Loiola XXI

Lugar de encuentro abierto a seguidor@s de S. Ignacio de Loyola esperando construir un mundo mejor


Deja un comentario

Pablo VI será canonizado en 2018.

Pablo VI llevó a término el Concilio Vaticano II.Pablo VI llevó a término el Concilio Vaticano II. 

El Papa anuncia que Pablo VI será proclamado Santo en 2018

El Santo Padre lo anunció durante su encuentro con los párrocos de Roma aunque aún no se ha establecido la fecha de este gran acontecimiento de la Iglesia Universal

Ciudad del Vaticano

Durante su discurso en el encuentro con los párrocos de Roma que tuvo lugar el jueves 15 de febrero en la Basílica de san Juan de Letrán, el Papa anunció que el Beato Pablo VI será canonizado en 2018. Una gran noticia que no se ha conocido hasta hoy, fecha en la que la Oficina de Prensa de la Santa Sede la ha hecho público.

“Hay dos obispos de Roma (recientes) ya santos (Juan XXIII y Juan Pablo II). Pablo VI será santo este año. Uno está con la causa de beatificación en curso, Juan Pablo I; su causa está abierta”, dijo Francisco y añadió bromenado:  “Y Benedicto y yo, estamos en lista de espera: recen por nosotros”.

Pablo VI será canonizado en 2018

Pablo VI: apóstol incansable de Cristo

Pablo VI, cuyo nombre era Giovanni Battista Montini, ejerció su pontificado entre los años 1963 y 1978 y es recordado por ser el Pontífice que llevó a término el Concilio Vaticano II que había comenzado su predecesor Juan XXIII.

En 1967 creó cardenal a Karol Wojtyla y diez años más tarde a Joseph Ratzinger. Ambos serían luego sus sucesores Juan Pablo II y Benedicto XVI.

El Papa Francisco proclamó beato a Pablo VI en octubre de 2014, definiéndolo en su homilía como “un gran Papa, apóstol incansable, valiente en su humilde y profético testimonios de amor a Cristo y a su Iglesia”.

Se trata de un gran acontecimiento para la Iglesia Universal, para el cual aún no se ha establecido una fecha oficial.

Anuncios


Deja un comentario

Próxima canonización de Pablo VI Papa Montini?

Pablo VI será santo; los cardenales aprueban el milagro

La Congregación vaticana aprobó hoy el último paso: el reconocimiento de la curación de un feto. Faltan solamente la decisión final de Francisco y el anuncio de la fecha de la canonización: probablemente en octubre

Pablo VI

Pubblicato il 06/02/2018
Ultima modifica il 06/02/2018 alle ore 19:21
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

Dentro de poco Pablo VI será santo. La reunión de los obispos y cardenales de la Congregación de los Santos aprobó unánimemente el reconocimiento de un milagro atribuido a la intercesión de Giovanni Battista Montini. Solamente faltan la aprobación de Francisco y el anuncio de la fecha para la canonización del Pontífice de Brescia que falleció en Castel Gandolfo hace cuarenta años (en el mes de agosto).

 

El milagro que servirá para la aureola de Pablo VI tiene que ver con la curación de una niña que no había nacido, se encontraba en el quinto mes de desarrollo. Un caso que fue estudiado por la postulación de la causa en 2014. La madre, de la provincia de Verona, Italia, tenía un embarazo difícil y corría el riesgo de abortar por una patología que habría podido comprometer la vida del feto y de la madre. Pocos días después, la beatificación del Papa Montini, el 19 de octubre de 2014, la mujer fue a rezarle al nuevo beato al Santuario de las Gracias. La niña nació sin problemas de salud, y así continúa.

 

El presunto milagro fue estudiado por la Congregación para las Causas de los Santos. La imposibilidad para explicar la curación fue atestada el año pasado por la Consulta médica del dicasterio y después fue analizada y aprobada por los teólogos. El último paso era el que se ha dado hoy durante la reunión cardenalicia. Ahora el cardenal Prefecto, Angelo Amato, llevará el voto de los obispos y cardenales al Papa Francisco. La decisión final, evidentemente, será suya. Bergoglio anunciará en un Consistorio la fecha de la canonización, que será celebrada en Roma probablemente en octubre, durante el Sínodo de los jóvenes.

 

En diciembre del año pasado, la revista diocesana de Brescia incluso lanzó la hipótesis de una posible fecha: «En este punto la certeza es casi más que una esperanza. El mes de octubre podría ser el adecuado. Del 3 al 28 de octubre se celebrará en Roma la XV Asamblea ordinaria del Sínodo de los obispos sobre los jóvenes y llegarán al Vaticano religiosos de todo el mundo. ¿Qué mejor ocasión para canonizar, después de a san Juan Pablo II, ante una porción tan consistente del colegio episcopal, al otro Pontífice del Concilio Ecuménico Vaticano II? Sería probable en uno de los primeros tres domingos de octubre, aunque la fecha más confiable podría ser la del 21» de ese mes.

 

El Papa Montini, que nació en 1897 y falleció en 1978, fue el Pontífice que llevó a término el Concilio Ecuménico Vaticano II y logró a cerrarlo prácticamente con la unanimidad de los consensos sobre los documentos votados. Inauguró también la época de los viajes apostólicos en el mundo, vivió los años de la crisis post-conciliar. Al beatificarlo, Francisco, que a menudo cita el magisterio montiniano, dijo: «En este día de la beatificación del Papa Pablo VI, me vuelven a la memoria sus palabras, con las que instituyó el Sínodo de los obispos: “Escrutando atentamente los signos de los tiempos, tratemos de adaptar las vías y los métodos a las crecidas necesidades de nuestros días y a las condiciones mutadas de la sociedad”».

 

Bergoglio agradeció a Pablo VI por su «humilde y profético testimonio de amor a Cristo y a su Iglesia» y recordó que «el gran timonel del Concilio, después de la clausura del encuentro conciliar, escribió: “Tal vez el Señor me ha llamado y me tiene en este servicio no tanto porque yo tenga alguna actitud, o para que yo gobierne o salve a la Iglesia de sus presentes dificultades, sino para que yo sufra algo por la Iglesia, y que quede claro que Él, y no otros, la guía y la salva”. En esta humildad, concluyó Francisco en esa ocasión, «resplandece la grandeza del beato Pablo VI que, mientras se perfilaba una sociedad secularizada y hostil, supo conducir con sabiduría clarividente (y a veces en soledad) el timón de la barca de Pedro sin perder nunca la alegría y la confianza en el Señor».


Deja un comentario

Vaticano: procesos de canonización. Ultimas aprobaciones

Causa de los Santos papa francisco aprueba nuevo decreto.Imagen de la Resurrección, en los Museos Vaticanos. 

Aprobado nuevo decreto para las causas de los Santos

La oficina de prensa de la Santa Sede ha publicado, el martes 19 de diciembre, los nuevos Decretos de la Congregación para las Causas de los Santos.
Nuevos Decretos para la Causa de los Santos

Tal y como se lee en documento oficial, el 18 de diciembre de 2017, el Santo Padre Francisco recibió en audiencia al cardenal Angelo Amato, Prefecto de este Dicasterio. Durante la Audiencia, el Santo Padre autorizó a la misma Congregación a promulgar los Decretos relativos a:

– el milagro atribuido a la intercesión del Venerable Siervo de Dios Jean-Baptiste Fouque, sacerdote diocesano.  nacido en Marsella (Francia) el 12 de septiembre de 1851 y  allí fallecido el 5 de diciembre de 1926.

– un milagro atribuido a la intercesión del Venerable Siervo de Dios Tiburcio Arnaiz Muñoz, sacerdote profeso de la Compañía de Jesús, fundador de las Misioneras de las  Doctrinas Rurales, nacido el 11 de agosto de 1865 en Valladolid (España) y fallecido  en Málaga (España) el 18 de julio de 1926.

– el milagro atribuido a la intercesión de la Venerable Sierva de Dios María Carmen Rendiles Martínez, Fundadora del Instituto de las Siervas de Jesús de Venezuela,  nacida en Caracas (Venezuela) el 11 de agosto de 1903 y fallecida  allí el 9 de mayo de 1977.

– el martirio de los Siervos de Dios Teodoro Illera Del Olmo (en el siglo Cirilo), sacerdote profeso de la Congregación de San Pedro en Cadenas, y 15 compañeros, asesinados por odio a la fe durante la persecución religiosa en España en 1936 y en 1937.

– las virtudes heroicas del Siervo de Dios Stefan Wyszyński, cardenal de la Santa Iglesia Romana, arzobispo metropolitano de Gniezno y Varsovia, primado de Polonia,  nacido en Zuzela (Polonia) el 3 de agosto de 1901 y fallecido  en Varsovia (Polonia) el 28 de mayo de 1981.

– las virtudes heroicas del Siervo de Dios Alfonso Barzana, sacerdote profeso de la Compañía de Jesús,  nacido en 1530 en Belinchón (España) y fallecido  en Cuzco (Perú) el 31 de diciembre de 1597.

– las virtudes heroicas del Siervo de Dios Pavel Smolikowski, sacerdote profeso de la Congregación de la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo,  nacido el 4 de febrero de 1849 en Tver (Rusia) y fallecido  en Cracovia (Polonia) el 11 de septiembre de 1926.

– las virtudes heroicas del Siervo de Dios Patrick Peyton, sacerdote profeso de la Congregación de la Santa Cruz,   nacido el 9 de enero de 1909 en Carracastle (Irlanda) y fallecido  en San Pedro (Estados Unidos de América) el 3 de junio de 1992.

– las virtudes heroicas de la Sierva de Dios Mariana de San José (en el siglo Mariana de Manzanedo Maldonado), fundadora de los monasterios de las Agustinas Recoletas,  nacida en Alba de Tormes (España) el 5 de agosto de 1568 y fallecida  en Madrid (España) el 15 de abril de 1638.

– las virtudes heroicas de la Sierva de  Dios Luiza Maria Langstroth Figuera De Sousa Vadre Santa Marta Mesquita  e Melo (Luiza Andaluz) fundadora de la Congregación de las Siervas de Nuestra Señora de Fátima,  nacida el 12 de febrero de 1877 en Marvila (Portugal) y fallecida  en Lisboa (Portugal) el 20 de agosto de 1973.

– las virtudes heroicas de la Sierva de Dios Anna Salvatore (en el siglo Marianna Orsi), religiosa profesa de la Congregación de las Hijas de Santa Ana.  Nacida  en Albareto (Italia) el 22 de febrero de 1842 y fallecida  en Palermo (Italia) el 7 de junio de 1885.

– las virtudes heroicas de la Sierva de Dios Maria Antonia Samá, laica,  nacida en Sant’Andrea Jonio (Italia) el 2 de marzo de 1875 y fallecida  allí el 27 de mayo de 1953.


Deja un comentario

Procesos de canonización. Juan Pablo I y otros candidatos.

  Promulgación de decretos de la Congregación para las Causas de los Santos

Ayer,  8 de noviembre de 2017, el Santo Padre Francisco recibió en audiencia a Su Eminencia el cardenal Angelo Amato, S.D.B., prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos. Durante la audiencia, el Sumo Pontífice autorizó a la misma Congregación a promulgar los Decretos relativos a: – el martirio del Siervo de Dios János Brenner, sacerdote diocesano; nacido el 27 de diciembre de 1931 en Szombathely (Hungría) y asesinado en odio a la fe el 15 de diciembre de 1957 en Rabakethely (Hungría). – el martirio de la Sierva de Dios Leonella Sgorbati (en el  siglo: Rosa), religiosa profesa del  Instituto de las Misioneras de la Consolata; nacida el 9 de diciembre de 1940 en Rezzanello di Gazzola (Italia) y asesinada por  odio  a la fe el 17 de febrero de 2006 en Mogadiscio (Somalia). – las virtudes heroicas del beato Bernhard von  Baden, marqués de Baden; nacido entre finales de 1428 y principios de 1429 en el castillo de Hohenbaden (Alemania) y fallecido  el 15 de julio de 1458 en Moncalieri (Italia). – las virtudes heroicas del Siervo de Dios Juan Pablo  I (Albino Luciani), Sumo Pontífice; nacido el 17 de octubre de 1912 en Forno di Canale, hoy Canale d’Agordo (Italia) y fallecido  el 28 de septiembre de 1978 en el Palacio Apostólico en el Vaticano. – las virtudes heroicas del Siervo de Dios Gregorio Fioravanti (en el siglo Ludovico ), sacerdote profeso de la Orden de los Hermanos Menores, fundador de la congregación de las Franciscanas Misioneras del Sagrado Corazón; nacido en Grotte di Castro (Italia) el 24 de abril de 1822 y fallecido  en Gemona (Italia) el 23 de enero de 1894. – las virtudes heroicas del Siervo de Dios Tomás Morales Pérez, sacerdote de la Compañía de Jesús, fundador de los Institutos Seculares Cruzados y Cruzadas de Santa María ; nacido  en Macuto (Venezuela) el 30 de octubre de 1908 y fallecido  el 1 de octubre de 1994 en Alcalá de Henares (España). – las virtudes heroicas del Siervo de Dios Marcellino da Capradosso (en el siglo Giovanni Maoloni), laico profeso de la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos; nacido el 22 de septiembre de 1873 en Villa Sambuco di Castel di Lama (Italia) y fallecido  el 26 de febrero de 1909 en Fermo (Italia). – las virtudes heroicas de la Sierva de Dios Teresa Fardella, viuda de Blasi, fundadora del Instituto de las Hermanas Pobres, Hijas de María Santísima Coronada; nacida en Nueva York (Estados Unidos) el 24 de mayo de 1867 y fallecida  el 26 de agosto de 1957 en Trapani (Italia).


Deja un comentario

Vaticano. Ceremonia de canonización. Homilía del Papa

El Papa en la misa de canonizaciones: «Dios nos invita a celebrar la fiesta del amor con Él»

 

 

“El Señor nos desea, nos busca y nos invita, y no se conforma con que cumplamos bien los deberes u observemos sus leyes, sino que quiere que tengamos con él una verdadera comunión de vida”, lo dijo el Papa Francisco en su homilía de la misa del domingo 15 de octubre, tras canonizar a un numeroso grupo de beatos en la Plaza de San Pedro, sintetizando así el mensaje central del Evangelio de San Mateo, en el que Jesús explica a qué se parece el Reino de los Cielos, mediante la parábola del Banquete de Bodas. Mt (22,1-14).

“En  esta paráblola, los invitados somos todos nosotros. Las bodas inauguran la comunión de toda la vida y ésto es lo que Dios desea realizar y celebrar con cada uno de nosotros”, explicó el Santo Padre recordando que precisamente en ésto consiste la vida cristiana: una historia de amor con Dios, donde el Señor toma la iniciativa gratuitamente y donde ninguno puede vanagloriarse de tener la invitación en exclusiva, ya que “ninguno es un privilegiado con respecto de los demás, sino que cada uno es un privilegiado ante Dios”.

Haciendo referencia a este amor gratuito, tierno y privilegiado, que nos propone Dios, donde nace y renace siempre la vida cristiana, el Pontífice señaló que el Señor del amor “espera una respuesta de amor”, pero al mismo tiempo “nos deja libres” para decidir qué responderle.

Y en ese sentido el Evangelio nos pone en guardia puesto que la invitación puede ser rechazada. “Muchos respondieron que no, a la invitación del banquete de bodas, porque estaban sometidos a sus propios intereses”, explicó el Obispo de Roma, indicando que actuando de esta manera, se “da la espalda al amor”, no por maldad, sino porque se prefiere lo propio: las seguridades, la autoafirmación, las comodidades. “Todo depende del yo, de lo que me parece, de lo que me sirve, de lo que quiero; y se acaba siendo personas rígidas, que reaccionan de mala manera por nada, como los invitados en el Evangelio, que fueron a insultar e incluso a asesinar (cf. v. 6) a quienes llevaban la invitación, sólo porque los incomodaban”.

“El Evangelio nos pregunta por tanto, de qué parte estamos: ¿de la parte del yo o de la parte de Dios? Porque Dios es lo contrario al egoísmo, a la autorreferencialidad”, expresó el Papa. “Él, tal y como nos dice el Evangelio, ante los continuos rechazos que recibe, ante la cerrazón hacia sus invitados, sigue adelante, no pospone la fiesta. No se resigna, sino que sigue invitando. “Frente a los «no», no da un portazo, sino que incluye aún a más personas. Dios, frente a las injusticias sufridas, responde con un amor más grande”. Porque así actúa el amor; porque sólo así se vence el mal”, expresó el Santo Padre haciendo hincapié en que cada día este Dios, que no pierde nunca la esperanza, nos invita a obrar como él, a vivir con un amor verdadero, a superar la resignación y los caprichos de nuestro yo susceptible y perezoso.

Finalmente, haciendo mención al aspecto del vestido de los invitados, Francisco sugirió que el “hábito espiritual” con el que nos presentamos a este banquete del Señor es fundamental: ya que se necesita vestir un hábito que nazca como fruto del amor vivido diariamente. “Tenemos necesidad de revestirnos cada día de su amor, de renovar cada día la elección de Dios”, añadió el Vicario de Cristo, poniendo como ejemplo a los santos recién canonizados. “Pidámos a estos santos, que por su intercesión, recibamos la gracia de elegir y llevar cada día este vestido, y de mantenerlo limpio. ¿Cómo hacerlo? Ante todo, acudiendo a recibir el perdón del Señor sin miedo: este es el paso decisivo para entrar en la sala del banquete de bodas y celebrar la fiesta del amor con él”, concluyó el Papa.

(SL-RV)

Audio y texto completo de la homilía del Santo Padre

La parábola que hemos escuchado nos habla del Reino de Dios como un banquete de bodas (cf. Mt 22,1-14). El protagonista es el hijo del rey, el esposo, en el que resulta fácil entrever a Jesús. En la parábola no se menciona nunca a la esposa, pero sí se habla de muchos invitados, queridos y esperados: son ellos los que llevan el vestido nupcial. Esos invitados somos nosotros, todos nosotros, porque el Señor desea «celebrar las bodas» con cada uno de nosotros. Las bodas inauguran la comunión de toda la vida: esto es lo que Dios desea realizar con cada uno de nosotros. Así pues, nuestra relación con Dios no puede ser sólo como la de los súbditos devotos con el rey, la de los siervos fieles con el amo, o la de los estudiantes diligentes con el maestro, sino, ante todo, como la relación de la esposa amada con el esposo. En otras palabras, el Señor nos desea, nos busca y nos invita, y no se conforma con que cumplamos bien los deberes u observemos sus leyes, sino que quiere que tengamos con él una verdadera comunión de vida, una relación basada en el diálogo, la confianza y el perdón.

La vida cristiana es una historia de amor con Dios

Esta es la vida cristiana, una historia de amor con Dios, donde el Señor toma la iniciativa gratuitamente y donde ninguno de nosotros puede vanagloriarse de tener la invitación en exclusiva; ninguno es un privilegiado con respecto de los demás, pero cada uno es un privilegiado ante Dios. De este amor gratuito, tierno y privilegiado nace y renace siempre la vida cristiana. Preguntémonos si, al menos una vez al día, manifestamos al Señor nuestro amor por él; si nos acordamos de decirle cada día, entre tantas palabras: «Te amo Señor. Tú eres mi vida». Porque, si se pierde el amor, la vida cristiana se vuelve estéril, se convierte en un cuerpo sin alma, una moral imposible, un conjunto de principios y leyes que hay que mantener sin saber porqué. En cambio, el Dios de la vida aguarda una respuesta de vida, el Señor del amor espera una respuesta de amor. En el libro del Apocalipsis, se dirige a una Iglesia con un reproche bien preciso: «Has abandonado tu amor primero» (2,4). Este es el peligro: una vida cristiana rutinaria, que se conforma con la «normalidad», sin vitalidad, sin entusiasmo, y con poca memoria. Reavivemos en cambio la memoria del amor primero: somos los amados, los invitados a las bodas, y nuestra vida es un don, porque cada día es una magnífica oportunidad para responder a la invitación.

Todos somos invitados “al banquete del Señor”

Pero el Evangelio nos pone en guardia: la invitación puede ser rechazada. Muchos invitados respondieron que no, porque estaban sometidos a sus propios intereses: «Pero ellos no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios», dice el texto (Mt 22,5). Una palabra se repite: sus; es la clave para comprender el motivo del rechazo. En realidad, los invitados no pensaban que las bodas fueran tristes o aburridas, sino que sencillamente «no hicieron caso»: estaban ocupados en sus propios intereses, preferían poseer algo en vez de implicarse, como exige el amor. Así es como se da la espalda al amor, no por maldad, sino porque se prefiere lo propio: las seguridades, la autoafirmación, las comodidades… Se prefiere apoltronarse en el sillón de las ganancias, de los placeres, de algún hobby que dé un poco de alegría, pero así se envejece rápido y mal, porque se envejece por dentro; cuando el corazón no se dilata, se cierra. Y cuando todo depende del yo ―de lo que me parece, de lo que me sirve, de lo que quiero― se acaba siendo personas rígidas y malas, se reacciona de mala manera por nada, como los invitados en el Evangelio, que fueron a insultar e incluso a asesinar (cf. v. 6) a quienes llevaban la invitación, sólo porque los incomodaban.

Dios nunca pierde la esperanza de que aceptemos su invitación

Entonces el Evangelio nos pregunta de qué parte estamos: ¿de la parte del yo o de la parte de Dios? Porque Dios es lo contrario al egoísmo, a la autorreferencialidad. Él –nos dice el Evangelio―, ante los continuos rechazos que recibe, ante la cerrazón hacia sus invitados, sigue adelante, no pospone la fiesta. No se resigna, sino que sigue invitando. Frente a los «no», no da un portazo, sino que incluye aún a más personas. Dios, frente a las injusticias sufridas, responde con un amor más grande. Nosotros, cuando nos sentimos heridos por agravios y rechazos, a menudo nutrimos disgusto y rencor. Dios, en cambio, mientras sufre por nuestros «no», sigue animando, sigue adelante disponiendo el bien, incluso para quien hace el mal. Porque así actúa el amor; porque sólo así se vence el mal. Hoy este Dios, que no pierde nunca la esperanza, nos invita a obrar como él, a vivir con un amor verdadero, a superar la resignación y los caprichos de nuestro yo susceptible y perezoso.

Vestir el “hábito del amor” para asistir al banquete

El Evangelio subraya un último aspecto: el vestido de los invitados, que es indispensable. En efecto, no basta con responder una vez a la invitación, decir «sí» y ya está, sino que se necesita vestir un hábito, se necesita el hábito de vivir el amor cada día. Porque no se puede decir «Señor, Señor» y no vivir y poner en práctica la voluntad de Dios (cf. Mt 7,21). Tenemos necesidad de revestirnos cada día de su amor, de renovar cada día la elección de Dios. Los santos hoy canonizados, y sobre todo los mártires, nos señalan este camino. Ellos no han dicho «sí» al amor con palabras y por un poco de tiempo, sino con la vida y hasta el final. Su vestido cotidiano ha sido el amor de Jesús, ese amor de locura con que nos ha amado hasta el extremo, que ha dado su perdón y sus vestiduras a quien lo estaba crucificando. También nosotros hemos recibido en el Bautismo una vestidura blanca, el vestido nupcial para Dios. Pidámosle, por intercesión de estos santos hermanos y hermanas nuestros, la gracia de elegir y llevar cada día este vestido, y de mantenerlo limpio. ¿Cómo hacerlo? Ante todo, acudiendo a recibir el perdón del Señor sin miedo: este es el paso decisivo para entrar en la sala del banquete de bodas y celebrar la fiesta del amor con él.


Deja un comentario

Jesuita sacerdote beatificado en Irlanda.

Papa Francisco da gracias a Dios por beatificación de sacerdote jesuita en Irlanda

Por Miguel Pérez Pichel

Misa de beatificación del Beato John Sullivan / Foto: Conferencia Episcopal de Irlanda

Misa de beatificación del Beato John Sullivan / Foto: Conferencia Episcopal de Irlanda

VATICANO, 14 May. 17 / 06:46 am (ACI).- El Papa Francisco dio las gracias, durante el rezo del Regina Coeli en el Vaticano, por la beatificación el sábado 13 de mayo, día de la Virgen de Fátima, del sacerdote jesuita irlandés John Sullivan.

“Ayer, en Dublín, fue proclamado Beato el sacerdote jesuita John Sullivan. Vivió en Irlanda entre los siglos XIX y XX, dedicó la vida a la enseñanza y a la formación espiritual de los jóvenes, y era amado como un padre por los pobres y los enfermos. Demos gracias a Dios por su testimonio”.

El Beato Sullivan, converso del protestantismo, fue reconocido por su dedicada labor con los pobres y los afligidos.

La ceremonia de beatificación tuvo lugar en la iglesia de San Francisco Javier de Dublín, presidida por el Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, Cardenal Angelo Amato. Concelebró la Eucaristía el Arzobispo de Dublín y Primado de Irlanda, Cardenal Diarmuid Martin.

“Los testigos en los procesos diocesanos a menudo repetían que el P. Sullivan era ‘un pobre entre los pobres’, ‘la personificación del espíritu de pobreza’. Aunque provenía de una familia rica, una vez que se convirtió en religioso, se olvidó de las comodidades y se contentó con lo que era puramente necesario. Fiel al voto de pobreza, dio inmediatamente a los demás todo don que recibió”, dijo en su homilía el Cardenal Amato.

Durante la Misa fue desvelado un gran retrato del Beato John Sullivan, y una reliquia de sus cabellos fue llevada al altar.

Después de la ceremonia hubo tiempo para la oración y reflexión, durante la cual los cientos de personas hicieron fila para recibir una bendición de la cruz del nuevo beato.


Deja un comentario

Fátima: homilía del Papa en la ceremonia de canonización.

 

MISA CON EL RITO DE CANONIZACIÓN
DE LOS BEATOS FRANCISCO MARTO Y JACINTA MARTO

HOMILÍA DEL SANTO PADRE

Atrio del Santuario de Fátima
Sábado 13 de mayo de 2017

“Vió en el cielo: una mujer vestida del sol», dice el vidente de Patmos en el Apocalipsis (12,1), señalando además que ella estaba a punto de dar a luz a un hijo. Después, en el Evangelio, hemos escuchado cómo Jesús le dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre» (Jn 19,27). Tenemos una Madre, una «Señora muy bella», comentaban entre ellos los videntes de Fátima mientras regresaban a casa, en aquel bendito 13 de mayo de hace cien años. Y, por la noche, Jacinta no pudo contenerse y reveló el secreto a su madre: «Hoy he visto a la Virgen». Habían visto a la Madre del cielo. En la estela de luz que seguían con sus ojos, se posaron los ojos de muchos, pero…estos no la vieron. La Virgen Madre no vino aquí para que nosotros la viéramos: para esto tendremos toda la eternidad, a condición de que vayamos al cielo, por supuesto.

Pero ella, previendo y advirtiéndonos sobre el peligro del infierno al que nos lleva una vida ―a menudo propuesta e impuesta― sin Dios y que profana a Dios en sus criaturas, vino a recordarnos la Luz de Dios que mora en nosotros y nos cubre, porque, como hemos escuchado en la primera lectura, «fue arrebatado su hijo junto a Dios» (Ap 12,5). Y, según las palabras de Lucía, los tres privilegiados se encontraban dentro de la Luz de Dios que la Virgen irradiaba. Ella los rodeaba con el manto de Luz que Dios le había dado. Según el creer y el sentir de muchos peregrinos —por no decir de todos—, Fátima es sobre todo este manto de Luz que nos cubre, tanto aquí como en cualquier otra parte de la tierra, cuando nos refugiamos bajo la protección de la Virgen Madre para pedirle, como enseña la Salve Regina, «muéstranos a Jesús».

Queridos Peregrinos, tenemos una Madre, tenemos una Madre! Aferrándonos a ella como hijos, vivamos de la esperanza que se apoya en Jesús, porque, como hemos escuchado en la segunda lectura, «los que reciben a raudales el don gratuito de la justificación reinarán en la vida gracias a uno solo, Jesucristo» (Rm 5,17). Cuando Jesús subió al cielo, llevó junto al Padre celeste a la humanidad ―nuestra humanidad― que había asumido en el seno de la Virgen Madre, y que nunca dejará. Como un ancla, fijemos nuestra esperanza en esa humanidad colocada en el cielo a la derecha del Padre (cf. Ef 2,6). Que esta esperanza sea el impulso de nuestra vida. Una esperanza que nos sostenga siempre, hasta el último suspiro.

Con esta esperanza, nos hemos reunido aquí para dar gracias por las innumerables bendiciones que el Cielo ha derramado en estos cien años, y que han transcurrido bajo el manto de Luz que la Virgen, desde este Portugal rico en esperanza, ha extendido hasta los cuatro ángulos de la tierra. Como un ejemplo para nosotros, tenemos ante los ojos a san Francisco Marto y a santa Jacinta, a quienes la Virgen María introdujo en el mar inmenso de la Luz de Dios, para que lo adoraran. De ahí recibían ellos la fuerza para superar las contrariedades y los sufrimientos. La presencia divina se fue haciendo cada vez más constante en sus vidas, como se manifiesta claramente en la insistente oración por los pecadores y en el deseo permanente de estar junto a «Jesús oculto» en el Sagrario.

En sus Memorias (III, n.6), sor Lucía da la palabra a Jacinta, que había recibido una visión: «¿No ves muchas carreteras, muchos caminos y campos llenos de gente que lloran de hambre por no tener nada para comer? ¿Y el Santo Padre en una iglesia, rezando delante del Inmaculado Corazón de María? ¿Y tanta gente rezando con él?». Gracias por haberme acompañado. No podía dejar de venir aquí para venerar a la Virgen Madre, y para confiarle a sus hijos e hijas. Bajo su manto, no se pierden; de sus brazos vendrá la esperanza y la paz que necesitan y que yo suplico para todos mis hermanos en el bautismo y en la humanidad, en particular para los enfermos y los discapacitados, los encarcelados y los desocupados, los pobres y los abandonados. Queridos hermanos: pidamos a Dios, con la esperanza de que nos escuchen los hombres, y dirijámonos a los hombres, con la certeza de que Dios nos ayuda.

En efecto, él nos ha creado como una esperanza para los demás, una esperanza real y realizable en el estado de vida de cada uno. Al «pedir» y «exigir» de cada uno de nosotros el cumplimiento de los compromisos del propio estado (Carta de sor Lucía, 28 de febrero de 1943), el cielo activa aquí una auténtica y precisa movilización general contra esa indiferencia que nos enfría el corazón y agrava nuestra miopía. No queremos ser una esperanza abortada. La vida sólo puede sobrevivir gracias a la generosidad de otra vida. «Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto» (Jn 12,24): lo ha dicho y lo ha hecho el Señor, que siempre nos precede. Cuando pasamos por alguna cruz, él ya ha pasado antes. De este modo, no subimos a la cruz para encontrar a Jesús, sino que ha sido él el que se ha humillado y ha bajado hasta la cruz para encontrarnos a nosotros y, en nosotros, vencer las tinieblas del mal y llevarnos a la luz.

Que, con la protección de María, seamos en el mundo centinelas que sepan contemplar el verdadero rostro de Jesús Salvador, que brilla en la Pascua, y descubramos de nuevo el rostro joven y hermoso de la Iglesia, que resplandece cuando es misionera, acogedora, libre, fiel, pobre de medios y rica de amor.