Loiola XXI

Lugar de encuentro abierto a seguidor@s de S. Ignacio de Loyola esperando construir un mundo mejor

Séptimo domingo. Homilía de J.A. Jáuregui S.J.

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iglesia1DOMINGO 7 T.O.A.

 

Ev. Mt 5,38-48: Ley del talión, amor al enemigo

El evangelio de hoy presenta las dos últimas antítesis de las seis que el evangelista san Mateo pone en boca de Jesús. La primera deja sin vigencia, en virtud de la autoridad de Jesús, la disposición del A.T. que se ha llamado la ley del talión. Se llamaba talión aquella especie de pena por la que el culpable era castigado con el mismo mal que él había causado. Se trata de una institución jurídica presente en todos los pueblos del antiguo oriente, así como de los griegos, romanos y egipcios y que no era sino la reglamentación estatal de la ley más primitiva de la venganza de sangre privada, norma que era válida incluso en Israel en los tiempos antiguos.

Jesús contrapone su ética a un principio de derecho judío del A.T. y de todo derecho en general, si bien esto no significa la superación y revocación por principio del orden jurídico estatal. Sirve, sin embargo, para esclarecer que cuando un discípulo sufre una injusticia, debe estar dispuesto a renunciar, incluso a la idea, de recurrir al orden jurídico que lo protege y lo defiende del mal. Esta buena voluntad está indicada por Jesús como el verdadero espíritu cristiano.

La Iglesia antigua trató de suavizar de diversos modos la dureza de estos preceptos de Jesús. Se interpreta, por ejemplo, el mandato de poner la otra mejilla en el sentido de ofrecer la recta doctrina frente a las objeciones heréticas. Posteriormente, en la ética de doble grado, la prohibición de las armas rige para los clérigos y la prohibición de los pleitos sólo para los monjes. Pero la injusticia pública debe combatirse en todos los casos.

Hoy en día nos plantean las exigencias de Jesús toda una problemática en torno a la violencia. La renuncia a la violencia es un signo de contraste del reino de Dios y un elemento del nuevo camino de justicia abierto por Jesucristo. Por eso cualquier aplicación de nuestro texto tendrá que poner de manifiesto que el empleo de la violencia es una señal del mundo irredento que necesita urgentemente de redención y, por tanto del signo de la no violencia. Esto significa que cualquier violencia: criminal, política, económica, militar  es contraria a Dios y mala, como parte del mundo irredento. Una exégesis de nuestro texto tiene que denunciar claramente que es contrario a toda tendencia humana resignarse a la violencia, aceptarla resignadamente como parte de la existencia y vivir bajo las condiciones impuestas por ella. Se necesitan – afirma Ulrich Luz en su comentario a Mateo a quien sigo en estas líneas – unos signos de contraste del reino de Dios para poner en claro que no hay ninguna forma de violencia, llámese guerra justa o pena de muerte justa que sea legítima a los ojos de Dios.

El precepto del amor a los enemigos es uno de los textos cristianos fundamentales. No sólo aparece citado frecuentemente en la parénesis del Cristianismo primitivo y en casi todos los sectores cristianos, sino que se considera como lo propio y nuevo en el Cristianismo, que los paganos admiran. Para la predicación misional cristiana, para los apologetas y para los primeros Padres latinos fue decisivo presentar el Cristianismo como una religión de obras. No sólo se enseña el amor a los enemigos, sino que se practica. El puesto central que ocupa el amor a los enemigos está en consonancia con la intención de san Mateo, que le asignó un puesto relevante en la última de las seis antítesis del sermón programático de la montaña. San Mateo estableció así el precepto del amor como precepto de la justicia “superior” de los cristianos, resumido en la sentencia conclusiva del evangelio de hoy “Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto”.

         La historia de la influencia de este mandato del Señor en la historia del Cristianismo lleva a plantear la cuestión de si el amor a los enemigos no es una sobreexigencia para el hombre. De hecho el Nuevo Testamento no nos propone sólo el amor a los enemigos, sino que nos presenta también a un Pablo nada delicado con sus adversarios, por no hablar de la segunda carta de Pedro y su modo de tratar a los enemigos (2 Pe 2,12-22). Más aún, el propio evangelio según san Mateo es ilustrativo de estos problemas. El mismo autor que pone el amor a los enemigos en el punto culminante de las antítesis identitarias del programa de Jesús transmitió las grandes imprecaciones contra los fariseos en el cap. 23 y añadió otras por su cuenta. Este capítulo de Mt no es, desde luego, un testimonio de amor a los enemigos ejercido con los fariseos y letrados. Cabe preguntarse si el propio Mateo no es un testigo excepcional para la problemática de este precepto evangélico. Si los buenos o los malos profetas se distinguen por sus frutos, como dice san Mateo (7,15-23), puede decirse que el balance de la historia de la Iglesia en el tema evangélico que se nos propone hoy es ambivalente. No hay sólo cruzadas, guerras de religión, evangelización forzada y antijudaísmo, pero todo eso también existió. ¿Qué tiene que ver todo esto con el precepto del amor a los enemigos? Las indagaciones de la historia y de la psicología son indispensables para la reflexión sobre los frutos exigidos por el evangelio. Desde esta perspectiva, se impone en primer lugar una autocrítica confrontada con la intención de Jesús. Jesús no supeditó el amor a ninguna finalidad. No prescribió el amor a los enemigos como una oportunidad para conseguir la conversión del enemigo. El hecho de que se haya ligado el amor a los enemigos con la finalidad de la misión es una expresión del fracaso cristiano en este precepto. El amor para un fin, por bueno que sea, no es amor ni es lo que propuso Jesús. Jesús propuso este mandamiento desde el presupuesto de que el reino de Dios había comenzado y el hombre debía darle respuesta. Aquí estriba la diferencia radical respecto de la valoración marxista del amor a los enemigos.

Bilbao, 23 de febrero de 2020

Autor: loiolaxxi

periodista, jesuita, bloguero, profesor, jubilado

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