Loiola XXI

Lugar de encuentro abierto a seguidor@s de S. Ignacio de Loyola esperando construir un mundo mejor

Domingo del bautismo de Jesús. Homilia de J.A. Jáuregui S.J.

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BAUTISMO DE JESUS.

Ev.: Lc 3,15-16.21.22

Todo este episodio evangélico está envuelto en unos fenómenos que nos resultan extraños por ser absolutamente ajenos a nuestras experiencias de vida sensible y de vida religiosa. “Cielo que se rasga”,descenso del Espíritu Santo en forma de paloma” “voz del cielo que se oye”. Todos estos rasgos visibles y audibles son propios de las teofanías en la historia de las religiones. El N.T. nos ofrece otros ejemplos de teofanías, por ejemplo, en la transfiguración del Señor y en la venida del Espíritu Santo en Pentecostés. ¿Qué significa toda esta intrusión de fenómenos mitológicos en una escena – el bautismo de Jesús por Juan el Bautista –  cuya historicidad nadie pone en duda? Resulta paradójico que  precisamente este detalle histórico, aceptado sin ambages por toda la investigación moderna, creara, por el contrario,  muy pronto  graves dificultades a la primitiva tradición cristiana. Les resultaba escandaloso e inaceptable que el Hijo de Dios se hiciera bautizar con un bautismo de agua para el perdón de los pecados. Ya en san Marcos, el más antiguo de los tres Sinópticos, aparece sutilmente este embarazo de la tradición. El relato provoca la impresión de que el bautismo de Jesús es tan sólo el presupuesto y el preludio de lo que se describe a continuación: la apertura de los cielos, el descenso del Espíritu como una paloma y la proclamación celestial de Jesús como Hijo elegido de Dios. La narración tiene su centro de gravedad en la instauración solemne de Jesús como el Mesías o como el Hijo de Dios con una fórmula sacra que recuerda el texto del salmo 2,7: “Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy”. Esta proclamación solemne de la vocación de Jesús a Hijo de Dios acontece en medio de señales sensibles: dos visibles y una audible con palabras llenas de sentido. Que “se rasgó el cielo” quiere decir que Dios, que habita en lo más alto de los cielos, se abaja hasta llegar a este mundo a un hombre concreto. El cielo se abre para que pueda descender el Espíritu de Dios a Jesús. Este motivo del don del Espíritu encaja muy bien dentro de la tradición judía. Dado que el Espíritu en el A.T. va unido siempre con la idea de fuerza y de poder, esta donación del Espíritu a Jesús viene a ser una habilitación para que realice con autoridad el cometido de su vocación. Viene a decir que en Jesús Dios mismo está manos a la obra con todo su poder en la tierra. Hay que destacar un tercer detalle: el Espíritu invisible se hace visible para Jesús en forma de una paloma. A partir de este relato la paloma ha venido a ser en el mundo cultural cristiano el símbolo del Espíritu Santo. Pero en tiempo de Jesús la paloma era en el mundo judío imagen de la palabra de Dios, de la sabiduría de Dios y, sobre todo, del pueblo entero de Dios. Es indudable que Jesús en esa visión de la paloma, como símbolo del pueblo de Dios, vio que descendía sobre él el Espíritu de Dios para capacitarle y enviarle a realizar una vocación de entrega al pueblo entero de Israel. Jesús se sintió solidario de sus hermanos los hombres. Confirma esta vocación de total entrega al pueblo la interpretación audible de la voz del Señor que evoca la profecía mesiánica de Isaías 42 de la primera lectura: “Mirad a mi elegido a quien prefiero. Sobre él he puesto mi Espíritu, para que traiga el Espíritu a las naciones… y te he hecho alianza de un pueblo, luz de las naciones, para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión y de la mazmorra a los que habitan en tinieblas…”. La salvación universal se concibe como consumación de la salvación particular de todo el pueblo de Israel. Comentarios recientes abundan en la idea de que aquí Jesús se siente solidario de sus hermanos los hombres. Sobre todo de aquellos que son víctimas de la injusticia y  de la violencia. La vocación de Jesús le impulsa a decir a todos, incluso a los verdaderamente culpables, que hay un camino distinto para el hombre. El camino consiste en sustituir la injusticia, el odio, el egoísmo, la ambición, la violencia… por la práctica del amor. Jesús asume con esta vocación a ser el Hijo de Dios, el predilecto,  un compromiso de lucha para que se instauren definitivamente entre los hombres la justicia, la libertad, el amor, la paz, la felicidad. Y se compromete a dar su vida en esta lucha. Así demostrará que es posible para el hombre amar a la humanidad hasta dar la vida por ella.

Todo esto es verdad, pero el mensaje del evangelio va más al fondo. Como escribe atinadamente Walter Kasper en su obra “El Dios de Jesucristo”, “la verdadera vida consiste en conocer y glorificar a Dios, como reza la oración sacerdotal de Jesús en el evangelio según Juan. Porque en medio de todas las vicisitudes y oscilaciones de la historia de la humanidad, la salvación del hombre consiste en vivir en comunión con Dios, que es amor desde la eternidad. Por eso justamente una teología de orientación antropológica debe ser, valga la redundancia, una teología teológica que muestre cómo el “ad maiorem hominis gloriam” sólo es posible mediante el “ad maiorem Dei gloriam”. Por eso la teología sólo puede poner de manifiesto la relevancia antropológica de sus enunciados siendo realmente teología y no convirtiéndose en antropología. Precisamente el reconocimiento de la divinidad de Dios lleva a la humanización del hombre”. Así aborda Marcos el relato del bautismo de Jesús. Enfrenta al hombre moderno ante un planteamiento sumamente actual de la fe en la trinidad de Dios. Muchos opinan que lo más importante hoy día es la cuestión de la existencia de Dios y no tanto la cuestión de su misterio íntimo. La doctrina trinitaria les parece una intromisión indiscreta en el misterio de Dios. Pero frente al cuestionamiento radical de la fe cristiana no sirve de nada un teísmo tímido, general y vago  minado por la Ilustración, sino sólo el testimonio decidido sobre el Dios vivo de la historia, que se manifestó concretamente por medio de Jesucristo en el Espíritu tal como lo relata el episodio del bautismo de Jesús

Bilbao, 13 de enero de 2019

 

Autor: loiolaxxi

periodista, jesuita, bloguero, profesor, jubilado

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