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Ningún fin puede justificar la destrucción de embriones humanos..

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El Papa: ningún fin justifica la destrucción de embriones

Audiencia en el Vaticano a 1500 personas que sufren la enfermedad de Huntington: «Ya no se oculten, la fragilidad no es un mal». A los familiares y voluntarios: «No cedan a la vergüenza ni al sentimiento de culpa»
AP

El Papa durante la audiencia a los enfermos de Huntington en el Aula Pablo VI

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Pubblicato il 18/05/2017
SALVATORE CERNUZIO
CIUDAD DEL VATICANO

«Hidden no More». «Oculta Nunca Más». «Mai Più Nascosta». Para los 1500 enfermos de Huntignton, sus familiares y médicos que los asisten, no fue solo una frase para la ocasión de hoy con el Papa en el Aula Pablo VI. Es más bien un objetivo de vida para superar ese estigma social y esa vergüenza que, como dijo ayer el cardenal Ravasi (promotor del encuentro), pesa sobre los enfermos mucho más que los síntomas de este grave morbo degenerativo.

 

Bergoglio recomendó a los genetista que estaban presentes que prosiguieran con su investigación pero sin utilizar embriones humanos, porque ninguna finalidad, por noble que sea, puede justificar su uso. También afirmó claramente en el discurso, después de las palabras de la senadora italiana Elena Cattaneo y de una breve proyección: «No se trata simplemente de un eslogan, sino de un compromiso que que todos debemos asumir».

 

Todos, no solo las familias que «cotidianamente, de manera silenciosa pero eficaz, acompañan en este duro camino a sus familiares». No solo los agentes sanitarios y médicos que deben afrontar todos los «desafíos que plantea la enfermedad desde el punto de vista diagnóstico, terapéutico y asistencial». Sino también la Iglesia y toda la sociedad civil, para que se acaben los miedos y las «dificultades» que han caracterizado la vida de las personas enfermas de Huntington», creando alrededor de ellas «malos entendidos, barreras, verdaderas marginaciones».

 

« En muchos casos, los enfermos y sus familias han experimentado el drama de la vergüenza, del aislamiento, del abandono», observó el Papa. También dirigió una palabra de aliento a los que «en su cuerpo y en su vida llevan los signos de esta enfermedad» o de otras patologías raras. En particular se dirigió a los que viajaron desde Nueva Zelanda o desde Sudamérica, que «tuvieron que afrontar un viaje muy largo y nada fácil».

 

«La fragilidad no es un mal», afirmó. Nos lo enseña Jesús, para quien «la enfermedad nunca ha sido obstáculo para acercarse al hombre, sino todo lo contrario. Él nos ha enseñado que la persona humana es siempre valiosa, que tiene siempre una dignidad que nada ni nadie le puede quitar, ni siquiera la enfermedad». Por ello, ninguna enfermedad puede ni debe «llevarnos a olvidar el inmenso valor que siempre tenemos ante Dios», pues también puede ser « una oportunidad para el encuentro, la colaboración, la solidaridad».

 

«Ninguno de ustedes se debe sentir nunca solo, ninguno se debe sentir una carga, ninguno debe sentir la necesidad de escapar. ¡Ustedes son valiosos para Dios, son valiosos para la Iglesia!», subrayó Bergoglio, recordando también las familias, a los agentes, operadores sanitarios y voluntarios que están al lado de los enfermos «en este camino lleno de cuestas arriba, algunas muy duras». Ustedes son «padres, madres, esposos, esposas, hijos, hermanos y hermanas, que cada día, de manera silenciosa pero eficaz, acompañan a sus familiares en este duro camino», pero sobre todo son «compañeros de viaje», afirmó el Papa. A los voluntarios los animó a que «no se sientan solos; a que no cedan a la tentación del sentimiento de vergüenza y de culpa. La familia es un lugar privilegiado de vida y dignidad, y pueden contribuir a crear esa red de solidaridad y de ayuda que sólo la familia es capaz de asegurar y a la que está llamada a vivir en primer lugar».

 

A los médicos y voluntarios de las asociaciones que se ocupan de la enfermedad de Huntington («entre ustedes —recordó— hay también personal del Hospital “Casa Sollievo della Sofferenza” que, con su atención y su investigación, son una manifestación de la aportación que la Santa Sede quiere dar en este ámbito tan importante a través de una obra suya»), el Papa dijo que su servicio «es muy valioso, porque la esperanza y el impulso de las familias que se confían a ustedes depende ciertamente de su compromiso e iniciativa. Son muchos los retos que plantea la enfermedad desde el punto de vista diagnóstico, terapéutico y asistencial».

 

 

Los desafíos son muchos, y por ello el Papa indicó que el Señor bendice su trabajo: « que sean un punto de referencia para los pacientes y sus familias, que en muchas ocasiones se ven obligados a hacer frente a las ya duras pruebas que la enfermedad comporta en un contexto socio-sanitario que, con frecuencia, no corresponde a la dignidad de la persona humana. Así las dificultades aumentan. Con frecuencia, la enfermedad se agrava por la pobreza, las separaciones forzadas y una sensación general de confusión y desconfianza. Por eso, las asociaciones y los organismos nacionales e internacionales son decisivos. Son como las manos de Dios que siembran esperanza. ¡Son la voz de estas personas que quieren reivindicar sus derechos!».

 

El obispo de Roma también dedicó algunas palabras a los genetistas y científicos que «que sin escatimar energías se dedican desde hace tiempo al estudio y la búsqueda de una terapia para la enfermedad de Huntington». «La esperanza de encontrar un camino para la curación definitiva de la enfermedad depende de sus esfuerzos, pero también para la mejora de las condiciones de vida de estos hermanos y para su acompañamiento, especialmente en la etapa delicada del diagnóstico, cuando aparecen los primeros síntomas». Un compromiso fundamental que el Papa animó, pero «siempre con medios que no contribuyan a alimentar esa “cultura del descarte” que a veces se insinúa también en el mundo de la investigación científica. Algunas líneas de investigación, de hecho, utilizan embriones humanos provocando inevitablemente su destrucción. Pero sabemos que ningún fin, aunque en sí mismo sea noble ―como la posibilidad de una utilidad para la ciencia, para otros seres humanos o para la sociedad―, puede justificar la destrucción de embriones humanos».

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Autor: loiolaxxi

periodista, jesuita, bloguero, profesor, jubilado

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