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Profunda crisis en Uganda

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Uganda: ¿una “democracia militarizada”?

Ha pasado casi un mes desde que se celebraron las elecciones presidenciales en Uganda; la situación de tensión política sigue flagelando el país. Varios partidos de la oposición han rechazado los resultados de las elecciones y han iniciado un proceso judicial para anularlos. Las organizaciones para la defensa de los derechos humanos y los observadores internacionales han denunciado numerosas irregularidades durante el proceso electoral. Y Yoweri Museveni, el presidente desde hace 30 años, continúa desestimando todas las acusaciones. A pesar del descontento de muchos ugandeses, todavía no se han producido protestas importantes; tienen miedo de las posibles represalias del Gobierno.

 

Por Pablo Moraga desde Kampala, Uganda.

 

El 18 de febrero se celebraron las elecciones presidenciales en Uganda. Yoweri Museveni ―el presidente del país desde hace 30 años― volvió a ganar, en esta ocasión con el 60,62 por ciento de los votos. Kizza Besigye, su rival más popular, obtuvo el 35,61 por ciento de los votos.

Las organizaciones para la defensa de los derechos humanos, los observadores internacionales, varios diplomáticos extranjeros en Uganda y los partidos de la oposición han denunciado numerosas irregularidades durante todo el proceso electoral: se encontraron papeletas manipuladas, votos comprados, la entrega del material electoral con varias horas de retraso en los lugares donde la oposición es más popular, un ambiente de intimidación para los miembros y los votantes de la oposición…

Kizza Besigye dijo que éstas han sido las “elecciones más fraudulentas” de la historia de Uganda. “Los resultados electorales han sido manipulados y el Gobierno está haciendo todo lo posible para silenciarme. Es el momento de hacer valer nuestros derechos y luchar”, escribió. De esta forma animaba a sus seguidores a acompañarlo durante una caminata hacia la sede de la Comisión Electoral el 22 de febrero; la policía lo detuvo y, desde entonces, permanece bajo arresto domiciliario. “Hasta que Besigye no retire sus declaraciones de desafío y de incitación a la violencia, la policía continuará regulando y vigilando de cerca sus movimientos para que no represente un peligro para la paz pública y la seguridad nacional”, explicó en una nota de prensa Kale Kayihura, el Inspector General de la Policía. La comunidad internacional y las organizaciones para la defensa de los derechos humanos han condenado su detención.

Amama Mbabazi ―el líder del partido de la oposición GoForward, antiguo primer ministro y ex secretario general del partido de Museveni― ha presentado una querella judicial para anular los resultados electorales. Según Mbabazi y sus abogados, “la Comisión Electoral ha falsificado los resultados de una forma deplorable”. Tanto Besigye como Mbabazi afirman que, en realidad, Mueveni no ha ganado estas elecciones. Está previsto que el Tribunal Supremo de Uganda dictamine una sentencia definitiva en menos de un mes.

 

 

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La policía vigila a los seguidores de Yoweri Museveni durante el último mitin de su campaña electoral, en Kampala / Pablo Moraga

 

 

Cuando se anunciaron los resultados electorales no hubo celebraciones espontáneas. Las carreteras de Kampala, la capital de Uganda, permanecieron vacías durante varias horas y muy pocos se atrevieron a abrir sus tiendas. El Gobierno había bloqueado sin avisar las redes de cobertura de internet para móviles. Los militares y la policía patrullaban todas las calles, a pie o con vehículos; se desplegaron más de 150.000 agentes de seguridad por todo el país.

“La campaña electoral de Museveni ha estado centrada en provocar el terror en el corazón de las personas”, explicó la periodista Grace Natabaalo. “[Museveni] insiste en que, si votas a la oposición, va a pasar algo malo. Que sólo él puede garantizar nuestra seguridad. Así que muchos ugandeses tienen miedo por las elecciones”. El Gobierno ha dicho en varias ocasiones que actuará con rotundidad si se ejecutan manifestaciones para protestar contra los resultados electorales. El 22 de febrero, Yoweri Museveni aseguró que se utilizarán “métodos duros y métodos blandos” para acabar con “todos aquellos que intenten desestabilizar la paz en Uganda”. Kizza Besigye continúa bajo arresto domiciliario y sus seguidores parecen hacer oídos sordos a los mensajes de su partido en las redes sociales. “Claro que estoy enfadado ―dijo Charles, 26 años, un vendedor de ropa de segunda mano―, pero tengo que trabajar y conseguir dinero para mis hijos y para mi mujer. Si me pongo a protestar, no hay dinero, y además tengo muy claro que el ejército podría matarme”.

Durante este año, la policía de Uganda ha detenido a 27 periodistas; y al menos 36 recibieron amenazas y agresiones. La mayoría fueron puestos en libertad sin cargos al poco tiempo. La policía los acusó de “incitar a la violencia” y “obstruir a los agentes de seguridad y desobedecer sus órdenes”. “Nuestro único delito fue tener el valor para contar las historias tal y como son”, respondió la periodista Remmy Bahati. Bahati fue detenida en los alrededores de la casa de Besigye mientras emitía para la NBS, una cadena de televisión local: los telespectadores pudieron ver en directo cómo su arresto fue totalmente ilícito. “Parece que las autoridades no quieren que la gente sepa qué ocurrió durante las elecciones”, dijo Diana Nandunu, del grupo Human Rights Network for Journalists – Uganda. “Probablemente la policía continuará deteniendo y golpeando a los periodistas porque no quieren que la verdad salga a la luz”, dijo el periodista Charles Odongtho.

Human Right Watch denunció los acosos que han recibido los periodistas ugandeses lejos de la capital y otras ciudades grandes ―sobre todo los trabajadores de las radios que emiten en idiomas locales― durante la campaña electoral. De acuerdo con HRW, estos periodistas recibieron amenazas, sobornos y algunos fueron despedidos después de entrevistar a miembros de la oposición o emitir comentarios críticos hacia el partido de Museveni.

Hasta ahora Yoweri Museveni ha rechazado todas las críticas. “Los candidatos de la oposición no son más que unos demagogos mentirosos, siempre hablando y hablando”, dijo. También ha desestimado las advertencias y las sugerencias de la comunidad internacional. “No necesito lecciones de nadie”, dijo.

“No creo que la oposición haya ganado estas elecciones. Pero tampoco creo que Museveni consiguiera más del sesenta por ciento de los votos”, dijo Charles Odongtho. Yoweri Museveni todavía cuenta con el apoyo de los votantes en las zonas rurales ―donde viven más del 84 por ciento de los ugandeses―; sus seguidores ven en él una figura paterna: “Es el único presidente de la historia de Uganda que ha conseguido traernos la paz”, aseguró Cristina, una mujer de Kilembe, un pueblo con unos pocos centenares de habitantes en el suroeste de Uganda.

 

 

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La policía acordonó los alrededores de la comisaría de Naggalama e impidió el acceso a los periodistas; Kizza Besigye, el candidato para la presidencia de Uganda más popular de la oposición, permanecía detenido en su interior / Pablo Moraga

 

 

Yoweri Museveni llegó al poder mediante un golpe de estado en el año 1986. Los ugandeses y la comunidad internacional lo recibieron con optimismo. Museveni prometió poner fin a la violencia que habían perpetrado los gobiernos anteriores; aseguró a los ciudadanos “un futuro pacífico, democrático, libre de corrupción y con todos los servicios básicos y oportunidades económicas”. En los últimos años Uganda se ha convertido en una de las economías africanas más fuertes. A pesar de que el porcentaje de personas viviendo por debajo del umbral de la pobreza ha disminuido notablementedel 56,4 por ciento en 1992/93 al 19,7 por ciento en 2012/13, según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, algunos economistas han advertido que la desigualdad es cada vez mayor, más del 60 por ciento de la población urbana vive en slums, la tasa de desempleo juvenil es una de las más elevadas de África y, en las regiones del norte de Uganda, el 74 por ciento de las familias tienen dificultades para conseguir alimentos suficientes.

“No creo que el silencio de los ugandeses sea un signo de apatía o de resignación. Hay algo siniestro en todo esto. La paz que tenemos es muy dudosa. Podría pasar cualquier cosa”, dijo el abogado Busingye Kabumba durante una reunión del African Centre for Media Excellence (ACME) en Kampala. En algunas zonas rurales ―como en Mbale o en Bundibugyo― han surgido varios brotes de violencia presuntamente relacionados con los resultados electorales. Los asaltantes quemaron cabañas e hirieron y mataron a varias personas con palos y machetes. En Bundibugyo más de 10.000 personas abandonaron sus hogares y se refugiaron en iglesias y en escuelas. No se conocen demasiados detalles sobre lo ocurrido; los medios de comunicación ugandeses han publicado cifras de muertos y heridos diferentes y la policía no ha divulgado los resultados de sus investigaciones. “¿Cómo podríamos llamar a este sistema? ¿Una democracia militarizada? Es una mezcla extraña de democracia y dictadura. Encuentro demasiadas contradicciones”, dijo Kabumba. “¿Por cuánto tiempo el Gobierno podrá mantener esta situación…?”.

Autor: loiolaxxi

periodista, jesuita, bloguero, profesor, jubilado

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