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El padre Federico Lombardi, en una foto de archivo

MUNDO

Padre Lombardi. De Jerusalén a Jericó: siempre hay algo bueno que contar

¿Cómo orientarse en el mar de la información sin perderse? ¿Qué palabras hay que buscar y tomar en serio? Las buenas noticias, las buenas historias, a menudo son humildes y silenciosas, no se hacen propaganda a sí mismas. Es necesario abrir los ojos y los oídos para verlas y sentirlas. Pero las hay, ¡y cuántas! El padre Federico Lombardi, ex director de Radio Vaticana, comenta el Mensaje de las Comunicaciones Sociales de este año 2020, y responde a algunas inquietudes.

Griselda Mutual – Ciudad del Vaticano

“El Dios de la vida se comunica contando la vida”, escribe el Papa en su Mensaje para la 54ª Jornada Mundial de las Comunicaciones. De hecho, Jesús hablaba con “narraciones breves, tomadas de la vida cotidiana”. Pero en aquellos tiempos, ocurre pensar, no existía la amplitud de información que tenemos hoy en día, que a menudo lleva a la gente a la confusión. Tampoco existía el fenómeno de la “rapidación”, esa aceleración que, no pocas veces en la comunicación, lleva a recoger información, a saciar curiosidades, pero no a tomar o brindar conciencia. Una aceleración que desvía nuestra atención de objetivos verdaderos, cambiando continuamente los puntos de referencia, mientras la tierra que nos alberga sigue yendo a su propio ritmo: toma 24 horas para girar alrededor de sí misma, y 365 días para girar alrededor del sol. Y el hombre, parte y huésped de esta tierra… ¿Cómo se orienta en el mar de la información “englobado” en medio de esta aceleración? ¿Qué criterios debemos usar para comunicar y para comunicarnos hoy en día? El padre Federico Lombardi, ex director de Radio Vaticana, hoy presidente de la Fundación Joseph Ratzinger, responde a algunas de nuestras inquietudes, comentando el mensaje para las comunicaciones del Santo Padre de este año 2020.

R: Ciertamente la comunicación en el mundo actual nos sumerge en un mar de palabras, informaciones, mensajes y opiniones de todo tipo que alcanza dimensiones vertiginosas y crece continuamente, tanto que a menudo nos sentimos perdidos y confundidos. El advenimiento del “mundo digital”, no obstante, sus innegables ventajas, ha contribuido en gran medida a esta situación ofreciendo nuevas tecnologías, no sólo para recibir mensajes, sino también para enviarlos e intercambiarlos, de modo que cada uno de nosotros se ha convertido potencialmente en una fuente libre de información y comunicaciones de todo tipo, útiles o inútiles, verdaderas o falsas, positivas o dañosas.

“Las historias influyen en nuestra vida, aunque no seamos conscientes de ello. Papa Francisco”

Las personas de mayor edad y con posiciones mentales ya consolidadas pueden defenderse más fácilmente de la confusión. Las más jóvenes han sufrido una influencia más profunda y muchas de sus ideas han cambiado, sus posiciones se han visto a menudo sacudidas o trastornadas, y, en cualquier caso – bombardeadas por innumerables opiniones diferentes – han sido arrolladas por una ola de relativismo debido a la dificultad de distinguir y juzgar lo bueno y lo malo, lo verdadero y lo falso. Pero, sobre todo, al mundo digital han tenido acceso también los niños, a una edad cada vez más temprana, mucho antes de que pudieran recibir una formación personal con la que moverse en este mundo sin quedar expuestos desprovistos de defensa. Tienen nuevas y vastísimas posibilidades de aprendizaje, pero corren grandes riesgos para su formación humana, moral, afectiva… y también para su seguridad ante los riesgos de abusos de todo tipo…

Relatos inolvidables y eficaces a través de los siglos

¿Cómo orientarse en este mar sin perderse? ¿Qué palabras hay que buscar y tomar en serio? Entre las comunicaciones más eficaces y atractivas – nos dice el padre Lombardi – están las narraciones y sobre todo las narraciones de vida vivida. Ellas tienen “la garra de la concreción y la credibilidad”: “cosas que faltan en los discursos ‘abstractos’, las declaraciones teóricas o de principios”.

Sabemos muy bien que los ejemplos reales son necesarios para que un discurso sea comprensible y convincente en relación con la vida de los que lo escuchan. Sabemos que los “testimonios” tienen la autoridad necesaria para ser acogidos, aunque afirmen verdades difíciles de aceptar o desagradables. Incluso en el enredo de la comunicación del mundo digital, es necesario saber destacar o ayudar a los navegantes a encontrar testimonios de vida vividos evangélicamente en la fe. Es posible, aunque no es fácil.

La misma Escritura es la narración del diálogo entre Dios y su pueblo: una historia concreta de experiencias a través de las cuales los creyentes conocen a Dios cada vez más profundamente. Los Evangelios son relatos de la vida de Jesús a través de los cuales Él nos revela que Dios es nuestro Padre y nos ama. El mismo Jesús usa las narraciones – en particular las parábolas – para hacernos entrar en su corazón y en el del Padre. Son relatos inolvidables, que siguen siendo eficaces a través de los siglos.

La fe se comunica con el testimonio vivido

“El Evangelio pide al lector que participe en la misma fe”, nos recuerda Francisco en el mismo mensaje. Pero, ¿de qué manera podemos llegar con la narración a aquellos que no conocen a Jesús? “Sin un testimonio vivo y una historia de vida vivida en la fe, – nos responde el padre Lombardi – la fe no se comunica”.

Benedicto XVI ha dicho muchas veces que las narraciones de las vidas de los santos son muy valiosas, son extraordinarias y debemos multiplicarlas también en las diferentes formas de expresión, imágenes, cine, teatro… porque las vidas de los santos son el Evangelio vivido, traducido en acciones concretas para el mundo de hoy. Quien conoce la vida de los santos sabe muy bien que son maravillosas, fascinantes, que a menudo superan toda imaginación humana, porque la gran caridad hace milagros, no en el sentido de la superación de las leyes de la naturaleza, sino en la superación de las habituales y arraigadas tendencias humanas al egoísmo y al odio… ¿Por qué era tan eficaz el testimonio de la Madre Teresa?

El Papa Francisco en su bellísima Carta sobre la vocación de todos a la santidad nos ayudó a reconocer a los santos ‘de al lado’, a ver que afortunadamente aún hoy, estos ejemplos del Evangelio vivido, son muchos más de los que solemos pensar, en la vida familiar, en la dedicación a los demás, en el trabajo honesto por la comunidad…

De Jerusalén a Jericó: siempre hay algo bueno que contar

Y es que “las buenas noticias, las buenas historias, a menudo son humildes y silenciosas, no se hacen propaganda a sí mismas. Es necesario abrir los ojos y los oídos para verlas y sentirlas. Pero las hay, ¡y cuántas!”, asegura el padre, que tiene bien presente en su memoria y nos la cuenta, una anécdota que es historia, vinculada a la Radio Vaticana:

Al comienzo del Gran Jubileo del 2000, en Radio Vaticano, habíamos pensado en iniciar una columna que contara una historia de caridad cada día – de servicio a los enfermos, de acogida a los migrantes, de recuperación de los marginados, etc. – y nos dijimos: empecemos y continuemos por un tiempo, cuando hayamos terminado las historias disponibles cambiaremos la columna. La habíamos titulado: “De Jerusalén a Jericó”, pensando en la parábola del buen Samaritano. Pues bien, cada vez que encontrábamos una bella historia, descubríamos inmediatamente otra nueva que no conocíamos, y así comenzó como una cadena que no terminaba más. Encontramos historias para todos los días del año y habríamos podido seguir y seguir para siempre… Así nuestros ojos se abren a la presencia del amor en el mundo, al Evangelio vivido; y el corazón se enciende y se encuentra la esperanza en la presencia del Espíritu del Señor que actúa a nuestro alrededor y en nosotros.

Para que puedas contar y grabar en la memoria

En este mar de informaciones de todo tipo, debe hoy navegar el periodista, necesitado también de una “brújula” para no perderse, bombardeado como está de información, tal como aquellos que reciben sus escritos y su comunicación. “¿Qué criterios propondría a los periodistas que tienen que escribir sobre temas difíciles y complejos o controvertidos?”, le preguntamos. El padre Federico Lombardi, de 77 años de edad, nos ofrece “criterios muy concretos”, que pueden todos “encarnarse y expresarse en la vida de personas concretas, en acciones concretas, en formas concretas de comunicación”.

Cuando los jóvenes que trabajan en la comunicación me preguntan si tengo algún consejo que darles, siempre digo que no tengo para dar ningún consejo técnico, porque soy viejo y ellos saben y sabrán mucho más sobre tecnologías y lenguajes que yo. Pero les digo que lo más importante es “que cosa” van a comunicar. Y tomando las palabras de la antigua filosofía clásica, que de buena gana son retomadas también por el Papa Francisco, amo decir que es necesario comunicar lo único, lo verdadero, lo bueno, lo bello. Es decir, la unión y la comprensión mutua y no la división; la verdad y no la falsedad y el engaño; lo que es bueno y no lo que es malo y conduce al mal; lo bello que eleva el ánimo humano y no lo feo, lo vulgar, lo inmoral que aplasta el espíritu bajo el peso de la materia.

Comunicar el bien no significa ocultar el mal

“No todas las historias son buenas”, escribe el Papa Francisco en su mensaje, y, bien lo sabemos, avasallados como estamos tantas veces por el dolor de tantas personas, lejanas o cercanas, por las injusticias, por las pobrezas, por las miserias humanas… Narrar lo verdadero, lo bueno, lo bello, incluso de las cosas o situaciones que no son buenas… ¿Es posible? ¿Cómo?, preguntamos aún.

Ciertamente, decir que debemos comunicar el bien no significa ocultar o negar la realidad del mal, del crimen, de la corrupción, sino que debemos presentarla como tal, en su horror y su contagiosidad mortal, y no dejarnos dominar por la curiosidad y la complacencia morbosa del escándalo. El Papa Francisco advirtió a los comunicadores de estos vicios con palabras sorprendentemente fuertes, hablando de “coprofagia”, que significa nutrirse de excrementos. Es la dignidad humana la que sufre.

Centinelas del mundo que viene

El también ex director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, nos conduce con su memoria al Jubileo de los periodistas, en el año 2000:

Nunca olvidé la hermosa homilía de Card. Etchegaray en ocasión del Jubileo de los Periodistas en el año 2000. Decía que el periodista debe ser como aquel que mira desde la ventana más alta de la casa donde vive, para ver bien a su alrededor con un horizonte amplio, sabiendo ver a lo lejos, lo que pasa, lo que se acerca, lo que se aleja y hacia dónde… no quedándose prisionero de una mirada demasiado estrecha y baja, que no permite comprender el sentido de los acontecimientos. He aquí una bella misión del comunicador: tratar de entender el sentido de lo que está pasando y hacia dónde se dirige y ayudar a los demás y a la comunidad a comprenderlo…

“Cuando la atención de los medios de comunicación se centra en un globo según las oportunidades políticas o comerciales, ¿no se deja en las sombras alguna miseria encubierta, alguna guerra olvidada, alguna solidaridad perdida? (Card. Etchegaray)”

Una grave desproporción, nadie está exento

La última inquietud que le planteamos al periodista y sacerdote que guiara por veintiséis años la Radio Vaticana y por diez la Oficina de Prensa de la Santa Sede es: ¿qué tiene en abundancia la comunicación social hoy y qué le falta, tanto fuera como dentro de la Iglesia?

En mi opinión, la comunicación social experimenta una grave desproporción entre la potencia difusora de las actuales tecnologías de comunicación de hoy en día y la superficialidad de la grandísima parte de lo que se comunica. También en la Iglesia existe este riesgo. Por eso el tema del mensaje de este año es importante: hay que preocuparse mucho por proponer, dar a conocer, hacer encontrar las experiencias de la vida según el Evangelio, el servicio de la caridad, la santidad cotidiana. Así es como se transmite la fe, la presencia de Dios en nuestra vida.

Autor: loiolaxxi

periodista, jesuita, bloguero, profesor, jubilado

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