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Eliminación de las armas nucleares: comentario a la declaración del Papa.

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El Papa: “Las armas nucleares no son adecuadas para defender la paz”

Francisco a la Conferencia de la ONU para negociar un instrumento jurídicamente vinculante sobre la prohibición de los arsenales atómicos: la estabilidad internacional no se puede fundar en una amenaza de destrucción recíproca

El Papa: “Las armas nucleares no son adecuadas para defender la paz”

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Pubblicato il 28/03/2017
Ultima modifica il 28/03/2017 alle ore 14:35
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

Las armas nucleares no sirven para contrarrestar el terrorismo, los conflictos asimétricos o los ataques informáticos que desestabilizan en la actualidad la paz de muchas naciones. La paz y la estabilidad no pueden fundarse «en un falso sentido de seguridad, en la amenaza de una destrucción recíproca». Papa Francisco envió un mensaje a Elayne Whyte Gómez, Presidente de la Conferencia de las Naciones Unidas cuyo objetivo es negociar un instrumento jurídicamente vinculante sobre la prohibición de las armas atómicas. La Conferencia comenzó ayer en Nueva York y terminará el próximo 31 de marzo. El texto del Pontífice fue leído por el subsecretario de Relaciones con los Estados, Antoine Camilleri.

 

Después de haber animado a los participantes de la conferencia, Francisco recordó que las Naciones Unidas se fundaron sobre la paz, «la solución pacífica de las controversias y el desarrollo de las relaciones amigables entre las naciones» y que «una ética y un derecho basados en la amenaza de la destrucción recíproca (y potencialmente de toda la humanidad) son contradictorias con el espíritu mismo» de la ONU. Por lo tanto, hay que «comprometerse por un mundo sin armas nucleares, aplicando plenamente el Tratado de no proliferación».

 

El Papa después se preguntó por cuál razón habría que proponer este objetivo «en el actual escenario internacional caracterizado por un clima de conflictualidad inestable». Y también recordó que hoy, si se toman en consideración «las principales amenazas contra la paz y la seguridad con sus múltiples dimensiones, en este mundo multipolar del siglo XXI, como por ejemplo el terrorismo, los conflictos asimétricos, la seguridad informática, los problemas ambientales, la pobreza, emergen no pocas dudas sobre la insuficiencia de la disuasión nuclear para responder eficazmente a dichos desafíos».

 

Además, deberían preocuparnos «las catastróficas consecuencias humanitarias y ambientales que se producen con el empleo de cualquier tipo de arma nuclear, con devastadores efectos indiscriminados e incontrolables en el tiempo y en el espacio». Por no hablar sobre el despilfarro de recursos que podrían emplearse para combatir la pobreza. «Debemos preguntarnos también cuán sostenible es un equilibrio basado en el miedo, cuando tiende, de hecho, a aumentar el miedo y a minar las relaciones de confianza entre los pueblos. La paz y la estabilidad internacional —escribió Francisco— no se pueden fundar sobre un «falso sentido de seguridad, sobre la amenaza de un destrucción recíproca o de una aniquilación total, sobre el simple mantenimiento de un equilibrio de poder».

 

La paz, recordó el Papa, «se debe construir sobre la justicia, el desarrollo humano integral, el respeto de los derechos humanos fundamentales, la custodia de la creación, la participación de todos en la vida pública, la confianza entre los pueblos, la promoción de instituciones pacíficas, el acceso a la educación y a la salud, el diálogo y la solidaridad». Hay que ir más allá de la persuasión nuclear: la comunidad internacional está llamada «a adoptar estrategias a largo plazo para promover el objetivo de la paz y de la estabilidad y evitar enfoques miopes sobre los problemas de seguridad nacional e internacional».

 

Entonces, explicó Bergoglio, eliminar por completo las armas nucleares se convierte «tanto en un desafío como en un imperativo moral y humanitario. Un enfoque concreto debería promover una reflexión sobre una ética de la paz y de la seguridad cooperativa multilateral que vaya más allá del “miedo” y del “aislamiento” que prevalece hoy en numerosos debates». Se necesitan realismo, diálogo y «mecanismos de confianza y de cooperación».

 

La interdependencia que va aumentando y la globalización, observó Francisco, significan que «cualquier respuesta que demos a la amenaza de las armas nucleares debe ser colectiva y concertada, basada en la confianza recíproca». Y esta última puede construirse «solo mediante un diálogo que esté sinceramente orientado hacia el bien común y no hacia la tutela de intereses velados o particulares». Un diálogo «lo más incluyente posible de todos: Estados nucleares, países que no poseen armas nucleares, sectores militar y privado, comunidades religiosas, sociedad civil, organizaciones internacionales».

 

«En este esfuerzo —dijo el Papa— debemos evitar esas formas de recriminación recíproca y de polarización que obstaculizan el diálogo en lugar de animarlos. La humanidad tiene la capacidad de trabajar junta para construir nuestra casa común».

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Autor: loiolaxxi

periodista, jesuita, bloguero, profesor, jubilado

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