Loiola XXI

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Interesante comparación entre Donald Trump y Ronald Reagan. Análisis

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El republicano Donald Trump ha conmocionado a Estados Unidos y al mundo entero al derrotar a la demócrata Hillary Clinton en las elecciones presidenciales del pasado martes en Estados Unidos. Trump, un populista con un discurso xenófobo y anti-sistema, será el próximo presidente de Estados Unidos. Con el apoyo masivo de los estadounidenses blancos descontentos con las élites políticas y económicas, e inquietos por cambios demográficos acelerados, Trump rompió los pronósticos de los sondeos y logró una victoria que aboca a su país y al mundo entero a lo desconocido.

         Nadie como Trump supo entender el hartazgo con el establishment, con el que se identificaba a Clinton. Para entenderlo basta con observar el mapa con los colores azul y rojo, ¿dónde está uno y donde está la otra, en que Estados, incluso en algunos que siempre fueron demócratas y esta vez pasaron a ser republicanos. Los analistas políticos dicen que “la ola populista global ha llegado a la Casa Blanca”, y se une a sorpresas tan espectaculares como la del Brexit y otros.

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El mundo esperaba ver a la primera mujer en la presidencia de EE UU, después de tener a un presidente afroamericano, pero ocurrió lo inesperado. Los votantes eligieron a un demagogo, un empresario multimillonario y partidario del más puro espectáculo de circo y mises, un hombre que ha reavivado algunas de las tradiciones más oscuras del país, que ha colocado en el centro del discurso político el insulto y la descalificación, un admirador de Vladímir Putin que amaga con reformular las alianzas internacionales de EE UU y lanzar un desafío al vecino del sur, México.

         Parece claro que el sorprendente resultado electoral reflejó dos tendencias paralelas: la consolidación a la derecha de blancos de clase media o media baja, y la falta de ganas entre los clásicos de la izquierda: minorías, jóvenes y votantes de las grandes ciudades. Este fue el factor principal. La famosa “gran coalición” que aupó dos veces a Barack Obama llegó desgastada a estas elecciones; sus elementos perdieron fuerza y no creyeron en las promesas demócratas de Hillary Clinton. Ahora la preocupación por el futuro no sólo está en Estados Unidos sino en todo el mundo, incluido nosotros, los europeos.

Trump: España y Europa son un “chollo”

         Hago un pequeño inciso para recomendar a los lectores que a través de Internet se enteren de lo que el nuevo presidente USA pensaba hace unos cuatro años de Europa y de España, aprovechando la crisis económica en la que estábamos sumidos. En una entrevista para la cadena NBC, el entonces solamente excéntrico millonario habló de las “oportunidades” que ofrecía Europa. “Puedes comprar por muy poco dinero, puedes comprar tierra por nada, puedes comprar de todo por nada”, decía. Y no encontró mejor ejemplo que España. “España es un país increíble.Es un gran país, pero está enfermo y éste es el momento de aprovecharlo… Por cierto, hace unos años estuvo Trump en un Curso Internacional en Barcelona llevándose a cambio miles de dólares (cerca de medio millón) por cada intervención suya.

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A la vista de lo que está ocurriendo en el mundo y ante la perspectiva de nuevas elecciones en países europeos (Austria, Italia, Alemania, Francia…) la amenaza “populista” parece evidente, según los entendidos. A Donald Trump se le presentaba y el mismo subrayaba ese aspecto como fuerza heterodoxa y populista transversal comparable al UKIP británico (partido de la independencia del Reino Unido), al Frente Nacional Francés, al movimiento MSS italiano, a la Syriza o Coalición de la Izquierda Radical de Grecia, a las fuerzas anti-inmigración holandesas e incluso a Podemos en España.

Testigo directo de la primera elección de Reagan

Desde luego, todos sabemos que Estados Unidos tiene siempre una condicionamiento especial que nadie discute: es la primera potencia mundial, la tecnológicamente más avanzada, la que ejerce el predominio militar en el planeta con bases en distintos países, un planeta al que redimió en la espantosa II Guerra Mundial y, por tanto, sus elecciones presidenciales tienen repercusión en los cinco continentes e inciden principalmente en la evolución ideológica de Occidente, como sucedió en los años 60 con el enfrentamiento con la URSS y la guerra fría, y más parecido aún en los 80 con la irrupción del neoliberalismo de Ronald Reagan, elecciones que tuve la fortuna periodística de presenciar como enviado especial. Tanto en los 60 como en los 80, en Estados Unidos surgió una idea que se reflejó desde la política hasta las canciones, y que ahora está precisamente de actualidad en ese recuerdo de que “El mundo sigue cambiando”, atribuido a la figura de Bob Dylan, recién premiado con el  Nobel de Literatura.

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Estas elecciones norteamericanas han sido muy distintas a las anteriores, con doble victoria de Obama, no sólo por la repercusión sino también por su realización y resultados, hasta el punto de que la clave está en los Estados más que en el número total de votantes, hasta el punto de que en esto ganó Hillary Clinton . La victoria en Florida, Estado que el presidente Barack Obama, demócrata como Clinton, ganó dos veces, abrió la vía para la victoria de un magnate inmobiliario y estrella de la tele-realidad que ha sacudido los cimientos de la política tradicional. Trump ganó después en Carolina del Norte, en Ohio y Pensilvania, entre otros Estados que Clinton necesitaba para ganar.

Para ver las diferencias con otras elecciones, podemos recordar que las norteamericanas, que se realizan cada cuatro años desde 1845, no se celebran un fin de semana sino el martes después del primer lunes de noviembre. Incluso hay Estados donde se vota antes que en otros, conociéndose los resultados de los primeros. Otra característica: además de la elección de presidente y vicepresidente, se renuevan las Cámaras, y esta vez además se han elegido  gobernadores, alcaldes y otros cargos; incluso ha habido estados donde se ha votado sobre cuestiones como la legalización de la marihuana… ¿Y por qué se realiza el martes después del primer lunes de noviembre?

Hace muchos años, en el siglo XIX, la mayor parte de la población norteamericana se dedicaba a la agricultura, y noviembre era uno de los meses más “llevaderos” en cuanto a la carga de trabajo en el campo. La recogida de la cosecha había terminado y el clima no era tan severo como para impedir los desplazamientos. ¿Y por qué un martes? Los electores, enclavados en núcleos rurales, debían llevar a cabo largos viajes para poder votar, por lo que en la mayoría de los casos se veían obligados a partir el día anterior. Y se consideraba que “el lunes no era día razonable dado que muchas personas tendrían que iniciar su viaje el domingo” lo que “entraría en conflicto con los servicios de la Iglesia y el culto dominical”. No hay que olvidar que la palabra “Dios” y la aparente fe cristiana de los norteamericanos está incluso en el dólar.

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¿Y por qué se celebran las elecciones unos días después del día 1 de noviembre, día de todos los santos? Pues porque muchos comerciantes tenían costumbre de cerrar sus libros de cuentas del mes vencido el primero de cada nueva mensualidad, por tanto, ese martes después del  primer lunes de noviembre ya “no había excusa para no votar”…

Más de 100 millones que no han votado

Ahora, según tengo entendido, la realidad es que como para votar hace falta inscribirse, de los 250 millones con derecho a voto 100 no se inscribieron y por tanto no votaron a los que hay que añadir las abstenciones o el voto al “independiente”, y los analistas culpan en parte a esa ausencia la derrota demócrata porque, como ocurrió en el Brexit y en otras elecciones cercanas, muchas personas siguen creyendo en las encuestas y prefieren alejarse de las urnas. Olvidan algo que nos parece fundamental, que no todos los ciudadanos somos iguales y, sobre todo, no lo somos en términos intelectuales o de conocimientos y, sobre todo, económicos, y hay quienes, recordando al apóstol Tomás, el incrédulo de “tocar y creer”, no se fían y acuden responsablemente a los colegios electorales, y lo realizan haga bueno o malo, estén lejos o cerca de las urnas…

Hacer el ridículo basándose en las encuestas

Confieso humildemente que a la hora de comparar las elecciones norteamericanas en las que ganó Ronald Reagan, elegido por cierto el mejor presidente de los Estados Unidos en distintas encuestas recientes, he de confesar que el mismo día martes de aquellos comicios publiqué en el diario “Deia” una crónica anticipando la victoria de Jimmy Carter tal y como daban todas las encuestas y la mayoría de los periódicos más potentes de los EEUU.

Una vez más se demostraba algo que se ha repetido en numerosas ocasiones: Estaos Unidos no es ni las costas privilegiadas ni Nueva York, como Inglaterra no es sólo Londres; o España, Madrid. A la hora de sumar y contabilizar escaños la idea particular, de una ciudad o una zona, que globalmente se ha generalizado y anticipado fracasa casi siempre.

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Los diarios subrayaban “los golpes bajos” de Reagan y Carter

En aquella elección de Ronald Reagan (actor secundario que procedía de la política como gobernador de California fracasando en sus intentos presidencialistas), elección celebrada el 4 de noviembre de 1980, obtuvo 43.903.230 votos populares equivalentes al 50,75% del total de los sufragios emitidos; Carter obtuvo 35.480.115 votos populares, que equivalían al 41,01% de los sufragios; Anderson obtuvo 5.719.850 votos populares, equivalentes al 6,61% de los votos; el candidato del Partido Libertario, Ed Clark, obtuvo 921.128 votos, que equivalían al 1,06%; y el resto se repartió entre otros candidatos más pequeños. Reagan ganó en 44 estados y Carter en apenas 6 estados y el Distrito de Columbia, por lo que en el Colegio Electoral Reagan obtuvo 489 Electores contra 49 de Carter. Por lo tanto Reagan se convirtió en Presidente electo.

Un Reagan presidente ocho años y añorado algunos mas

No hace falta recordar que Ronald Reagan volvió a ganar cuatro años más tarde y en aquella reelección del año 1984 se llegó a decir que “el pueblo en general, al que no le preocupan los profundos análisis económicos sino el día a día, está feliz disfrutando con la suerte de Reagan y si pudiera durar más, por ellos que lo haga infinitamente”. Todos sabemos como por desgracia Reagan, pese a su extraordinaria memoria de actor y político, falleció enfermo de Alzheimer el 5 de junio de 2004, a los 93 años.

Después de aquella victoria tan sonada, los periódicos norteamericanos comenzaron a hablar con cierto temor de este republicano conservador, guerrero frío, gobernador enérgico en el difícil Estado de California. Un hombre sin quiebras, sin fisuras, sin mucho talento, y por eso se le tenía miedo. Todo ello se razonaba de esta manera: “La derecha no ha necesitado nunca el talento, y siempre ha llamado talento a la firmeza y a una cierta falta de escrúpulos, y lo ha hecho a partir de una idea: que en un mundo invadido por el mal la única respuesta es erradicarlo sin más dudas”. Por eso Reagan repetía una y otra vez que el liderazgo no es otra cosa que hacer sentir a la gente que hay alguien que les dirige con firmeza…

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La pregunta es clave: ¿Por qué ganó Reagan, qué fue lo que le permitió, después de varios intentos fallidos, llegar a la Casa Blanca? La contestación no es muy compleja, Reagan o su equipo entendió en primer lugar que cualquier mayoría silenciosa norteamericana demanda a sus candidatos dos cosas: prosperidad económica y orgullo nacional. El patriotismo, pecado capital de los años 60 y 70, lo volvió a poner de moda.

En política exterior, Reagan se centró en la entonces Unión Soviética y no por manifestarse amigo (como ha hecho Trump con Putin) sino lo contrario, que era lo que mandaba la mayoría: “la URSS –decía— es el imperio del mal”. Igual que Trump, Reagan atacó duramente a los demócratas con su “optimismo”, su frase central era esta: “Los demócratas son unos pesimistas profesionales”. El era un optimista empedernido y poco le importaba el duro peso de las cosas (el paro, el déficit presupuestario, el estado glacial de las relaciones Este-Oeste, Reagan repetía una y otra vez que todo va bien y que todo irá todavía mejor (Lector amigo, ¿a quién o quienes nos hace recordar esa postura?).

 

“América ha vuelto, está de pie, en el mundo libre”

Con los años se demostró que Carter era el presidente de la duda mientras Reagan se instauró desde sus campañas electorales en el tiempo de las certezas.

El mundo lo dividía en dos, los amigos y los enemigos de América. A los primeros les pedía sumisión, a los segundos les quería imponer un respeto temeroso: “America is back, standing tall” (América ha vuelto, está de pie, erguida), decía Reagan, que trataba de dejar bien claro quien estaba a la cabeza de ese “mundo libre”… Hubo otras razones de victoria del ex gobernador de California en la presidencia USA. En el primer discurso como candidato, Reagan dijo estas palabras: “Usted y yo, ciudadano norteamericano, tenemos una cita importante con el destino”… Dejaba bien claro en sus intervenciones que la dirección política consistía en mandar que se hicieran las cosas que había que hacer… Citando a Roosevelt, declaraba: “La Casa Blanca es sobre todo un lugar de dirección moral”.

De la cultura pop a la promesa californiana y la televisión

Escribí una serie de reportajes en la revista de la Cámara de Comercio de Bilbao. Los primeros titulaba de esta manera: “El público ha muerto, viva el individuo”;  “De la ´cultura pop’ (reflejada en los Beatles) a la ‘promesa’ californiana”. Aquello señalaba ya la lucha de la cultura impresa con la de la imagen, y la televisión y el espectáculo televisivo comenzaban a ser claves. Otro aspecto: Reagan nunca despreció a los jóvenes, de los que decía que ·sólo ellos saben lo que necesitan y quieren en un momento determinado”.

Aquellos años de Hollywood!

Recordaba con frecuencia la aversión hacia lo que huele mal, el pesimismo de su padre dominado por el alcohol, y el optimismo de su madre, con esta frase: “la vida es sólo una canción dulce, por tanto, ¡que comience la música!”. Curiosamente, dada la enfermedad que tuvo posteriormente, Reagan recordaba de su madre que ella le alentó en la capacidad de memorización, imprescindible en la carrera política, y Ronald acuñó otra frase de Roosevelt que repetía con frecuencia: “A lo único que tener miedo es al miedo mismo”

Los viejos, los jóvenes y los valores individuales

En otros capítulos de mis crónicas recogía acusaciones que Reagan supo superar y enmendar en sus campañas primero, y en su mandato después. Acusado de “viejo con 73 años”, repetía dos frasees atribuidas a Cicerón: “Los viejos estamos para advertir y/o corregir los errores de los jóvenes”; “Cada época necesita un mando distinto y ahora nuestro ejército USA son los hombre ricos”. Acusado de falta de memoria, sus seguidores subrayaban: “es un político de instinto, un hombre que adivina por donde sopla el viento y que siempre llega en el momento oportuno. “The Observer” destacaba que “sabe intervenir en el momento preciso y es muy buen comunicador, tanto que puede permitirse lo que ningún otro político se atrevería a intentar, la mueca y el error en público”

Acusado de ser un actor del montón distante del fenómeno intelectual, el se defendía diciendo: “nadie ha logrado demostrar nunca que un intelectual lo puede hacer mejor que un antiguo actor de cine y locutor de radio, o quizá está más cerca de hacerlo bien siendo esto que aquello. Hubo que eso le definía aí: “Ser presidente de la nación más poderosa y rica de la tierra es una actividad, en sí misma, tremendamente ligada a la representación y al mundo de la ficción.

“Preparados para la guerra nos garantiza la paz”

Se la acusó también de ser el presidente más conservador de los últimos decenios y, sin embargo, durante sus dos mandatos, actuó muchísimo más pragmáticamente de lo que hubiera hecho sospechar su marcada ideología y su trayectoria humana. Insistió en que “hay que estar preparado para la guerra porque eso nos garantiza que vivamos en paz”. Añadía: “He sido testigo de cuatro guerras y no quiero más, pero creo que hay mucho más peligro de guerra con una política internacional inconsciente e incoherente que nos puede meter en una crisis detrás de otra, y eso mostraría al mundo que no tenemos control alguno de los acontecimientos”. Insistía en que guste o no, “hay que armarse para defender la libertad y conservar la paz”, y en esa misma posición se manifestaron, entre otros, escritores e intelectuales como Octavio Paz, Agnes Heller, André Glucksmann, Edgar Morin, Cornelius Cstoriadis y André Gorz. Y en España, Javier Tussell, Francisco Arrabal y Josep Ramoneda, quien, además, consideraba que el pacifismo es una ideología totalitaria.

Para el 85% de los votantes en 1980 afirmó que “la principal cualidad del candidato republicado era “la firmeza”, y de Jimmy Carter los que no le votaron subrayaban las palabras de Lincoln: “Se puede engañar al pueblo algún tiempo; a algunos todos el tiempo; pero no se puede engañar a todos todo el tiempo”. Carter se caracterizó por la presidencia de la duda, Reagan instaruró enseguida el tiempo de las certezas. Sus palabras al electorado eran: “Todo va bien y todo irá mejor”.

Hubo otros capítulos de atención en las crónicas que escribí entonces dedicados al fenómeno Ronald Regan, por ejemplo: la “tercera ola”; la descentralización del poder y el valor del individuo,  subrayando el de los jóvenes, con el “ayúdate a ti mismo”; la “búsqueda de nuevos héroes” y “el comienzo del mañana”… La “tercera ola” (la que sigue a la agrícola y a la industrial) que es la de la revolución científica y técnica que planteaba problemas sin precedentes y, por tanto, extraños. Ante esos retos, Reagan se presentó como “el profeta de la nueva tecnología pero respetando también los primitivos valores agrícolas e industriales, porque hay mucha población que sigue viviendo de estos y no se la puede abandonar”.

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En cuanto a los jóvenes, Reagan centró sus campañas en la idea de que “hay futuro económico para ellos, aunque para ello tenga que reducirse el poder de la burocracia federal”. Destacaba en este punto el valor individualista, el hacer las cosas por uno mismo y para ello la preparación es fundamental, decía: “¡ayúdate a ti mismo, que luego el crecimiento económico general te sacará del pozo!”. Insistía en la necesidad de un reciclaje continuo en los jóvenes obligados por las nuevas tecnologías que dan paso a un nuevo individualismo y a una necesaria promoción personal”. Insistía en unas palabras de un demócrata, John F. Kennedy: “No preguntéis lo que Estados Unidos puede hacer por vosotros, sino lo que vosotros podéis hacer por Estados Unidos”

Los nuevos héroes: obreros, campesinos, universitarios”

Incluso Reagan recordaba a Bob Dylan, al que admiraba por sus cantos espirituales y revolucionarios, “cánticos ya superados porque la juventud regresa al trabajo, a la disciplina, a la moral tradicional”. Y señalaba un aspecto al referirse a los nuevos héroes: “Podéis verlos todos los día entrando y saliendo de las fábricas; entrando y saliendo de los campos; entrando y saliendo de las universidades”

Con la victoria del candidato republicano en 1980 sobre Carter, la revista “Time” afirmaba que “Reagan vive en el pasado; su visión de América procede del pasado. El pasado es su futuro”. Y se preguntaba: “Pero ese futuro es también el de Norteamérica?”… En los periódicos españoles se decía:  “asistimos –editorializaba “El País”– a un retorno de los valores tradicionales, la familia, la religión, la patria, el orden. Una tendencia a la involución, a encerrarse cada uno en su vida individual y que gobiernen los que saben. Es un fenómeno tan preocupante como real. Y no sólo norteamericano”…

¿Qué pasará con Donald Trump y su nuevo discurso?

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En aquella primera victoria de Reagan se decía que el líder republicano era una “pre-tensión” de ser. En 1984, con su nueva victoria, el pretender ser se convertía en “ser”, un “es” arrollador… Ese actor secundario de Hollywood tenía ya “fans” al viejo estilo de “I love you”… Y la pregunta clave hoy en día es: ¿podría ocurrir algo semejante con Donald Trump? ¿Tu, amigo (a) lector (a) que crees?… ¿No ha cambiado ya este empresario machista, xenófobo y disparatado el discurso y sus hechos con la victoria ganada a base de fuerza y color en el espectáculo, y en recuperar a los blancos, jóvenes y resentidos?… ¿Qué ocurrirá en el futuro, en el de Norteamérica y en el nuestro?… La duda y la reflexión queda ya para ti, amigo (a) lector (a)

José Manuel Alonso, expresidente de la AVP-EKE

Autor: loiolaxxi

periodista, jesuita, bloguero, profesor, jubilado

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