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La cuestión de la normalización entre Israel y Palestina. Declaración de los obispos palestinos y orientales

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“Israel-Palestina, herida abierta que no se puede normalizar”

A la vigilia del aniversario de la Guerra de 1967, la Comisión Justicia y Paz de la Asamblea de los Ordinarios católicos de Tierra Santa lanza un llamado a no acostumbrarse a «la ocupación y discriminaciones»
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“Israel-Palestina, herida abierta que no se puede normalizar”

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Pubblicato il 15/05/2017
Ultima modifica il 15/05/2017 alle ore 20:26
GIOEGIO BERNARDELLI

«La situación policial en Israel y Palestina está lejos de ser normal, caracterizada como está por un conflicto que continúa entre los dos pueblos». Por ello (sobre todo en un «contexto político confuso y sin esperanzas») la Iglesia debe tener cuidado para no aceptar modalidades de relación con el Estado de Israel que lleven a considerar como algo «normal» la ocupación de los territorios, las injusticias y las discriminaciones que el conflicto provoca en Jerusalén Este y en Palestina.

 

Quien se pronunció de esta manera, a pocos días de los cincuenta años de la Guerra de los Seis Días (el conflicto durante el que en 1967 Israel asumió el control de toda Jerusalén y de Cisjordania), fue la Comisión Justicia y Paz de la Asamblea de los Ordinarios Católicos de la Tierra Santa, la conferencia episcopal que ve engloba al patriarcado latino y a las demás comunidades católicas de rito oriental presentes en Jerusalén. La declaración se titula «La cuestión de la “normalización”» y es un texto que afronta un tema muy difícil dentro de la sociedad palestina. Se está discutiendo, efectivamente, la actitud que hay que mantener en las relaciones con el Estado de Israel, sus instituciones, sus mismos ciudadanos: como palestinos, ¿es posible y es justo hacerlo «como si se viviera en una situación normal»?.

 

El documento recuerda que, en muchos aspectos, «el Estado de Palestina» sigue viviendo bajo una ocupación militar por parte de Israel, con la necesidad de pedir permisos incluso para muchos aspectos de la vida cotidiana. Cita también las injusticias provocadas por los asentamientos y por la legislación de construcciones israelíes; y después, las violaciones de la libertad de movimiento, las restricciones a las actividades económicas, los obstáculos para que se reúnan las familias. Además se refirió a las discriminaciones en contra de los árabes con ciudadanía isralelí que viven dentro de las fronteras reconocidas antes de 1967. «La Iglesia —escribió la comisión de los Ordinarios católicos de la Tierra Santa— no puede ignorar la injusticia, haciendo finta de que todo está bien».

 

«Hay más de 300 mil cristianos que viven en la actualidad en Israel —continúa el texto. Ciudadanos y residentes a largo plazo que son personas que respetan las leyes, pero también tienen el derecho y el deber moral de utilizar todos los instrumentos legales y los métodos no-violentos para promover plenos derechos y absoluta igualdad para todos los ciudadanos. Ignorarlo o disminuirlo sería una forma de normalización».

 

El desafío es delicado, porque, recuerda el documento, la Iglesia misma está llamada a pedir permisos y a relacionarse con las autoridades israelíes para garantizar las actividades de las propias parroquias, escuelas e instituciones. En estas relaciones, afirmó la comisión Justicia y Paz, se necesita constantemente «discernir entre lo que es inevitable y lo que, por el contrario, debe ser evitado», justamente para no dar la impresión de que una situación como esta pueda ser considerada como algo normal. Además de esto la Iglesia apuesta por la promoción del dialogo entre todos los que, israelíes y palestinos, «no quieren perpetuar esta situación» y no se ocultan tras «la presunción de que la colaboración puede ignorar la batalla por la justicia, ocultando realidades injustas que marcan las vidas cotidianas de los que experimentan la ocupación o la discriminación».

 

«La Iglesia que está en Israel y Palestina —concluye la Comisión Justicia y Paz de los católicos de Jerusalén— tiene la responsabilidad de recordar a la Iglesia universal que la que existe entre israelíes y palestinos es una herida abierta y purulenta». Por ello la invitación a las comunidades cristianas y a los creyentes para que «se consulten y trabajen estrechamente para encontrar las mejores vías para ofrecer testimonio de una sociedad justa e igual para todos, cultivando, al mismo tiempo, relaciones respetuosas con todos los ciudadanos, con los que deben vivir juntos por una paz justa y duradera».

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Autor: loiolaxxi

periodista, jesuita, bloguero, profesor, jubilado

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