Loiola XXI

Lugar de encuentro abierto a seguidor@s de S. Ignacio de Loyola esperando construir un mundo mejor

Domingo16. Homilía por J.A. Jáuregui S.J.

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iglesia1DOMINGO 16 T.O.C.  

 

Ev.: Lc 10,38-46 (Marta y María)

 

A continuación de la parábola del buen samaritano que nos hablaba del precepto del amor colocó el evangelista san Lucas esta escena doméstica para poner de relieve la única cosa necesaria: escuchar la palabra de Jesús.

Camino de Jerusalén, Jesús se encuentra en casa de dos hermanas Marta y María, bien conocidas en la tradición evangélica. Marta es la auténtica señora de la casa, enérgica, activa, verdadera dueña del hogar. Acoge con hospitalidad a Jesús, le tributa los debidos honores, le prepara la mesa, le colma de atenciones.

María aparece descrita como un alma tranquila, una mujer de profunda vida interior, sentada a los pies del Señor para escuchar con avidez su palabra.

La diferencia entre las dos hermanas se revela donde Marta, totalmente afanada y absorta en los preparativos de la hospitalidad debida al ilustre huésped, revela con cierta excitación su enojo ante la pasividad de su hermana. Se dirige directamente a Jesús porque él es, en cierto sentido, el responsable del comportamiento de su hermana. Jesús, sorprendentemente, se pone de parte de María, reprendiendo suavemente la solicitud y turbación afanosa de Marta.

Orígenes, el sabio alejandrino en sus homilías sobre Lucas, relacionó el episodio con la distinción entre la acción (praxis) y la contemplación (teoría). Una distinción más propia de la cultura helénica que de la bíblica. Pese a ello esta exégesis consiguió las simpatías de los teólogos monásticos. Desde Basilio de Cesarea hasta Juan Casiano se veían con esta interpretación justificados en su renuncia al mundo agitado y en su opción por la vida contemplativa. Hasta nosotros en nuestros primeros años de formación llegaron los ecos de esta interpretación que exaltaba la vida religiosa contemplativa por encima de la vida de los religiosos y religiosas de vida activa. Flotaba en el aire que en la intención fundadora de Jesús de la vida consagrada mostró sus preferencias por la vida contemplativa, prefigurada en María.

Pero esta interpretación metía en el texto un problema moderno, ajeno totalmente al contexto evangélico. Juan Crisóstomo se enfrentó con el tipo origeniano de interpretación simbólica y reivindicó un sentido más literal. A su juicio, Jesús no reprocha a Marta su actividad, sino su incapacidad de aprovechar la ocasión de la visita de Jesús para escuchar su palabra. En esta misma dirección fueron san Cirilo de Alejandría  quien centró su homilía en los vínculos entre la hospitalidad cristiana y la escucha de la palabra de Dios.

La exégesis literal moderna les da la razón. Se trata en este contexto de la visita del Señor en su camino hacia Jerusalén. Jesús quiere revelar a Marta que sólo una cosa es necesaria: pensar en la salvación, y por eso María es la única que ha sabido aprovecharse de la visita del Señor para escuchar su palabra. María ha escogido la parte buena,- no dice la parte mejor ni la parte óptima – que no le puede ser arrebatada. Si sólo la parte de María es llamada buena, esto quiere decir implícitamente que Jesús reprende la labor doméstica de acogida, no porque Marta quería agasajar a Jesús sino porque su modo de actuar cobraba a sus ojos una estima excesiva. Lo que Marta consideraba necesario – escribe Sickenberger – “era una especie de veneración de Jesús, ciertamente bien intencionada, pero que desconocía la importancia del momento de la visitación del Señor y, por consiguiente, en tal circunstancia dejaba de ser del todo buena”.

Una comparación con otra escena del camino de Jesús a Jerusalén ilustra por contraste el sentido de la reprobación matizada de la actitud de Marta. Bajando del monte de los Olivos a Jerusalén hay un punto que la tradición llama “Dominus flevit”. Allí se detuvo Jesús y lloró sobre la ciudad diciendo: “Jerusalén, Jerusalén, cuántas veces quise acogerte como la gallina recoge a sus polluelos bajo sus alas, y tú no has querido”. Jesús predijo entonces la destrucción: “…. No quedará de ti piedra sobre piedra”. Y añade la razón: “Porque no has reconocido el día de tu visitación”.

         La sutil reprobación de la actividad de Marta es muy distinta. Si, como parece probable, Marta y María con sus actitudes ante Jesús, representan los dos grandes ministerios presentes en la vida de la Iglesia desde sus comienzos, es evidente que Jesús no reprueba la actividad caritativa de la Iglesia.

Si tratamos de aplicar a nosotros mismos esta enseñanza evangélica de hoy, puede ayudarnos la interpretación agustiniana que hizo realidad en su vida. Agustín estimaba por encima de todo la vida interior. Pero aceptó, aun corriendo el riesgo de cierta merma de su vida interior, el ministerio episcopal que le encomendó la Iglesia. El evangelio de hoy nos invita a hacer realidad en nuestra vida personal estos dos ministerios que recogen la doble actividad de Jesús por la palabra y por el gesto. La escucha de la Palabra que hace consciente la presencia de Jesús dentro de nosotros y la acción caritativa son indispensables en la vida de la Iglesia y en nuestra vida cristiana.

Bilbao  21 de julio de 2019

Autor: loiolaxxi

periodista, jesuita, bloguero, profesor, jubilado

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