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Interesantes declaraciones del Cardenal Becciu en una entrevista

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Vaticano, Becciu: penas pecuniarias a quien viole el secreto profesional

El prefecto de las Causas de los Santos, entrevistado en el libro “Los nuevos cardenales de Francisco”, recuerda el caso “Vatileaks”: «El temor de pagar del propio bolsillo sería un buen disuasivo». Sobre los sacerdotes homosexuales: «Quien tiene tendencias homosexuales mejor que no se vuelva sacerdote». «¿En Italia los católicos pueden continuar rehuyendo la política?»

El cardenal Angelo Becciu, prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos

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Pubblicato il 08/04/2019
Ultima modifica il 08/04/2019 alle ore 22:13
SALVATORE CERNUZIO
CIUDAD DEL VATICANO

Penas pecuniarias para quien viola el secreto profesional en el Vaticano. Según el cardenal Angelo Becciu la experiencia de los dos Vatileaks fue demasiado dolorosa para la Iglesia como para que no se tomen medidas en el futuro. Y, como sustituto de la Secretaría de Estado, puesto en el que estuvo de 2011 a 2018, cuando Francisco lo creó cardenal y lo nombró prefecto de la Congrgación para las Causas de los Santos, había pedido que se estudiara una manera para que dentro del Vaticano se adoptara un sistema de penalidad pecuniaria en caso de violaciones de oficio.

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El purpurado sardo, gran comunicador (cuenta con un perfil muy activo en Twitter), nunca lo había revelado. Lo hace ahora en una larga entrevista con el vaticanista del canal televisivo italiano Mediaset, Fabio Marchese Ragona, que aparece en el libro “Los nuevos cardenales de Francisco” (ediciones San Pablo). «Me pregunto si no ha llegado el momento de que también en el Vaticano se adopte un sistema, usual en estudios notariales u otros entes civiles, de la penalidad pecuniaria en caso de violación del secreto profesional. «¡El temor, en caso de ser descubierto, de pagar del propio bolsillo sería un buen disuasivo!», dice el cardenal en el volumen que reúne las conversaciones con los nuevos purpurados creados por Bergoglio, y es el segundo capítulo de una afortunada edición titulada “Todos los hombres de Francisco”, publicada el año pasado.

En la entrevista, amplia y espontánea, Becciu encuentra espacio para recuerdos personales, empezando por la vocación que lo llevó a abandonar su familia de Pattada para emprender el camino del sacerdocio. Después de los estudios, en 1984 entró a formar parte del servicio diplomático de la Santa Sede («Para mis padres, sobre todo para mi madre, fue un golpe») y después recibió el encargo, de parte de Benedicto XVI, de sustituto de la Secretaría de Estado vaticana.

Durante ocho años, el prelado estuvo al lado de dos Papas, Benedicto y Francisco, convirtiéndose en testigo de momentos difíciles como la renuncia del Pontífice bávaro y, precisamente, de los dos “Vatileaks”. En particular el primero «era un mundo que se venía abajo, porque las relaciones personales y de trabajo que estaban basadas en la confianza y la lealtad se habían desmigajado de repente, llegando incluso a las sospechas entre todos. Fueron días negros», recuerda el cardenal. «El Papa Francisco y el Papa Benedicto sufrieron mucho ante tal traición. No había ni hay motivaciones que puedan justificar un comportamiento parecido. Responde solamente a las lógicas de poder, y es fruto de frustraciones, celos, venganzas y, para algunos, de objetivos de negocios».

«Desgraciadamente, para algunos que trabajan en el Vaticano llegó a faltar el sentido de pertenencia, el sentido de la Iglesia, la capacidad de saber sufrir en el silencio (¡lo digo principalmente a los sacerdotes!). El juramento “sub gravi” ya no vincula, el secreto pontifico ya no dice nada. Con tal de hacer valer el propio punto de vista, con tal de consumar la propia venganza, se traiciona la propia consciencia», subraya el purpurado.

Durante la entrevista también habló duramente sobre el caso del ex nuncio Viganò y sus cartas del verano pasado: «No quiero entrar en el “dossier” y no me expreso sobre monseñor Viganò. El Papa nos ha pedido que mantengamos el silencio y eso conservo. Hay que decir, sin embargo, que fue una historia muy dolorosa. No sé si detrás haya habido planes desestabilizadores. No adoro las teorías complotistas y no les doy importancia».

El cardenal reflexiona ampliamente sobre la cuestión de los sacerdotes homosexuales: «Quien tiene tendencias homosexuales es mejor que no se quede en el seminario y que no se vuelva sacerdote», dijo citando las palabras del Papa. «Quien se dispone al sacerdocio está llamado a hacer voto de castidad. Como bien sabemos, el día del sacerdote se lleva a cabo principalmente en contacto con otros hombres, sobre todo para los que viven en comunidades religiosas, y, para salvar su castidad, se le recomiendan reglas de prudencia en la relación con las mujeres. Ahora, para un homosexual que compartiera consistentemente, en el espacio y en el tiempo, su vida con otros del mismo sexo, ¿sería capaz de vivir fácilmente la castidad prometida? ¿No sería pretender demasiado de él?».

La cosa cambia para los que tienen tendencias homosexuales y son ya sacerdotes (o incluso obispos o cardenales). «Habrá que exigir que observe las promesas sacerdotales y, si no fuere capaz, o incluso ofreciere escándalo, sería necesario que por el bien de la Iglesia se retirare a una vida privada, así como con la misma severidad se exige a un consagrado heterosexual», afirmó Becciu.

En general, se muestra optimista: todos los «sufrimientos o negatividades» pueden transformarse «en nuevos impulsos de dedicación desinteresada», aseguró. Y lo que más recuerda de su trabajo como sustituto son los «momentos bellos» pasados al lado del Sucesor de Pedro: viajes, audiencias, celebraciones, la misma elección de Jorge Mario Bergoglio que, el 28 de julio de 2018, lo creó cardenal en el quinto Consistorio de su Pontificado. Al contrario de los “colegas” que se enteraron del nombramiento por el radio o la televisión, Becciu recibió la noticia antes y directamente del Pontífice. «El Papa me recibía a menudo y tuvo la gentileza de no esperar a que lo descubriera en la tele. Algunos días antes del anuncio me dijo: “Mire que usted va a estar en la lista de los nuevos cardenales, prepárese. No lo sabe nadie, el único es usted, mantenga el secreto”».

A partir del primero de agosto, el cardenal bajó de la primera logia del Palacio Apostólico para asumir la guía de la “Fábrica” de los Santos, por lo que en estos meses ha viajado por el mundo para presidir ceremonias, beatificaciones y canonizaciones.

El purpurado reflexiona también sobre la realidad italiana, cuya situación política y social actual es alarmante, como dijo en la conversación con Marchese Ragona. «Falta trabajo, se preanuncia el peligro de una grave recesión económica, los jóvenes emigran, los inmigrantes son malvistos y se registran alarmantes episodios de xenofobia (cosa ajena a la cultura italiana hasta hace poco tiempo), hay demasiada rabia, faltan ideales elevados, el Gobierno arranca y los partidos desilusionan», afirma.

Es decir, «se respira una atmósfera pesada», anotó el cardenal. Y se preguntó: «¿Pueden los católicos, en política, continuar huyendo? ¿No será oportuno que se vuelvan a encontrar y hagan fructificar el gran patrimonio de ideas, de valores, de doctrina social del que disponen? Me ha impresionado la elevada audiencia obtenida por el presidente de la República Sergio Mattarella, con su discurso de final de año. Tal vez la gente tiene nostalgia de tonos calmados, de ideas profundas, valores compartidos a la base de una serena convivencia social y ha apreciado el tono y los contenidos de su discurso».

Al final también se refirió a las elecciones europeas de mayo y a las fuerzas soberanistas y populistas que parecen reforzarse entre las instituciones del viejo Continente. «Soberanismo y nacionalismo no son palabras que nos gustan, nos recuerdan un pasado triste, en el que las guerras se adoptaban como la solución más inmediata y eficaz para resolver las controversias entre los Estados», observó Becciu. «El extendido malestar anti-europeo debe hacer que los responsables reflexionen. En este malestar podemos incluirnos también nosotros los católicos, porque, después de que fueron negadas, violentando la historia, las raíces judeo-cristianas de Europa, ha habido persistentes intentos a nivel legislativo en las instituciones de arrancar cualquier norma que se refiera a los valores cristianos».

Becciu criticó también «el silencio de la Unión Europea sobre los millones de cristianos perseguidos en el mundo. Que se remuevan estos y otros obstáculos –afirmó– y el camino hacia la Europa soñada por sus fundadores será más veloz».

Autor: loiolaxxi

periodista, jesuita, bloguero, profesor, jubilado

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