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El Papa recomienda a los sacerdotes la alegría de Don Bosco

papa francisco santa marta homilía sacerdotes alegres don boscoEl Papa Francisco celebra la misa en Santa Marta 

Papa en Santa Marta: que los sacerdotes sean alegres como don Bosco

En el día en que la Iglesia celebra a San Juan Bosco, el Papa entrelaza sobre su figura la homilía de la Misa matutina en Casa Santa Marta. Su exhortación es que los sacerdotes no sean funcionarios sino que tengan el valor de tener ojos de hombre y de Dios hacia el pueblo

Debora Donnini – Ciudad del Vaticano

Que los sacerdotes sean alegres y miren con ojos de hombre y con los ojos de Dios, como lo hizo San Juan Bosco. Lo subraya el Papa Francisco en la Misa en la Casa Santa Marta para exhortar a los sacerdotes a hacer lo mismo que Don Bosco, que miraba la realidad con el corazón de un padre y de un maestro. Una mirada que le mostró el camino: vio a esos pobres jóvenes en la calle y se conmovió y entonces pensó en formas para hacerlos madurar. Caminó y lloró con ellos.

Mirar con ojos de hombre y de Dios

Francisco recuerda que el día de su ordenación, la madre, una humilde campesina, “que no había estudiado en la facultad de teología”, le dijo: “Hoy comenzarás a sufrir”. Quería subrayar una realidad, pero también llamar la atención, porque si el hijo se hubiera dado cuenta de que no había sufrimiento, significaba que algo no estaba bien. “Es una profecía de una madre”, una mujer sencilla con un corazón lleno de espíritu. Para un sacerdote, por tanto, el sufrimiento es un signo de que las cosas están bien, pero no para que “haga el faquir”, sino por lo que hizo Don Bosco, que tuvo el valor de mirar la realidad con los ojos de un hombre y con los ojos de Dios. “Él -dice el Papa Francisco- vio en esa época masónica, anticlerical”, de “una aristocracia cerrada, donde los pobres eran realmente los pobres, la brecha, vio a esos jóvenes en las calles y dijo: ‘No puede ser’.

Miró con ojos de hombre, un hombre que también es hermano y padre, y dijo: “¡Pero no, esto no puede ser así! Estos jóvenes quizás acaben con Don Cafasso, en la horca… no, no puede ser así”, y se conmovió como hombre y como hombre empezó a pensar en caminos para hacer crecer a los jóvenes, para hacer madurar a los jóvenes. Caminos humanos. Y entonces, tuvo el valor de mirar con los ojos de Dios e ir ante Dios y decirle: “Pero, déjame ver esto… esto es una injusticia… qué se hace ante esto… Tú creaste a esta gente para una plenitud y ellos viven una verdadera tragedia…”. Y así, mirando la realidad con el amor de un padre – padre y maestro, dice la liturgia de hoy- y mirando a Dios con los ojos de un mendigo pidiendo algo de luz, comienza a trabajar”.

Don Giuseppe Cafasso, de hecho, consoló a los prisioneros en el ochocientos en Turín y a menudo seguía a los condenados a muerte a al patíbulo. Fue un gran amigo de San Juan Bosco.

Un sacerdote disponible

Por tanto, el sacerdote –afirma el Papa- debe tener “estas dos polaridades”: “mirar la realidad con los ojos de hombre” y con “los ojos de Dios”. Y eso significa pasar mucho tiempo frente al tabernáculo.

“El mirar así le hizo ver el camino, porque él no fue con el Catecismo y el Crucifijo solamente, “hagan esto…” Los jóvenes le habrían dicho: “Buenas noches, nos vemos mañana”. No, no: se acercó a ellos, con la  vivacidad que los caracteriza. Los hizo jugar, en grupos, como hermanos…. fue, anduvo con ellos, sintió con ellos, vio con ellos, lloró con ellos y los llevó adelante, así. El sacerdote que mira humanamente a la gente, que siempre está disponible”.

Sacerdotes no son funcionarios

El Papa subraya entonces que los sacerdotes no deben ser funcionarios o empleados que reciben, por ejemplo, “de las 15 a las 17.30”.“Tenemos tantos funcionarios, buenos – prosigue – que hacen su trabajo, como lo deben hacer los funcionarios. Pero el sacerdote no es un funcionario, no puede serlo”. Por tanto, el Papa exhorta a mirar con ojos de hombre y – promete – “llegará a ti aquel sentimiento, aquella sabiduría de entender que son tus hijos, tus hermanos. Y además, tener el valor de ir a luchar, allí: el sacerdote es uno que lucha con Dios”.

El Papa sabe que “siempre existe el riesgo de mirar demasiado lo humano y nada lo divino, o demasiado lo divino y nada lo humano” pero “si no arriesgamos, en la vida no haremos nada”, advierte. Un papá, de hecho, se arriesga por el hijo, un hermano se arriesga por un hermano cuando hay amor. Ciertamente esto causa sufrimiento, comienzan las persecuciones, las habladurías: “este sacerdote está allí, en la calle” con estos chicos mal educados que con la pelota “me rompen el vidrio de la ventana”.

Don Bosco, maestro de la alegría

El Papa agradece a Dios por “habernos dado” a San Juan Bosco, que desde niño comenzó a trabajar, sabía que era ganarse el pan cada día y había entendido qué era la piedad, “cuál era la verdadera verdad”. Este hombre – evidencia concluyendo el Pontífice – tuvo de Dios un gran corazón de padre y de maestro:

“¿Y cuál es la señal de que un sacerdote va bien, mirando la realidad con los ojos de hombre y con los ojos de Dios? La alegría. La alegría. Cuando un sacerdote no encuentra alegría adentro, se detenga inmediatamente y se pregunte por qué. Y la alegría de don Bosco es conocida: es el maestro de la alegría. Porque él hacía gozar a los demás y gozaba él mismo. Y sufría el mismo. Pidamos al Señor, por intercesión de don Bosco, hoy, la gracia de que nuestros sacerdotes sean alegres: alegres porque tienen el verdadero sentido de mirar las cosas de la pastoral, el pueblo de Dios con los ojos de hombre y con los ojos de Dios”.

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Prefacio del Papa en un libro sobre la alegría, la posesión de bienes y la pobreza.

Papa Francesco firmaEl Papa Francisco firma  (Vatican Media)

Prefacio del Papa al libro “Una pizca de alegría, siempre que sea plena” de Maurizio Mirilli

Salió a la venta en las librerías, publicado por Ediciones San Pablo, el libro titulado “Una pizca de alegría, siempre que sea plena” del sacerdote Maurizio Mirilli, autor de esa misma Casa Editorial de: “365 Motivos para no tener miedo” (del 2012); “365 Motivos para amar” (del 2014) y “Los descartados por los hombres, protagonistas para Dios (del 2016)

Ciudad del Vaticano

El libro titulado “Una pizca de alegría, siempre que sea plena”, cuenta con el prefacio del Papa Francisco, a quien le interesa el tema tratado, es decir, el de los últimos y el de los descartados.

El padre Maurizio Mirilli se refiere en estas páginas a algo que todos nosotros buscamos, a saber: la alegría verdadera, e indica su raíz y su fuente, la Misericordia de Dios, que nos colma cuando nos liberamos de nuestros pecados y regresamos al Señor, uniéndonos a Él.

También se refiere a la alegría plena que pertenece a quien hace protagonistas a los descartados, a aquellos que normalmente son dejados de lado por parte de la sociedad, del mismo modo que Jesús. Y relata asimismo la alegría de dejarse sorprender por el poder liberatorio del perdón de Dios, que se nos ofrece siempre en los momentos difíciles, cuando nos parece que hemos perdido la orientación del camino.

Con este libro lleno de felicidad y de esperanza, el padre Maurizio exhorta al lector a vivir una vida plena y auténtica y a abandonar, en cambio, las satisfacciones fruto de un mundo que impulsa a contentarse con cosas momentáneas y efímeras.


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El Papa: los cristianos deben ser alegres.

El Papa: los cristianos no pueden tener cara de velorio

Francisco en Santa Marta: deben ser alegres, «el pesimismo de la vida» no es de quienes creen en Cristo
REUTERS

El Papa: los cristianos no pueden tener cara de velorio

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Pubblicato il 21/12/2017
Ultima modifica il 21/12/2017 alle ore 18:18
DOMENICO AGASSO JR.
CIUDAD DEL VATICANO

El Papa Francisco lanzó un nuevo y fuerte llamado a la alegría. La exhortación fue, sobre todo, para los cristianos, que no pueden no ser alegres. No pueden tener cara de velorio. Porque «el pesimismo de la vida» no es de los que creen en Cristo. El Pontífice lo exclamó en la misa matutina de hoy, 21 de diciembre de 2017, en la capilla de la Casa Santa Marta, según indicó Vatican News.

 

Hay que tener el rostro de personas redimidas, perdonadas: el Obispo de Roma lo dijo al reflexionar sobre la alegría que nace del perdón de los pecados y de la cercanía de Dios, de la que habla la liturgia de hoy.

 

El Papa subrayó tres aspectos de esta serenidad especial. Antes que nada, el perdón: «El Señor ha revocado tu condena». Jorge Mario Bergoglio pidió alegría, no llevar una vida tibia, precisamente porque todos han sido perdonados: «Esta es la raíz propia de la alegría cristiana». Francisco indicó que hay que tener conciencia de la redención que ha traído Jesús: «Un filósofo criticaba a los cristianos, él se decía agnóstico o ateo, no estoy seguro, pero criticaba a los cristianos y decía esto: “Pero, esos, los cristianos, dicen que tienen un Redentor; yo voy a creer, creeré en el Redentor cuando ellos tengan cara de redimidos, alegres por haber sido redimidos”. Pero, si tú tienes cara de velorio, ¿cómo pueden creer que eres un redimido, que tus pecados han sido perdonados?».

 

El segundo elemento es la presencia de Dios, «que camina con nosotros». Por ello es importante dirigir, durante el día, «alguna palabra al Señor que está a nuestro lado».

 

Y después, tercer punto, es fundamental, en los momentos difíciles, no dejar «caer los brazos». Porque «ese pesimismo de la vida no es cristiano. Nace de una raíz que no sabe que ha sido perdonada, nace de una raíz que nunca ha sentido las caricias de Dios. Y el Evangelio, podemos decir, nos hace ver esta alegría: “María, alegre, se levantó de prisa”, también la alegría nos lleva de prisa, siempre, porque la gracia del Espíritu Santo no conoce la lentitud, no conoce… El Espíritu Santo siempre va de prisa, siempre nos impulsa, seguir adelante, adelante, adelante, como el viento en la vela, en la barca».

 

«Esta es la alegría de la que la Iglesia nos habla: por favor, seamos cristianos alegres, hagamos todo el esfuerzo para hacer que se vea que creemos haber sido redimidos, que el Señor nos ha perdonado todo y que, si tendremos algún resablón, Él lo perdonará también porque es el Dios del perdón, que el Señor está en medio de nosotros y que dejará que se nos caigan los brazos».

 

Entonces, el mensaje de hoy es: «“Levántate”. Ese levántate de Jesús a los enfermos: “Levántate y ve, grita de alegría, alégrate, exulta y aclama con todo tu corazón”».


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El cristiano, la alegría y las riquezas de este mundo.

Homilía del Papa: triste es el cristiano aferrado a las riquezas

(RV). No puede haber un cristiano sin alegría. Lo afirmó el Papa en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta. El Pontífice subrayó que, también en los sufrimientos de la vida, el cristiano sabe encomendarse a Jesús y vivir con esperanza. Además, Francisco  hizo un llamamiento a no dejarse dominar por la riqueza, que al final, sólo produce tristeza.

El documento de identidad del cristiano es la alegría del Evangelio

Nosotros – observó el Obispo de Roma – “podemos ir” hacia “aquella esperanza”, que “los primeros cristianos representaban como un ancla en el cielo”. Nosotros –  añadió – “tomamos la cuerda y vamos allá”, hacia “aquella esperanza” que nos da alegría:

“Un cristiano es un hombre y una mujer de alegría, un hombre y una mujer con alegría en el corazón. ¡No existe un cristiano sin alegría! ‘Pero, Padre, ¡yo he visto tantos así!’ – ‘¡No son cristianos! Dicen que lo son, ¡pero no lo son! Les falta algo’. El documento de identidad del cristiano es la alegría, la alegría del Evangelio, la alegría de haber sido elegidos por Jesús, salvados por Jesús, regenerados por Jesús; la alegría de aquella esperanza que Jesús nos espera, la alegría que – también en las cruces y en los sufrimientos de esta vida – se expresa de otro modo, que es la paz en la seguridad de que Jesús nos acompaña, está con nosotros”.

“El cristiano – añadió el Pontífice – hace crecer esta alegría con la confianza en Dios. Dios se acuerda siempre de su alianza”. Y, a su vez – prosiguió – “el cristiano sabe que Dios lo recuerda, que Dios lo ama, que Dios lo acompaña, que Dios lo espera. Y ésta es la alegría”.

Es un mal servir a la riqueza, que al final nos hace tristes

De este modo Francisco se refirió al pasaje del Evangelio del día que narra el encuentro entre Jesús y el joven rico. Un hombre –  dijo –  que “no ha sido capaz de abrir su corazón a la alegría y que ha elegido la tristeza”, “porque poseía muchos bienes”:

“¡Estaba aferrado a los bienes! Jesús nos había dicho que no se puede servir a dos patrones: o sirves al Señor, o sirves a las riquezas. Las riquezas no son malas en sí mismas: pero servir a la riqueza es esa la maldad. El pobrecito se fue triste… ‘Ensombreció su rostro y se fue entristecido’. Cuando en nuestras parroquias, en nuestras comunidades, en nuestras instituciones encontramos gente que se dice cristiana y quiere ser cristiana pero es triste, algo sucede allí que no va. Y debemos ayudarlos a encontrar a Jesús, a quitarles aquella tristeza, para que puedan gozar del Evangelio, para que puedan tener esta alegría que es propia del Evangelio”.

El Santo Padre se detuvo sobre la alegría y el estupor. “El estupor bueno – dijo Francisco – ante la revelación, ante el amor de Dios, ante las emociones del Espíritu Santo”. El cristiano “es un hombre, una mujer de estupor”. Una palabra que, como destacó el Pontífice, vuelve hoy al final, “cuando Jesús explica a los Apóstoles que aquel muchacho tan bueno no logró seguirlo, porque estaba aferrado a las riquezas”. ¿Quién puede ser salvado, se preguntan entonces los Apóstoles? A ellos el Señor responde: “¡Imposible para los hombres”, “pero no para Dios!”.

No buscar la felicidad en cosas que, al final entristecen

La alegría cristiana, por tanto, “el estupor de la alegría, el ser salvados del hecho de vivir aferrados a otras cosas, a la mundanidad – a los tantos tipos de mundanidad que nos separan de Jesús – sólo se puede lograr con la fuerza di Dios, con la fuerza del Espíritu Santo”, dijo el Papa:

“Pidamos hoy al Señor que nos dé el estupor ante Él, ante tantas riquezas espirituales que nos ha dado; y que con este estupor nos dé la alegría, la alegría de nuestra vida y de vivir con paz en el corazón las tantas dificultades; y que nos proteja de buscar la felicidad en tantas cosas que al final nos entristecen: prometen tanto, ¡pero no nos darán nada! Acuérdense bien: un cristiano es un hombre y una mujer de alegría, de alegría en el Señor; un hombre y una mujer de estupor”