Loiola XXI

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En oración por la paz en el mundo al igual que en Fatima.

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“Como en Fátima, hay que orar por el fin de los absurdos conflictos”

La santidad de los pastorcitos videntes no fue consecuencia de las apariciones, sino de la fidelidad con la cual ellos respondieron al privilegio de ver a la Virgen, aseguró hoy el Papa Francisco durante su bendición dominical
AFP

El Regina Coeli de Francisco

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Pubblicato il 14/05/2017
Ultima modifica il 14/05/2017 alle ore 17:13
ANDRÉS BELTRAMO ÁLVAREZ
CIUDAD DEL VATICANO

Los pastorcitos de Fátima no fueron santos porque vieron a la Virgen. Los fueron por su fidelidad cristiana. Ellos rezaron e hicieron penitencia por el final de la Primera Guerra Mundial. Hoy, 100 años después, el mundo necesita más que nunca plegarias y sacrificios, para que acaben los “absurdos conflictos, grandes o pequeños, que desfiguran el rostro de la humanidad”. Palabras del Papa este domingo, al recordar su fugaz visita apostólica al santuario ubicado en el corazón de Portugal.

 

Al mediodía de este domingo, Francisco se asomó a la ventana de su estudio personal en el Palacio Apostólico del Vaticano y dirigió su oración del “Regina Coeli” (Reina del Cielo) ante unas 25 mil personas congregadas en la Plaza de San Pedro. Pasó revista a las 23 horas que pasó en Fátima, en su viaje apostólico número 19, el viernes 12 y sábado 13 de mayo.

 

“En Fátima me sumergí en la oración del santo pueblo fiel, oración que allá corre desde hace 100 años como un río, para implorar la protección materna de María sobre el mundo entero. Agradezco al señor que me concedió ir a los pies de la virgen madre como peregrino de esperanza y de paz”, dijo, hablando en italiano.

 

“Desde el inicio, cuando en la capilla de las apariciones me quedó por un largo tiempo en silencio, acompañado por el silencio orante de todos los peregrinos, se creó un clima de recogimiento y contemplativo, en el cual se desarrollaron los varios momentos de oración”, siguió.

 

Recordó que, en ese lugar 100 años atrás, la Virgen eligió el “corazón inocente y la sencillez” de los pastores niños Francisco, Jacinta y Lucía, a quienes convirtió en depositarios de su mensaje. Ellos, sostuvo, lo custodiaron tan dignamente que se convirtieron en modelos de vida cristiana.

 

Precisó que con su declaración como santos propuso a toda la Iglesia católica que “cuide a los niños”, pero aclaró que su santidad no dependió de las apariciones, sino de la fidelidad y el ardor con las cuales respondieron al privilegio de ver a María. Según el Papa, tras el encuentro con la “bella señora”, como la llamaban, recitaban frecuentemente el rosario, hacían penitencia y ofrecían sacrificios para obtener el final de la Primera Guerra Mundial y por las almas más necesitadas.

 

“También hoy se necesita de oración y de penitencia para implorar la gracia de la conversión, para implorar el fin de tantas guerras que están por todos lados en el mundo y que se alargan cada vez más, como también el final de los absurdos conflictos, grandes o pequeños, que desfiguran el rostro de la humanidad”, estableció.

 

En el momento de los saludos finales, también urgió a emprender el camino del diálogo y la “amistad social” para encontrar solución a los conflictos en Medio Oriente y en otras latitudes. Confió a la Virgen, reina de la paz, las suertes de las poblaciones afectadas por guerras y conflictos, en particular en Medio Oriente, y se mostró cercano a “tantos inocentes” cristianos, musulmanes o de otras minorías, que sufren “trágicas violencias y discriminaciones”.

 

Manifestó su solidaridad y agradeció a quienes responden a las necesidades que presentan esas crisis humanitarias. “Animo a las diversas comunidades a recorrer el camino del diálogo y de la amistad social para construir un futuro de respeto, de seguridad y de paz, lejanos de toda suerte de guerra”, añadió.

 

Más adelante, el líder católico constató que este domingo se celebra el día de la madre en muchos países, incluido Italia, y advirtió que el futuro de las sociedades exige de parte de todos, especialmente de las instituciones, una atención concreta a la vida y a la maternidad.

 

“Recordamos con gratitud y afecto a todas las madres, también a nuestras madres en el cielo, confiándolas a María, la madre de Jesús. Y ahora les hago una propuesta: permanezcamos algunos instantes en silencio, cada uno rezando por la propia mamá”, exhortó, obteniendo un largo silencio y, después, un aplauso sostenido de la multitud.

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Autor: loiolaxxi

periodista, jesuita, bloguero, profesor, jubilado

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