Loiola XXI

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Problemas internos en algunas comunidades cristianas de Medio Oriente.

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La crisis constante en el Patriarcado greco-melequita
El desmentido de los rumores de la renuncia del Patriarca Grègoire III Laham. Mientras tanto hay quienes hablan de una carta ya enviada a Roma. Un caso emblemático de las dificultades «internas» que viven la jerarquía y el clero de muchas comunidades cristianas del Medio Oriente
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Pubblicato il 06/03/2017
Ultima modifica il 06/03/2017 alle ore 18:11
GIANNI VALENTE
A pesar de las declaraciones rituales para tranquilizar y sobre el espíritu de «renovada comunión», siguen soplando vientos de crisis sobre las relaciones entre el Patriarca greco-melequita Grègoire III Laham y una gran parte del episcopado de esa Iglesia católica oriental. El Patriarcado acaba de difundir un comunicado para insistir en que el Patriarca permanecerá en su sitio, guiando el Patriarcado, y en que se está preparando para «nuevos proyectos», con la intención de redoblar los propios esfuerzos, «tanto a nivel local como a nivel internacional», para «aliviar los sufrimientos de la población en la crisis actual, sobre todo en Siria, Irak y Palestina». Pero el comunicado, como una especie de «excusatio non petita», ha confirmado las tensiones que existen desde hace tiempo dentro del Sínodo melequita. En Damasco, mientras tanto, se difunden rumores que hablan de una carta de renuncia del Patriarca ya enviada a Roma.
La primera y clamorosa manifestación del malestar reinante en el Sínodo melequita surgió en junio de 2016. En esa época el Sínodo de la Iglesia Católica greco-melequita, después comenzar el 20 de junio en el seminario de Ain Traz, al sureste de Beirut, fue interrumpido pues un buen número de obispos no se presentaron a la asamblea sinodal, con lo que no hubo el quórum necesario para que esta continuara. De los 22 obispos melequitas entonces en sus puestos, solamente 11 participaron en la asamblea inaugural. Desde entonces, las tensiones y los malos humores cobraban cuerpo con la petición de la renuncia del Patriarca Grègorie III, apoyada por un grupo de por lo menos 10 obispos, y la elección de un nuevo Patriarca. Las causas de estos malestares también se relacionaban con algunas cuestiones financiero-administrativas: algunos acusaban al Patriarca de haber acabado con el patrimonio de la Iglesia. En una declaración después de que se fijara una nueva fecha para el Sínodo, Grègorio III, subrayó que el derecho canónico oriental no contempla la posibilidad de imponer al Patriarca la renuncia en contra de su voluntad, y que todas las eventuales controversias debían ser afrontadas dentro de la Asamblea sinodal. El Patriarca citaba en esa ocasión algunas disposiciones propuestas por la Congregación vaticana para las Iglesias orientales.

Del 21 al 23 de febrero de este año, el Sínodo del Patriarcado melequita volvió a reunirse en la sede patriarcal de Raboué, en Líbano. Lo que hizo posible el éxito de la asamblea sinodal fue la obra de persuasión que llevaron a cabo los Nuncios apostólicos en Siria y en el Líbano, el cardenal Mario Zenari y el arzobispo Garbiele Caccia, ambos excepcionalmente presentes durante las sesiones de trabajo sinodal. Al final de la Asamblea se difundió un comunicado con tonos alentadores, en el que los participantes dieron gracias al Señor por haberles dado el «espíritu de reconciliación fraterna» para restablecer la paz en la Iglesia y «retomar el camino de comunión». En el comunicado se aludía al tono «inconveniente» que utilizaron algunos obispos en las polémicas y también a los «errores de gestión, con toda probabilidad involuntarios» que indicaron algunos obispos en la administración del patrimonio. También se estableció la fecha para la próxima Asamblea sinodal, que será del 19 al 24 de junio de 2017, y se subrayó que, mientras tanto, los nuevos miembros permanentes del Sínodo patriarcal, que deben ser nombrados, habrían «asistido» al Patriarca en sus funciones. En realidad, desde Damasco algunas fuentes cercanas al Patriarcado sostienen que durante la Asamblea sinodal de febrero el Patriarca, bajo las presiones de la mayor parte de los obispos, habría firmado una carta para renunciar al propio ministerio patriarcal. La carta ya habría sido enviada a Roma, pero todavía no habría ninguna respuesta. Según algunos observadores, las indicaciones de la Santa Sede podrían llegar después de la Cuaresma y de la celebración de la Pascua. Pero hay quienes creen que el Patriarca no quiera renunciar verdaderamente: habría que leer con esta clave de interpretación el comunicado que acaba de difundir el la oficina para las comunicaciones del Patriarcado. El texto se refiere explícitamente a algunos artículos publicados por algunos medios locales en los que se alude a la posible renuncia del Patriarca, y también invita a los que trabajan en los medios a publicar noticias cuya veracidad haya sido confirmada.

Más allá de las indiscreciones, el estado de malestar en la Iglesia melequita es una de las señales más elocuentes de las dificultades «internas» que viven las jerarquías y el clero de muchas comunidades cristianas del Medio Oriente, desveladas por las convulsiones causadas por los conflictos y las contraposiciones sectarias. Hace algunos días, el arzobispo Samir Nassar, que guía la archieparquía de Damasco de los maronitas, en su carta cuaresmal indicó entre las primeras causas de los sufrimientos que acechan a las Iglesias en Siria la hemorragia de sacerdotes que han huido de Damasco durante los años de la guerra civil, dejando a los fieles sin consuelo pastoral. El Patriarca caldeo Louis Raphael I Sako ha llevado a cabo una larga batalla para denunciar el éxodo de sacerdotes y religiosos que han abandonado su patria y que se han mudado (sin el consenso de sus obispos) al Occidente. Mientras el tejido eclesial local parece disiparse en muchas zonas, aumenta el número de agentes eclesiales comprometidos por completo en operaciones de colectas de fondos y en la gestión de recursos para favorecer a los «cristianos perseguidos».

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Autor: loiolaxxi

periodista, jesuita, bloguero, profesor, jubilado

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