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Medio Oriente: los cristianos perseguidos y la administración Trump.

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Los militantes “pro-perseguidos” desconfían del Trump “defensor de cristianos”

Funcionarios de la Administración estadounidense acusados de haber acallado las batallas apoyadas por los activistas para que se reconozcan como «genocidio» el sufrimiento y las violencias soportados por los cristianos del Medio Oriente de la galassia yihadista

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump

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Pubblicato il 30/07/2017
GIANNI VALENTE
CIUDAD DEL VATICANO

El presidente estadounidense, Donald Trump, también se ajusta, de vez en cuando, la armadura de «defensor de los cristianos perseguidos», sumándose al concurrido grupo de líderes políticos globales y regionales que se ofrecen como «garantes» de la «causa cristiana» en las vicisitudes del mundo, empezando por las del Medio Oriente. Pero en su patria, muchas lobbies de la red comprometida a tiempo completo en la «advocacy global» de las comunidades cristianas siguen mostrando su desconfianza hacia la actual administración estadounidense.

 

La última de las acusaciones contra los funcionarios de Washington es la de haber acallado las batallas apoyadas por lobbies y grupos de activistas para que se reconozcan como «genocidio» el sufrimiento y las violencias que han soportado los cristianos en el Medio Oriente de la galaxia yihadista, identificada por completo con el auto-proclamado Estado Islámico (Daesh). Algunos sitios conservadores en internet, como «The Free Beacon», han acusado a funcionarios del Departamento de Estado de los Estados Unidos de cancelar sistemáticamente la expresión «genocidio» en los documentos sobre las violencias de los yihadistas contra los cristianos y otras minorías étnicas y religiosas, e incluso han identificado al presunto «autor intelectual» de la operación, que sería Richard Visek, encargado de la oficina de asesores legales del Departamento de Estado, nombrado en octubre de 2016 por el presidente Barack Obama.

 

También han dicho que se trataba de una «operación ideológica» que pretendía cancelar los posibles efectos prácticos (políticos y económicos) de la declaración con la que en marzo de 2016 el entonces Secretario de Estado estadounidense, John Kerry, utilizó la definición de «genocidio» para referirse a la violencia soportada por los cristianos principalmente en Siria e Irak. Estas acusaciones provocaron la dura reacción del Departamento de Estado, que, mediante la portavoz Heather Nauert, las catalogó de «completamente falsas». Pero también la versión en línea de «Christianity Today», histórica revista evangélica vinculada con el predicador Billy Graham, sostiene que ahora los activistas y líderes católicos también le piden a Trump que pase «de la retórica a la acción en el campo», ayudando a «estas comunidades perseguidas a tratar de reconstruir sus vidas y casas en Irak».

 

El último de los instrumentos utilizados para presionar más a la Administración de Trump es la «Iraq and Syria Genocide Emergency Relief and Accountability Act», resolución que fue aprobada en junio por la Cámara de Representantes que pide concreción en el apoyo de Estados Unidos a los grupos indicados como «víctimas de genocidio» por parte de los yihadistas, y poner en marcha el acceso y la gestión de fondos nacionales federales por parte de asociaciones y organizaciones religiosas para apoyar a estos grupos. Las lobbies cristianas esperan que Trump destine directamente una congruente cifra esos fondos nacionales al financiamiento de esos proyectos (como, por ejemplo, la reconstrucción de las casas y de las localidades destrozadas durante los conflictos), para apoyar a comunidades cristianas que pueden encajar en la categoría de los grupos «víctimas de genocidio». Se esperan que la gestión de estos fondos quede en manos de «expertos» de organizaciones confesionales que actúan desde hace años con el dinero destinado a los cristianos «necesitados».

 

Los grupos de presión «pro-minorías cristianas en el Medio Oriente» atribuyen a estas mismas comunidades la tarea de «estabilizar la región» y, si se pudiera, de «frenar la colonización» del norte de Irak por parte de las milicias chiitas iraníes. Por ello, la operación de hacer que fluyan dólares hacia las comunidades cristianas, sobre todo en Irak (como sostiene la activista Nina Shea, dirigente del Hudson Institute’s Center for Religious Freedom), representa una «prioridad» para la seguridad nacional Estados Unidos. Mientras tanto, un grupo de políticos y activistas (al que pertenece incluso el ex-candidato a las Primarias republicanas Marco Rubio) escribió una carta al Secretario de Estado Rex Tillerson, para pedir garantías sobre los fondos que habría que dar, prioritariamente, a las minorías perseguidas, empezando por los cristianos.

 

Trump no convence a muchas lobbies de identidad cristiana, a los cuales quienes sus frases en defensa de los cristianos del Medio Oriente les parecen consignas obligadas de campaña electoral. Los más críticos indican que a finales del primer año de la administración Trump los cristianos que Estados Unidos recibieron de las áreas «de riesgo» serán 14 mil menos con respecto a los que fueron recibidos durante el año anterior, alcanzando el nivel más bajo de la última década. Durante el año fiscal 2017, que acabará en septiembre, los migrantes y refugiados cristianos de todas las Iglesias y comunidades admitidos en los Estados Unidos serán menos de 24 mil, frente a los casi 37 mil acogidos durante el año fiscal 2016. La disminución de los migrantes aceptados en Estados Unidos ha pasado de 35 mil (en 2016) a menos de 22 mil (en 2017). Pero, a pesar de las consignas, el escenario de los flujos migratorios que entran al país, según los medios de comunicación evangelistas, no ha mostrado particulares «favoritismos» por parte de la administración de Trump para los cristianos que vienen de escenarios de guerras y conflictos.

 

Un caso emblemático es el de los migrantes iraquíes caldeos que han sido expulsados, como tantos otros miles de sus compatriotas, en el marco de las nuevas reglas sobe la inmigración impulsadas por el magnate-presidente. El pasado 12 de junio, 114 cristianos iraquíes de origen caldeo, varios de ellos residentes en Estados Unidos desde hace varias décadas, fueron arrestados en la zona de Detroit por agentes de Migración para enviarlos por la fuerza a Irak. La operación fue una consecuencia del acuerdo que firmaron Estados Unidos e Irak con el cual el gobierno de Baghdad aceptó recibir a un cierto número de ciudadanos iraquíes «expulsables» por varios motivos de los Estados Unidos, con tal de que cancelaran al país de la lista negra de las naciones afectadas por el bando del presidente Trump, el polémico «muslim ban», para impedir la entrada a los Estados Unidos de ciudadanos de 7 países de mayoría musulmana, considerados como potenciales «exportadores» de terroristas. Muchos de los arrestados cristianos habían tenido problemas con la justicia en el pasado, detalle que, según las fuerzas del orden las justificaba para expulsarlos. La disposición de esta medida por ahora se encuentra congelada gracias a otras medidas de suspensión que ha emitido el juez Mark Goldsmith de Detroit. Pero en la comunidad de la diáspora caldea, que en noviembre votó principalmente por los republicanos, crecen la desilusión y la rabia hacia el Presidente que muchos habían apoyado creyendo que habrían encontrado en él un súper-protector.

 

Trump parece, pues, mostrarse evasivo en el frente de la movilización pro-cristianos del Medio Oriente según buena parte de esa red de asociaciones que durante los primeros meses de 2016, con sus presiones, logró convencer al Congreso de Estados Unidos y al Secretario de Estado John Kerry a usar el término «genocidio» para referirse a la violencia de los yihadistas soportada en el Medio Oriente por los cristianos y otras minorías étnico-religiosas. Según una ordenanza constitucional estadounidense, frente a los casos reconocidos de genocidio el Presidente del país debe evaluar «cuáles acciones se pueden tomar para garantizar que los responsables sean sometidos a juicio por tales crímenes» en un tribunal competente. Esta obligación no pone en marcha automáticamente ninguna opción política o militar. Pero entre 2015 y 2016, la eventualidad de juzgar intervenciones armadas para defender a los cristianos reconocidos como víctimas de genocidio se respiraba alrededor de toda la campaña de movilización. Con base en algunas declaraciones de Kerry y del Congreso estadounidense se proyectó la posibilidad de equipar militarmente a auto-proclamadas «milicias cristianas» activas en la Llanura de Nínive. En ese contexto, el arzobispo siro-católico sirio Jacques Behnan Hindo, en una entrevista con la Agencia Fides, dijo que el paso que había dado la Administración estadounidense de entonces era una «operación geopolítica que instrumentaliza la categoría de Genocidio para sus intereses».

 

La política exterior de Estados Unidos sigue considerando la dimensión religiosa como un factor estratégico de las propias proyecciones internacionales, de manera parecida a lo que ocurrió en Asia y en el Medio Oriente durante los años setenta y ochenta, cuando, por ejemplo, desde los escaños del Congreso tanto Demócratas como Republicanos apoyaban en coro la «guerra justa» de los mujaidines afganos en contra del régimen de Najibullah y sus aliados soviéticos.

 

Forma parte del enigma político que representa también esa vaga y no concreta preferencia por la «defensa» de los cristianos perseguidos de Trump, quien, con sus consignas más o menos «islamófobas» y afirmaciones de campaña electoral sobre la defensa de la «herencia cristiana», ahora es percibido por sectores «persecucionaistas» como un medio traidor, dispuesto a expulsar a los migrantes caldeos al Medio Oriente (tildado por las diferentes propagandas de «tierra perdida», caída para siempre en manos de los yihadistas).

 

Hasta ahora, el presidente-magnate ha mostrado una personal cautela a la hora de aplicar la categoría de «genocidio» a los sufrimientos de los cristianos del Medio Oriente. Pero los que lo critican por ello deberían recordar qué dijo al respecto el Papa Francisco, el 18 de junio de 2016: «A mí no me gusta, y quiero decirlo claramente», subrayó el obispo de Roma durante su visita a la Villa Nazareth, «cuando se habla de un genocidio de los cristianos en el Medio Oriente. Esto es un reduccionismo». En esa ocasión, el Papa Bergoglio invitó a no hacer «reduccionismos sociológicos» de las cosas que son «misterio de la fe, un martirio». Y también recordó a los «cristianos coptos, degollados en las playas de Libia. Todos murieron diciendo: “Jesús, ayúdame”».

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Autor: loiolaxxi

periodista, jesuita, bloguero, profesor, jubilado

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