Loiola XXI

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Discurso del Papa en la catedral luterana de Lund (Suecia)

La experiencia espiritual de Lutero nos interpela y recuerda que no podemos hacer nada sin Dios, el Papa en Catedral Luterana de Lund

2016-10-31 Radio Vaticana

(jesuita Guillermo Ortiz – RADIO VATICANA).- Desde la realidad del corazón de Cristo en el Evangelio, poco antes de su entrega definitiva en la cruz, y afirmando que ahí “podemos sentir sus latidos de amor por nosotros y su deseo de unidad para todos los que creen en él”, Francisco expresó el 31 de octubre, en la Oración Ecuménica: “queremos manifestar nuestro deseo común de permanecer unidos a él para tener vida”. Y rezó: “Señor, ayúdanos con tu gracia a estar más unidos a ti para dar juntos un testimonio más eficaz de fe, esperanza y caridad”.

En su alocución el Obispo de Roma dijo que Católicos y Luteranos han  empezado a caminar juntos por el camino de la reconciliación y reconoció que “nos hemos encerrado en nosotros mismos por temor o prejuicios a la fe que los demás profesan con un acento y un lenguaje diferente”. Y afirmó que “la experiencia espiritual de Martín Lutero nos interpela y nos recuerda que no podemos hacer nada sin Dios. ‘¿Cómo puedo tener un Dios misericordioso?’. Esta es la pregunta que perseguía constantemente a Lutero. En efecto, la cuestión de la justa relación con Dios es la cuestión decisiva de la vida. Como se sabe, Lutero encontró a ese Dios misericordioso en la Buena Nueva de Jesucristo encarnado, muerto y resucitado. Con el concepto de ‘sólo por la gracia divina’, se nos recuerda que Dios tiene siempre la iniciativa y que precede cualquier respuesta humana, al mismo tiempo que busca suscitar esa respuesta. La doctrina de la justificación, por tanto, expresa la esencia de la existencia humana delante de Dios”.

El Papa continuó explicando la importancia del testimonio cristiano de unidad. Dijo que “Jesús intercede por nosotros como mediador ante el Padre, y le pide por la unidad de sus discípulos ‘para que el mundo crea’ (Jn. 17,21). Esto es lo que nos conforta, y nos mueve a unirnos a Jesús para pedirlo con insistencia: ‘Danos el don de la unidad para que el mundo crea en el poder de tu misericordia’. Este es el testimonio que el mundo está esperando de nosotros. Los cristianos seremos testimonio creíble de la misericordia en la medida en que el perdón, la renovación y reconciliación sean una experiencia cotidiana entre nosotros. Juntos podemos anunciar y manifestar de manera concreta y con alegría la misericordia de Dios, defendiendo y sirviendo la dignidad de cada persona. Sin este servicio al mundo y en el mundo, la fe cristiana es incompleta”. @jesuitaGuillo

Texto y audio completo de las palabras de Papa Francisco en la Catedral de Lund

«Permaneced en mí, y yo en vosotros» (Jn 15,4). Estas palabras, pronunciadas por Jesús en el contexto de la Última Cena, nos permiten asomarnos al corazón de Cristo poco antes de su entrega definitiva en la cruz. Podemos sentir sus latidos de amor por nosotros y su deseo de unidad para todos los que creen en él. Nos dice que él es la vid verdadera y nosotros los sarmientos; y que, como él está unido al Padre, así nosotros debemos estar unidos a él, si queremos dar fruto.

En este encuentro de oración, aquí en Lund, queremos manifestar nuestro deseo común de permanecer unidos a él para tener vida. Le pedimos: «Señor, ayúdanos con tu gracia a estar más unidos a ti para dar juntos un testimonio más eficaz de fe, esperanza y caridad». Es también un momento para dar gracias a Dios por el esfuerzo de tantos hermanos nuestros, de diferentes comunidades eclesiales, que no se resignaron a la división, sino que mantuvieron viva la esperanza de la reconciliación entre todos los que creen en el único Señor.

Católicos y luteranos hemos empezado a caminar juntos por el camino de la reconciliación. Ahora, en el contexto de la conmemoración común de la Reforma de 1517, tenemos una nueva oportunidad para acoger un camino común, que ha ido conformándose durante los últimos 50 años en el diálogo ecuménico entre la Federación Luterana Mundial y la Iglesia Católica. No podemos resignarnos a la división y al distanciamiento que la separación ha producido entre nosotros. Tenemos la oportunidad de reparar un momento crucial de nuestra historia, superando controversias y malentendidos que a menudo han impedido que nos comprendiéramos unos a otros.

Jesús nos dice que el Padre es el dueño de la vid (cf. v. 1), que la cuida y la poda para que dé más fruto (cf. v. 2). El Padre se preocupa constantemente de nuestra relación con Jesús, para ver si estamos verdaderamente unidos a él (cf. v. 4). Nos mira, y su mirada de amor nos anima a purificar nuestro pasado y a trabajar en el presente para hacer realidad ese futuro de unidad que tanto anhela.

También nosotros debemos mirar con amor y honestidad a nuestro pasado y reconocer el error y pedir perdón: solamente Dios es el juez. Se tiene que reconocer con la misma honestidad y amor que nuestra división se alejaba de la intuición originaria del pueblo de Dios, que anhela naturalmente estar unido, y ha sido perpetuada históricamente por hombres de poder de este mundo más que por la voluntad del pueblo fiel, que siempre y en todo lugar necesita estar guiado con seguridad y ternura por su Buen Pastor. Sin embargo, había una voluntad sincera por ambas partes de profesar y defender la verdadera fe, pero también somos conscientes que nos hemos encerrado en nosotros mismos por temor o prejuicios a la fe que los demás profesan con un acento y un lenguaje diferente. El Papa Juan Pablo II decía: «No podemos dejarnos guiar por el deseo de erigirnos en jueces de la historia, sino únicamente por el de comprender mejor los acontecimientos y llegar a ser portadores de la verdad» (Mensaje al cardenal Johannes Willebrands, Presidente del Secretariado para la Unidad de los cristianos, 31 octubre 1983). Dios es el dueño de la viña, que con amor inmenso la cuida y protege; dejémonos conmover por la mirada de Dios; lo único que desea es que permanezcamos como sarmientos vivos unidos a su Hijo Jesús. Con esta nueva mirada al pasado no pretendemos realizar una inviable corrección de lo que pasó, sino «contar esa historia de manera diferente» (COMISIÓN LUTERANO-CATÓLICO ROMANA SOBRE LA UNIDAD, Del conflicto a la comunión, 17 junio 2013, 16).

Jesús nos recuerda: «Sin mí no podéis hacer nada» (Jn 15,5). Él es quien nos sostiene y nos anima a buscar los modos para que la unidad sea una realidad cada vez más evidente. Sin duda la separación ha sido una fuente inmensa de sufrimientos e incomprensiones; pero también nos ha llevado a caer sinceramente en la cuenta de que sin él no podemos hacer nada, dándonos la posibilidad de entender mejor algunos aspectos de nuestra fe. Con gratitud reconocemos que la Reforma ha contribuido a dar mayor centralidad a la Sagrada Escritura en la vida de la Iglesia. A través de la escucha común de la Palabra de Dios en las Escrituras, el diálogo entre la Iglesia Católica y la Federación Luterana Mundial, del que celebramos el 50 aniversario, ha dado pasos importantes. Pidamos al Señor que su Palabra nos mantenga unidos, porque ella es fuente de alimento y vida; sin su inspiración no podemos hacer nada.

La experiencia espiritual de Martín Lutero nos interpela y nos recuerda que no podemos hacer nada sin Dios. «¿Cómo puedo tener un Dios misericordioso?». Esta es la pregunta que perseguía constantemente a Lutero. En efecto, la cuestión de la justa relación con Dios es la cuestión decisiva de la vida. Como se sabe, Lutero encontró a ese Dios misericordioso en la Buena Nueva de Jesucristo encarnado, muerto y resucitado. Con el concepto de «sólo por la gracia divina», se nos recuerda que Dios tiene siempre la iniciativa y que precede cualquier respuesta humana, al mismo tiempo que busca suscitar esa respuesta. La doctrina de la justificación, por tanto, expresa la esencia de la existencia humana delante de Dios.

Jesús intercede por nosotros como mediador ante el Padre, y le pide por la unidad de sus discípulos «para que el mundo crea» (Jn 17,21). Esto es lo que nos conforta, y nos mueve a unirnos a Jesús para pedirlo con insistencia: «Danos el don de la unidad para que el mundo crea en el poder de tu misericordia». Este es el testimonio que el mundo está esperando de nosotros. Los cristianos seremos testimonio creíble de la misericordia en la medida en que el perdón, la renovación y reconciliación sean una experiencia cotidiana entre nosotros. Juntos podemos anunciar y manifestar de manera concreta y con alegría la misericordia de Dios, defendiendo y sirviendo la dignidad de cada persona. Sin este servicio al mundo y en el mundo, la fe cristiana es incompleta.

Luteranos y católicos rezamos juntos en esta Catedral y somos conscientes de que sin Dios no podemos hacer nada; pedimos su auxilio para que seamos miembros vivos unidos a él, siempre necesitados de su gracia para poder llevar juntos su Palabra al mundo, que está necesitado de su ternura y su misericordia.


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El verdadero ecumenismo. En qué consiste? Papa Francisco.

El Papa en Lund y el ecumenismo de la caridad

Francisco subraya que el diálogo con las otras confesiones cristianas es, antes que nada, un camino que va más allá de las controversias teológicas y se vuelve concreto en el testimonio común del compromiso por los que sufren
AFP

El Papa en Lund y el ecumenismo de la caridad

29/10/2016
ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO
La visita de Papa Francisco a Suecia, del lunes 31 de octubre al martes primero de noviembre, es un paso más (y muy importante) en el nada fácil camino ecuménico. Principalmente por la circunstancia concreta: la conmemoración de los 500 años de la Reforma y de los 50 del inicio del diálogo entre los católicos y los luteranos. Pero, más allá de las consideraciones sobre la naturaleza excepcional de este paso, hay que reconocer que la circunstancia forma parte de un recorrido que fue inaugurado con el Concilio Vaticano II.

También gracias a las experiencias que vivió en Buenos Aires, Francisco subraya de una manera particular que el diálogo con las demás confesiones cristianas es un camino que, antes que nada, va más allá de las controversias teológicas y se hace concreto en el testimonio común del compromiso por los que sufren, por los pobres. Esto no significa minimizar los resultados que se han obtenido gracias al diálogo teológico y al trabajo, a menudo arduo, de los expertos. Tanto con el mundo de la ortodoxia como con el de las Iglesias evangélicas se ha avanzado hacia la unidad, como lo demuestra, por ejemplo, la fundamental declaración común sobre la justificación firmada en 1999. En cambio, significa reconocer que el trabajo de los teólogos, de las comisiones, de las reuniones de alto nivel, simplemente no son suficientes. Y, sobre todo, insistir en que si todo ello se queda aislado, corre el peligro de postergar todo a un futuro siempre indefinido.

«Los signos de los tiempos nos impulsan a un testimonio común en la creciente plenitud de la verdad y del amor», dijo Juan Pablo II en Maguncia, en 1980.

«La fe, vivida a partir de lo íntimo de uno mismo, en un mundo secularizado, es la fuerza ecuménica más grande que nos une», afirmó Benedicto XVI en Erfurt en 2011. ¿Cómo ofrecer testimonio en la actualidad del bautismo común y de la fe en Cristo? Está «el ecumenismo de la sangre», al que se refiere a menudo Francisco y al que ya había aludido el mismo Papa Ratzinger en Erfurt, cuando recordó que los mártires de la época nazi, los católicos y los luteranos asesinados por los nazis, «nos guiaron los unos hacia los otros y suscitaron la primera gran apertura ecuménica». Este ecumenismo de la sangre se percibe no solo en la trágica condición de persecución que viven los cristianos en muchos países golpeados por la «tercera guerra mundial en pedacitos», sino también en la unidad y en la fraternidad que se respira entre las diferentes confesiones en donde los seguidores de Cristo son una pequeña minoría.

Si «el ecumenismo de la sangre» es, desgraciadamente, una realidad, hay otro ecumenismo sobre el que insiste Francisco, siguiendo las huellas de sus predecesores. Y es ese trabajar juntos para ofrecer testimonio del amor por los pobres, por los descartados, los que sufren, los migrantes. Con sus llamados al respecto, el Papa subraya que tocar «la carne de Cristo» en quienes sufren no es una consecuencia sociológica, un extra, un accesorio dispensable con respecto a la profesión de fe. No es, pues, una aplicación opcional de la doctrina social de la Iglesia, sino tiene que ver con el corazón mismo de la fe, con lo esencial de la fe cristiana. Es algo íntimamente relacionado con el mensaje evangélico. Porque el rostro de Jesús se encuentra en los que tienen hambre, en los que tienen sed, en los que están desnudos, en los forasteros, en los que están en las cárceles, como leemos en el capítulo 25 del Evangelio de Mateo. Por ello, los cristianos (pecadores constantemente regenerados por la misericordia divina que sostiene al mundo) salen al encuentro de los últimos no para «llevarles» algo, sino para dejarse evangelizar, encontrando al Nazareno en el rostro y en la carne del pobre.

Frente a los migrantes y a los refugiados que huyen de las guerras en las que el Occidente ha tenido graves responsabilidades, por ejemplo, el cristiano no puede dejar de ver los rostros de aquella joven de Nazaret y de su esposo, obligados a huir a un país extranjero (pero acogedor) para salvarle la vida a un niño que nació en la precariedad de un pesebre. Los gestos ecuménicos de «deshielo», de cordialidad, de hermandad, así como el precioso trabajo de los teólogos y de las comisiones de expertos, son piezas de un mosaico cuya estructura más sólida es el testimonio de uno de los cristianos de las respectivas Iglesias. «En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros». «De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos pequeñitos, a mí lo hicisteis».


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En espera de la llegada del Papa a Suecia.

Suecia: católicos y luteranos esperan con alegría al Papa Francisco

2016-10-31 Radio Vaticana

(RV).- Misionando el ecumenismo, católicos y luteranos juntos para celebrar a Cristo, rostro de la misericordia del Padre

Superando toda expectación positiva, en Lund y en Malmö podemos ver un gran entusiasmo por la llegada del Papa Francisco, que ha querido realizar el XVII Viaje Apostólico internacional de su Pontificado, pocos días antes de presidir la solemne clausura del Jubileo de la Misericordia, en Roma.

Poco más de 24 horas para esta intensa cita sueca del Papa: el 31 de octubre, para la conmemoración conjunta luterano-católica de la Reforma, que está por cumplir cinco siglos, y el 1º  de noviembre, Solemnidad de Todos los Santos, la Santa Misa, antes de regresar a la Ciudad Eterna.

«Del Conflicto a la Comunión. Conmemoración Conjunta Luterano y Católico Romana de la Reforma en el 2017». Es podríamos decir el telón de fondo del encuentro y el título del Informe de la Comisión Luterano-Católico Romana sobre la Unidad  y la interpretación luterano-católica de la Reforma, que invita al arrepentimiento por el doloroso pasado y a mirar al futuro con el compromiso del testimonio cristiano caminando juntos, en acción de gracias por la fe compartida.

Conmemorando juntos los 500 años del comienzo de la Reforma, católicos y luteranos se proponen celebrar 50 años de diálogo, con la importante firma en 1999 de la Declaración Conjunta sobre la Doctrina de la Justificación, e impulsar el crecimiento de un entendimiento, cooperación y respeto mutuos.

El día elegido es el 31 de octubre, que evoca el mismo día, de 1517, cuando Martín Lutero colgó en la puerta de la Iglesia del Palacio de Wittenberg, al sur de Berlín, las 95 tesis que había escrito.

El lugar elegido para abrir la conmemoración es la catedral de Lund, casi tan antigua como la misma ciudad sueca, donde nació, en 1947, la Federación Luterana Mundial, integrada por 145 Iglesias, que representan a 72 millones de personas.

Luego, el Malmö Arena, en la capital de la sureña región sueca de Escania, para la segunda etapa ecuménica  dedicada a una participación más amplia, para presentar  el compromiso y anhelo de testimonio común y de servicio de católicos y luteranos en el mundo. Como es el trabajo conjunto del Servicio Mundial de la FLM  y Caritas Internacional, que incluye la atención a los refugiados, la construcción de la paz y el impulso al cuidado del medio ambiente.

Con el Papa Francisco en Suecia, Cecilia de Malak, Radio Vaticano


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Expectación de los luteranos por el encuentro con el Papa en Suecia.

Secretario General de la Federación Luterana Mundial: gran entusiasmo ante histórica cita en Suecia con el Papa Francisco

Oración y testimonio común, pidiendo perdón por la división perpetrada: católicos y luteranos, hermanos en Cristo, los unos ‘con’ los otros ‘en’, ‘para y con’ el mundo

Conmemoración cristocéntrica de la Reforma en una era ecuménica y global

Al Reverendo Martín Junge, que es el Secretario General de la Federación Luterana Mundial,  le pedimos que nos hable de la histórica cita en Suecia con el Papa Francisco:

«Bueno, nos entusiasma esta oportunidad de poder conmemorar conjuntamente la Reforma, hasta aquí nunca  lo hemos hecho. Cuando lo hemos hecho, lo hemos hecho de una forma donde hemos enfatizado lo diferente, donde hemos caído en polémica. Y creo que éste ha sido el momento propicio para recoger todos los frutos de diálogos ecuménicos y de ponerlos sobre la mesa y de usarlos, en la forma en cómo vamos a conmemorar esta vez.

Al mismo tiempo, estamos recogiendo los frutos de comunidades ecuménicas: oraciones en todo el mundo que han mantenido viva la llama de la esperanza de que la unidad en el cuerpo de Cristo es posible.

Nos entusiasma este momento. Un momento histórico que nos coloca por una parte en una posición de cosechar lo que otros han hecho antes de nosotros.

Pero al mismo tiempo también nos llama a comprometernos con lo que aún tenemos que hacer, con lo que aún tenemos que trabajar conjuntamente para superar las diferencias y para que podamos ser uno como Cristo llamó a ser».

Cristo nos llama ser embajadores de reconciliación en un mundo fragmentado y  herido

Esta cita de Suecia con el Papa Francisco afianza y se afianza en el Documento «Del Conflicto a la Comunión». Cincuenta años de intenso diálogo con anhelo de los hermanos que se quieren encontrar en Cristo, al  Secretario General de la Federación Luterana Mundial, Martín Junge le preguntamos si quiere añadir un mensaje:

«Bueno, yo creo que el mensaje que nos alienta, el mensaje que nos carga es el que llevamos adelante en este momento es un mensaje de esperanza, de superar lo que nos divide para descubrir la unidad que tenemos en Cristo. Y, en segundo lugar, para mí muy importante en este mundo tan fragmentado, tan quebrado y tan herido, Cristo nos llama a ser embajadores de la reconciliación ¡Trabajemos en eso!»


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En recuerdo de Chiara Lubich

Recordarán en la Unesco los 20 años del Premio “Educación para la Paz” a Chiara Lubich

Domingo 30 Oct 2016 | 09:09 am

Chiara Lubic recibiendo el premio Unesco Educación para la paz en 1996… ver más

París (Francia) (AICA):

El 19 de diciembre de 1996, la Unesco le otorgaba a Chiara Lubich, fundadora del Movimiento de los Focolares, el prestigioso premio “Educación para la Paz”, en reconocimiento a su vida totalmente dedicada a la construcción y a la educación a la Paz de millares de personas de cualquier fe y latitud.

En esa ocasión Chiara Lubich expuso el contenido y el método característico de los Focolares en el compromiso de trabajar en iniciativas que tiendan a “la unidad y la paz en nuestro planeta”.

A 20 años de ese acontecimiento, el Movimiento de los Focolares, junto con la dirección General de la UNESCO, New Humanity y el Observador Permanente de la Santa Sede realizarán, el próximo 15 de noviembre, un Congreso con el objetivo de reafirmar, en el mismo lugar, el compromiso por la unidad y la paz.

El Observador Permanente de la Santa Sede en la UNESCO, monseñor Francesco Follo, María Voce y Jesús Morán, presidente y copresidente, respectivamente del Movimiento de los Focolares, serán los oradores en la apertura del encuentro.

Las temáticas centrales del Congreso serán: cinco ideas para educar a la paz hoy y el diálogo en un mundo unido y plural.
El programa del Congreso se desarrollará en torno a dos temas: “Educación para la Paz en cinco perspectivas” (educación, recursos y economía, derecho, ecología, arte) y “El diálogo en un mundo dividido”.

Habrá dos paneles: “Las religiones: problema o recursos para la paz” y “Política y economía en el orden internacional”.+