Loiola XXI

Lugar de encuentro abierto a seguidor@s de S. Ignacio de Loyola esperando construir un mundo mejor


Deja un comentario

Mensaje de Año Nuevo del Secret.gen. ONU

“Nuestro futuro depende de la unidad global”, alerta Guterres en su mensaje de año nuevo

El Secretario General, Antonio Guterres, con personas desplazadas en el campamento “St. Pierre Claver” en Bangassou, en la República Centroafricana. Foto: UN Photo / Eskinder Debebe

31 de diciembre, 2017 — Antonio Guterres lanza este domingo una “alerta roja” en lugar del tradicional llamamiento para el Año Nuevo.

“El mundo ha retrocedido en aspectos fundamentales”, declara el Secretario General en su mensaje, mencionando los graves conflictos y las violaciones de derechos humanos, además de los peligros que representan las armas nucleares y el cambio climático para la seguridad del planeta.

“Las desigualdades crecen”, afirma, y “el nacionalismo y la xenofobia van en aumento”.

Sin embargo, el Secretario General, que lleva un año como titular de la ONU, asegura que se puede hacer de nuestro mundo un lugar más seguro.

“En este comienzo del año 2018, quisiera apelar a la unidad de la comunidad internacional. Nuestro futuro depende de ello”, afirma.

Anuncios


Deja un comentario

El último angelus del Papa en este año.

“Los padres son los custodios y no los propietarios de los hijos. Educarles a una vida digna”

El último Ángelus de 2017 del Papa Francisco: “No hay ninguna situación familiar que esté cerrada a un camino nuevo de renacimiento, también aquellas heridas”. Una oración por los coptos en Egipto víctimas de los atentados: “Dios convierta a los violentos”
ANSA

El Papa Francisco durante el Ángelus

26
0
Pubblicato il 31/12/2017
Ultima modifica il 31/12/2017 alle ore 15:26
SALVATORE CERNUZIO
CIUDAD DEL VATICANO

No existe ninguna situación familiar que esté “cerrada” a este “camino nuevo de renacimiento y de resurrección”. “Cada vez que las familias, incluso aquellas heridas y marcadas por la fragilidad, fracasos y dificultades, regresan a la fuente de la experiencia cristiana, se abren caminos nuevos y posibilidades inesperadas”. En el primer Ángelus después de Navidad, el último de este 2017 que está finalizando, el Papa Francisco pone una vez más su mirada sobre las problemáticas de la gente, en especial de las familias a las que recuerda una de las misiones principales, la educación de los hijos, para la cual propone como modelo la Santa Familia de Nazaret que la Iglesia celebra hoy.

 

El Pontífice – que después de la catequesis exprime cercanía a los coptos egipcios sacudidos hace algunos días por dos atentados en una iglesia y una tienda en la periferia de El Cairo, y ruega por la conversión de los violentos– se detiene sobre “la experiencia vivida por María, José y Jesús, mientras crecen juntos como familia en el amor recíproco y la confianza en Dios”. En particular es el rito de llevar a Jesús al Templo, previsto según la ley de Moisés, para confirmar que “el hijo pertenece a Dios y que ellos son los custodios de su vida y no los propietarios”, subraya el Papa. “Esto – añade improvisando – nos hace reflexionar sobre el hecho de que todos los padres son custodios de la vida del hijo, no propietarios, y deben ayudarlo a crecer, a madurar”.

 

Criar a los hijos, subraya el Papa Francisco, es una de las “grandes alegrías” de cada familia: éstas “están destinadas a desarrollarse y fortificarse, a adquirir conocimiento y acoger la gracia de Dios”, justamente como sucedió a Jesús que se hizo niño, aceptando crecer y fortificarse, pleno de sabiduría. Y “María y José tienen el gozo de ver todo esto en su hijo”. Esta es “la misión a la cual está orientada la familia: crear las condiciones favorables para el crecimiento armonioso y pleno de los hijos, para que puedan vivir una vida buena, digna de Dios y constructiva para el mundo”, afirma Bergoglio.

 

El gesto de María y José, continúa, evidencia además que “solo Dios es el Señor de la historia individual y familiar; todo procede de Él”. “Toda familia”, por tanto, “está llamada a reconocer tal primado, custodiando y educando a los hijos para que se abran a Dios, que es la fuente de la vida”. Por aquí pasa, según Francisco, “el secreto de la juventud interior” que en el Evangelio está testimoniado paradójicamente en el Evangelio por una pareja de ancianos, Ana y Simeón. Este último inspirado por el Espíritu Santo dice a propósito del niño Jesús: “Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel y como señal de contradicción a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones”.

 

Palabras “proféticas”, según el Pontífice, que revelan que “Jesús vino para hacer caer las falsas imágenes que nos hacíamos de Dios y también de nosotros mismos; para contradecir la seguridad mundana sobre la cual pretendíamos apoyarnos, para hacernos resurgir a un camino humano y cristiano auténtico, fundamentado sobre los valores del Evangelio”.

 

“No hay ninguna situación familiar que esté cerrada a este camino nuevo de renacimiento y de resurrección”, insiste el obispo de Roma. Al revés, cada vez que una familia, especialmente si está herida, vuelve a este fundamento, “se abren nuevos caminos y posibilidades impensables”.

 

Después del Ángelus, el Papa reza por los “hermanos coptos ortodoxos de Egipto, golpeados hace dos días por dos atentados en una iglesia y una tienda en la periferia de El Cairo. Que el Señor acoge las almas de los difuntos, apoye los heridos, los familiares y la comunidad entera, y convierta los corazones de los violentos”.

 

Un saludo especial hacia las familias presentes en la plaza de San Pedro y aquellas que participan desde casa. “La Santa Familia os bendiga y os guíe en vuestro camino”. A los 30 mil fieles reunidos en la plaza, dedicó una especial recomendación para este último día del año: “No nos olvidemos en este día de agradecer a Dios por el año transcurrido y por cada bien recibido. Nos hará bien a cada uno de nosotros –dice improvisando– tomar un poco de tiempo y pensar cuantas cosas buenas he recibido del Señor este año y agradecérselo. Y si existen pruebas, dificultades, agradecerlas también…porque nos ayudan a superar el momento. Hoy es un día de agradecimiento”.

 

“Buen domingo y sereno fin de año”, es, finalmente, el deseo del Papa que agradece por las felicitaciones y oraciones recibidas, recomendando: “Continuad por favor a rezar por mí”.


Deja un comentario

El Te Deum del Papa hoy 31 de diciembre.

Te Deum del Papa: “Gratitud por los artesanos del bien común”

En la última noche del año 2017 el Santo Padre presidió la Celebración de las Primeras Vísperas y Te Deum en acción de Gracias en la Basílica de San Pedro.
Audio de la noticia

Mireia Bonilla – Ciudad del Vaticano

Una celebración que tal y como aseguró el Papa “respiró la atmósfera de la plenitud del tiempo” , y no precisamente porque se trate de la última noche del calendario solar, sino porque “la fe nos lleva a contemplar y sentir que Jesucristo, Palabra hecha carne, ha dado plenitud al tiempo del mundo y a la historia humana” expresó.

Y la primera en experimentar este sentido de “plenitud” donada por la presencia de Jesús fue “María”, dijo Francisco. Una plenitud que fluyó, “a través de su corazón humilde y lleno de fe” así como “a través de su carne impregnada del Espíritu Santo”.

“ Es un “gracias” que no viene de nosotros sino “de él”; no proviene del ego, sino “de Dios” ”

Es de María que la Iglesia ha heredado y hereda continuamente “esta percepción interior de plenitud” que alimenta un sentimiento de gratitud como “la única respuesta humana digna del inmenso don de Dios”. Se trata de un agradecimiento conmovedor, que, a partir de la contemplación de aquel Niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre, “se extiende a todo y a todos, al mundo entero” exclamó el Santo Padre. Es por tanto un “gracias” que refleja la Gracia y no viene de nosotros sino “de él”. No proviene del ego, sino “de Dios”.

“ Este año 2017 lo hemos desperdiciado y herido de muchas maneras con obras de muerte, con mentiras e injusticias ”

En este año 2017 que Dios nos ha dado íntegro y sano – aseguro Francisco – nosotros los humanos lo hemos desperdiciado y herido de muchas maneras con obras de muerte, con mentiras e injusticias”. Además, las guerras – concretizó el Santo Padre-, “son el signo notorio de este orgullo reincidente y absurdo, pero también lo son todas las pequeñas y grandes ofensas a la vida, a la verdad, a la fraternidad, que causan múltiples formas de degradación humana, social y ambiental” y es por ello que el Papa invitó a “asumir ante Dios” a nuestros hermanos y a nuestra creación.

El Obispo de Roma aseguró que lo que prevalece esta noche es la “gratitud” que siente en su alma al pensar en todas aquellas personas que viven “con el corazón abierto” en esta ciudad. Esas personas que “contribuyen cada día con pequeños pero preciosos gestos concretos para el bien de Roma” y para ello citó, a base de ejemplo, una serie de comportamientos propios de aquellas personas que expresan concretamente el amor por Roma: aquellas que tratan de hacer de la mejor manera su deber,  aquellas que se mueven en el tráfico con sabiduría y prudencia respetando los lugares públicos, así como aquellas que prestan atención a las personas mayores o en dificultad.

“ Comportamientos que expresan un estilo de educación cívica cooperando silenciosamente en el bien común ”

También expresó su inmensa estima por los padres, maestros y educadores que – con el mismo estilo aseveró- , “intentan formar a los niños y jóvenes en un sentido cívico y en una ética de responsabilidad”. “Estos y miles de otros comportamientos” – dijo Francisco – expresan, sin discursos y sin publicidad, “un estilo de educación cívica cooperando silenciosamente en el bien común”.

Antes de concluir, afirmó que estas personas, aunque no sean noticia, “son la mayoría de las personas que viven en Roma”. Personas que a pesar de encontrarse muchas de ellas en condiciones de dificultades económicas “no lloran, ni albergan resentimientos y rencores, sino que se esfuerzan por hacer su parte todos los días para mejorar un poco las cosas”.

Por último el Pontífice invitó a los fieles presentes a “expresar la gratitud por todos estos artesanos del bien común”, que aman su ciudad “no con palabras sino con hechos”.


Deja un comentario

Homilía para el 31, fiesta de la sagrada familia. Autor: J.A. Jáuregui

 

FIESTA SAGRADA FAMILIA (B)

Gen 15,1-6;21,1-3; Lc 2,22-40

La primera lectura nos muestra a Abrán muy triste en su avanzada ancianidad porque ve que se acerca su fin sin tener un hijo de su esposa Sara. Su tristeza sube como un lamento hasta el cielo: “Señor, no me has dado ni un hijo y un criado de casa me heredará”. Dios irrumpe en su vida con una promesa inaudita. Sara te dará un hijo. Sara a sus noventa años se ríe. A los noventa años voy a tener un hijo de mi esterilidad. Dios saca afuera a Abrán y le dice: “Mira al cielo, cuenta las estrellas, si puedes. Así será tu descendencia”.

         La segunda lectura nos cuenta que Abrán fue puesto a prueba. Dios le pidió el sacrificio de su hijo Isaac. Abrán creyó contra toda esperanza que Dios cumpliría su promesa. Agradó a Dios la fe de Abrán por la que reconoció que su hijo pertenecía absolutamente a Dios.

Una oblación de fe parecida tuvieron que ofrecer a Dios María y José el día de la presentación del Niño Jesús en el templo. Nos resulta lejana e incomprensible aquella costumbre judía de consagrar a Dios al primogénito varón. Nos recuerda esto el sacrificio que Dios exigió a Abrán de su hijo Isaac.  Habría que meterse en la mentalidad de los viejos cananeos para caer en la cuenta de la liberalidad de Dios nuestro Señor que, en vez de pedir el sacrificio del primogénito, se contentó con un cabrito enlazado entre las zarzas. A los padres de Jesús les pidió en rescate dos tórtolas o dos pichones, como lo hacían los pobres en Israel.

La generación del tiempo de la composición de este evangelio contemplaba este acontecimiento como un suceso  lejano cuyo sentido original corría peligro de perderse entre las brumas de la incomprensión. Habían pasado quizás más de 80 años desde el acontecimiento narrado hasta el momento de la narración evangélica. El Evangelista supo hacer de él un episodio dramático que desvela el misterio profundo de esta consagración. Lo desvela el profeta Simeón en unos términos que  anticipan proféticamente toda la gran obra de la salvación de los hombres que Dios iba a realizar por medio de ese Niño.  En lugar de las estrellas del cielo de la promesa a Abrán el oráculo del profeta muestra el sesgo que había de llevar el avance de la predicación de la Palabra de Dios desde la primera proclamación de Juan Bautista con la intencionada prolongación de la cita del profeta Isaías (“Todo hombre verá la salvación de Dios“) hasta el desenlace final orquestado por el testimonio unánime de los dos grandes testigos del A. y del N.T.: Isaías y Pablo (“Sepa, pues, toda la casa de Israel que esta salvación de Dios ha sido enviada a los gentiles”). Con otras palabras: supo presentar en este episodio el secreto más íntimo oculto en la persona de Jesús – el mismo que san Pablo en Eph 3,9 llama el gran misterio escondido desde la eternidad en el Dios que creó el universo – su pretensión de traer la salvación al mundo entero en términos de un desafío misional lanzado a todo Israel y también a todas las naciones. Ambos rasgos constituyen la identidad propia de la Iglesia que san Lucas resume y anticipa proféticamente en boca del anciano  Simeón con el término  “Salvador”  rico de contenido teológico para los lectores de san Lucas.

Pero este destino doble va acompañado de otra afirmación fundamental: la presencia de Jesús constituye “un signo de contradicción en cuanto que ha sido puesto por Dios “para ruina o resurrección de muchos en Israel” (Lc 2,34). El horizonte universal de la salvación no anula la dialéctica Israel-naciones  Esta salvación avanza por la palabra de la predicación en íntima unión con el misterio de la división hecha realidad en el seno de Israel en virtud de la acogida o del rechazo de Jesús-Salvador. Por eso algunos textos añaden dirigiéndose a María como representante simbólica de la Iglesia: “Y una espada atravesará tu alma” para dar a entender al lector que la Iglesia que está encerrada en el misterio de la presentación de Jesús nacerá de la división del pueblo.

El evangelio nos deja entender el dolor de la Madre. Lo mismo que Abrán después de recibir milagrosamente el hijo de la promesa, María tuvo que aceptar por la fe el gran misterio que encerraba la consagración a Dios de aquel hijo suyo en quien Dios había puesto todo el proyecto de salvación de la humanidad. María, sin entender a fondo aquel pavoroso misterio, guardó aquella vivencia en su corazón muy consciente de que aquel hijo le pertenecía exclusivamente a Dios. Con esta actitud de fe educó a su hijo y le dejó después ir a su misión de la que iba a depender la salvación de toda la humanidad.

Una lección común la de Abraham, nuestro padre en la fe y la de  María, la madre de todos los creyentes, sirve de modelo a todas las familias cristianas. Sabemos lo fuertemente posesivo que se hace el afecto paterno.  Muchas veces ese afecto posesivo impide la realización en los hijos del proyecto creador de Dios sobre ellos. Por ahí creo ver en la sagrada familia un modelo perenne y actual para las familias cristianas.

 

Bilbao,  31 de diciembre de 2017

17


Deja un comentario

El Cardenal Müller en una importante entrevista a Vat. Insider

Müller: “El libro de Buttiglione ha disipado las dudas de los cardenales”

Entrevista con el purpurado sobre “Amoris laetitia” y la posibilidad de dar los sacramentos a quienes viven en segundas nupcias: «Debemos conectar la palabra salvación de Dios con la situación concreta excluyendo tanto el legalismo como el individualismo auto-referencial»

El cardenal Gerhard Ludwig Müller

88
0
Pubblicato il 30/12/2017
Ultima modifica il 30/12/2017 alle ore 16:22
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

 

Las palabras más significativas que recibió para sus 70 años fueron las que le dedicó el Papa emérito Benedicto XVI : el cardenal Gerhard Ludwig Müller «ha defendido las claras tradiciones de la fe, pero en el espíritu del Papa Francisco», «ha tratado de entender cómo pueden ser vividas hoy». Y precisamente hacia esta dirección se dirigía la densa y articulada introducción que el purpurado alemán quiso escribir para apoyar la iniciativa del filósofo Rocco Buttiglione, quien reunió en un volumen recién publicado sus ideas para una lectura de “Amoris laetitia” más allá de los opuestos extremismos y al mismo tiempo consciente del paso que se ha dado. Desde hace ya muchos años, primero como cardenal y después como Papa, Joseph Ratzinger se ha referido al problema que representan los cada vez más numerosos matrimonios celebrados sin fe y sin la conciencia del sacramento. Un problema del que el mismo Müller se ocupó en una carta pastoral publicada cuando comenzó su episcopado en Regensburg. En esta entrevista con Vatican Insider, el cardenal vuelve a hablar sobre las “dudas” de los cardenales y profundiza algunos de los pasajes de la introducción al libro de Buttiglione.

 

Eminencia, ¿por qué ha apoyado el libro del filósofo Rocco Buttiglione sobre “Amoris laetitia”?

 

La intención de mi amigo Rocco Buttiglione en este libro es la de ofrecer respuestas competentes a preguntas formuladas de manera competente. Yo he querido apoyar esta contribución a un diálogo honesto sin facciosidades y sin polémicas. En alemán hay un dicho: “quien quiere pacificar acaba golpeado por ambas partes”. Pero creo que debemos aceptar este riesgo por amor a la verdad del Evangelio y a la unidad de la Iglesia.

 

¿Usted cree que el libro del profesor Buttiglione ha respondido a las famosas “dudas” formuladas por los cuatro cardenales?

 

Estoy convencido de que ha disipado las dudas de los cardenales y de muchos católicos que temían que en “Amoris laetitia” se hubiera alterado sustancialmente la doctrina de la fe tanto sobre la manera válida y fecunda de recibir la santa comunión como sobre la indisolubilidad del un matrimonio válidamente contraído entre bautizados.

 

La impresión que se tienen al leer el texto de las cinco “dudas” de los cardenales es que no se trata de verdaderas preguntas, es decir dudas expresadas para tener una respuesta positiva o negativa, sino más bien de preguntas un poco retóricas que conducen hacia una dirección establecida de antemano. ¿Qué piensa al respecto?

 

Siempre que he expresado mis posiciones, que me las han pedido desde muchas partes, he tratado de superar las polarizaciones y una manera de pensar por campos contrapuestos. Por ello, el profesor Buttiglione me pidió una introducción para su libro titulada “Por qué se puede y se debe interpretar «Amoris laetitia» en sentido ortdoxo”. Pero ahora ya no debemos perder más tiempo con la cuestión de la manera en la que entramos a esta situación llena de tensiones, sino concentrarnos más bien en la manera para salir de ella. Necesitamos más confianza y atención benévola los unos por los otros. Como cristianos, nunca debemos dudar de la buena voluntad de nuestros hermanos, sino que “cada uno de ustedes, en toda humildad, considere a los demás superiores a sí mismo” (Fil. 2,3); así el Apóstol nos amonesta para que tengamos todos los mismos sentimientos en el amor.

 

En la introducción al libro de Buttiglione usted habla por lo menos de una excepción en relación con los sacramentos para quienes viven en segundas nupcias, la que tiene que ver con los que no pueden obtener la nulidad matrimonial en el tribunal pero están convencidos, en consciencia, de la nulidad del propio matrimonio. Esta hipótesis ya fue considerada, en el año 2000, por el entonces cardenal Joseph Ratzinger. En este caso, ¿se puede abrir la vía a los sacramentos? ¿“Amoris laetitia” podría ser considerada como un paso más de aquella posición?

 

Frente a la a menudo insuficiente instrucción de la doctrina católica, y en un ambiente secularizado, se plantea el problema de la validez incluso de matrimonios celebrados según el rito canónico. Existe un derecho natural de contraer un matrimonio con una persona del sexo opuesto. Esto también vale para los católicos que se han alejado de la fe o que solamente han mantenido un vínculo superficial con la Iglesia. ¿Cómo considerar la situación de los católicos que no aprecian la sacramentlaidad del matrimonio cristiano o incluso la niegan? Sobre esto, el cardenal Ratzinger quería que hubiera reflexión, sin tener una solución bonita y lista. No se trata de construir artificialmente un pretexto para poder dar la comunión. Quien no reconoce o no toma en serio el matrimonio como sacramento en el sentido en el que lo considera la Iglesia no puede tampoco, y esto es lo más importante, recibir en la santa comunión a Cristo, que es el fundamento de la gracia sacramental del matrimonio. Aquí debería estar antes que nada la conversión al misterio de la fe entero. Solo a la luz de estas consideraciones un ben pastor puede aclarar la situación familiar y matrimonial. Es posible que el penitente esté convencido, en conciencia y con buenas razones, de la invalidez del primer matrimonio incluso sin poder ofrecer la prueba canónica. En este caso, el matrimonio válido frente a Dios sería el segundo y el pastor podría no conceder el sacramento, claro, con las precauciones oportunas para no escandalizar a la comunidad de los fieles y no debilitar la convicción sobre la indisolubilidad del matrimonio.

 

Estamos frente a un número cada vez mayor de casos de matrimonios celebrados sin verdadera fe entre personas que después de pocos años (a veces incluso meses) se dejan. Y tal vez después de haber contraído una nueva unión civil, encuentran verdaderamente la fe cristiana y emprenden un camino. ¿Cómo hay que comportarse en estos casos?

 

Aquí todavía no tenemos una respuesta consolidada. Pero deberíamos desarrollar criterios sin caer en la trampa de la casuística. En teoría, es bastante fácil definir la diferencia entre un no creyente bautizado y un “cristiano solo de nombre”, que llega más tarde a la plenitud de la fe. Es más difícil verificar esto en la concreta realidad de cada una de las personas en el peregrinaje de sus vidas. Fiel a la Palabra de Dios, la Iglesia no reconoce ninguna ruptura del vínculo matrimonial y, por lo tanto, ninguna división. Un matrimonio sacramental válido frente a Dios y ante la Iglesia no puede ser roto ni por los esposos ni por las autoridades de la Iglesia y, naturalmente, tampoco por un divorcio civil y un nuevo matrimonio. Es diferente el caso, que ha hemos citado, de un matrimonio inválido desde el principio por la falta de un verdadero consenso. Aquí no se rompe o no se considera irrelevante un matrimonio válido. Se reconoce simplemente lo que parecía ser un matrimonio cuando en realidad no lo es.

 

 

En su introducción al libro de Buttiglione, usted habla también sobre la reducida imputabilidad de la culpa de quien «no sea capaz de satisfacer todas las exigencias de la ley moral». ¿Qué significa?

 

El pecado mortal nos quita la vida sobrenatural en la gracia. Su principio formal es la voluntad de contradecir la santa voluntad de Dios. A ello se suma la “materia” de acciones en grave conflicto con la doctrina de la fe de la Iglesia y su unidad con el Papa y los obispos, la santidad de los sacramentos y los mandamientos de Dios. El católico no puede excusarse diciendo que no sabía todas estas cosas. Pero existen personas que, sin una culpa grave propia, no han recibido una suficiente instrucción religiosa y viven en un ambiente espiritual y cultural que pone en peligro el “sentiré cum Ecclesia”. Aquí se necesita un bien pastor que, esta vez, no rechace a los lobos con su bastón, sino, según el modelo del Buen Samaritano, derrame aceite y vino en las heridas, y acoja al herido en esa posada que es la Iglesia.

 

En su introducción, usted recordó también la doctrina tradicional, según la cual «para la imputabilidad de la culpa en el juicio de Dios hay que considerar los factores subjetivos como la plena conciencia y el deliberado consenso en la grave falta contra los mandamientos de Dios». Entonces, ¿puede haber algunos casos en los que, al faltar la plena conciencia y el deliberado consenso, la imputabilidad sea reducida?

 

Quien, en el sacramento de la Penitencia, pide la Reconciliación con Dios y con la Iglesia debe confesar todos los pecados graves de los que se acuerde después de un profundo examen de conciencia. Solamente Dios puede medir la gravedad de los pecados cometidos en contra de sus mandamientos, porque solo Él conoce el corazón de los hombres. Las circunstancias, conocidas solamente por Dios, que disminuyen la culpa y la pena frente a su tribunal, son de tipo diferente de las que se pueden juzgar desde el exterior, como las que pueden poner en entredicho la validez de un matrimonio. La Iglesia puede administrar los sacramentos como instrumento de la gracia solo conforme a la manera en la que Cristo los instituyó. Santo Tomás de Aquino distingue el sacramento de la penitencia de la eucaristía en cuanto la primera es una medicina que purifica (purgativa), mientras la segunda es una medicina que edifica (confortativa). Si se intercambian se daña al enfermo o al sano. Quien se acuerde de un pecado grave primero debe recibir el sacramento de la penitencia. Por ello es necesario el arrepentimiento y el propósito de evitar las próximas ocasiones de pecado. Sin esto no se da el perdón sacramental. Esta es, de cualquier manera, la doctrina de la Iglesia. En la introducción al libro de Buttiglione cité también los pasajes relevantes del magisterio más autorizado. Sin embargo, los creyentes también tienen derecho a un acompañamiento atento que corresponda a su itinerario personal de fe. En el acompañamiento pastoral y, sobre todo en el sacramento de la penitencia, el sacerdote debe ayudar en el examen de conciencia. El creyente no puede decidir solo, en consciencia, si reconocer o no los mandamientos de Dios como justos y vinculantes para él. En cambio, debemos examinar en consciencia nuestros pensamientos, nuestras palabras, nuestras obras y nuestras omisiones a la luz de Su santa voluntad. En lugar de justificarnos solos, debemos rezar humildemente a Dios y “con espíritu contrito” (Salmo 51,19) por el perdón de los pecados que no sabemos que hemos cometido. Solo así es posible un nuevo inicio.

 

¿Cómo se superan los peligros opuestos del subjetivismo y del legalismo? ¿Cómo se pueden considerar los casos concretos individuales, a veces dramáticos?

 

En la visión católica, la consciencia del individuo, los mandamientos de Dios y las autoridades de la Iglesia no están aislados unos de otros, sino que están unos con otros en una conexión interior atentamente calibrada. Esto excluye tanto un legalismo como un individualismo auto-referencial. No es nuestra tarea justificar una nueva unión que se parece a un matrimonio con una persona que no sea el cónyuge legítimo. No se nos permite considerar “mundanamente” que Jesús no puede haber tomado en serio la indisolubilidad del matrimonio o que esta no pueda ser pretendida por el hombre de hoy que, debido a la extensión de la duración de la vida, no puede resistir tanto tiempo con un único cónyuge. Pero hay situaciones dramáticas en las que es difícil encontrar una salida. Aquí el buen pastor distingue cuidadosamente las condiciones objetivas de las subjetivas y da un consejo espiritual. Pero él no puede erguirse como Señor sobre la conciencia de los demás. Aquí debemos conectar la palabra de salvación de Dios, que en la doctrina de la Iglesia solo se trasmite, con la situación concreta, en la que se encuentra el hombre en su peregrinaje. Es bueno recordar también el antiguo principio según el cual el confesor no debe turbar la conciencia del penitente en buena fe antes de que este haya crecido en la fe y en la conciencia de la doctrina cristiana hasta el punto de reconocer el propio pecado, y formular el propósito de no cometerlo más. Entre la obediencia a Cristo Maestro y la imitación del Buen Pastor no hay un o-o, sino un e-e.

 

Las líneas guía pastorales-aplicativas de “Amoris laetitia” de los obispos de la región de Buenos Aires, elogiadas por el Pontífice, fueron publicadas en “Acta Apoatolicae Sedis”. ¿Qué le parecen?

 

Esta es una cuestión sobre la que no me gustaría ofrecer ningún juicio. En mi prefacio al libro de Buttiglione hablé en general de la relación entre el magisterio papal y la autoridad de las directivas pastorales de los obispos diocesanos. No se trata de decisiones dogmáticas o de una especie de evolución del dogma. Solamente se trata de una posible práctica de la administración de los sacramentos, puesto que en casos tan graves el sacramento de la penitencia debe anteceder poder recibir la comunión. Pero al respecto habría que recordar que, según la fe católica, el sacrificio eucarístico, la santa misa, no se puede recibir a recibir (con la boca) la comunión. El Concilio de Trento habla de una triple modalidad para recibir el sacramento: según el deseo (“in voto”); recibir con la boca la santa hostia (la comunión sacramental); la íntima unión de gracia con Cristo (la comunión espiritual).

 

 

 

El volumen de Rocco Buttiglione “Respuestas amigables a los críticos de «Amoris laetitia»” (Ares, 208 pp.). El filósofo responde a quienes critican al Papa Francisco, a las “dudas” y a la “correctio filialis”. El libro comienza con una introducción del cardenal Gerhard Ludwig Müller, Prefecto emérito de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

 

Müller, Buttiglione y la “confusión” de los críticos del Papa


Deja un comentario

Donación de un nuevo órgano digital musical al Vaticano.

Misa de NavidadMisa de Navidad  (@Vatican Media)

“De los tubos a los bits”. Tecnología y tradición de la Capilla Musical Pontificia

El Coro más antiguo del mundo, afirma Mons. Massimo Palombella, cuenta desde el 2017 con un nuevo órgano digital para las celebraciones papales en la Plaza y en la Basílica de San Pedro.

Renato Martinez – Ciudad del Vaticano

“Nuevas exigencias necesitan nuevas soluciones”, con estas palabras Mons. Massimo Palombella, Director de la Capilla Musical Pontificia “Sixtina”, comenta a los micrófonos de nuestro colega Massimiliano Menichetti, la novedad introducida a fines de 2017, en el uso de un nuevo órgano digital para las celebraciones papales en la Plaza y en la Basílica de San Pedro.

El Director de la Capilla Musical Pontificia “Sixtina” señala que, es una gran oportunidad que el nuevo instrumento esta en grado de cubrir con su “excelencia” el entero espacio acústico de uno de los más grandes lugares de culto. Una realidad hecha posible gracias a la donación de la empresa estadounidense, Allen Organ Company, líder en el sector desde hace 70 años.

El nuevo órgano digital acompañará las celebraciones papales de fin de año

El nuevo instrumento musical debutó en la Basílica de San Pedro la noche del 24 de diciembre, en la celebración de la Misa de la Natividad del Señor; además, el instrumento acompañará las celebraciones papales de fin de año. Así, este instrumento se suma al ya presente y precioso órgano tubular, ubicado en el Altar de la Catedra, que permanece insustituible para todos los eventos que se desarrollan en esta área: “Ahí – explica Mons. Palombella – es realmente útil en toda su amplitud a través del sonido real de los tubos, sin tener que ser amplificado”. De hecho, hasta hoy, el sonido de los tubos de aire eran reproducidos por micrófonos y difundidos a través de los amplificadores en toda la Basílica, en la Plaza de San Pedro y, a través de la señal internacional, en todo el mundo, con el inevitable corte de frecuencia y no pocos problemas relacionados a sonidos del ambiente.

La Reforma Litúrgica impulsa buscar nuevas soluciones

“Antes del Concilio Vaticano II las celebraciones Pontificias – explica Mons. Palombella – se desarrollaban en la Capilla Sixtina y no existía la cuestión del sonido internacional o de la grabación con micrófonos y sobre todo no existía el órgano de tubos. Las Celebraciones en la Basílica de San Pedro se desarrollaban – y se desarrollan – en el Altar de la Catedra y el órgano de tubos es perfecto para este espacio acústico. Después de la Reforma Litúrgica del Concilio Vaticano II toda la Basílica de San Pedro se convirtió en un lugar de celebraciones, ‘planteado de este modo una continua búsqueda de soluciones’ para difundir, también a través de los medios, un sonido de mayor calidad. Un esfuerzo constante que en estos últimos años ha comprometido y tiene en primera línea a los ‘expertos de la Radio Vaticana’ – hoy Vatican Media – Deutsche Grammophon y la Rai”.

“ Una frontera que cambia con el pasar de los años, de las exigencias y de la tecnología, para tratar de responder mejor, incluso en ámbito musical, al desafío lanzado por el Concilio Vaticano II de una Iglesia capaz de dialogar con la contemporaneidad, mostrar la belleza y hacerse escuchar, valorizando la tradición como una realidad viva ”

Audio con el servicio

30 diciembre 2017, 14:10


Deja un comentario

Barcelona: hoy, la misa de la familia. Palabras del arzobispo.

Card Juan José Omella y OmellaCard Juan José Omella y Omella 

Trabajar por la paz y concordia. Propósitos de la Arquidiócesis de Barcelona para el 2018

También la celebración del octavo centenario de Orden de la Merced, y la publicación y puesta en acción del nuevo Plan Pastoral .

Griselda Mutual – Ciudad del Vaticano

“La familia: hogar que acoge, acompaña y cura”, es el lema de la Misa que se celebrará este sábado 30 de diciembre en la Basílica de la Sagrada Familia en Barcelona.  La misa de la familia, tiene lugar en dicha Basílica el sábado posterior a la celebración de la Navidad “e invita a dirigir nuestra mirada y pensamiento hacia la Sagrada Familia de Nazaret”, cuya fiesta se celebra el último día del año. La celebración será presidida por el cardenal Juan José Omella Omella, arzobispo de Barcelona, quien, por otra parte, ha publicado una carta para el domingo 31 de diciembre, con los «Propósitos eclesiales para el nuevo año»

“Estamos ya en la víspera del nuevo año del Señor 2018 – escribe. Todos estamos invitados a entrar en él con algunos buenos propósitos. Tenemos por delante doce meses para llenarlos con buenas obras. Nos hace pensar mucho, en este sentido, la inscripción latina que hay en el reloj de la sacristía de la catedral de Barcelona, que dice:«Dum tempus habemus operemur bonum» («Ahora que tenemos tiempo, hagamos el bien») (Ga 6,10)”.

“ Propósitos para el nuevo año en la arquidiócesis de Barcelona: nuevo plan pastoral, celebración del octavo centenario de la Orden de la Merced, la concordia y la paz ”

Entre las tareas señaladas por el arzobispo que “pueden convertirse en propósitos para el año que inicia”, se cuentan la publicación y aplicación del nuevo Plan Pastoral Diocesano, comenzado en la cuaresma del año que concluye, y que será presentado en la Pascua del nuevo año. Mientras que un segundo propósito es la celebración del octavo centenario de Orden de la Merced, fundada en agosto de  1218, en la catedral de Barcelona.

A este respecto el cardenal hace presente que la conmemoración de obra del laico san Pedro Nolasco, la orden dedicada a la redención de los cautivos, “hace pensar en las necesidades sociales y en las respuestas que debemos dar como Iglesia en el presente”, lo que representa también “un reto y un compromiso”, a saber, “el compromiso de servir a nuestro pueblo y contribuir a su cohesión social, siguiendo una línea que ha sido una constante en la acción pastoral diocesana y que creemos que continuará dando buenos frutos en el futuro”.

Por último, el tercer propósito citado por el arzobispo Omella para el nuevo año, que será también la petición de la Jornada Mundial de la Paz del 1º de enero, es el de “trabajar por la paz y por la concordia en el país, en las familias, en las propias vidas y en todo el mundo”. “La paz es lo que todos deseamos, – concluye – es el canto que llevaron los ángeles a los pastores en Belén y es el nombre del Mesías, príncipe de la Paz”.

Informe

29 diciembre 2017, 12:21