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Rueda de prensa del Papa al regreso de Egipto.

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El Papa sobre la posible guerra en Corea: “¡Detengámonos! se necesita negociar”

La entrevista con el Papa durante el vuelo de regreso de Egipto. Sobre la amenaza del conflicto nuclear en Corea: «Hoy una guerra extendida destruiría buena parte de la humanidad». Se necesita la intervención de la ONU «cuyo liderazgo se ha diluido un poco». «Estoy preocupado por el caso Regeni, la Santa Sede se ha movido». Sobre Europa: «Corre el riesgo de deshacerse»
REUTERS

La entrevista con el Papa durante el vuelo de regreso de Egipto

Pubblicato il 29/04/2017
Ultima modifica il 29/04/2017 alle ore 22:27
ANDREA TORNIELLI
ENVIADO DESDE EL VUELO EL CAIRO – ROMA

«Estoy preocupado por el caso Regeni, la Santa Sede se ha movido». Papa Francisco habló con los periodistas durante el vuelo de regreso de El Cairo; habló sobre el caso del italiano Regeni, estudiante que murió en Egipto en circunstancias poco claras, sobre los populismo en Europa y sobre los vientos de guerra en Corea del Norte: «Hoy una guerra extendida destruiría a buena parte de la humanidad. ¡Es terrible! Se necesita una solución diplomática y una intervención de la ONU, que tiene el deber de retomar su liderazgo, porque se ha diluido un poco».

 

Ayer se reunió con el presidente al Sisi. ¿Hablaron sobre los derechos humanos y sobre el caso de Giulio Regeni? ¿Se llegará a conocer la verdad?

 

Cuando estoy con un jefe de Estado en un dialogo privado, lo que decimos queda en privado, a menos que estemos de acuerdo en hacerlo público. Tuve cuatro diálogos privados aquí, y creo que, si es privado, por respeto, ha que mantener la reserva. Con respecto a Regeni: yo estoy preocupado, y desde la Santa Sede me moví sobre ese tema, porque también sus padres lo pidieron. La Santa Sede se ha movido. No diré cómo, pero nos hemos movido.

 

Usted ayer dijo que la paz, la prosperidad y el desarrollo merecen cualquier sacrificio y es importante respetar los derechos inajenables del ser humano. ¿El suyo fue un apoyo al gobierno egipcio que trata de defender a los cristianos?

 

Yo hablé de valores en sí mismos, de defender la paz, la armonía de los pueblos, la igualdad de los ciudadanos, cualquiera que sea la religión que profesen. Son valores y yo hablé sobre valores. Si un gobernante defiende uno u otro de estos valores es otro problema. Hasta ahora he hecho 18 viajes y en muchos países he escuchado: «El Papa apoya a este o a aquel gobierno». Un gobierno siempre tiene sus debilidades o sus adversarios políticos que dicen una u otra cosa. Yo no me inmiscuyo, hablo sobre valores, y luego que cada quien vea y juzgue si un gobierno o un Estado saca adelante estos valores.

 

Usted habló, en el primer discurso en al Azhar, sobre el peligro de acciones unilaterales, y afirmó que todos deben ser constructores de paz. Habló sobre la «tercera guerra mundial en pedacitos»: en la actualidad se teme por lo que está sucediendo en Corea del Norte. El presidente Trump envió naves militares, el líder norcoreano ha amenazado con bombardear Corea del Sur. Se habla de la posibilidad de una guerra nuclear como si nada. ¿Si se reúne con Trump y otros líderes, qué les dirá?

 

Los llamaré y volveré a llamar a un trabajo para resolver los problemas por el camino de la diplomacia. Existen los «facilitadores», los mediadores que se ofrecen. Hay países, como Noruega, siempre lista para ayudar (es solo un ejemplo). La vía es la de la negociación, de la solución diplomática. Esta guerra mundial en pedazos a la que me refiero desde hace dos años, es a pedazos, pero los pedazos se han extendido y se concentran en puntos que ya eran candentes. Se habla sobre los misiles coreanos desde hace un año, pero ahora parece que la cosa se ha calentado demasiado. Llamo a la negociación porque es el futuro de la humanidad: hoy, una guerra extendida, destruiría a buena parte de la humanidad, ¡y es terrible! Vemos esos países que están sufriendo una guerra interna, en el Medio Oriente, en Yemen, en África. ¡Detengámonos! Busquemos soluciones diplomáticas, y allí creo que las Naciones Unidas tienen el deber de retomar un poco su liderazgo, porque se ha diluido un poco.

 

¿Usted quiere reunirse con el presidente Trump?

 

Todavía no he sido informado de peticiones por parte de la Secretaría de Estado, pero yo recibo a cualquier jefe de Estado que pida audiencia.

 

En al Azhar usted habló sobre los populismo demagógicos. Los católicos franceses están tentados del voto populista y extremo, y están divididos entre dos candidatos. ¿Cuáles elementos de discernimiento puede ofrecer para estos electores católicos?

 

Tuve que volver a aprender en Europa el significado de la palabra «populismos», porque en América Latina tiene otro. Existe el problema en Europa y en la Unión Europea, no voy a repetir lo que dije sobre Europa, he hablado cuatro veces: dos en Estrasburgo, después durante la entrega del premio Carlo Magno y en ocasión del setenta aniversario de los Tratados de Roma. Cada país es libre de tomar las decisiones que crea convenientes y, ante ello, yo no puedo juzgar si esa decisión se toma por un motivo o por otro. No conozco la política interna. Es cierto que Europa corre el peligro de deshacerse, esto es cierto. Debemos meditar. Hay un problema que espanta y que tal vez alimenta estos fenómenos, y es el problema de la inmigración. Pero no olvidemos que Europa está hecha de migrantes, desde hace siglos y siglos, de migrantes: somos nosotros. Es un problema que hay que estudiar bien, respetando las opiniones, una discusión política con mayúscula, la gran política. Sobre Francia: digo la verdad, no comprendo la política interior francesa y he tratado de tener buenas relaciones con el presidente actual, con el que una vez hubo un conflicto, pero después pude hablar claramente sobre las cosas. No conozco la historia de los dos candidatos franceses, no sé de dónde provengan, sé que una es una representante de la derecha, pero el otro no sé de dónde viene, y por ello no sabría dar una opinión. Hablando sobre los católicos, mientras saludaba a la gente, un día, uno me dijo: «¿Por qué no piensa en la gran política?». ¡Quería decir hacer un partido para los católicos! ¡Pero este buen señor vive en el siglo pasado!

 

Hace algunos días usted habló sobre los refugiados y usó las palabras «campos de concentración», que para nosotros, los alemanes, es muy grave. Hay quienes dicen que fue un lapsus…

 

Antes que nada, quisiera recordar bien todo lo que dije. Hablé sobre los países más generosos de Europa, citando Italia y Grecia. Sobre Alemania: siempre he admirado la capacidad de integración de los alemanes. Cuando estudiaba allí había muchos turcos integrados en Frankfurt y tenían una vida normal. ¡Pero el mío no fue un lapsus! Hay campos para refugiados que son verdaderos campos de concentración. Tal vez alguno en Italia, tal vez otro en otras partes. Usted piense qué hace la gente cuando está encerrada en un campo sin poder salir. Piense en lo que sucedió en el norte de Europa cuando los migrantes querían atravesar el mar para ir a Inglaterra, y los encerraron. Una cosa me dio risa, y esta es un poco la cultura italiana: en Sicilia, en un pueblito, hay un campo para refugiados. Los líderes de ese pueblo le hablaron a los migrantes y les dijeron: «Estar aquí adentro le hará daño a su salud mental, tienen que salirse, pero, por favor, ¡no hagan cosas feas! Nosotros no podemos abrir las rejas, pero hagamos un hueco atrás, ustedes salen, y se van a pasear al pueblo…». Y así se construyeron buenas relaciones con los habitantes de ese pueblito: los migrantes no cometen actos de delincuencia o criminalidad. Pero estar encerrados en un lager…

 

En Venezuela la situación está empeorando. ¿Qué se puede hacer? ¿Puede intermediar el Vaticano?

 

Ya hubo una intervención de la Santa Sede, siguiendo la petición de los cuatro presidentes que estaban trabajando como «facilitadores», pero la cosa no tuvo éxito porque las propuestas no fueron aceptadas o porque las diluían. Todos conocemos la difícil situación de Venezuela, un país que amo mucho. Sé que ahora están insistiendo, no sé bien dónde, creo que todavía de parte de los cuatro presidentes, para volver a lanzar esta mediación, y están buscando el lugar. Ya hay oposiciones claras, la misma oposición está dividida y el conflicto se agudiza cada día más. Estamos en movimiento. Todo lo que se pueda hacer, hay que hacerlo, con las garantías necesarias.

 

Yo soy ortodoxa. ¿Cuáles son las perspectivas en las relaciones con los ortodoxos rusos y también con los coptos? El reconocimiento común del Bautismo es importante… ¿Qué le parece la relación entre el Vaticano y Rusia, a la luz de la defensa de los cristianos en el Medio Oriente y en Siria?

 

Yo siempre he tenido una gran amistad con los ortodoxos. En Buenos Aires, cada vigilia de Navidad, iba a las Vísperas a la catedral del Patriarca ortodoxo, que ahora es arzobispo de Ucrania: dos horas 40 de oración en una lengua que no entendía. Y luego participaba en la cena de la comunidad. También los demás ortodoxos, algunas veces, cuando necesitaban ayuda legal, iban a la Curia católica. Somos Iglesias hermanas. Con el Papa copto Tawadros II tengo una amistad especial, para mí es un gran hombre de Dios, es un gran patriarca que sacará adelante a la Iglesia, sacará el nombre de Jesús adelante. Tiene un gran celo apostólico, es uno de los más «fanáticos» para encontrar la fecha fija de la Pascua. Yo también, pero él dice: «¡Luchemos, luchemos!». Cuando era obispo lejos de Egipto, iba a darle de comer a los discapacitados. La unidad del Bautismo va adelante, la culpa es una cosa histórica: en los primero concilios estaba claro, después los cristianos bautizaban a los niños en los santuarios y, cuando querían casarse, se repetía el Bautismo bajo ciertas condiciones. Comenzó con nosotros, no con ellos. Vamos por buen camino para superar esto. Los ortodoxos rusos reconocen nuestro Bautismo y yo reconozco el suyo. Con los georgianos: el Patriarca Elías II es un hombre de Dios, un místico, nosotros los católicos debemos aprender de esta tradición mística. En este viaje hicimos el encuentro ecuménico, también estaba Bartolomé, estaban los anglicanos… El ecumenismo se hace en camino con las obras de caridad, estando juntos. No existe un ecumenismo estático. Los teólogos deben estudiar, pero no es posible que esto acabe bien si no caminamos juntos, rezando juntos… Con el Patriarca ruso Kirill, relaciones buenas; también el arzobispo Hilarion ha ido varias veces a Roma, y tenemos una buena relación. Con el Estado ruso: sé que el Estado habla sobre la defensa de los cristianos en el Medio Oriente, y creo que esta es una cosa buena: hablar en contra de la persecución. Hoy hay más mártires que en el pasado.

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Autor: loiolaxxi

periodista, jesuita, bloguero, profesor, jubilado

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