas” de la ya declarada Sierva de Dios.

Después de la Sesión de Clausura, todo el material recogido será entregado en la Congregación de las Causas de los Santos, en Roma, que dará el adecuado seguimiento, de acuerdo con las normas establecidas por la Iglesia.

La parte inicial de la causa de canonización de la Hermana Lucía comenzó en 2008, tres años después de su muerte, después de que el ahora Papa emérito Benedicto XVI hubiera concedido una dispensa en relación al periodo de espera estipulado por el Derecho Canónico (cinco años).

En declaraciones a la Sala de Prensa del Santuario el rector, P. Carlos Cabecinhas, dice que recibió la noticia con “mucha alegría” y que esta alegría “responsabiliza al Santuario y a sus peregrinos en la que es su tarea primordial, la oración”.

“El desafío que dejo a todos es que recen para que el proceso llegue a su término lo más rápido posible”, dijo el rector del Santuario de Fátima afirmando que “todos somos conscientes de la importancia de la Hermana Lucía, la vidente que vivió más años; su fama de santidad y aquello que se espera es que podamos apoyar con nuestra oración un proceso complejo pero que estamos seguros tendrá buen acogimiento”.

En declaraciones a la Sala de Prensa del Santuario de Fátima, también la vice-postuladora de la causa de canonización de la Hermana Lucía, afirmó que el proceso se retrasó algunos años por “causa de la cantidad de documentos dejados y la necesidad de trabajarlos bien”.

“Cada página que la Hª Lucía escribió tuvo que ser minuciosamente analizada y estamos hablando de un universo de 10 mil cartas que conseguimos recoger y de un diario con 2000 páginas además de otros textos más personales”, afirmó la Hª Angela Coelho, que es también postuladora de la causa de canonización de los pastorcitos Beatos Jacinta y Francisco Marto, los hermanos que, junto con Lucía, según el testimonio reconocido por la Iglesia Católica, presenciaron las apariciones de la Virgen María en Cova de Iria, entre mayo y octubre de 1917.

Según esta responsable, en el proceso para la beatificación de la Hermana Lucía hay que tener en cuenta que se está ante la presencia de “una mujer que vivió casi 98 años, que se escribió con Papas, desde Pío XII hasta Juan Pablo II, con cardenales, obispos” y con muchas otras personas.

“Analizar todo esto ralentiza el tiempo para poder tratar con el rigor necesario en estas causas”, precisó, destacando también un conjunto de testigos que fueron oídos.

“Estoy, por eso, muy feliz con la conclusión de esta etapa”, destacó subrayando que “la fama de santidad y fama de señas en la Hª Lucía son muy consistentes”.

En esta fase diocesana trabajaron a tiempo completo cerca de tres decenas de personas, 18 de ellas testigos y 8 elementos en la Comisión histórica.

La Hermana Lucía de Jesús (1907-2005) vivió como carmelita y se encuentra enterrada en la Basílica de Nuestra Señora del Rosario, en el Santuario de Fátima, desde 2011.

Fue una de los tres niños que entre mayo y octubre de 1917 testimoniaron seis apariciones de Nuestra Señora en Cova de Iria, según sus relatos, reconocidos por la Iglesia Católica.

Concluída la fase diocesana del proceso de beatificación, va a ser elaborado a `positio´, un compendio de los relatos y estudios realizados por la comisión jurídica, por un escritor nombrado por la Congregación para la Causa de los Santos (Santa Sede).

A los obispos diocesanos compete el derecho de investigar acerca de la vida, virtudes y fama de santidad, milagros aducidos, y también, si fuera el caso, del culto antiguo del fiel, cuya canonizacón se pide.

Esta recopilación de informaciones se envía a la Santa Sede: si el examen de los documentos es positivo, el “siervo de Dios” es proclamado “venerable”.

La segunda etapa del proceso consiste en el examen de los milagros atribuídos a la intercesión del “venerable”; si uno de estos milagros es considerado auténtico, el “venerable” es considerado “beato”.

Cuando después de la beatificación se verifica otro milagro debidamente reconocido, el beato es proclamado “santo”.

La canonización, acto reservado al Papa, es la confirmación por parte de la Iglesia de que un fiel católico es digno de culto público universal (en el caso de los beatos, el culto es diocesano) y ser presenta a los fieles como intercesor y modelo de santidad.

La Sesión de Clausura, abierta a la participación de los fieles, que se realiza en el Carmelo de Santa Teresa, en Coimbra, el próximo día 13, comienza a las 17:00 h con la sesión de clausura, siguiéndose una Misa de acción de gracias. A la noche, alrededor de las 21:30, tendrá lugar el concierto “Mi camino” con el Coro Sinfónico Lisboa Cantata, el Coro Infantil del Conservatorio Regional de Coimbra y la Orquesta Clásica del Centro, en la Sede Nueva de Coimbra.


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Fatima: programa de la visita del Papa Francisco.

 

El programa del viaje del papa Francisco al santuario de Nuestra Señora de Fátima el sábado 12 y el domingo 13 de mayo,  con motivo del centenario de las apariciones marianas.

En total el Papa tendrá cuatro alocuciones y las hará en portugués

 12 de mayo

14:00 Salida de Fiumicino hacia Portugal
16:00 Aterriza en la Base aérea de Monte Real. Tres horas de viaje menos una de diferencia de huso horario.
Ceremonia de bienvenida. Presidente Marcelo Rebelo de Sousa, con quien se encontró el pasado 17 de marzo
 Visita a la capilla de la base y del Santísimo y deja un don.

17:20 En helicóptero al estadio de Fátima.
18:00 Preside oración en la Capilla de las Apariciones- Primer discurso. Ofrece un don a la Virgen de Fátima, y dará una bendición final.
20:00 El Santo Padre va a cenar.
21:00, Realiza la bendición de las velas y preside el santo rosario.
22:10 Misa presidida por el cardenal Pietro Parolin

El Papa descansa el la Casa del Carmen

Sábado 13 de mayo
9:15 En la Casa del Carmen audiencia al primer ministro del país, António Luís Santos da Costa.
9:30  Saludará a un sacerdote portugués de 104 años.
Visita a la basílica de Nuestra Señora del Rosario de Fátima.
donde están las sepulturas de los tres pastorcitos de Fátima, Lucía, Jacinta y Francisco.
10:00  El Santo Padre preside la misa en la explanada del Santuario. Hace la homilía
y al concluir da la bendición con el Santísimo y saluda a los enfermos,  a quienes dirige unas palabras.
Se espera la presencia de varios cientos de miles de peregrinos.
12:00 El Pontífice almuerza con los obispos,
13:45 Hace un recorrido con el Papamóvil para saludar a los fieles. Después en auto se va al aeropuerto
Retorna hacia Roma.
Francisco será el cuarto pontífice que visita el Santuario, después de Pablo VI en 1969; Juan Pablo II en 1982, 1991 y 2000: y Benedicto XVI en el 2010.


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Niños y adolescentes entre los próximos nuevos santos.

Los Santos niños de México a Fátima, “testigos de verdad”

Se confirma el 13 de mayo la canonización de los dos “pastorinhos”. El 15 de octubre serán santos tres indígenas adolescentes mexicanos y 30 mártires brasileños. El cardenal Amato: «Un signo para los niños y adolescentes objeto de explotación y cosificación»

Los pastorcillos de Fátima Francisco yJGiacinta Marto y Lucia dos Santos

Pubblicato il 20/04/2017
Ultima modifica il 20/04/2017 alle ore 16:14
SALVATORE CERNUZIO
CIUDAD DEL VATICANO

A los 11 y a los 9 años, Francisco y Jacinta Marto, los dos “pastorinhos” analfabetas de Fátima a los que se les apareció la “Señora”, la Virgen María, en la Cova da Iria, probablemente no habrían imaginado que in día la Iglesia los habría proclamado Santos. Papa Francisco los canonizará el próximo 13 de mayo de 2017, en el centenario de las apariciones, en el que será el evento clave de su viaje a la pequeña ciudad portuguesa durante la gran misa en el Santuario.

 

El anuncio fue dado esta mañana por el Pontífice en un Consistorio ordinario público, durante el que fueron comunicadas oficialmente las fechas de canonización de otros Beatos. Además de Francisco y Jacinta, serán otros tres niños: los mexicanos Cristóbal, Antonio y Juan, que durante la primera evengelización de América se sumaron sin reservas a la fe cristiana y fueron martirizados por este motivo. El primero falleció en 1527 en manos de su padre, los otros dos en 1529, azotados por sus compatriotas de Tlaxcala. Desde hace siglos, los historiadores de la Iglesia mexicana los celebran como los “protomártires” no solo de México, sino de toda América Latina, “semillas” que hicieron que floreciera el cristianismo en el Nuevo Mundo.

 

Al recordar su luminoso testimonio, el Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, el cardenal Angelo Amato, quiso dedicar un pensamiento, durante el Consistorio, a todos los jóvenes que en la actualidad pagan su fe con la sangre.

 

«No sin una particular conmoción recordamos que cinco de los Beatos son niños y adolescentes», esto es muy significativo «en la historia de nuestros días, en los que los pequeños no raramente se convierten en objeto de explotación y de cosificación», subrayó el purpurado. Y afirmó que estos pequeños futuros santos son «testimonios de verdad y libertad, mensajeros de paz de una humanidad reconciliada en el amor».

 

La ceremonia de canonización de Cristóbal, Antonio y Juan se llevará a cabo el 15 de octubre en la Plaza San Pedro, junto con las de los sacerdotes Andrea de Soveral y Ambrogio Francesco Ferro, del laico Matteo Moreira y de 27 compañeros, todos martirizados en Brasil durante labárbara represión calvinista perpetrada por los holandeses en contra de la fe católica en 1645. Ese día serán proclamados santos (como se anunció hoy en el Consistorio) también el escolapio español Faustino Míguez, que fundó el Instituto Calasanciano de las Hijas de la Divina Pastora para educar a niñas pobres, y Angelo da Acri (Luca Antonio Falcone), profeso de la Orden de los Frailes Menores Capuchinos, que vivió a caballo entre los siglos XVII y XVII en el Reino de Nápoles, que se puso de parte de los débiles contra los abusos y las prepotencias de los potentes, castigando la corrupción y las injusticias sociales de su tiempo.

 

Se conocen diferentes detalles sobre las vidas de los dos “pastorcillos” y de su largo proceso que comenzó en 1952 y terminó en 1979, sobre todo gracias a los textos que escribió su prima Lucía dos Santos, consagrada dorotea que murió en 2005 a los 98 años y que pudo presenciar la beatificación de los dos hermanitos que presidió Juan Pablo II en el Santuario de Fátima el 13 de mayo de 2000, durante el gran Jubileo. En cambio, se sabe poco sobre las historias de los tres indígenas martirizados “in odium fidei”.

 

Los tres vivieron durante los primeros años del siglo XVI, cuando llegaron los misioneros franciscanos y dominicos a México, en el que dominaba el imperio azteca, con sus cultos y sacrificios practicados por una casta de sacerdotes que adoraba ídolos. Los evangelizadores condenaron estas costumbres paganas, a veces utilizando métodos drásticos, como la destrucción de templos e ídolos, y al mismo tiempo trabajaron para la promoción y la defensa de los indígenas. Esto fue uno de los factores que favorecieron el rápido desarrollo del cristianismo entre las poblaciones locales y esta también fue una de las causas que desencadenaron la persecución de los fieles al paganismo contra los evangelizadores.

 

La oleada de sangre y violencia que siguió arrolló a los tres jóvenes, educados en la escuela franciscana de Tlaxcala y asesinados en momentos y lugares diferentes por sus compatriotas. El primero fue “Cristobalito”, de 13 años, hijo predilecto del heredero del principal cacique Acxotécatl, quien, siguiendo el ejemplo de sus tres hermanos, pidió espontáneamente el Bautismo, eligiendo el nombre de Cristóbal. Se propuso convertir a su padre y lo exhortaba a cambiar de costumbres, a veces rompía los ídolos que había en su casa y trataba de llevar el Evangelio a sus familiares y conocidos. El hombre le rompió las articulaciones a su hijo con un bastón, pero él seguí a rezando hasta que fue arrojado a una hoguera. El cuerpo, incorrupto, fue sepultado primero en una habitación de la casa y un año más tarde fue llevado por los franciscanos al convento de Tlaxcala, y al final a la iglesia de Santa María.

 

También en Tlaxcala nacieron Antonio y Juan. El primero era nieto y heredero del cacique local, mientras que Juan, de condición humilde, era su siervo. Ambos fueron a la escuela de los franciscanos. En 1529 los dominicos decidieron fundar una misión en Oaxaca, por lo que le pidieron al director de la escuela que les indicara algunos chicos para que los acompañaran como intérpretes. Antonio y Juan, de 13 años, se propusieron inmediatamente. El grupo llegó a Tepeaca y los chicos ayudaron a los misioneros a recoger los ídolos. Después Antonio y Juan se trasladaron solos a Cuauhtinchán. Antonio entraba a las casas y Juan se quedaba en el umbral. Durante una de estas acciones, los indígenas los atacaron y golpearon a Juan tan fuerte que lo mataron en el acto. Antonio trató de ayudarlo pero los agresores también lo agredieron. Los frailes recobraron sus cadáveres y los sepultaron en Tepeaca, en una capilla. Juan Pablo II los proclamó Beatos el 6 de mayo de 1990 en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe de la Ciudad de México, durante la ceremonia en la que también fue beatificado Juan Diego, el “mensajero” de la Virgen Morena.

 

También fue violento el fin que tuvo el jesuita brasileño Andre Soveral, martirizado a los 73 años en julio de 1645 en la capilla de la Virgen de las Velas en Cunhau (una de las dos únicas parroquias que existían en esa época en el Río Grande del Norte). Al final de una misa, una tropa de soldados holandeses calvinistas irrumpieron en la Iglesia, cerraron las puertas, torturaron al párroco y a los fieles inocentes, que eran principalmente obreros y campesinos. Unos meses después, el 3 de octubre, le tocó la misma suerte al padre Ambrosio Francisco Ferro, arrollado con sus parroquianos por el odio de los soldados holandeses y 200 indígenas en la Parroquia de la Virgen de la Presentación. Juan Pablo II los elevó a los altares el 5 de marzo de 2000.