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La disposición de Pablo VI frente a una posible renuncia al pontificado.

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La carta secreta de Pablo VI con la que planteó su renuncia

Montini encomendó al cardenal decano y a la Curia la facultad para declararle inadecuado «en el caso de enfermedad incurable o de larga duración, o de otro grave impedimento»

Pablo VI

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Pubblicato il 16/05/2018
Ultima modifica il 16/05/2018 alle ore 21:08
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

«Nosotros, Pablo VI […] declaramos, en el caso de enfermedad que se presuma incurable o de larga duración […], o bien en el caso de otro grave y duradero impedimento […], renunciar» a «nuestro oficio». La carta súper secreta sobre la que se habían hecho muchas hipótesis pero que nadie había encontrado, fue claramente escrita por la mano del Papa Montini. Lleva la fecha del 2 de mayo de 1965, por lo que fue escrita cuando el Pontífice no estaba ni viejo ni enfermo, sino solamente dos años después de su elección, con el Concilio todavía en curso. Representa el gesto clarividente de un Papa que quiere poner a salvo a la Iglesia ante un eventual impedimento: una carta de renuncia anticipada, que habría sido entregada al cardenal decano para que la divulgara a los demás purpurados y declarar inadecuado al Pontífice. Es la novedad más significativa del libro “La barca de Pablo” (Ediciones San Pablo, 240 pp.), editado por el Regente de la Casa Pontificia, el padre Leonardo Sapienza, autor de varios ensayos con inéditos del Papa Montini. El volumen, que llegará en los próximos días a las librerías italianas, contiene un tesoro hasta ahora desconocido de documentos, cartas y recados del Papa Pablo VI.

 

La carta de dimisión (es más, las cartas, porque además de la que contiene la renuncia hay otra que la acompaña dirigida al Secretario de Estado) representa el inédito más impactante. Como se sabe, varios Pontífices del siglo pasado pensaron en la renuncia: Pío XII porque corría el peligro de ser secuestrado por Hitler, Juan XXIII porque estaba enfermo y ahora Pablo VI. Pero con Montini finalmente tenemos un documento escrito. Un documento que pudo haber leído, seguramente, Juan Pablo II, quien, a pesar de estar enfermo de Parkinson, decidió no retirarse. No fue sino su sucesor, Benedicto XVI, el primer Pontífice en dos mil años de historia de la Iglesia renunció porque ya no se sentía capaz de sostener el peso del Pontificado.

 

El texto “montiniano” que presenta el padre Sapienza en su libro es comentado también por Francisco: «He leído con estupor estas cartas de Pablo VI –escribió Bergoglio–, que me parecen un humilde y profético testimonio de amor a Cristo y a su Iglesia; y una prueba más de la santidad de este gran Papa […] Lo que a él le importa son las necesidades de la Iglesia y del mundo. Y un Papa impedido por una grave enfermedad no podría ejercer con suficiente eficacia el ministerio apostólico».

 

El texto de la carta principal, «reservada» y dirigida al Decano del Sacro Colegio en papel membretado y con el escudo papal, comienza con un párrafo digno de un Padre de la Iglesia: «Nosotros, Pablo VI, por divina Providencia Obispo de Roma y Pontífice de la Iglesia universal, ante la presencia de la Santísima Trinidad Padre, Hijo y Espíritu Santo –habiendo invocado el nombre de Jesucristo, nuestro Maestro, nuestro Señor y nuestro Salvador…». Después de encomendarse a María y san José, llega la formulación de la renuncia, con lujo de detalles. «Declaramos: en el caso de enfermedad que se presuma incurable o de larga duración, y que nos impida ejercer suficientemente las funciones de nuestro ministerio apostólico; o bien en el caso de que otro grave y duradero impedimento equivalga a un obstáculo para ello, renunciar a nuestro sacro y canónico oficio, tanto como Obispo de Roma, como Cabeza de la misma Santa Iglesia católica, en las manos del Señor Cardenal Decano […] dejándole a él, conjuntamente al menos a los Señores Cardenales prepósitos a los Dicasterios de la Curia Romana y al Cardenal Vicario nuestro para la ciudad de Roma […] la facultad de aceptar y de hacer operativas estas nuestras dimisiones, que solamente el bien superior de la Santa Iglesia nos sugiere». En la parte inferior aparecen la firma autógrafa y la fecha: «en San Pedro, el domingo del Buen Pastor, II después de Pascua, el 2 de mayo de 2065, II de nuestro Pontificado».

 

Es interesante notar que Pablo VI no se refiere solamente a una enfermedad, sino también a la posibilidad de «otro grave y duradero impedimento». «Don Pasquale Macchi, el secretario del Papa –explicó a “La Stampa” monseñor Ettore Malnati– me dijo que Pablo VI había pensado en lo que estableció Pío XII en caso de deportación durante la guerra: quien lo hubiere secuestrado, no habría tenido como prisionero al Papa, sino solamente al cardenal Pacelli».

 

La carta del Papa Pablo VI

 

 

Este artículo fue publicado en la edición de hoy del periódico italiano “La Stampa”

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Autor: loiolaxxi

periodista, jesuita, bloguero, profesor, jubilado

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