Loiola XXI

Lugar de encuentro abierto a seguidor@s de S. Ignacio de Loyola esperando construir un mundo mejor

Corpus Christi, homilía. Por J.A.Jáuregui S.J.

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FIESTA DEL CORPUS CHRISTI

 

La intimidad y recogimiento con que tratamos de celebrar la festividad del Corpus Christi no puede evitar una cierta mirada hacia atrás, hacia aquellos tiempos en que esta fiesta concitaba a multitudes de creyentes para celebrar con brillantez la fe del pueblo cristiano en la Eucaristía. No es este el momento de analizar las causas del estado de innegable decadencia y casi de postración en que ha caído aquella manifestación popular de la fe en la presencia real de Jesús en la Eucaristía. Pero el contraste nos invita a reflexionar sobre el sentido actual que debe seguir teniendo esta celebración. Me atrevería a afirmar que un sentido muy actual de esta fiesta del “Cuerpo del Señor” no dista mucho del que se puede rastrear en la misma fuente de la tradición evangélica y que la exégesis reciente resume en dos palabras que recogen muy elocuentemente el sentido eclesial del misterio eucarístico: dispersión y reagrupamiento. Así lo afirmaba la oración de la Didajé 9,4: “Como este fragmento estaba disperso sobre los montes y reunido se hizo uno, así sea reunida tu Iglesia de los confines de la tierra en tu reino. Porque tuya es la gloria y el poder por Jesucristo eternamente”. Una primicia de esta concepción eclesial de la Eucaristía puede rastrearse en el evangelio de Marcos. En la llamada “Sectio panum”, considerada como el centro nuclear del evangelio hay una frase enigmática que ha sido objeto de profundos estudios exegéticos: “No habían entendido lo de los panes”. Viene a ser una palabra clave para entender la dialéctica del EvMc entre el esfuerzo de autorrevelación esotérica de Jesús a sus discípulos y la falta de inteligencia y comprensión de éstos. El milagro de la multiplicación de los panes, unido a la revelación del primer “Yo soy” de Jesús en la teofanía de la tempestad calmada, es pieza clave para entender la manifestación del secreto del Hijo del hombre que se hace presente entre nosotros en el memorial de la pasión que celebramos en la Eucaristía. En efecto, en la última cena Jesús ofrece el pan y explica que es su Cuerpo (Soma). En la antropología del tiempo, el soma significaba la persona entera en cuanto identidad, presencia y actividad; en consecuencia, al invitar Jesús a tomar el pan/cuerpo, invita a asimilarse a El, a aceptar su persona y actividad histórica como norma de vida. El mismo da la fuerza para ello. Después de salir, Jesús les dice: “Todos vais a fallar, como está escrito: Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas. Pero cuando resucite iré delante de vosotros a Galilea”. Todo esto da a entender que el pan contiene el misterio del reagrupamiento posterior a la dispersión de los discípulos.

Esta sugerencia de dispersión y reagrupamiento que gira en torno al pan que es Jesucristo se desarrolla con mayor detalle en el cap. 6 del evangelio de san Juan. La MP es ocasión de reunir a mucha gente: 5000 en busca de algo o de alguien. Se ha sugerido la imagen de Israel en 1 Re 22,17(“He visto a todo Israel disperso por las montañas como ovejas que no tienen pastor”) El Jesús de san Juan es el pastor de Israel que reúne a su pueblo para alimentarlo abundantemente. Sigue luego la recogida de los restos, reagrupamiento, hecha por los discípulos hasta llenar 12 canastos. La frase del v. 12 “Para que no se pierda nada” subraya bien la importancia del reagrupamiento de Israel. Este movimiento de reagrupación se intensifica de nuevo en la secuencia narrativa que sigue a la MM (vv.22-25) y por la evocación de Israel en el desierto recibiendo el maná de la mano de Dios (v.31). Varias palabras de Jesús en el discurso sobre el pan de vida amplían al mundo entero esta obra de reagrupamiento: v. 23: “Pues el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo”; y el v. 39: “Ahora bien, la voluntad de Aquel que me ha enviado es que no se pierda ninguno de los que me ha dado”.

En oposición con este proyecto de reagrupación  – sólo posible por la fe en J.C. – el epílogo del c. 6 de Jn (vv.60-71) ilustra “por contraste” la dispersión progresiva de los que se habían reunido en torno a Jesús al comienzo del cap. Los judíos ya habían marcado sus distancias. Ahora se producen disidentes entre los discípulos (v.66:”Desde entonces muchos de sus discípulos se echaron atrás y ya no andaban con él”). Pero este movimiento de dispersión culmina en la confesión de Pedro con los Doce, paralela a la confesión de fe de Pedro en Mt 16,18: v.67: “Así que Jesús dijo a los doce: “¿También vosotros queréis marcharos?’ Le contestó Simón Pedro: “¿Señor, a quién vamos a acudir? Tú dices palabras de vida eterna. Nosotros hemos creído y reconocemos que tú eres el Consagrado de Dios”. Termina este epílogo con la mención del traidor Judas, que es el  antagonista de Pedro y simboliza a todos aquellos discípulos incapaces de superar el escándalo que provocan las palabras de Jesús y le abandonan: (“Jesús les respondió: ‘¿No os he elegido yo a los doce? Pues uno de vosotros es un diablo’. Lo decía por Judas Iscariote, uno de los doce, que lo iba a entregar”).

Por este movimiento de dispersión y reagrupamiendo que hace de hilo conductor de todo el cap. 6 quiere el evangelista  hacer una advertencia a su comunidad donde probablemente se daban tensiones tanto externas como internas. Los exégetas se dividen en este punto. Unos – como Udo Schnelle – ponen la causa de la dispersión de los discípulos en una tensión interna de la Iglesia. Otros . como K. Wengst – se inclinan por una causa exterior a la Iglesia vinculada con la hostilidad de los judíos contra los cristianos. Martyn niega la alternativa: “Las dos posiciones aducen argumentos lo suficientemente convincentes como para tomarlos en consideración”. Pero es más discutible si la disensión conecta directamente con el tema eucarístico de los últimos vv. 51b-58 o con el discurso anterior sobre el pan de vida donde lo que se ventila es la afirmación de Jesús “Yo soy el pan de vida”. R.E. Brown defiende claramente esta última posición. U Schnelle defiende la tesis siguiente: La causa de la dispersión fue interna a la vida de la Iglesia . El cisma entre los discípulos es exponente de divisiones internas en la comunidad joánica. Estas divisiones se produjeron a propósito de la interpretación soteriológica de la existencia terrestre de Jesús. Ciertamente la Eucaristía – dice Schnelle – desempeñó un papel importante en este cisma. El evangelista reproyecta a la vida de Jesús una problemática de su tiempo, legitimando de este modo su propia posición por medio de Jesús mismo. La posición del evangelista se deduce claramente del “discurso eucarístico” en los vv. 51c-58. Contra unos discípulos que rechazaban la significación soteriológica de la cena del Señor, se impone el sentido que da Juan a la palabra “sarx” (carne) en el v. 51c, el empleo del verbo trwgein,(masticar) el sentido exclusivo del v. 53 (“El Espíritu es el que da vida, la carne no vale para nada”); todos estos vv. son testigos de la visión encarnacionista de este pasaje. .Juan habla ciertamente de la Eucaristía, pero no se interesa por el problema de la substancia de las especies eucarísticas, tema en el que se centró la fe en la Eucaristía después de Trento. La carne y la sangre no deben entenderse carnalmente: lo expresa claramente el v. 63 que acabo de citar: “El pneuma es el que da vida, la carne no vale para nada”. El evangelista tiene un interés cristológico: la eucaristía manifiesta la identidad entre el Hijo del hombre glorificado y el Cristo encarnado y crucificado. Son un desarrollo aplicado a la Eucaristía de lo mismo que había dicho en los vv. 56-57 que desarrollan el tema de la unidad insistiendo en la comunión: comunión del creyente con Cristo y por él con el Padre, comunión que se encuentra de modo especial en la Eucaristía, comunión vivificada por el Espíritu, cuando no es objeto de disputas “carnalistas”, sino la vivimos todos en la fe. Os invito a vivir esta fiesta desde esta perspectiva de comunión con Cristo que debe unirnos en comunión a todos los que confesamos a Cristo como Hijo de Dios, y fuente de Vida.

Autor: loiolaxxi

periodista, jesuita, bloguero, profesor, jubilado

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