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Marruecos. La visita del Papa sábado y domingo. Entrevista con el Cardenal Parolin.

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Card. Parolin: Encuentro y esperanza guiarán el viaje del Papa a Marruecos

Caminar por la senda del encuentro mutuo. Es la vía trazada por el Cardenal Pietro Parolin en vísperas del viaje apostólico de Francisco a Marruecos. El Secretario de Estado del Vaticano subraya la importancia de la presencia del Papa en apoyo de la comunidad católica local. Sobre la migración, reitera las palabras del Pontífice: acoger, promover, proteger e integrar

Massimiliano Menichetti – Ciudad del Vaticano

El vigésimo octavo viaje apostólico del Papa Francisco abrirá una vez más la puerta a la esperanza. Entre los momentos centrales de la visita a Marruecos están el encuentro con los migrantes, los sacerdotes, los consagrados y el Consejo Mundial de Iglesias. El Sucesor de Pedro confirmará en la fe y apoyará a la pequeña comunidad católica que le espera y se reunirá con él en la Santa Misa del domingo en el Complejo Deportivo Príncipe Moulay Abdellah. Un viaje en signo de la reciprocidad reafirma al Secretario de Estado vaticano, Pietro Parolin:

R. – Creo que las expectativas que están en el corazón del Papa se pueden resumir en dos expresiones. Una que le es muy querida es aquella de la “cultura del encuentro”, en el sentido de que este viaje es una etapa, un momento en el que concretamente se expresa y se consolida también esta propuesta de encuentro. Después, la otra frase que me parece que expresa bien las expectativas del Papa, es la que es un poco el lema de este viaje, es decir “servidores de la esperanza”, frente a la dificultad de afirmar esta cultura, frente a lo que el Papa llama la cultura del descarte por un lado, la cultura de la indiferencia por otro; frente a la multiplicación de los egoísmos, de los cerrazones, de los repliegues sobre sí mismos y sobre las contraposiciones. Me parece que el Papa quiere precisamente darnos una gran esperanza, es decir, que es posible caminar en la vía del encuentro mutuo. Y también estos viajes que se suceden en países que no son de tradición católica, tienen precisamente este significado. Hay que avanzar en esta dirección, hay que tener esperanza, hay que redescubrir la confianza para poder seguir caminando en esta dirección.

El viaje de Francisco a Marruecos tiene lugar poco después del histórico viaje a los Emiratos Árabes Unidos. Este será otro encuentro que mostrará el camino del diálogo y la convivencia pacífica entre cristianos y musulmanes….

R. – Sí, creo que sí, en un cierto sentido – incluso con las debidas diferencias, evidentemente, porque cada país tiene sus propias características – creo que hay un hilo de continuidad. Estos países a los que va el Papa son en su mayoría musulmanes. Este hilo de continuidad lo encuentro un poco en el concepto de fraternidad, como, por ejemplo, en el documento que el Santo Padre firmó en Abu Dhabi. Es verdaderamente como un fundamento de esta cultura del encuentro de la que hablaba, es decir, el hecho de que somos hermanos y por lo tanto debemos aceptarnos incluso con nuestras diferencias, respetarnos y colaborar. Ésta es la base de la convivencia pacífica que debe expresarse a través del diálogo continuo. El diálogo interreligioso es ciertamente uno de los objetivos específicos de este encuentro. A partir de esta base -el Santo Padre ha recordado a menudo que es parte fundamental  incluso del anuncio del Evangelio que somos criaturas e hijos del mismo Padre y que, por lo tanto, debemos reconocernos todos como hermanos- me parece que la fraternidad es el hilo rojo que une estos viajes, incluso en una cierta progresión.

La gestión de los flujos migratorios es también un desafío abierto para Marruecos. En diciembre, en la conferencia sobre el Pacto Mundial celebrada en Marrakech, usted, al examinar la migración, reiteró que “la integración significa enriquecimiento mutuo”…

R. – Creo que esta es la perspectiva correcta para afrontar una interpretación de la migración que hoy es un fenómeno estructural y no sólo contingente, por lo tanto destinado a durar mucho más en el tiempo; no es un fenómeno que se pueda pensar en cerrar en un brevísimo espacio de tiempo. Creo que esta es la perspectiva, y debemos verla no como una amenaza, como un peligro, sino como una oportunidad. La Santa Sede siempre ha dicho que el primer derecho es permanecer en el propio país. Pero evidentemente si hay condiciones de vida que no permiten garantizar ese mínimo de seguridad y progreso, entonces es derecho de todos buscarlo. Así que ver el sentido de este evento en un enriquecimiento recíproco. Precisamente en Marruecos se firmó el famoso Pacto Mundial para una migración segura, regular y ordenada. Creo que lo importante en este momento es no olvidarlo, intentar aplicarlo en los distintos países, aunque no sea jurídicamente vinculante. En el documento están indicadas las así llamadas mejores prácticas, las buenas praxis, que ya en parte se llevan a cabo, pero que deben aplicarse de forma continua. Por otra parte, quisiera recordar el marco en el que debe situarse el compromiso de la Iglesia, de los Estados, los cuatro verbos célebres que el Papa recordó y que nosotros también recordamos en aquella ocasión, es decir: acoger, promover, proteger e integrar. Entonces, obviamente dentro de este marco general, habrá que hacer elecciones concretas, pero creo que este es el trasfondo sobre el cual colocar el tema.

Centro del viaje a Marruecos es la Santa Misa del domingo. ¿Qué estímulo dará el Papa a la pequeña pero floreciente comunidad local?

R. – El hecho de que el Papa vaya a visitar a una comunidad cristiana ya es un estímulo, ya es un motivo de consuelo, sobre todo cuando una comunidad cristiana -como en el caso de Marruecos- se encuentra, por utilizar una expresión evangélica, en un “pequeño rebaño”. Creo que ciertamente en la Misa, como hemos visto en Abu Dhabi, habrá un gran entusiasmo, una gran participación. En esa ocasión, la Misa fue algo realmente conmovedor. Me imagino que será lo mismo para el encuentro con la comunidad católica de Marruecos. Es un momento en el que el Papa consuela, hace sentir que aquella comunidad está incluida en la comunión de la Iglesia universal y que, por lo tanto, es apoyada en las situaciones concretas en las que se encuentra y, sobre todo – las palabras que hemos utilizado también antes – nos animan a continuar en el propio testimonio cristiano, a continuar en el testimonio del Evangelio, en el servicio del Evangelio a través de las relaciones cotidianas y en el dar nuestra contribución también al país en el que nos encontramos viviendo y trabajando. Así que seguramente será un momento muy hermoso y de aliento para esa comunidad.

Autor: loiolaxxi

periodista, jesuita, bloguero, profesor, jubilado

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